¿Qué es una mujer?

Recientemente me invitaron a una cena de conmemoración de una de esas «collas» de fiesta que abundan en el paisaje valenciano. La novedad es que habia un espectáculo posterior a la cena y que el espectáculo era la actuación de un travesti, concretamente de la chica karamelo a la que yo no habia visto nunca aunque si habia participado alguna vez en ese tipo de espectáculos que suelen darse en las despedidas de soltero.

Naturalmente que conocia de la existencia de travestis tanto en el plano profesional como en el personal y siempre me habian fascinado por su teatralidad  rozando el esperpento, la hipérbole o la hiperrealidad y lo que yo interpretaba como tendencia al simulacro, al simulacro de qué cosa es una mujer.

La chica karamelo pues era una anécdota más en esa clase de conocimientos que se adquieren por la via del espectáculo y he decir que no me defraudó y que me divertí muchísimo con su actuación a pesar de que los chistes, los guiños,  las canciones en play back y los comentarios-monólogos podrian ser vistos como zafios, vulgares y con ese tinte de misoginia que preside el imaginario de los homosexuales. Comentarios sobre genitales y sobre limpieza de los mismos, chistes sobre ginecólogos, pomadas, vagynesiles, chupadas y coitos anales pero sobre todo por una critica mordaz sobre la femineidad y sus prácticas sexuales y sociales.

Mientras le oía pensaba en tres cosas.

1.-La primera es esta pregunta: ¿cómo es posible que la karamelo me resultara más femenina que todas las mujeres juntas que habia alli? ¿Cual era el secreto?

2.-La segunda cuestión que me planteaba mientras veia su actuación era ésta ¿que nos hace tanta gracia de los travestis? ¿Como pueden soportar las mujeres tanta critica a su esencia y a la vez reirse?

3.- ¿Qué es la femineidad? ¿Cómo es posible que un hombre pueda saber más de lo femenino que las mujeres?

Y es asi que me puse a pensar sobre este concepto de qué cosa es una mujer y qué es eso que llamamos femineidad.

Lo cierto es que todo el mundo sabe qué es una mujer, al menos  sabemos identificarla por aquello del dimorfismo: las mujeres tienen cuerpos distintos  a los hombres -cada vez menos-, son más pequeñas, tienen una distribución distinta de la grasa, tienen pechos (o tetas), y son genitalmente distintas a nosotros, tienen una voz mas aguda y tienen menor masa muscular y fuerza que los hombres, tienen rasgos caracteriales que las definen y tienen más gusto por hablar, expresarse y compartir. De manera que todos nosotros sabemos quién es una mujer, sabemos distinguirla o reconocerla pero ¿sabemos qué es una mujer?

Lo cierto es que los travestis juegan con esa incertidumbre a través del disfraz y algunos de ellos se instalan en esa identidad más alla de lo íntimo o lo puntual (transformismo). ¿Pues cómo saber si hay o no una mujer bajo un vestido, una apariencia de mujer? De hecho es por eso que nos reimos tanto con ellos pues sabemos que son hombres disfrazados de mujeres. Esa es la gracia, pues mientras nuestro cerebro percibe su «femineidad» nuestra mente sabe que es un hombre, una disonancia trágica que se resuelve a través de la risa.

Y es trágica porque pone a prueba nuestro concepto monolítico de la identidad. Para la mayor parte de nosotros o se es un hombre o se es una mujer, no caben identidades intermedias, pero esta idea no solo es falsa sino que es puesta en cuarentena en el teatro y en el arte donde el travestismo y la ambigüedad ocupan desde la antigúedad un lugar de honor en los temas universales de la escena o de las artes plásticas.

Los travestis como los cómicos son necesarios en una sociedad y sirven para criticarla y para desenmascarar sus falsedades; para demostrarnos que no tenemos ni idea de qué es una mujer, sabemos reconocerla pero cuando alguien se disfraza de ellas y nos enseña sus atributos idealizados, hormonados o quirúrgicos caemos en la cuenta de que vivimos continuamente en una ilusión, un simulacro consensuado. En realidad, de no saber de antemano si la karamelo era un hombre o una mujer podríamos caer en el engaño y tomar como mujer lo que no es sino un simulacro de mujer, algo que nos hace plantearnos a los hombres si no seremos en el fondo homosexuales con la consiguiente inquietud. Y a las mujeres si no serán en el fondo unas monjas moralistas.

Lo cierto es que resulta imposible definir qué es la femineidad y qué es la masculinidad más allá del reconocimiento de ciertos atributos perceptibles que nos son conocidos desde nuestra primera infancia, pero es obvio que la suma de todos esos atributos por sí mismos no constituyen una totalidad sino una abstracción, una categoría (femineidad o masculinidad) pues la Totalidad carece de existencia real, todas las mujeres de la Tierra juntas no representarían una Totalidad llamada Femineidad pues la suma de todas las totalidades-parte no constituye una Totalidad que precisaria de otra Totalidad para ser definida. Lo que existen son totalidades-partes es decir holones.

