La almidad

Douglas Hofstadter es un prestigioso matemático, filósofo de la mente que escribió uno de esos libros de culto para una generación de programadores de inteligencia artificial y cuya carrera ha estado vinculada a Stanford y al MIT.  Su “opera prima”  “Escher, Gödel, Bach” fue un éxito de ventas a pesar de ser un tocho muy complejo de leer y una heroicidad de terminar. En él abordaba uno de sus temas preferidos, la autoreferencia o la recursividad de la conciencia humana y lo hizo aunando elementos de matemáticas, filosofía, música, arquitectura y psicología intentando aplicar estos conceptos a la idea de ese misterioso y esquivo constructo llamado Yo.

Ahora vuelve con una nueva entrega, más fácil y amena de leer aunque igualmente densa y compleja titulada “Yo soy un bucle extraño” sobre las mismas ideas que al parecer no terminó de resolver en aquel volumen (y que probablemente no se termine de resolver nunca) me refiero al problema dificil de la conciencia. En él vuelve a abordar su concepto autoreferencial del Yo, aborda el tema del alma (luz interior o consciencia), el problema de la dualidad mente-cerebro y se posiciona decididamente en contra de la existencia de Dios pero sorprendentemente nos cuenta su “conversión” al vegetarianismo.

Hofstadter defiende la tesis de que el yo (la conciencia, el alma…) es una ilusión necesaria, un mito o una alucinación imprescindible, resultado de un complejo perceptivo tan sofisticado, la actividad de nuestro cerebro, que puede contemplarse a sí mismo. Arremete contra el prejuicio cartesiano del alma como “pájaro enjaulado” en un solo cerebro: “un cerebro adulto alberga no sólo el bucle extraño que constituye la identidad de la persona asociada a ese cerebro (extraido de la wiki).

Y aqui viene la parte más interesante de su hipótesis:

Sino muchos patrones en forma de extraño bucle que son copias de baja resolución de los bucles extraños primarios que se alojan en otros cerebros” (cap. 18, “El difuso resplandor de la identidad humana”.

Al leer esta idea me vino a la cabeza un verso de Walt Whitman que dice:

“Soy amplio, contengo multitudes”

Y como no, la conceptualización que hizo Freud de eso que llamamos identificación, un concepto al que Hofstadter no alude (ningún americano en su sano juicio cita a Freud)  pero que reescribe el concepto clásico psicoanalítico -la identificación- en clave de análisis computacional:copias de baja resolución” y que viene a admitir que en una mente hay muchas mentes en distintos estadíos de retroalimentación (bucles extraños) que es otra forma de decir que existe una continuidad entre todos los humanos, una especie de territorio común o de alma compartida.

Lo que entronca con el tema que da título a este post: el concepto de almidad.

Para Hofstadter el alma (la consciencia o la luz interior) seria una adquisición gradual, no una entidad discreta que se tiene o no se tiene sino algo que podriamos medir con puntos en todos los seres animados (conscientes e intencionales). Asi un óvulo recién fecundado llevaria 0 puntos mientras que un adulto sano podria llegar a 100 puntos de almidad. El alma se desarrollaría en forma de un cono invertido y abierto por su parte superior donde el 100 no es un limite sino que podria seguir “abriéndose” o “expandiéndose” hacia nuevos puntajes. En ese cono que en realidad seria un continuo de consciencia habria quien puntuaria 60 los monos o los perros, 50 los gatos, 10 las bacterias o los tomates, etc. Es decir existirian graduaciones de almidad en todos los seres animados, mientras los entes inanimados carecerian de alma y por tanto de consciencia.

Y es este continuo de consciencia lo que lleva al autor a defender cualquier atisbo de vida consciente y a justificar su vegetarianismo revelando al mismo tiempo la inconsistencia de su imaginería religiosa. Naturalmente Hofstdater en esa clasificación de almidad requeriría un puntaje más alto de 100 (si 100 representa a un adulto normal), y para él -aunque lo niega en su libro- el 100 tiene más valor que el 50, algo que tambien sucede con los puntajes fetichistas del CI (cociente de inteligencia). El error de Hofssadter es haber utilizado números en lugar de otros simbolos -simples grafos sin valor- para explicar el desarrollo expansivo de la consciencia. En realidad resulta inevitable interpretar que el 100 es una cantidad superior a 50 pero que en realidad el 50 está plegado en el 100 a poco que dejemos de contemplarlos como cantidades. En fútbol suele decirse que antes del 2-0 hay que marcar el primer gol que adquiere tanta importancia como el segundo.

Dicho de otra manera: si existen consciencias capaces de escribir los “Nocturnos de Chopin” (una alta calificación de almidad) es porque la mayor parte de nuestra especie está compuesta de personas de menor calificación que operan como soportes evolutivos del cambio y la peor noticia: que Chopin estaba lleno de bucles de menor calidad -copias de baja resolución de otros simios- que aquellos que le impulsaban hacia la excelencia musical y que compartian con ellos espacio neuronal y que además de eso competían con aquellos.

