La presencia y el ahora

Todos somos capaces de experimentar -aunque sea por un momento muy pequeño- lo que significa estar sin pensamiento y ser plenamente consciente. Significa que es posible estar consciente del todo (en el sentido más neurológico de la palabra) y sin embargo no tener la mente ocupada en ese constante trasiego de imágenes y pensamientos, ese murmullo casi omnipresente que llamamos «parloteo».

Esa experiencia es la que se conoce con el nombre de mindfullness o conciencia plena. Me gustaria en este post añadir algunas cuestiones más a este concepto, me refiero a ciertos atributos que vienen colgados de él. Presencia y ahora.

La mayor parte de nuestros contenidos mentales en estado de vigilia son pensamientos, en cierto modo el hombre moderno es un hombre intoxicado con sus propios pensamientos que de forma constante e interminable aparecen en el horizonte de nuestra mente como si hubiera un motor que los pusiera ahi de forma imperceptible e involuntaria. Es muy dificil mantener la mente limipia de pensamientos, recuerdos, ideas, cancioncillas, creencias, fantasias, anticipaciones o diálogos interiores. Tenemos pues muy poco tiempo para mirar, para contemplar.

Pensamiento y presencia se oponen, no es posible adquirir presencia mientras la mente se halla ocupada por los pensamientos. Para que haya presencia es necesario sólo «estar ahi». La condición para la presencia es la no-mente. Ni el pasado (recuerdo) ni el futuro (anticipación) ni el presente (pensamientos) toleran la presencia, que se desvanece apenas colisiona con cualquier elemento mental.

Presencia puede definirse como estar ahi «aqui y ahora», es decir se trata de una forma de estar en plena conciencia en un intervalo temporal que no es pasado ni futuro, sino ahora y aqui. Lo curioso de este «ahora y aqui» es que aun siendo muy intuitivo es muy poco accesible a la experiencia mental directa. Si adquirir presencia es tan complicado es por dos causas:

Una es que estamos condicionados a pensar incluso cuado estamos operando automáticamente como cuando cosemos, andamos, conducimos, oimos musica o contemplamos un cuadro. Todo pareciera indicar que tenemos horror al vacío de la mente y tendemos a llenarla de contenidos de forma compulsiva, como si nuestra identidad fuera a fragmentarse si dejamos de pensar y es muy posible que este horror vacui se encuentre en la base de ciertas experiencias de fragmentación de tipo psicótico.

La segunda causa es que el tiempo transcurre -en nuestra percepción sensible- desde el pasado hacia el futuro siendo el presente una traza intangible que apenas la percibimos ya ha desaparecido y siempre se nos muestra de espaldas. Sucede porque nuestra conciencia adquiere conciencia de sí misma preciamente  a través de una discontinuidad que se transforma en una secuencia ilusoria como conté en este post.

Asi, decia alli:

Cada unidad de conciencia dura alrededor de una décima de segundo o lo que dura una onda cerebral (una décima de segundo equivaldria a un ritmo alfa de 10 ciclos por segundo), la onda se inicia en el tálamo que hace el papel de reloj y desde alli se esparce en forma ascendente hacia las estructuras más jóvenes, alcanzando la corteza donde se juntan las percepciones y el movimiento dando lugar al momento consciente. La onda se expande tambien hacia el exterior por el sistema perineuronal (glia) alcanzando todos los tejidos inervados del cuerpo.

Lo importante es entender que desde el punto de vista neurofisiológico sólo podemos hablar de un momento consciente y no de conciencia que en cualquier caso seria la forma en que nuestro cerebro rellena los tiempos muertos entre momento y momento.

Sólo podemos hablar pues de instantes. De una sucesión de instantes discontinuos.

En un post anterior donde hablé precisamente de la naturaleza del tiempo me ocupé de la paradoja de que mientras el tiempo parece que fluya desde el pasado hacia el futuro el espacio no le acompaña. Este fenómeno señala que existe una ilusión, un truco biológico diseñado seguramente por la evolución para dar a nuestra experiencia una continuidad fílmica que no tendríamos si solo percibieramos fotografias o flashes de la realidad. Sabemos, sin embargo, que tiempo y espacio son la misma cosa y que el tiempo no puede fluir sin arrastrar tras de sí al espacio.