Lo que quiero decir es que existen en todos y cada uno de nosotros copias de patrones de qué es un hombre y qué es una mujer formando parte de nuestra identidad con distintos niveles de resolución. Y es obvio que los travestis son hombres que presentan una copia femenina que no es una copia cualquiera (como nos sucede a la mayoria de nosotros) sino una copia preferente en su sistema autoreferencial es decir formando parte de su identidad.

Se trata de un bucle gödeliano, autoreferente que constituye su Yo. Son mujeres a la vez que saben que son hombres y son portadores de una de esas paradojas en las que no podemos afirmar ni su veracidad ni su falsedad.

Ahora bien ¿es esto posible? ¿puede darse esta contradicción en un ser humano?

Diria que es inevitable pues somos entidades autoreferentes, un trozo de materia que se piensa a sí misma y cuyos andamiajes son otros holones plagiados de nuestro sistema parental o social. A la vez que es tambien imposible definir la femineidad. Pertenecemos a una especie que se especializó en construir simbolos y además llegados a un cierto nivel de complejidad esos mismos simbolos construyen otros simbolos de manera que estamos apresados en una especie de jaula metafísica que nos permite plantearnos la pregunta filosófica de fondo ¿qué es una mujer? a la vez que somos incapaces de responderla sin añadir, a la vez, ciertos bucles de nuestra procedencia que sin saberlo transforman el significado.

Con lo que no conseguimos sino una regresión infinita de significados. Cuanto más completa es nuestra definición más incoherente resulta como dice el principio de Gödel.

Y lo cierto es que cuando hacemos esto lo que hacemos en realidad en desfigurar las respuestas y construir nuevos patrones que nos alejan del centro de la cuestión. No sabemos qué es una mujer solo podemos afirmar si nos gustan o no nos gustan.

La femineidad (o la masculinidad) es un invento individual, algo simbólico que cada uno construye con los hilos de sus experiencias, recuerdos pero tambien estereotipias y consensos, una captura icónica de bucles, un trabajo de mimesis y un trabajo de poiesis y a veces un trasplante o modelado del deseo de otro.

Y a mi me gustó la Karamelo, dotada de ternura, simpatía, gracia y atributos femeninos hiperbólicos a pesar de saber que es un hombre.

Pero sigo sin saber qué es una mujer y no me siento por eso decepcionado pues la vida se hizo para ser vivida y no para ser explicada.

2ª Ley de Traver.-

Si me gusta una mujer no es porque me gusten las mujeres sino porque esa me gusta incluso si no cumple con la ley de Traver.

La almidad

Douglas Hofstadter es un prestigioso matemático, filósofo de la mente que escribió uno de esos libros de culto para una generación de programadores de inteligencia artificial y cuya carrera ha estado vinculada a Stanford y al MIT.  Su «opera prima»  «Escher, Gödel, Bach» fue un éxito de ventas a pesar de ser un tocho muy complejo de leer y una heroicidad de terminar. En él abordaba uno de sus temas preferidos, la autoreferencia o la recursividad de la conciencia humana y lo hizo aunando elementos de matemáticas, filosofía, música, arquitectura y psicología intentando aplicar estos conceptos a la idea de ese misterioso y esquivo constructo llamado Yo.

Ahora vuelve con una nueva entrega, más fácil y amena de leer aunque igualmente densa y compleja titulada «Yo soy un bucle extraño» sobre las mismas ideas que al parecer no terminó de resolver en aquel volumen (y que probablemente no se termine de resolver nunca) me refiero al problema dificil de la conciencia. En él vuelve a abordar su concepto autoreferencial del Yo, aborda el tema del alma (luz interior o consciencia), el problema de la dualidad mente-cerebro y se posiciona decididamente en contra de la existencia de Dios pero sorprendentemente nos cuenta su «conversión» al vegetarianismo.

Hofstadter defiende la tesis de que el yo (la conciencia, el alma…) es una ilusión necesaria, un mito o una alucinación imprescindible, resultado de un complejo perceptivo tan sofisticado, la actividad de nuestro cerebro, que puede contemplarse a sí mismo. Arremete contra el prejuicio cartesiano del alma como «pájaro enjaulado» en un solo cerebro: «un cerebro adulto alberga no sólo el bucle extraño que constituye la identidad de la persona asociada a ese cerebro (extraido de la wiki).

Y aqui viene la parte más interesante de su hipótesis:

Sino muchos patrones en forma de extraño bucle que son copias de baja resolución de los bucles extraños primarios que se alojan en otros cerebros» (cap. 18, «El difuso resplandor de la identidad humana».

