¿Es la psiquiatría una industria de la muerte?

Éste el título de un documental editado y distribuido por la Cienciología que tuvimos la ocasión de visionar y comentar con los residentes de nuestro Servicio.Cuelgo aqui la primera parte del mismo:


Después de ver el vídeo tenemos la opción de menospreciarlo totalmente abogando a la manipulación de datos y declaraciones fuera de contexto que aparecen, pero me parece más oportuno e interesante reflexionar acerca de nuestra especialidad rescatando algunas de las críticas que se nos realiza. No podemos olvidar que algunos de los mensajes que se lanzan (y de los que se nos acusa) forman parte en cierto grado de la opinión pública y nos los vamos a encontrar en nuestra consulta a modo de resistencias o cuestionamientos a nuestros tratamientos, por lo que nos parece doblemente instructivo pensar sobre ello.

Para empezar, en lo que respecta al tema de la manipulación, podríamos plantearnos en qué difiere un vídeo de estas características con la información emitida por los medios de comunicación habituales y respetables que consumimos diariamente No debemos olvidar que toda información que se nos ofrece está en cierta medida sesgada y que es importante conocer a qué grupo empresarial pertenece el medio de comunicación para así “filtrar” sus intereses de la propia noticia.

La mayor parte del documental consiste en un repaso a la historia de la Psiquiatría a lo largo de los últimos siglos de Historia de la humanidad insistiendo en los periodos y regímenes políticos más totalitarios y conflictivos. Bajo mi punto de vista, la principal crítica que se le puede hacer al vídeo consiste en una falacia de planteamiento: es que sostiene insistentemente la idea matriz de que la Psiquiatría fue concebida y creada con el único pretexto de servir como medio de control y dominio social, para anular las voluntades individuales. Así, se nos acusa no solo de participar sino de organizar torturas de siglos pasados, la estrategia nazi y comunista y la guerra de los Balcanes. Seguramente algún psiquiatra participara en algunas de esas actividades, pero de ahí a extrapolar que la especialidad entera conspire hacia esos fines hay todo un trecho.

Además, es cierto que se descontextualizan algunas declaraciones de profesionales para “pillarles en falta”, así como algunos hechos históricos (tan desagradable sería la administración de la terapia electroconvulsiva en sus orígenes sin anestesia, como el resto de intervenciones quirúrgicas no-psiquiátricas que se realizaban sin anestesia)

Dicho esto, no podemos obviar que en algunos momentos la sociedad le ha exigido a la psiquiatría (y aun hoy sigue ocurriendo) que actúe a modo de “policía moral” o de “mantenedora del orden establecido” y así no es extraño que acudan a Urgencias personas detenidas por la Policía “para valorar si les ocurre algo antes de llevarlos al calabozo”. Cuando alguien comete un delito y sale en los medios suele acompañarse de la expresión “estaba bajo tratamiento psiquiátrico” pero no se dice si era tuerto, diabético o cardiópata.

Para ser rigurosos con la historia de la medicina hay que reconocer que la Psiquiastria no nació como un medio policiaco de control social sino como un acto de beneficencia, un acto de caridad que salió de la cabeza del padre Jofre, un monje mercenario valenciano que fundó el primer manicomio del mundo en el siglo XV (El Hospital del folls, orats e ignocents de Valencia) De manera que la hipótesis de Foucault -vertida en su Historia de la locura- es muy discutible con independencia de que el orden publico y la enfermedad mental se hallan solapadas en muchas ocasiones sobre todo desde que se acometieron las reformas desintitucionalizadoras de la salud mental. Asi hay que recordar que en el siglo XIX, la reforma de Pinel y Esquirol libraron a los locos de sus cadenas a cambio de llenar las carceles de locos y el Sena de cadáveres.

Un punto que me parece especialmente interesante del documental es el que hace referencia al DSM que es el manual de clasificación de las enfermedades mentales editado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). Dicho libro surgió con la intención de aumentar el entendimiento entre profesionales y la fiabilidad en los diagnósticos, con un planteamiento ateórico para una especialidad muy influenciada por las diversas escuelas teóricas existentes. Cabe pensar que en el contexto sanitario estadounidense existe la necesidad, por parte de las aseguradoras, de cuantificar exactamente a qué tratamientos y prestaciones se tiene derecho según la póliza contratada; de manera, que estar diagnosticado de un código u otro implica tener más o menos días de ingreso o de sesiones de terapia cubiertas.

Pues bien, es llamativo que de un planteamiento inicial con estas características hayamos llegado a la actualidad a convertir el DSM en un libro de referencia que pretenda englobar la totalidad de los trastornos mentales.