Es curiosa, en este sentido que la semántica de la palabra «reloj», en francés, «horlogue» remita a dos raices, Logos y Horas. Significa que lo que entendemos como tiempo no es sino una combinación de la palabra (logos), razón e instantes de conciencia (duración). Sin duda es nuestra corteza cerebral la que cose esa discontinuidad entre instantes y les pone el nombre que percibimos como tiempo en el sentido de duración de las cosas.

Y es por eso que tenemos la experiencia de continuidad en un cerebro que en realidad sólo puede percibir trazos discontinuos.

Una de las curiosidades de nuestra mente es que sólo podemos prestar atención a una tarea determinada por vez, no podemos pensar, preocuparnos, hablar, planear, fantasear, anticipar o disertar al mismo tiempo que contemplamos algo, de ese modo es posible afirmar que siempre andamos distraídos como sonámbulos. Nuestro pensamiento nos lleva hacia el pasado a fin de exorcizar las nostalgias -si es que sentimos que hemos perdido algo- o hacia el futuro en forma de preocupaciones o de planes para que el porvenir se acople a nuestros fines. De este modo es posible afirmar que la ansiedad es un timbre que suena cuando nos perdemos en el futuro. No hay ansiedad sin futuro y no hay depresión sin pasado, sin sentimiento de pérdida y sin una tarea de recuperación ilusoria.

De manera que tanto la depresión como la ansiedad son jugarretas que nos impone nuestra secuenciación del tiempo: la misma ilusión cognitiva que nos lleva a pensarnos como un ente que discurre en el tiempo es responsable de que nos perdamos en las ideas de que «cualquier tiempo fue mejor» y en su recuperación -de ahi la repetición que es una reedición- de aquel tiempo que se nos escurrió entre los dedos o en la anticipación de las consecuencias de nuestros actos y decisiones en el futuro.

Hay dos maneras de experimentar con el ahora: una de ellas es el entrenamiento, dado que se trata de una experiencia nada rara y que todos hemos tenido alguna vez de forma espontánea o durante una relajación, de modo que podemos ejercitarla a voluntad si le perdemos el miedo a la contemplación sin juicio y sin interpretación, algo asi como la epoché -suspensión del juicio-de la que hablan los meditadores. Otra forma probablemente relacionada con esta experiencia son las que suceden durante la intoxicación con algunas drogas, estoy pensando en el cannabis y planteo a modo de hipótesis que quizá la vivencia distorsionada del tiempo que tiene lugar durante esas experiencias pueda estar relacionada con aquella experiencia que llamé «Eso» y que describí de la siguiente forma:

Se trata de una experiencia que sólo puede vivirse en primera persona (como todas las experiencias) pero que a diferencia de las experiencias comunes no puede comunicarse pues no existen consensos sobre ella. No es tener la mente en blanco, no es un bloqueo, ni un ataque epiléptico, no es una convulsión ni un dejà vu ni una de esas sincronicidades- coincidencias significativas- que a veces nos parecen bien siniestras o bien maravillosas; quizá la palabra “rapto” o “paroxismo noético” pudiera describirla mejor que cualquier otra palabra, es una degustación de algo desconocido como un sabor, un olor o una textura exótica o inusual – a pesar de no ser algo perceptual- como si ese algo hubiera penetrado en mi por unos instantes y que se desvanece raudo, tan veloz que no hay tiempo suficiente para atraparlo.

Y lo peor que podemos hacer cuando “eso” nos penetra es pretender atraparlo pues apenas lo intentamos se desvanece.

Es muy posible que «eso» sea el tiempo estirado como un chicle, una experiencia de atemporalidad que sucede cuando nuestro cerebro es golpeado en su sistema cannabinérgico con un resoplido de anandamida y que nos devuelve la percepción del tiempo en su verdadera dimensión: como un instante eterno, al disolver la droga la ilusión de secuencialidad del transcurso.

¿Es la experiencia relatada en este post la misma que sucede en las vivencias del aqui y ahora?

Es seguro que volveré sobre ello.

El poder del ahora por Eckhart Tolle:


Puedes leer el libro de Eckhart Tolle en pdf aqui.