Al leer esta idea me vino a la cabeza un verso de Walt Whitman que dice:

«Soy amplio, contengo multitudes»

Y como no, la conceptualización que hizo Freud de eso que llamamos identificación, un concepto al que Hofstadter no alude (ningún americano en su sano juicio cita a Freud)  pero que reescribe el concepto clásico psicoanalítico -la identificación- en clave de análisis computacional: «copias de baja resolución» y que viene a admitir que en una mente hay muchas mentes en distintos estadíos de retroalimentación (bucles extraños) que es otra forma de decir que existe una continuidad entre todos los humanos, una especie de territorio común o de alma compartida.

Lo que entronca con el tema que da título a este post: el concepto de almidad.

Para Hofstadter el alma (la consciencia o la luz interior) seria una adquisición gradual, no una entidad discreta que se tiene o no se tiene sino algo que podriamos medir con puntos en todos los seres animados (conscientes e intencionales). Asi un óvulo recién fecundado llevaria 0 puntos mientras que un adulto sano podria llegar a 100 puntos de almidad. El alma se desarrollaría en forma de un cono invertido y abierto por su parte superior donde el 100 no es un limite sino que podria seguir «abriéndose» o «expandiéndose» hacia nuevos puntajes. En ese cono que en realidad seria un continuo de consciencia habria quien puntuaria 60 los monos o los perros, 50 los gatos, 10 las bacterias o los tomates, etc. Es decir existirian graduaciones de almidad en todos los seres animados, mientras los entes inanimados carecerian de alma y por tanto de consciencia.

Y es este continuo de consciencia lo que lleva al autor a defender cualquier atisbo de vida consciente y a justificar su vegetarianismo revelando al mismo tiempo la inconsistencia de su imaginería religiosa. Naturalmente Hofstdater en esa clasificación de almidad requeriría un puntaje más alto de 100 (si 100 representa a un adulto normal), y para él -aunque lo niega en su libro- el 100 tiene más valor que el 50, algo que tambien sucede con los puntajes fetichistas del CI (cociente de inteligencia). El error de Hofssadter es haber utilizado números en lugar de otros simbolos -simples grafos sin valor- para explicar el desarrollo expansivo de la consciencia. En realidad resulta inevitable interpretar que el 100 es una cantidad superior a 50 pero que en realidad el 50 está plegado en el 100 a poco que dejemos de contemplarlos como cantidades. En fútbol suele decirse que antes del 2-0 hay que marcar el primer gol que adquiere tanta importancia como el segundo.

Dicho de otra manera: si existen consciencias capaces de escribir los «Nocturnos de Chopin» (una alta calificación de almidad) es porque la mayor parte de nuestra especie está compuesta de personas de menor calificación que operan como soportes evolutivos del cambio y la peor noticia: que Chopin estaba lleno de bucles de menor calidad -copias de baja resolución de otros simios- que aquellos que le impulsaban hacia la excelencia musical y que compartian con ellos espacio neuronal y que además de eso competían con aquellos.

Mi opinión es que Hofstadter no puede resolver su tendencia al elitismo con su teoria de la almidad a pesar de esforzarse en no parecer demasiado radical y es por eso que cae en la superchería de su fobia a la carne y nos cuenta su experiencia con ella rayando en la pusilanimidad.

Es curioso que los anglosajones no coman pollos (chickens) sino chicken, cerdo (pig) sino beicon ni vaca (bow) sino beef. En castellano tampoco comemos ternera sino solomillo, no comemos cerdo sino jamones aunque si comemos conejo y pollo. En el uso de las palabras podemos observar como nos hemos alejado de la realidad de la carne, de que hay que matar para comer proteinas animales que son las más nutritivas y las que han hecho que nuestra especie -y nuestro cerebro- sea el que es.

No es de extrañar que antropológicamente hablando la matanza sea un rito con sentido iniciático.  ¿Qué sucede con algunos de nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Nos gusta comer carne -tal y como declara el mismo Hofstadter en su narración- pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto según nos ocultan las palabras hasta que un dia, ¡zas! se desvela la verdad.

Pero no consumir carne no nos hace mejores personas ni asegura una correlación con la puntuación alcanzada en almidad, más bien parece un recurso procedente de algún temor mágico, casi anancástico, un tabú religioso que entronca con las primeras prohibiciones culturales de nuestra especie: la prohibición del canibalismo y de los sacrificios humanos.

Lo que resulta sorprendente en cualquier caso es que por una parte se reniegue de Dios o de cualquier creencia sobrenatural y por otra parte se acepte sin discusión que negarse a consumir carne es un acto moral.

Ignorando que la palabra «sacrificio» y carne son equivalentes.

«Yo soy un extraño bucle» es sin duda un libro notable por los múltiples y diversos conocimientos que acumula su autor, la belleza de algunas de sus propuestas y la originalidad de sus hipótesis.

Ley de Traver.-

Es muy probable que vuelva sobre él en otros post incluso si no cumplo con la ley de Traver.

Bibliografia.-

Douglas R. Hofstadter. «Yo soy un extraño bucle: ¿Por qué un fragmento de materia puede pensarse a sí mismo?». Tusquets, Metatemas. Barcelona 2008.

