Mozart, Salieri y la desigualdad

Antonio Salieri fue un músico que tuvo la mala pata de ser contemporáneo y coetáneo de Wolgang Amadeus Mozart uno de los grandes genios de la historia de la música lo que hizo que su paso por su mundo y de la historia  no estuviera a la altura de su mérito. Su música, siendo interesante ni ocupó ni ocupará nunca un lugar entre los grandes debido a la excepcionalidad de su entorno musical; tuvo que convivir y competir con Mozart al que admiraba y según algunas versiones envidiaba. Salieri fue en esta perspectiva un mediocre y por eso aqui en esta pelicula aparece gritando ya enloquecido por su fracaso sobre la necesidad de que los mediocres del mundo se unan contra los genios.

“Mediocres del mundo yo os absuelvo”

Pero en realidad Salieri se equivocaba: en ese partido de mayorias -que incluye a todos los mediocres del mundo y donde él mismo militaba debido a su envidia de Amadeus- está insertada la mayor parte de la humanidad y los que necesitan de alguna forma ayuda son precisamente, las minorías, los genios que han de convivir con los sabotajes, desprecios y persecuciones que proceden en gran parte de esos hombres mediocres.

Jose Ingenieros fue un pensador argentino que vivió a caballo del siglo XIX y del siglo XX, fue psiquiatra pero si ha pasado a la historia de las ideas es acaso por su obra “El hombre mediocre” que es en realidad una husserliana fenomenología del espíritu o una obra filosófica moderna sobre la naturaleza humana. Para Ingenieros la evolución de la conciencia humana es gradual y donde hay gradualidad es posible predecir que habrá mayorias entorno al punto medio, es decir es predecible que la mayor parte de nuestros coetáneos sean hombres mediocres y que haya una pequeña parte de personas “cuasi simios” y otra minoria de lo que Ingenieros llama “hombres virtuosos”. La distancia entre el “cuasi simio” y el hombre virtuoso es siempre mayor que del simio al “cuasi simio” evolutivamente hablando.

Los hombres virtuosos serian aquellos que son capaces de construir ideales e  imaginar contextos abstractos o expresar conceptos complejos imposibles al acceso de un hombre mediocre: un ejemplo de esta capacidad de construir ideales es el invento desiderativo de la igualdad, una abstracción que se muestra equivoca y enmarañada tal y como conté en este post sobre la libertad y en este otro sobre la igualdad.

La idea que defendí alli era que tanto la libertad como la igualdad son abstracciones , es decir intangibles, es por eso que:

De la igualdad sólo podemos percibir su falta, es decir la desigualdad. Más abajo volveré sobre el comportamiento esquivo de esta definición.

Los mediocres serian algo asi -en la terminologia de Dennet– como criaturas skinnerianas- prontas a a reaccionar frente a ciertos aprendizajes condicionados a través de arcos reflejos o bucles simples tipo estimulo-respuesta pero incapaces de imaginar y aun menos de llevar a cabo ninguna mejora colectiva de relieve, algo que al parecer no contradice la elección de buenas oportunidades para sí mismos. Los hombres mediocres están perfectamente adaptados a la supervivencia y al medraje pues son animales de horda que saben obtener prebendas y ventajas en su acceso a la manada. Pugnan por el centro de la misma y siempre encuentran refugio en aquellos lugares más cómodos y seguros a diferencia de los periféricos que suelen estar ocupados por los genios y los “cuasi simios” que muchas veces comparten destino en las sociedades donde la mediocridad es el estandarte de las mayorias bienpensantes.

Los mediocres carecen de personalidad y de subjetividad, carecen de imaginación y de ideales o valores y representan a una proporción cercana a un 70% de la población mundial, atrapados en el meme azul de Wilber dirigen bancos y empresas, gobiernos y finanzas, puestos de mando en el ejército y en la administración: son los ganadores del sistema en esta deriva evolutiva que la conciencia humana libra contra sí misma. Y es lo lógico por una razón de calado neurocientífico: las áreas de nuestro cerebro implicadas en el reconocimiento de errores son las mismas que se encuentran implicadas en la disidencia. Significa que cada vez que pensamos de forma diferente a nuestro entorno nuestro cerebro nos dicta al oido la palabra “Error”, y por si esto fuera poco, nuestro entorno nos devuelve amplificada la idea “Error, error, rectifica muchacho”.