Mi opinión es que Hofstadter no puede resolver su tendencia al elitismo con su teoria de la almidad a pesar de esforzarse en no parecer demasiado radical y es por eso que cae en la superchería de su fobia a la carne y nos cuenta su experiencia con ella rayando en la pusilanimidad.

Es curioso que los anglosajones no coman pollos (chickens) sino chicken, cerdo (pig) sino beicon ni vaca (bow) sino beef. En castellano tampoco comemos ternera sino solomillo, no comemos cerdo sino jamones aunque si comemos conejo y pollo. En el uso de las palabras podemos observar como nos hemos alejado de la realidad de la carne, de que hay que matar para comer proteinas animales que son las más nutritivas y las que han hecho que nuestra especie -y nuestro cerebro- sea el que es.

No es de extrañar que antropológicamente hablando la matanza sea un rito con sentido iniciático.  ¿Qué sucede con algunos de nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Nos gusta comer carne -tal y como declara el mismo Hofstadter en su narración- pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto según nos ocultan las palabras hasta que un dia, ¡zas! se desvela la verdad.

Pero no consumir carne no nos hace mejores personas ni asegura una correlación con la puntuación alcanzada en almidad, más bien parece un recurso procedente de algún temor mágico, casi anancástico, un tabú religioso que entronca con las primeras prohibiciones culturales de nuestra especie: la prohibición del canibalismo y de los sacrificios humanos.

Lo que resulta sorprendente en cualquier caso es que por una parte se reniegue de Dios o de cualquier creencia sobrenatural y por otra parte se acepte sin discusión que negarse a consumir carne es un acto moral.

Ignorando que la palabra “sacrificio” y carne son equivalentes.

“Yo soy un extraño bucle” es sin duda un libro notable por los múltiples y diversos conocimientos que acumula su autor, la belleza de algunas de sus propuestas y la originalidad de sus hipótesis.

Ley de Traver.-

Es muy probable que vuelva sobre él en otros post incluso si no cumplo con la ley de Traver.

Bibliografia.-

Douglas R. Hofstadter. “Yo soy un extraño bucle: ¿Por qué un fragmento de materia puede pensarse a sí mismo?”. Tusquets, Metatemas. Barcelona 2008.

13 comentarios en “La almidad

  1. Entonces el alma sería un modelo de la realidad. En realidad de lo que habla es de mente, creo.
    Nosotros tenemos un modelo de la realidad más complicado que el que tiene un simio. Y el simio tien un modelo de la realidad más complicado que el de una bacteria, pero uno no subsume a otro.
    Las relaidad para las abejas, su mente, es muy distinta a la nuestra, pero más sencilla.

    Y del mismo modo que tenemos un modelo de la realidad (nuestra mente), tenemos un modelo de ese modelo de la realidad (nuestra consciencia). Creo que eso ocurre, que la consciencia emerge, porque nuestro modelo de la realidad es demasiado complicado: debemos generar un modelo de segundo orden, una conciencia, que permite manejar una cantidad menor de información.

    Y del mismo modo que tenemos ese modelo de nuestra mente, que sería la conciencia, tenemos un modelo de pequeñas partes de la realidad, que son las mentes de otras personas. Pero sería un modelo de tercer nivel, por eso más simplificado todavía.

  2. La realidad de un conejo incluye al propio y a otros conejos y sin embargo los conejos carecen de metacognición.Nosotros efectivamente tenemos un modelo de la realidad más complicado que el conejo pero solo porque tenemos metacognición, de lo contrario seriamos conejos o mejor simios. hay algo más que no puede explicarse solo a partir de la complejidad de la realidad que en parte está creada por las condiciones de la consciencia.

  3. Sí sólo nos distingue la metacognición, ¿son igual de complicadas las realidades percibidas de una trucha y de una paloma, ambos carentes de metacognición?
    Nuestra percepción de sonidos está muy desarrollada, somos capaces de separar la señal del ruido. Quizá nuestro modelo de la realidad es más complicado que el de una paloma o un conejo, y no sólo por estar dotados de conciencia.

    Pero sí, es evidente que no es la percepción lo que nos distingue, sino cómo modelamos lo que percibimos, y esa modelización requiere un grado creciente de metacognición.

  4. Creo que la realidad percibida por la trucha tiene que ver con su ecosistema y es más probable que detecte tiburones que palomas puesto que no pertenecen a su entorno. No se si son más complicadas en ese caso pero es seguro que el mundo de una hormiga es más restringido que el de un conejo. Lo que distingue la almidad (es decir los puntos de consciencia) serian estos tres elementos: la intencionalidad, la conciencia y la recursividad. Es evidente que tanto el conejo como la hormiga tienen intencionalidad los dos y carecen de autoconciencia pero lo que les dintingue es el nivel de conciencia del conejo mucho más alto en ese cono imaginario de almidad que la hormiga. Por decirlo en puntos, el conejo tendria 40 puntos y la hormiga solo 10.

