La guerra de Escipión

Santiago Posteguillo es un profesor de lingüistica de la universidad Jaime I de Castellón que ha pasado del anonimato a la fama bien ganada por su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión, más conocido como el Africano. (sitio web de Posteguillo)

Aunque usted crea que se trata de una novela de guerra, en realidad la trilogía de Posteguillo solo utiliza la guerra entre Cartago y Roma como pretexto para alumbrar una especie de tratado de etnografia sobre la República. Si se ha preguntado alguna vez cómo vivian, qué comian, cómo vestian, qué valores abrazaban en Roma 200 años antes de Cristo, este libro no les defraudará, se trata de un compendio muy bien ilustrado y documentado sobre la vida civil y privada en aquella época, pero la historia de Escipión tiene tambien otras lecturas ajenas a lo militar, tiene una lectura política y sobre todo es una historia sobre la gestión del liderazgo y la supervivencia de ciertos valores como la lealtad, la compasión, la amistad, el patriotismo o el amor a la familia.

Parte del éxito de la República romana y de la propia Cartago residía en la organización del Estado y valores politicos que ambos compartían:  rehusaban la figura del monarca y recurrieron a una fórmula democrática que conocemos por el nombre de República, una forma de gobierno donde el Senado era el depositario del poder estatal. La verdad es que Roma -salvando las distancias con nuestra época- tenia un tinglado politico muy bien pensado: dado que sentian una especie de repugnancia por la monarquía, los romanos se aseguraron que el poder militar del Estado no recayera nunca en una sola persona, así solian nombrarse dos proncónsules al mando de respectivas legiones (el poder militar) y con mandatos cortos pero renovables y cuidando bien de que estuvieran siempre separados en campañas lejanas.

Patricios y plebeyos compartían sillones en el Senado de un forma un tanto especial pues los tribunos de la plebe tenian poder de veto sobre las decisiones del Senado si estas -como era de esperar las más de las veces-perjudicaban al pueblo. Sin embargo era poco probable que patricios y plebeyos llegaran a provocar una crisis institucional y todo llegaba al pleno pactado y atado. Para Roma un enfrentamiento entre patricios y plebeyos era tan temido como la monarquía. Sin embargo para situaciones de crisis se podia nombrar un dictador con poderes omnímodos pero limitados en el tiempo: la desconfianza con los dictadores era similar a la de los reyes y la sospecha ante los éxitos militares de algun general siempre retrotraía al senado el temor porque se autoproclamara rey.

El gran éxito de Roma como civilización consistió precisamente en esta organización del Estado que hacia que todos se sintieran miembros de algo superior a ellos mismos y que fuera respetado y venerado desde el más rico al más pobre. Fue el patriotismo de los ciudadanos de  Roma el que diseñó su hegemonia de más de 1000 años y que la romanización se constituyera como el germen de lo que hoy entendemos como Estados modernos, con sus leyes, comunicaciones, carreteras, códigos, tradiciones y valores. Nosotros somos en parte herederos de aquella cultura y hasta nuestro idioma procede del latin como también gran parte de nuestras instituciones jurídicas y sociales. Y una enseñanza que ya señaló Ovidio:

Con las mismas leyes y sobre todo con los mismos ideales: la fobia a los reyes y a la Monarquia, la república -el mejor invento que los humanos han desarrollado para la gestión de lo publico- se transformó en una Dictadura. Las leyes siempre sucumben a las espadas, pero como verá el lector de la trilogia a veces tambien la politica puede ir mas allá de las leyes.

Y asi fue que la República murió con Julio Cesar 200 años más tarde víctima de sus propia contradicciones que no fueron otras sino la codicia individual.

Pero a diferencia de los pueblos bárbaros de alrededor, ligures, galos, íberos, piratas ilíricos, egipcios o númidas que mantenian estructuras de gobierno arcaicas como las monarquías, Cartago tenia una estructura parecida a la propia Roma con la que se disputaba el dominio del mediterráneo desde tres generaciones atrás: hubo tres guerras púnicas y la de Escipión es precisamente la tercera y definitiva que se alargó por más de 30 años hasta la derrota final de Anibal en Zama.

Cartago y Roma se disputaban el dominio de Hispania habiendo llegado a un estatu quo: los romanos dominaban del Ebro para arriba y los cartagineses del Ebro para abajo pero respetando las ciudades aliadas de uno u otro bando, Sagunto para los romanos y Cartagonova para los púnicos. Sin embargo la muerte de Amilcar Barca en una emboscada íbera tuerce el rumbo de las cosas, Anibal su hijo toma el mando de la expedición cartaginesa y se lanza contra Sagunto: su plan no se detiene ahi -a pesar de que Roma le declara la guerra- pues pretende invadir Italia a través de los Alpes, una hazaña que nunca antes nadie osó realizar. Llevar la guerra a las proximidades de Roma y debilitar asi su poder en su propio feudo era el plan de Anibal que le llevó a una guerra de desgaste por todo el territorio itálico sin asediar directamente la propia ciudad. El plan funcionó bien durante más de una década -alternando batallas, victorias, retiradas estratégicas y asedios- pero se convirtió en un empate infinito que al final se volvió en contra del propio Anibal.

Roma se encontraba desbordada por los acontecimientos y perdía aliados en la peninsula itálica que se pasaban en masa al bando cartaginés lo que se traducia en carestia de alimentos, falta de soldados y una situación de crisis financiera que amenazaba con socavar gran parte de la hegemonia romana no ya fuera de sus fronteras sino en la propia peninsula itálica.