Pensar de forma distinta a como piensan los demás tiene castigo neuronal y social mientras que adherirse a lo que piensan los demás tiene premio, es por eso que tenemos miedo a la disidencia y que nos tomamos mucho tiempo antes de definir qué pensamos sobre esto o lo otro, no queremos quedarnos solos con nuestras opiniones y ser calificados de locos, exóticos o rebeldes.

La disidencia es pues peligrosa pero además: contiene pocas ventajas individuales para quien la lleva a la práctica.

Sin embargo sabemos que la humanidad debe sus avances a pequeñas o grandes disidencias, a personas distintas que han osado (y a veces han pagado con su vida) el apartarse de la norma de su tiempo. No se conoce ningún avance que proceda de esas personas mediocres a las que antes me he referido, ninguno. El mediocre no inventa, ni sueña, ni imagina, ni se atreve a disentir, pues el mediocre carece de subjetividad y no es siquiera consciente de que sigue a la manada, es muy probable que crea que la manada le sigue a él.

Se me ocurrió todo esto mientras miraba este video de mi amigo Andrés Schuchsny platicando sobre la desigualdad aqui en TED Rosario o aqui en este post donde se pregunta si es la conformidad la causa de la desigualdad.

Se pregunta Andrés sobre las razones de la desigualdad. Pero naturalmente para mirarla más de cerca la aisla y practica un cierto reduccionismo. No se refiere Andrés a la evidente desigualdad entre Mozart y Salieri sino a las desigualdades económicas, geográficas, alimentarias o de oportunidades que existen el mundo. Al parecer damos por buenas las desigualdades en belleza, altura, peso, raza, idioma, color de la piel, conocimiento o sabiduria, en prestaciones deportivas o en genialidad. No nos importa que haya Mozarts -incluso los deseamos- pero nos parece intolerable que exista hambre en el mundo. Hay por asi decir desigualdades (diferencias) buenas y desigualdades malas. Y lo que me pregunto es: ¿Es posible preservar una desigualdad mientras tratamos de combatir o eliminar a la otra? o ¿Es legitimo que algunas desigualdades nos parezcan razonables mientras otras nos parecen inaceptables?

Naturalmente Schuschny no es un hombre mediocre, sino un sabio, un hombre virtuoso que se plantea problemas éticos e imagina y propone soluciones y reflexiones para amortiguar al menos la hecatombe. El problema es que los hombres mediocres que son la mayoria del mundo no se lo plantean, ese es el problema de fondo. La humanidad no ha madurado aun lo suficiente para alcanzar la suficiente masa critica para presentar nauseas frente a ciertas desigualdades.

Una de las explicaciones que suele darse al problema de la desigualdad procede de la tradición marxista: si existe la pobreza es porque la riqueza se acumula en manos de unos que explotan a los otros, asi los ricos siempre son más ricos mientras que los explotados cada vez son más. ¿La solución?, muy clara: arrebatar el poder a los ricos, limitar sus ganancias o redistribuir las cargas sociales tal y como proponen los regimenes socialdemócratas.

Pero yo no soy marxista y no lo soy porque creo que el origen de la desigualdad no está en las personas concretas sino en la desigualdad misma: en la tendencia de los sistemas hacia la bifurcación y la diferenciación.

Una de las ideas de Ingenieros que más me gustó en la lectura del libro más arriba mencionado, es una idea muy moderna que fue formulada en un tiempo donde nadie sabía una palabra del comportamiento de los sistemas abiertos. Robert May, uno de los cientificos que más saben sobre el comportamiento de poblaciones e impulsor de la ecologia como disciplina nació en 1936, 11 años después de que muriera el propio Ingenieros. Plantea Ingenieros que si ese 10 % de la población mundial que representa a los hombres virtuosos se reunieran en un conclave para tomar decisiones -pongamos por caso- sobre la desigualdad o la pobreza- de alli no saldrian más que propuestas impersonales o estupideces. Dice Ingenieros que el denominador común de los genios es su estupidez. O dicho de otra manera un supuesto gobierno mundial de hombres virtuosos no tendria más exito que el que tienen los políticos de turno cuando se reunen para arreglar cualquier desaguisado a escala mundial.