Y justo en este punto, creo que encontramos nuestra propia falacia. Deberíamos preguntarnos y replantearnos ¿cuál es el objeto de atención de la Psiquiatría? Estamos inmersos en el paradigma médico (biologicista) en el que se considera que existen enfermedades mentales objetivables y identificables de manera similar a como se puede diagnosticar un infarto de miocardio o el asma, pero obviando el hecho de que desconocemos la fisiopatología y patogenia de dichas supuestas enfermedades y por lo tanto agrupamos una serie de criterios (suma de síntomas y condiciones) para llegar a un diagnóstico. Los que nos dedicamos a la clínica somos conscientes de que nuestros pacientes acuden para aliviar su sufrimiento y de que ése precisamente es el foco principal de todas nuestras intervenciones: paliar el sufrimiento humano. Si insistimos en el modelo médico y utilizamos su terminología nos encontraremos atrapados en un dilema: ante la pregunta de ¿cuántas curaciones hemos obtenido? nos quedaremos sin argumentos porque el concepto de curación de la medicina general no es extrapolable a nuestra especialidad. Por ello, deberíamos reformular lo que se entiende por curación en Psiquiatría.

Así pues, si llegamos a pensar que el objetivo principal es aliviar el sufrimiento, debemos plantearnos con qué herramientas y estrategias contamos para conseguirlo. En esta línea, dentro del paradigma reinante, nos encontramos con que la industria farmacéutica ha presentado un gran desarrollo en las últimas décadas pero dando la impresión de haber tocado techo en cuanto a nuevas dianas terapéuticas ya que hace tiempo que se presentan novedades solamente a nivel de formas galénicas.

Además, desde este punto de vista y en la época de crisis actual no debemos olvidar conceptos como el de eficiencia y analizar los costes que supone el ejercicio prescriptor de la psiquiatría frente a los beneficios reales que se obtienen con esos tratamientos. Hace algún tiempo tuve la ocasión de escuchar a Germán Berrios plantear que o redefinimos nuestros objetivos y nuestra de manera de actuar-atender al enfermo o posiblemente nos encontremos con que la sociedad encuentre a otros “cuidadores” para nuestros enfermos que resulten más eficientes suponiendo un menor gasto.

Para terminar, en el video nos acusan de drogar a nuestros niños y de cambiarles el carácter (con los tratamientos que les administramos), así como de un preocupante aumento de los diagnósticos psiquiátricos en la infancia. Es cierto que ha habido un aumento de la preocupación hacia los menores en nuestras sociedades y eso puede conllevar prestarle más atención a hechos que antes pasaban desapercibidos, pero siguiendo la estela del sistema diagnóstico de los adultos nos encontramos con unas cifras de trastornos que resultan preocupantes, con unos criterios poco claros y unos diagnósticos poco estables a lo largo del tiempo. Las manifestaciones clínicas en los menores pueden ser variopintas pero es frecuente que casi cualquier malestar se exprese con alteraciones del comportamiento (lo cual no debería implicar necesariamente un diagnóstico de la categoría Trastornos del comportamiento)

Por otro lado estamos en una sociedad donde impera el “buenismo” y la falta de límites a nuestros hijos, con unas nefastas consecuencias a medio y largo plazo, y cuando más adelante aparecen los problemas de comportamiento sí se requieren nuestros servicios para “poner orden”, pero se cuestionan los métodos de los que disponemos porque implican la asunción de nuevos límites estables.

Mi conclusión es que las enfermedades mentales existirian igual sin los psiquiatras y que probablemente los enfermos o bien serian desatendidos, abandonados a su suerte, captados para alguna secta o utilizados de carne de cañón pero tambien es cierto que la conceptualización de las enfermedades modifica la presentación de las mismas y sobre todo: legitima ciertos malestares y los deriva hacia su medicalización.

Nota liminar.-

Este es el texto resultado de un seminario que se impartió recientemente en el Consorcio Hospitalario de Castellón a través del Dr Matias Real. Los autores del texto somos yo mismo y el citado profesional.

11 comentarios en “¿Es la psiquiatría una industria de la muerte?

  1. Bueno, en fín…todo esto del DSM etc. va en paralelo con la comercialización de la medicina protagonizada sobremanera por el tipo de sistema asistencial norteamericano, of course. Ya se ha visto los problemas que está dando una reforma de esta medicina absoluta y despiadadamente comercial.Con una medicina asistencial a la antigua sin ánimo de lucro, otro gallo cantaría…

  2. El APA ( Asociación de Padres de Alumnos ) me ha resultado curioso que tenga las mismas siglas que la Asociación Americana de Psiquiatría. Lo mejor de todo es que ahora ya no se llama APA sino AMPA, me refiero a la asociación de padres y madres, por si alguien no lo tenía claro.

  3. Muy interesante y necesario artículo.
    Creo que es tiempo de tener un pensamiento menos paranoico que el de Foucault, que fascina a tantos estudiantes (sin descartar los aportes).