Poder, dominio y empoderamiento

En realidad la palabra poder es una de esas palabras que gozan de mala prensa, tan mala como le sucedió a la palabra «sexo», antaño. Todo pareciera señalar que todas las acepciones negativas del sexo se le hubieran endosado a la palabra «poder» que ha pasado asi a ser maldita.

Veamos su significado segun la RAE:

Del lat. *potēre, formado según potes, etc.).

1. tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

2. tr. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo. U. m. con neg.

3. tr. coloq. Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo. Puedo A Roberto.

4. intr. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle. En la discusión me puede. U. t. en sent. fig. Me pueden sus impertinencias.

5. intr. Ser contingente o posible que suceda algo.

Como puede observarse en la definición oficial en realidad no hay porque temer esa palabra, solo parece señalar hacia la potencialidad de hacer algo, algo asi como la autodirección o la facilidad de dirigir la ropia vida. En este sentido la palabra poder seria lo opuesto a alienación, dependencia, sometimiento o desamparo y efectivamente esto es lo que les pasa a las personas que carecen de poder.

Lo cierto es que más allá de la definición de la RAE, la palabra «poder» ocupa entre nuestras redes semióticas otros muchos significados, asi hablamos de un poder económico, politico, legislativo, ejecutivo, mediático, judicial, médico, etc, pero también existe un poder en las minorías y un poder en el sexo femenino, un poder que parece que recorre todos los peldaños de las escalas sociales a pesar de que para nosotros poder, dinero y capacidad de influencia vayan todos de la mano.

Pero no es cierto porque se puede tener mucho poder desde posiciones de debilidad e incluso de dependencia, subordinación o de enfermedad.

Este recorrido del poder a través de lugares que no le correspondería ocupar sucede porque hemos renegado de él, lo hemos disociado y lo hemos separado de nuestra vida consciente. Adquirir, tener o acumular poder es algo mal visto, del mismo modo que gestionarlo pues para nosotros la única forma de ejercer el poder es a través del dominio. No hay poder sino existe un dominado.

Naturalmente esta idea es falsa puesto que el poder no se utiliza solo para dominar sino tambien para empoderar.

Al poder le pasa lo mismo que al saber, no puede transmitirse si no hay alumno para enseñar. Pero la existencia del alumno empodera al profesor de manera que en esa continua oscilación o retroalimentación cada uno de los actores en el aprendizaje es capaz de obtener ventajas. El que da no pierde y el que recibe gana. Se trata de un juego de suma no-cero, no hay perdedores y ganadores sino sólo ventajas para ambos actores. ¿Sucede lo mismo en el ejercicio del poder?

Lo cierto es que la mayor parte de las personas que aspiran a un mayor poder que el que ostentan en su vida lo hacen por razones muy claras: tener poder:

  • Garantiza una mejor salud.
  • Una vida más larga y más cómoda.
  • Una mejor calidad de vida.
  • Mas parejas sexuales y afecto por parte de aquellos desposeidos de poder.
  • Más capacidad de influencia en los entornos sociales.
  • Una menor exposición a calamidades y estrés.

De manera que es comprensible que los humanos seamos buscadores empedernidos de poder, o lo que es lo mismo de rango, de prestigio social o reputación. Lo que nuestro cerebro aun no ha aprendido a hacer es encontrar una respuesta al para qué de toda esta búsqueda. Y si no encontramos ese «para qué» individual entonces no tenemos más remedio que reproducir la lacra de la dominación.

Efectivamente, hay jerarquías de dominio pero tambien existen jerarquías de crecimiento. No todo los poderes son iguales.

El poder se utiliza en términos de crecimiento individual para encontrar un camino propio compatible con el desarrollo de todas y cada una de nuestras potencialidades bien sea conseguir seres autónomos, pensantes y autodirigidos en nuestra mentalidad occidental o bien encontrar el camino hacia la iluminación tal y como propone el Wang búdico, el empoderamiento según el pensamiento oriental.

La familia tradicional es un ejemplo de entorno con distribución desigual de poder. Los padres tienen más poder que los hijos (en las familias funcionales). Es precisamente este entorno ordenado el que hace que los niños maduren (en el mejor de los casos) y se conviertan en personas independientes y autodirectivas a través de un baño de poder donde el niño tiene que aceptar que los padres tienen más poder que él mismo: pueden acostarse cuando quieren, comer lo que quieren, tener relaciones sexuales, salir y volver a casa cuando quieren, etc. Naturalmente esta distribución asimétrica del poder genera en los niños grandes sentimientos de injusticia y de comparación codiciosa. ¿Qué es lo que hacen algunos niños cuando son expuestos a estas reglas  o limites impuestos por sus padres?