La idea fundamental es: una sumatoria de mentes geniales no da como resultado una propuesta genial sino todo lo contrario

Todo parece indicar que la desigualdad se comporta de una manera bastante distinta a como nos la imaginamos, al menos esa desigualdad buena que llamamos genio o talento y nada nos impide pensar que la otra, la mala se comporte de forma diferente. Todo parece indicar que la genialidad se disuelve o oscurece en presencia de otras genialidades similares. Es lógico pues entonces deja de ser diferencia y se convierte en homogeneidad y lo similar es similar tanto en el genio como en el hombre mediocre. El genio solo puede operar en soledad, en conectividad transversal o en la toma de decisiones descentralizadas, diferenciándose de la masa común de congéneres mediocres, es ahi donde brilla y obtiene su legitimación como tal. Sin Salieri no habria Mozarts, pero una vez nacido Mozart, por favor, no le obligueis a hacer oposiciones.

La desigualdad tiene un enorme horror a los consensos, a los concilios y sobre todo a todo aquello que pretenda organizarla o domesticarla. La desigualdad tiene horror a que la institucionalicen. El consenso es conservador y mediocre, el disenso es revolucionario. Lo que hace avanzar el mundo es la desigualdad.

Y es por eso que ahora que estamos viviendo en España una revuelta ciudadana de lo más simpática la peor opción seria montar un partido politico. Si tienes una buena idea huye de la politica. Hay que estar en politica pero para desmontar el régimen de poder de los partidos politicos y crear uno nuevo seria en este caso una contraditio in terminis.

De modo que a veces tratando de arreglar algo lo empeoramos, eso es lo que suele suceder cuando enfrentamos uno de esos problemas enmarañados como la participación politica o la desigualdad, ¿entonces qué hacer?.

Schuschny propone una formula para resolver la cuestión: propone añadir a la ecuación la “fraternidad” de tal modo que:

Libertad+fraternidad=Igualdad

Schuschny sabe que libertad y igualdad se encuentran permanentemente en tensión y que es necesario añadir algo a esa ecuación aunque yo creo que la Igualdad sólo puede alcanzarse mediante la privación total de la libertad, se trataria de una igualdad por defecto, la que ya conocemos en los regimenes totalitarios que deja sin resolver el tema de la desigualdad ¿Desaparecen las desigualdades en los regimenes igualitarios? El lector podrá comprender la paradoja que se encierra en esta pregunta ¿Que sucede con las desigualdades buenas?

Lo mejor seria llegar a un diagnóstico más práctico del asunto y estudiar el comportamiento de las desigualdades desde otra óptica. Por ejemplo ¿qué sucede con el dinero, con nuestros ahorros? ¿Por qué los ahorros nos producen intereses? ¿Por que esos intereses son más abundantes que un negocio productivo?¿Por qué es mejor tener el dinero en el Banco que arriesgarlo en algo innovador?

Lo dice la Biblia: “que al que más tiene siempre se le añadirá algo y al que menos tiene se verá sustraido o despojado”. Parece que hay algo en la desigualdad que opera como un imán frente a la propia desigualdad y que nuestros esfuerzos por limitar esta desigualdad provocan a su vez más desigualdad.

Lo que me lleva a plantear una solución provisional al asunto: ¿Y si en vez de luchar contra las desigualdades ponemos a las desigualdades a trabajar por el colectivo humano? ¿Y si usáramos la desigualdad para conseguir un bien común más allá del beneficio personal?

9 comentarios en “Mozart, Salieri y la desigualdad

  1. Sublime post, maestro Carmesí. Disidente (cómo no) y atrevido sin asomo de mediocridad.
    Y será cierto lo de la diferenciación. Como dije nosedónde hace poco, podríamos tomar ejemplo de la sociedad de nuestro mismísimo organismo: ¿qué mejor ejemplo de *diferenciación* que la que adoptan nuestras propias células en cierto momento embrionario, para asumir cada una sus funciones en buena armonía? Acaso una plaqueta le tiene envidia a una célula epitelial del fundus gástrico porque trabaja menos horas y gana lo mismo? (o al menos, se jubilarán todas a la misma edad). No. Y no es por fascismo cerebral, pues ahora ya se sabe que ahí gobierna más bien un triunvirato (nervioso-hormonal-inmune), también en buena armonía.
    Naturalmente que hemos de ser diferentes, y vive la différence! 🙂 Pero en armonía, eso sí.
    PS: y un abrazo a Chusny! 🙂