  4. Todavía a día de hoy el grupo de “los alienistas del Piesurga” lo nombran como un referente. Tuve la ocasión de presenciar una discusión muy interesante al respecto de Focault, en la misma reunión que hablé con Berrios. Un compañero les echaba en cara la utilización que hacían de los escritos del autor (se hablaba de la melancolía en aquella ocasión)

  5. Creo que Foucault escribió pocos articulos sobre eso, pero escribió su gran obra sobre ese tema en “Historia de la locura en la epoca clasica” e “Historia de la sexualidad”.

  6. Disculpa la tardanza. La charla que dieron fue sobre el término “Melancolía” tal y como fue descrito/utilizado por Foucault (que según me pareció entender distaba del concepto psicopatológico “más clásico”, que a su vez dista del “más moderno-actual”) Soy incapaz de reproducir los conceptos que subyacían, pero sí que el compañero que argumentó fue Daniel Padró Moreno quien ha publicado un interesante libro ” Cartas a un aprendiz de brujo” y básicamente les acusaba de una interpretación “partidista” de la obra de Foucault.

  7. Diooooosss, no he podido terminar de leer tu artículo por la mala leche que me ha entrado, ¿los pacientes acuden a tu consulta para paliar el sufrimiento???? como?? que?? hola?? PERO SI LA PEOR EPOCA DE MI VIDA HA SIDO CUANDO ESTUVE TOMANDO POR PRIMERA VEZ RISPERDARL!!!! EN MI PUTA VIDA HE SUFRIDO TANTO!!!

    Mira a lo mejor no eres un mal tío, no te paga ninguna farmacéutica, y tu intención es “ayudar” (me cuesta decirlo) a la gente con problemas, pero es que es esto último el punto clave, la psiquiatría no ayuda, solo tapa el problema, mientras que debajo de esa aparencia dócil y de “todo va bien”, los problemas del paciente aumentan. Estás trabajando para una ciencia FALSA, no es ciencia, ni muchísimo menos medicina, porque es simple: no cura, no alivia, no mejora, solo tapa, y se paga cara la mantita.

    Saludos, desde el más sacrificado respeto.

  8. Hay tres problemas conceptuales con la Psiquiatría. Uno de ellos es que los diagnósticos se determinan por consenso, y eso significa una especie de negociación. Esta es procedimiento fundamentalmente acientífico. La velocidad de la luz no se determinó en una conferencia de consenso.

    El segundo problema es que se utiliza una lista de síntomas para efectuar un diagnóstico determinado. Si un paciente, supongamos que cumple con los criterios de tres de seis síntomas establecidos en la lista, un psiquiatra puede calificar a este enfermo por ejemplo con un tipo muy grave de depresión llamada melancolía. OK. ¿Y que pasa con los tres síntomas restantes? La melancolía es una enfermedad terrible que se ha hecho eco a través de los siglos y que manifiesta riesgo de suicidio, desmovilización, y gran posibilidad de destrucción matrimonial, disminución notable del rendimiento laboral, y que deja al afectado hecho un ovillo de dolor fetal postrado en su cama. El novelista William Styron describe conmovedoramente éste tipo de sufrimiento en “Darkness Visible” (1990). Lo que experimentó no tiene relación con lo que se describe en ningún manual de trastornos mentales.

    Un enfoque alternativo habría sido describir en una viñeta prosaica las características típicas de una enfermedad psiquiátrica, a continuación, añadir un par de textos para cubrir las principales variaciones. Esto es esencialmente lo que Emil Kraepelin hizo en sus libros de texto de psiquiatría famosos en la década de 1890 y que representa el inicio del diagnóstico psiquiátrico moderno (y lo que Freud hizo también, en una prosa tan bellamente diseñada que uno pierde la cuenta de la posibilidad de que sus ideas podrían ser casi todas ficticias).

    El tercer problema es que muchos de los diagnósticos carecen de una base científica sólida. Son más productos del capricho individual o esfuerzos de psicoanalistas para salvar algo de las ruinas del freudismo. La esquizofrenia, el trastorno bipolar y la depresión son los diagnósticos nucleares de los manuales psiquiátricos, y ninguno de los tres corresponde a una enfermedad real que los pacientes tienen en el mundo real:

    No hay una sola enfermedad psicótica llamada “esquizofrenia”, sino una variedad de enfermedades que causan psicosis crónica. No tiene sentido clasificar las depresiones sobre la base de la polaridad (depresión unipolar mayor frente a trastorno bipolar). Así que el trastorno bipolar es simplemente una manera de decir que la depresión mayor, como el trastorno melancólico, es a menudo complicada por la enfermedad maníaca.

    La depresión mayor es ciertamente una categoría heterogénea que agrupa las dos depresiones que la psiquiatría ha conocido desde tiempo inmemorial: la melancolía y la enfermedad nerviosa (llamado “depresión reactiva”, más recientemente, “depresión neurótica”, etcétera).

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