Aprenden a manipular, pues en la manipulación existe la ventaja de una adquisición de poder que puede a la vez negarse. El niño que no come puede acumular mucho poder manipulando a su madre para que le preste mayor atención, tener a los padres pendientes de él y generar además broncas continuas entre ellos propiciando nuevas alianzas y coaliciones, manteniendo a la vez el mito de que es un «mal comedor» o que tiene anorexia quedando por tanto exento de responsabilidad: no es un manipulador sino un desganado. El que carece de poder, bien temprano en la vida, descubre que quiere ese poder y utiliza medios espúreos para alcanzar al menos un premio de consolación.

No voy a sugerir qué es lo que hay que hacer con este tipo de niños aparte de llamar a Supernany , lo que quiero decir es que las guerras de poder presiden nuestras relaciones de forma bien temprana, doméstica y que son previsibles en todos los grupos humanos. Es por eso que la mejor actitud que existe con respecto al poder es la misma que aprendimos con el sexo: se trata de consecuencias naturales de nuestra neurobiología y haremos bien en no reprimir o subyugar pero tampoco facilitar o favorecer. El poder debe ejercerse a su tiempo como el sexo y precisa además cierta maduración para que el adolescente sepa qué hacer con la cantidad de poder que acumula.

Haremos además bien en saber algunas de las leyes que regulan los repartos de poder, la principal de entre ellas es esta:

El poder tiene un enorme temor al vacio.

Lo que significa que el poder que usted cede inmediatamente será ocupado por otra persona y si no hay personas será ocupado por su mascota.

Lo cierto es que la mejor manera de obtener poder es aprender a obedecer tal y como aprendimos en la mili, si bien mandar tiene una connotación negativa en tanto que la obediencia es solo un aprendizaje destinado a saber dominar a otros, como si se tratara de un karma repetitivo donde dominados y dominantes fueran cambiando de rol de vez en cuando cuando se adquieren las habilidades necesarias. ¿Pero qué sucederia si el poder sirviera para algo distinto a la dominación?

El objetivo del poder no es otro sino lograr la autodirección de la propia vida y conseguir empoderar a otros que por las razones que fueren no lograron establecer un animus suficientemente fuerte para llevar a cabo su proyecto vital que quedó detenido instalando al sujeto en una privación de poder o de indefensión.

La función del poder es devolverle poder a aquellos que lo perdieron o nunca pudieron obtenerlo, asi como sustraerselo a aquellos que aprendieron contingencias para manejar a los demás a través de maniobras de contrapoder, como la enfermedad, el victimismo o la hostilidad derivada de los celos, la envidia o la codicia.

Es necesario obtener, mantener y administrar determinadas cuotas de poder para defendernos de esos que intentan erosionar nuestra reputación incluso aqui, la digital. Es por eso que ponemos normas y reglas para admitir comentarios en un blog. Lo hacemos porque este es nuestro territorio y nuestro poder de censura, podemos hacerlo y lo aplicamos implacablemente, pues hay que ser implacables con los que pretenden abusar de los demás.

Con todo, el poder y su administración incluyen una cesión paulatina en el viaje que cada cual irrumpe en su conciencia. No tener poder alguno en la primera parte de la vida puede ser letal pero seguir empeñado en mantenerlo durante el viaje de vuelta es grotesco. El poder ha de cederse, abandonarse a medida que se culminan los procesos de desindentificación o de desapego esenciales, no para ceder de forma entreguista la soberania a alguien sino para compartirla con otros que a su vez hayan demostrado ser merecedores de ese don.

Los psiquiatras necesitamos un entorno de mucho poder para tratar pacientes o incluso para protegerlos de sus familias, de ellos mismo o de la sociedad. Sin estos entornos de poder -que muchas veces entendemos como represivos- no podríamos llevar a cabo ningún tratamiento en los pacientes más graves, es por eso que existen leyes de internamiento involuntario y tutelas judiciales para los pacientes.

Y no debemos olvidar que no existe ninguna enfermedad mental donde el paciente no juegue, a su vez, ciertos juegos de poder. Los que describi en este post.

Sinestesic@s

La sinestesia era hasta hace poco tiempo una curiosidad neurológica destinada a vender libros de divulgación sobre esa extraña combinación de canales sensoriales (ver sonidos, saborear olores, oir colores, etc) cuando no a hacer ciertos elogios a las drogas psicodélicas como el LSD o la mescalina que pueden inducir sinestesias en cualquier persona.

A pesar del aura romántica que arrastra -gracias a músicos como Scriabin o a artistas plásticos como Kandisnsky– esta curiosa forma de percibir sonidos, colores, gusto, olores y tacto de forma mezclada lo cierto es que todos los intentos de adjudicar o de llevar a cabo una tabla de equivalencias entre colores y notas por ejemplo o grafemas-color han fracasado y han revelado dos cosas: que la sinestesia es un fenómeno muy común y que es totalmente subjetivo, es decir cada persona seria capaz de construir una tabla distinta sobre esas equivalencias.