  2. Todo un comendio sobre la desigualdad, revolucionario…He disfrutadp leyéndolo, gracias de nuevo maestro

  3. Estimadísimo,
    su post es sublime, complementa enormemente mi pensar. Celebro y agradezco que la presentación haya sido un canal desde el cual emergió en ud. tan sabias palabras. Me gusta más por lo que interroga que por lo que busca esclarecer. Personalmente, no veo posibilidad de que se resuelva esa tensión entre igualdad y libertad. Como dejo planteado en el video, casi como una excusa y tirando el tema para adelante sin resolverlo, intuyo que sólo una transformación cultural, una evolución en la deriva espiral hacia la visión más socio-mundocéntrica / fraterno-solidaria de las elites pueda ser la única solución (incompleta) al dilema. Efectivamente y como ud. lo esboza claramente, pareciera que la desigualdad (social) es el precio de la civilización, pero no hay que dejar de soñar con la posibilidad de construir un mundo más igualitario… Al fin y al cabo, como hombre sensible que me siento, las únicas o mejores causas por las que vale la pena luchar, son las causas perdidas, siendo, quizas, una de ellas: la desigualdad.

    Un abrazo
    Andres

  4. A los mediocres tipo Salieri les interesa que haya “igualdad” porque les permite obtener beneficios para sí mismos en un sistema donde esto es completamente lícito. Los disidentes tipo Mozart no son vistos como genios sino como bichos raros inadaptados que dicen que trabajan por el bien común porque seguramente son incapaces de hacer algo mejor. El bien común no es incompatible con el bien individual. A Salieri seguro que no le hubiera importado ser socio de la Sgae 🙂

  5. ALGUNAS IDEAS IGUALES Y DESIGUALES POST POST:

    1. NO SOMOS IGUALES A PESAR DE HABERNOS DENOMINADO ERRÓNEAMENTE ESPECIE O GENERO HUMANO LO QUE PARECE QUE HACE PENSAR EN ALGO MÁS HOMOGENEO DE LO QUE ÉS EN VERDAD.
    2. HAY CIENTOS DE SUBTIPOS DE MONO HUMANO
    3. ESTAMOS MUY MEZCLADOS POR LO QUE APENAS HAY TIPOS PUROS, SALVO EXCEPCIONES QUE TIENDEN A EXTINGUIRSE
    4. HAY OTRAS ESPECIES Y GENEROS CON LO QUE TAMBIÉN PRESENTAMOS ASPECTOS COMÚNES Y NO COMÚNES (VER EMBRIOLOGIA).

    LUEGO, 1: SOLO PODREMOS SER IGUALES EN LO QUE TENEMOS EN COMÚN Y SEGUIR DESIGUALES EN LO QUE NO.
    LUEGO, 2: ES DECIR, SOMOS IGUALES Y DESIGUALES AL MISMO TIEMPO
    LUEGO, 3: EN LO IGUAL PODEMOS SEGUIR IGUALANDANOS Y LO HAREMOS QUERAMOS O NO.
    LUEGO, 4: EN LO DESIGUAL CADA VEZ LO SEREMOS MÁS Y MÁS Y MÁS.

    CONCLUSIÓN: ACEPTEMOS LAS DOS PREMISAS SIN HACER DE ELLAS UNA CONTRADICCIÓN.

    (NOTA FINAL: ¿SE SIENTE VD. IGUAL A SI MISMO-A O NO?)

  6. Lo que está claro Paco, es que el sapiens tiene esa semilla contradictoria, por una parte quiere ser igual y por otra parte alguien diferente desgajado del común. Lo que parece claro es que aunque todos somos hibridos entre la mediocridad y la sublimidad (o entre lo simiesco y la mediocridad) todos aspiramos a cosas antagónicas, como ser únicos y al mismo tiempo parte de un sistema concreto.
    Tal y como dices estamos sometidos a dos tensiones constantes: igualarnos por lo igual y diferenciarnos por lo diferente.
    O dicho de otro modo la desigualdad es inevitable en tanto que es la marca de la diferencia de aquello que nos hizo iguales.

  7. Me gusto mucho el post. Entre otras cosas me ha hecho pensar en el fenómeno del bulling, que siempre ha existido pero que en los últimos tiempos ha cobrado fuerza ya que se han visto sus consecuencias nocivas.

    Después del leer el post me cuestiono: en determinados casos, ¿será también el niño agredido u creador en potencia pero sometido al bulling por la fuerza de la mayoría con el fin de coartar su creatividad.

    Conozco muchos casos en que mi respuesta sería afirmativa.

    Gracias de nuevo Paco, este trabajo da para reflexionar en muchísimos temas más, sólo me he detenido en uno, por lo común que ahora resulta

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