  5. Puede que la experiencia subjetiva necesite de cierta recursividad, pero la recursividad no explica la experiencia subjetiva. O dicho de otro modo la recursividad puede se condición necesaria pero no suficiente.
    Hofstadter, al menos en su ópera prima hace denodados esfuerzos para que no lo comprenda ni la madre que lo parió 🙂

  6. Buen tema, maestro. Pero, como sabemos, el alma pesa 25 gramos 🙂
    PS: la catalogación de Hofstadter me recuerda un poco a aquella de Grandi, la cuestión es ponerle números. Yo siempre había pensado, mire por dónde, en que esas categorías se corresponden con la diferencia de complejidad del SN entre, por ejemplo, una ameba y un Sapiens. Hum…
    Aplausos hasta quemazón de manos.

  7. El concepto de “almidad” (así como algunos otros, como pej inteligencia) carece de valor explicativo sobre lo que somos. La razón es que es que se trata de una definición antropocéntrica (y por tanto recursiva). El ser humano ha colocado en la cima aquellos valores que son diferenciadores de su especie, pero no hay ninguna razón objetiva para pensar que esos valores sean “superiores” a otros (y quiérase o no el sistema de puntuaciones de almidad no es más que eso: otro intento de situarnos en la cima). Puede que seamos más complejos que un perro, que una hormiga o que una bacteria , pero eso solo le importa al sapiens ( y eso lo hace autorreferente y por ende falaz). Lo que sí se sabe objetivamente es que el sapiens es el animal que peor interacciona con su ecosistema, el que más daño le hace; eso prueba que conceptos como inteligencia, almidad, “grado de consciencia” se han sobrevalorado hasta el paroxismo.

  8. Agustin:
    Creo que recursividad y experiencia subjetiva son la misma cosa puesto que ¿como podriamos tener experiencias en primera persona sin saber que soy yo quien las tiene?

  9. Según Hermann Nitsch el hombre solo puede alcanzar su conciencia plena en el recorrido experimental del desbordamiento dionisiaco de los instintos.
    El arte para los accionistas vieneses tiene una función liberadora, a través de él las personas pueden romper con la frustración convencional provocada por los tabúes. Estos artistas utilizaban el dolor como catalizador para liberar al hombre de las tensiones internas y alcanzar la concencia plena de su existencia.
    Es el mismo procedimiento que también utilizó Jodorowsky en su Efímero Pánico. Las actuaciones teatrales se convertían en ceremonias rituales donde el sacrificio en su concepción de mediador de símbolo provocaba una regresión a un estado primitivo del hombre y tras el despertar al acabar el rito se produciría un despertar traumatizante desde el éxtasis al estado consciente.

    Sólo conociéndose en toda la amplitud de la naturaleza humana, y no negando ninguna de ellas, el hombre puede alcanzar una elevación de conciencia.

  10. Platón en el Banquete liga la existencia del alma a las pasiones, al eros. Así expresa que las pasiones no deben reprimirse sino sublimarse hasta convertirse en amor por la Belleza y la Sabiduria.
    El auriga y los caballos.

    Pero en esta evolución de conciencia desde el gato 50 hasta el hombre 100 según Hofstadter no se explica conciencia de qué y para qué. Una amplitud de conciencia en beneficio del individuo o en beneficio de una comunidad, o en beneficio de la humanidad. Hacia qué tipo de conciencia se debe dirigir el individuo, hacia buscar el bien de la colmena, el bien de su pueblo, el bien de su familia, o el bien de su existencia.

  11. Quizá dijeran las leyes: ” ¿ Es esto, Sócrates, lo que hemos convenido tú y nosotras, o bien que hay que permanecer fiel a las sentencia que dicte la ciudad” Si nos extráñaramos de sus palabras dijera: “sócrates, no te extrañes de lo que decimos, sino respóndenos, pusto que tienes la costumbre de servirte de preguntas y respuestas. Veamos ¿ qué acusación tienes contra nosotras contra la ciudad para intentar testruirnos? En primer lugar ¿ no te hemos dado nosotras la vida y, por medio de nosotras, desposó tu padre a tu madre y te engendró?

    […] después que hubiste nacido y hubiste sido criado y educado, ¿ podrías decir, en principio, que no eras resultado de nosotras y nuestro esclavo, tú y tus acendientes? Si esto es así ¿acaso crees que los derechos son los mismos para ti y para nosotras, y es justo para ti responder haciéndonos, a tu vez, lo que nosotras intentamos hacerte?

    […] hay que hacer esto porque es lo justo y no ser débil ni retroceder ni abandonar el puesto, sino que en la guerra, en el tribunal y en todas partes hay que hacer lo que la ciudad y la patria ordene, o persuadirla de lo que es justo; y es impío hacer violencia a la madre y al padre, pero lo es mucho más aún a la patria. ”

    CRITÓN 50c 5 – 51c 2.

  12. Disculpad que rompa el hilo de la conversación.
    ¿Puede ser que la creciente alamidad sea un problema matemático de grados de libertad?
    ¿Cuántas cosas disgtintas puede hacer una hormiga? ¿Y un conejo?
    Quizá una manera de medir esa alamidad sea calcular cuántos grados de libertad tenemos.
    No voy a entrar en el libre albedrio, demasiado complejo. Pero es evidente que a mayor número de acciones distintas, a un ser vivo le corresponde una mayor alamidad.

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