Aqui escribí algo sobre la sinestesia y la relacioné con el sindrome de Stendhal, el post contiene tambien un buen testimonio de un muchacho sinestésico que además tenia paroxismos stendhalianos. Quizá por esa aura romántica el fenómeno sinestésico no fue estudiado en serio hasta que Ramachandran comenzó a relacionarlo con ciertos sindromes psiquiátricos como el sindrome de Capgras y con otros neurológicos como el miembro fantasma en su conocido libro «Fantasmas en el cerebro» una obra maestra de la neurociencia.

Podeis ver un video donde Ramachandran resume sus investigaciones.

Lo cierto es que los neurólogos de hoy carecen de tradición psiquiátrica y debe ser por eso que no han leido a Babinsky ni saben que en el siglo XIX ya se describieron ciertos síndromes que se consideraron neurológicos y no psiquiátricos como la anosognosia (la incapacidad para reconocer una amputación por ejemplo) y la anosodiaforia que es su afecto correspondiente de indiferencia y que se parecia mucho a la negación de enfermedad que hacen algunos pacientes psiquiátricos o a la «belle indiference» de las histéricas que no tenian lesión alguna en su cerebro a diferencia de aquellos que habian sufrido apoplejías.

Es por eso que entre nosotros Francisco Orengo ya publicó hace cierto tiempo un articulo que venia a decir que la «belle indiference» era equivalente a la anosodiaforia pero sin lesión, era por asi decir: su equivalente psicológico. Como si el cerebro hablara dos idiomas, uno para la mente y otro para las neuronas pero que ambos idiomas procedieran de una matriz común neurobiológica.

Esta matriz neurobiológica es posible que sea la capacidad de ciertas neuronas sinestésicas, es decir la pervivencia de ciertos cableados neuronales que podrian ser utilizados en base a la neuroplasticidad para funciones no previstas.

Pero no voy a hablar de la sinestesia en general sino de la sinestesia menos conocida por haber sido la última en describirse, me refiero a la sinestesia toque-espejo.

Se trata de una curiosa forma de sentir en el propio cuerpo las sensaciones que en realidad deberian sentir sólo otros, son esas personas que sienten como si les clavaran agujas cuando contemplan una escena en donde se le clavan agujas a un sujeto distinto a ellos mismos. Hasta ahora pensábamos que estas personas eran demasiado sugestionables o aprensivas, quizá muy miedosas por lo mal que lo pasan en las peliculas de miedo o violentas, pero es más que eso: se trata de personas que han desarrollado la empatía hasta limites insospechados y sienten en sí mismos el dolor (más frecuente) o sensaciones táctiles como caricias, etc con menor frecuencia que se les realizan a otros en su presencia.

Dicho de otro modo: la sinestesia toque-espejo está relacionada con una personalidad superempática que observa y es -como no- más frecuente en mujeres que en los hombres en una proporción 6:1. Es natural puesto que la evolución se ha encargado de promocionar este sentimiento en las mujeres que al fin y al cabo han de cuidar retoños, pero esto es sólo la explicación evolutiva, la explicación genética es que esta cualidad (si queremos llamarla asi) se transmite a través del cromosoma X.

Lo que quiere decir que si un hombre es sinestésico su madre lo será tambien puesto que el niño hereda de su madre el cromosoma X pero la niña puede haberlo heredado de su padre o de su madre y además los genes que controlan este rasgo parece que son letales para los embriones masculinos. O sea nacen menos niños sinestésicos que niñas.

Sabemos hasta ahora tres cosas: que la sinestesia está relacionada con la empatía, o sea con las neuronas espejo -a través de la activación de la corteza somatosensorial (señalada en azul en la figura de arriba) en el caso del tacto espejo- y que es más frecuente en mujeres. Pero para mi la cuestión sensible de todo este recorrido es llegar a la siguiente pregunta. Todos sabemos que las neuronas espejo sirven para aprender a imitar a nuestros semejantes y para desarrollar en nosotros la empatía que es una forma de inhibir la agresividad pero seguramente no nos hemos detenido nunca a pensar que las neuronas espejo sirve para otro fin: para diferenciar el Yo del no- Yo, es decir para trazar una barrera entre el Yo y los otros siempre en presencia de la observación visual que es su condición.

Dicho de otra forma: la densidad de neuronas espejo correlacionaría con un agrandamiento o adelgazamiento de la barrera entre nosotros y el mundo visible, por lo tanto es de esperar que las personas superempáticas tengan más problemas emocionales que los demás. ¿Es esto cierto?

A continuación me gustaria dirigir al lector a este post donde abordé un caso de ficción o al menos novelado sobre un síntoma histérico (temblor) en la escritora Siri Huvstedt. En la discusión que siguió a la publicación de este post se encuentra la clave de la pregunta que más arriba hacía. Efectivamente la superempatia tiene ventajas pero tambien inconvenientes.