Publio Cornelio Escipión pertenecia a una familia patricia de abolengo -los Escipiones- y fue educado por su padre Publio y su tio Cneo y un preceptor griego que le enseñó cosas muy importantes para el desarrollo de su personalidad y de sus habilidades militares, humanas y politicas. Fue educado en valores clásicos y en el amor por el arte, la poesía y el teatro griego alzándose en valedor del propio Plauto, un intelectual de la época que despreciaba a los patricios. Cómo se las arregló para ser nombrado cónsul de la república y cómo a pesar de todas las dificultades llevó adelante su plan de invadir Africa está suficientemente explicado en el segundo volumen de la trilogia –Las legiones malditas. La idea de Escipión era llevar la guerra a Africa para forzar al senado cartaginés a llamar en su ayuda a Anibal que se veria así obligado a abandonar Italia.

Una idea a la que se oponía el Senado romano que no veia con buenos ojos aquella invasión en parte por el miedo a meterse en una guerra de consecuencias inciertas en territorio enemigo pero sobre todo por las intrigas politicas de Fabio Máximo una especie de Rubalcaba de la época que manejaba la sartén de los faisanes, delaciones, espionajes y guerra sucia contra Escipión y sus aliados, episodios que el lector podrá encontrar en la tercera parte de la serie (La traición de Roma).

Tal y como hizo el propio Anibal, Escipión no se lanzó a un asedio directo de Cartago sino que se limitó a pasearse por la región debilitando sus alianzas y sometiendo a la población a un asedio constante y a arrasar y empobrecer la región llevando el terror a sus habitantes.

Fue asi que Anibal fue llamado en ayuda de Cartago y fue así como Escipión le derrotó en campo abierto.

Reflexiones sobre la trilogía.-

Despues de leer y disfrutar de la magnifica historia de Posteguillo me vino a la cabeza sobre todo una idea: lo poco que han evolucionado nuestras instituciones politicas desde entonces si las comparamos con los avances tecnológicos y sobre todo de la movilidad y transformaciones sociales.

Es como si la pseudodemocracia de entonces (que dejaba fuera a plebeyos, mujeres, esclavos y extranjeros) hubiera sido sustituida por una representación indirecta que sigue dejando fuera a la mayor parte de la sociedad de nuestras opulentos entornos merced a eso que aqui llamamos ley d´Hont y que viene a representar la proporcionalidad de la representación territorial que beneficia las poblaciones más habitadas y penaliza a las de menor densidad de población con independencia de su valor estratégico.

Los espadones ya no representan un peligro para nuestras democracias pero paradójicamente la mayor amenaza para ella son los politicos que saltan por dentro y afuera de la ley asesinando a Montesquieu y su división de poderes (basta ver que ha pasado con nuestro Constitucional siempre dependiente de los politicos con la legalización de Bildu), un episodio que me ha recordado las maniobras de Fabio Máximo a fin de evitar primero y neutralizar despúes los éxitos militares de Escipión: una cuestión de codicia, celos y lucha por el poder que nuestros politicos repiten con meridiana claridad todos los dias con luz y taquígrafos ante un pueblo cada vez mas desmoralizado.

Ya no es sostenible la idea de votar cada cuatro años en papeletas y que ese voto se encuentre dirigido por listas cerradas y votos cautivos. En tiempos de Internet precisamos de una democracia directa, inmediata y participativa a fin de recuperar el papel de la democracia, los valores cívicos y del talento en la gestión de lo publico.

Tampoco necesitamos tantos politicos, parlamentos ni instituciones juridicas decantadas hacia el poder politico de turno ni estamos dispuestos a soportar por mas tiempo las corruptelas, espionajes y guerras sucias entre partidos.

Y para todos aquellos que piensan que el ejército deberia ser eliminado les recomendaria la lectura de la trilogía: el ejército ya no tiene la función de expandir territorios o conseguir aumentar el dominio de unas sociedades sobre otras pero debe existir para garantizar la seguridad de los demócratas en tiempos de crisis tanto si las amenazas vienen de fuera como de dentro. Y las amenazas que hoy tenemos nuestra sociedad democrática pueden resumirse en una única: hemos perdido la capacidad defensiva frente a nuestros enemigos. Somos sociedades inmunodeprimidas.

¡Seamos todos Escipiones!

Bibliografia.-

Para saber más sobre la República recomiendo el libro de Tom Holland precisamente con este titulo “La República romana”.

El sueño de Escipión por Cicerón.

8 comentarios en “La guerra de Escipión

  1. Bueno, en la novela hay tres mujeres con diferentes perfiles: Emilia la esposa de Escipión, Netikerky la esclava egipcia de Lelio y Sofonisha la mujer de Sifax y despues de Masinissa. Son tres perfiles bien distintos y es posible que haga un post sobre ellas.

  2. Sólo un detalle en este magnífico post: la guerra que enfrento a Escipión el africano vs Aníbal fue la segunda guerra púnica. En la tercera Escipión el numantino (el segundo africano le llamaron también) fue quien arrasó Cartago.

  3. De hecho todavía aplicamos el derecho romano, no solo en España, sino en todos los paises latinos…
    Scipión le dio su nombre a Chipiona ( Scipiona)
    Impresinane post, maestro admiro lo versátil que es.

  4. En un principio he pensado que qué tenía que ver la lingüística con la vida de Escipión el Africano pero si dices que es una trilogía donde muestra la vida, costumbres, relaciones estado – pueblo, etc. puedo comprender que esto es también lenguaje, no verbal, pero lenguaje. Algo alejado de la propia especialidad pero no por ello supongo que interesante, sólo hay que leerte el resumen que haces de ello.

    Al fin y al cabo todo está reflejado en el lenguaje, a través de su estructura, su vocabulario, su semántica. Los paradigmas verbales en lenguas que proceden de troncos lingüísticos diversos son muy diferentes y siempre es bueno tener en cuenta la perspectiva del tiempo-espacio para comprender las diferentes configuraciones mentales.

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