Las mujeres tienen mucho más riesgo de sufrir enfermedades con componente emocional que los hombres, no porque sean más emotivas sino porque son más empáticas y suelen identificarse con más intensidad con sus figuras de referencia. Sin identificación no habría sufrimiento emocional, más allá de lo razonable por una pérdida: el termino duelo no elaborado perdería asi su acepción misteriosa.

He dicho identificarse y este es un criterio puramente psicológico, pasaré a continuación a explicar en qué consiste la identificación. El lector podrá encontrar más detalles en este post donde hablé de los vericuetos que sigue el amor. Identificarse es adquirir una identidad a partir de un original cuyo resultado es una copia del mismo.

Nos identificamos con aquello que nos resulta atractivo y que llega a formar parte de nuestra identidad, asi somos una mezcla de retales de otros, una suma de introyecciones calcadas de otro. Naturalmente este fenómeno ha de ser más eficiente en aquellas personas más dotadas para la empatía.

Lo que es lo mismo que decir que el duelo, es decir el trabajo de reelaboración de una perdida será más costoso en una persona empática que en una persona normal. ¿Es esta la razón por la que las mujeres suelen tener más problemas y sufrimientos emocionales que los hombres, incluyendo las depresiones?

Tomo prestado el comentario final de Francisco Orengo por su originalidad y por plantear una hipótesis nueva a falta de datos experimentales para validarla.

Pues si desde la infancia la persona ha aprendido a simultanear autopercepciones sensoriales (incluida la integral que representa la noción del “Uno mismo” o “Si mismo”), con las de un otro, entonces cabe pensar que la muerte de ese otro debe ser sentida por la persona que sobrevive como una especie de muerte parcial en vida. Esta sensación se me antoja espantosa en la medida en que implica un cese masivo de percepción compartida, simultaneada desde la infancia. Si esto es cierto, entonces cabría pensar que en personas con esta sinestesia, una perdida de un ser “sinéstesico con uno” sería una especie de ictus sensorial-perceptivo

Una especie de experiencia fantasma del registro motor perdido” aunque, ahora que lo pienso, mejor “UNA EXPERIENCIA MOTORA FANTASMA DEL REGISTRO SENSORIOMOTOR PERDIDO”. Eso, los músculos de Siri se ponen a temblar porque no encuentran la percepción sensorial sinestésica que se ha ido con la persona muerta que evoca en ese momento en que el síntoma debuta. Por otro lado, es posible que lo que llamamos “identificación” sea, como dices, “el equivalente psicológico de la sinestesia”. Las dos caras del mísmo fenómeno como en la anosognosia/anosodiaforia y en la belle indifference, desde luego. De todas maneras esta hipotésis habría que testarla en pacientes con sinestesias y duelos severos que deberían tener una coincidencia estadisticamente significativa de acuerdo a la hipótesis.

Dicho de otra manera: una perdida afectiva seria para estas personas como una amputación con su «miembro fantasma emocional» doliente.

Bibliografia.-

– Banissy, M. J. & Ward, J. (2007). Mirror-touch synesthesia is linked with empathy. Nature Neuroscience; 10: 815 – 816.

– Blakemore, S. -J., et al. (2005). Somatosensory activations during the observation of touch and a case of vision-touch synaesthesia. Brain; 128: 1571-1583.

La evitación experiencial

Los sustitutos es una de esas peliculas protagonizadas por Bruce Willis en su sempiterno papel de policia que describe una distopía: un mundo similar a aquel tan sórdido recreado por Harrison Ford en «Blade runner» de seres vivos y replicantes en interacción donde el espectador no llega nunca saber quién es el humano y quién su réplica maquinista o como se dice ahora su «avatar».

Lo cierto es que en esta pelicula, el mundo que se dibuja está situado en un entorno supercontaminado y es por eso que los humanos viven en una especie de burbuja en su propio hogar mientras son sustituidos en las tareas cotidianas por robots que se comportan como ellos, sin ser ellos, lo que nos pone delante de la paradoja del zombie. ¿Es posible imaginar una máquina que parece ser como nosotros pero no lo es?

No voy a contarles la intriga de esta pelicula policíaca en un entorno de ciencia ficción sino que abordaré aquellos elementos para la reflexión que se me han ocurrido mientras la veía.

Lo cierto es que vivimos en un mundo donde los Estados, al menos los Estados opulentos han logrado penetrar en la esfera de lo privado con varios pretextos, a veces es la seguridad y otras la salud, pero no ha existido jamás en la historia ningun poder que haya extendido sus manos tan a fondo en lo privado como nuestros sistemas asistenciales modernos llamados del bienestar. Es verdad que podemos pensar o expresar casi cualquier idea, pero no podemos elegir directamente a nuestros representantes politicos, no podemos consumir drogas (que siguen estando prohibidas y demonizadas), no podemos ya fumar en público sin ser acusados de herejes, no podemos circular a mas de 110 en las carretaras de nuestro pais y no tenemos derecho a saber si nuestras hijas abortan por nombrar solo algunas de las prohibiciones que en nombre de la ciencia, del ahorro de combustible o de la libertad sexual de los menores se esgrimen para tal prohibición.

Al Estado le interesa mucho nuestra salud porque se halla contaminado de ciertas ideas de la modernidad y que tienen mucho que ver con la amortización de la responsabilidad individual y es por eso que son de esperar grandes restricciones en el futuro porque mientras la contaminación aumenta merced a los productos y residuos industriales vinculados al exceso de producción de los mismos, lo cierto es que nuestras libertades individuales se acotan más y más provocando actitudes perseguidoras cuando no delaciones de nuestros coetáneos, muy preocupados por el humo de los cigarrillos y muy poco de la contaminación ambiental de los automóviles y las fábricas.

Los próximos demonios procederán de la industria alimentaria, el colesterol es el enemigo a batir y no me extrañaría nada que pronto o tarde las hamburguesas, las pizzas o los hidratos de carbono denominados como «comida basura» fueran prohibidos, solo espero que el jamón -demonizado ya en USA- no sea el próxima victima de esta evitación de los riesgos que los Estados se han autoadjudicado como prestación obligatoria a sus ciudadanos.

Luego vendrá el alcohol y aunque nuestro pais es un importante productor de vino y no es posible prohibir su uso de forma radical, los impuestos que se le vendrán encima al ciudadano al sustraerle la denominación de «producto alimentario» serán tales que su consumo disminuirá drásticamente al empobrecer el bolsillo de los consumidores como pronto sucederá con la gasolina o la electricidad.

Por alguna extraña razón cuyo origen se me escapa los Estados modernos se han hecho fuertes en la idea de que es su obligación velar por y garantizar nuestra salud, nuestra bondad y nuestra felicidad y han optado a falta de argumentos y propuestas más innovadoras por la evitación experiencial, es decir por acotar nuestra exploración del lado de allá.

En realidad el concepto «evitación experiencial» es un concepto cognitivo-conductual que está descrito en psicologia y del que pongo aqui una definición tal y como la proponen los autores de este articulo, el lector apreciará que es el mismo concepto freudiano de represión:

La evitación experiencial ha sido definida como el fenómeno que ocurre cuando una persona no quiere ponerse en contacto con ciertas experiencias privadas (sentimientos, deseos, recuerdos, impulsos, etc.) y se trata deliberadamente de alterar la forma o la frecuencia de tales experiencias o los contextos que los suelen ocasionar. En general, se entiende que la EA es una dimensión funcional que sirve de base a numerosos problemas psicológicos: trastornos afectivos, de ansiedad, de la alimentación, del control de impulsos, así como en los síntomas psicóticos, en el afrontamiento de enfermedades y en los procesos de dolor. En todos estos problemas existiría un factor común, una experiencia privada (pensamiento, sentimiento, recuerdo, etc.) que el paciente pretende evitar como remedio a su malestar. Aunque los intentos de evitación fueran fructíferos a corto plazo, a la larga se suele acabar produciendo un aumento de tales experiencias por mor del bien conocido “efecto rebote”. De acuerdo con el planteamiento que se ofrece en esta comunicación un patrón rígido de EA vendría a revelar una forma de ser supersticioso que tiene el paciente. Se argumenta que en nuestra sociedad la superstición ha pasado de estar basada en una conducta públicamente observable (tocar madera, evitar una escalera, etc.) a fundamentarse sobre comportamientos privados (evitar ciertos pensamientos, no tener “malas” emociones, etc.) Por último se reivindica el papel de la superstición como concepto clave a la hora de entender los desórdenes psicológicos.

Tal y como se desprende del abstract de este articulo gran parte de los sufrimientos psicológicos se deben a la evitación experiencial e incluso se han propuesto ciertas formas de psicoterapia de 4ª generación para devolverle al individuo el control de su propia experiencia interna, tal y como sucede en las terapias de aceptación y compromiso y que sin nombrar a Freud tratan de devolverle al individuo la capacidad de negociar con su mundo interno, entrenándole precisamente en aquello que el Estado le sustrajo: la responsabilidad en la gestión de su propia vida.

Hay que renunciar pues a una vida tutelada y a una economia subvencionada, lo que es lo mismo que decir que hay que oponerse a una experiencia elusiva proceda de donde proceda.

Tal y como sucede en la pelicula más arriba nombrada solo cabe una actitud frente a este estado de cosas: no meterse en la urna que nos propone el Estado y arriesgarse sabiendo que la evitación de los riesgos de las experiencias personales no se resuelven aparcándolas en el sótano de la vida sino pactando con ellas, pero el riesgo mayor para los humanos procede del hecho de que una revuelta de avatares descontentos por llevar una vida de parias termine con la extinción del sapiens en favor de los robots que un dia descubrieron que lo que para nosotros era un riesgo inasumible era para ellos un gran placer.

Aceptaron el compromiso con sus emociones y nos vencieron.