Stravinsky y la memoria musical

Igor Stravinsky es algo así como el Picasso de la música, el ángel anunciador de la modernidad y con ella la ruptura con todas las convenciones clásicas y todos sus rastros canónicos, lo que es lo mismo que decir que Stravinsky trató de romper con aquello que de una forma consensuada se consideraba bello hasta aquel momento, Stravinsky introdujo un reseteo de nuestra memoria musical y dejó espacio libre en nuestro disco duro para lo nuevo. Antes de él Schoemberg habia pretendido deconstruir la tonalidad, pero Stravinsky se mantuvo firme en su idea de investigar sobre lo desconocido, sobre lo imprevisible -sin abandonar sus trucos para explorar varias tonalidades o incluso la bitonalidad total en una obra como en Petruska- pero a diferencia de Schoemberg se centró en investigar sobre patrones nuevos, tanto ritmicos, como melódicos y armónicos.

Cuando estrenó en Paris (1913) su “Consagración de la primavera” se montó tal escándalo en el teatro que la policia hubo de intervenir para evitar que los desórdenes llegaran a mayores, parecia como si la Consagración hubiera provocado una especie de psicosis colectiva, la gente gritaba, se levantaba de sus asientos e incluso intentaron agredirse unos a otros. “La consagración” les habia vuelto locos, ¿pero por qué? ¿Como es posible que la escucha de una sinfonía provocara tal tormenta de emociones?

No es de extrañar que la música convoque emociones puesto que esa es su función: la música es sobre cualquier otra forma de expresión artistica la que recluta una mayor parte de sentimientos descascarillados, es decir desprovistos de cualquier patrón cognitivo adherido. La música es la gran abstracta, no significa nada pero es capaz de convocar cualquier emoción sin que sea predecible qué va a ocurrir ni qué sentimiento va a convocar en este o aquel individuo. Lo que sucedió el dia del estreno de la Consagración, en  un público culto y acostumbrado a la belleza canónica de la expresión musical fue una especie de rebelión de los cerebros que se manifestó en una asonada contra el teatro, los bailarines y el propio compositor que asistió en primera fila al motín, -inmutable- sabiendo que lo que estaba sucediendo es que había acertado con la fórmula de sobreescritura de patrones artísticos en los cerebros de sus contemporáneos.

Desde entonces hasta ahora nuestros cerebros se han acostumbrado a cierto tipo de patrones y “la Consagración” ya no nos parece simple ruido tal y como habia sucedido en su primera audición, lo que ha sucedido desde entonces hasta ahora tiene que ver con la plasticidad de nuestro cerebro: nos hemos acostumbrado a ciertas armonías, a ciertos ritmos y a ciertas cadencias suspensivas (de suspense) en las orquestaciones. Nos parece bello lo que hasta entonces era enervante.

Como ejemplo de como nuestro oido fue adaptándose más y más a los nuevos sonidos de la modernidad podemos contemplar la obra maestra de dibujos animados -dirigida a un publco infantil- de Walt Disney “Fantasía” que precisamente toma la parte inicial de “la Consagración” y los “augurios” con su obstinato de cuerda. Nótese como la música surge como cuchillos de acordes disonantes y como a nuestro parecer la armonía de esa obra sinfónica ya no nos provoca tanto rechazo como provocó en su estreno. Hemos encontrado cierto patrón y con él apreciamos su belleza.

Lo que Stravinsky se planteó fue el por qué ciertos acordes (consonantes) nos parecian bellos mientras otros (los disonantes) nos parecian feos. Pensó como un neurocientífico y cayó en la cuenta de que no existía ninguna razón por la que un acorde mayor nos pareciera redondo mientras uno de séptima mayor nos pareciera algo inacabado o abierto. Lo cierto es que nuestro cerebro no sólo se dedica a guardar patrones sobre lo conocido sino que adelanta predicciones sobre lo que va a oir, es por eso que cuando una composición vuelve a la tónica  y despues de darse ciertos paseos y disgresiones sentimos la tranquilización de lo predecible pero lo predecible resulta, a su vez, bastante aburrido, es por eso que la expresión musical ha buscado siempre la originalidad.

La originalidad implicita en cualquier forma de arte con mayúsculas implica una cierta suspensión de lo predecible. Es verdad que la musica pivota siempre sobre un patrón que se graba en la memoria a través de ciertas repeticiones y que sin ese eje federador todo parece incomprensible, pero los compositores – al menos los compositores de la modernidad- se aplicaron en hacernos cambiar nuestra opinión sobre lo que era bello o feo. Una sexta mayor no tiene porque ser menos bella que un acorde de tercera mayor, se trata de acostumbrarse a esa secuencia. Luego viene el discurso musical, las variaciones y las disgresiones, pero al final el oyente descansa cuando ha logrado predecir cuando la melodía volverá a su cauce original, es por eso que los finales suelen coincidir con la tónica dando lugar a una sensación de acabado, de redondez y plenitud.

Pero Stravinsky pretendió todo lo contrario: jugar con la incertidumbre, que el oyente no supiera lo que iba a suceder a continuación. Esta sensación provoca dolor e incertidumbre que era para Stravinsky la esencia de la música. Jugando con esa incertidumbre sin saberlo Stravinsky jugueteó con nuestra experiencia cerebral más íntima y nos sustrajo el placer asociado a la música conocida y predecible sustituyéndolo por un sufrimiento inespecifico que fue sin duda el que provocó el alzamiento del público el dia del estreno de “la Consagración”.

El que fue sadismo inicial de Stravinsky para borrar de nuestro cerebro la mania de encontrar satisfacción en lo predecible se ha convertido hoy en algo ingenuo o al menos neutral, ya nadie se sentiría impelido por la fuerza de los extraños y cambiantes ritmos de “la Consagración” ni nadie se sentiria aludido o molesto por sus extrañas melodias sobreinscitas en distintos tempos. Hemos aprendido oyendo música nueva y nuestro cerebro ha aprendido a encontrar patrones alli donde nuestros antepasados sólo encontraban ruido.

Encontrar orden en el caos, esa parece ser la función de la música que de alguna forma pone de manifiesto que nuestra mente es de alguna forma infinita en su capacidad de encontrar simbolos, patrones y sentido a lo nuevo.

Y por eso el arte es necesario, sin él enloqueceriamos pues es gracias a él que podemos construir sentidos nuevos a realidades diversas, cambiantes y mudables. Y los construimos sin necesidad de demostraciones ni consensos.

Yo oí por primera vez “la Consagración” en 1982 y llegué a Stravinsky buscando los origenes estéticos de un grupo de rock sinfónico que me gustaba mucho en aquel entonces: me refiero a King Crimson, que presta su titulo a este blog. Para que ustedes puedan comparar “la Consagración” con su influencia en la musica moderna, les dejo aqui una actuación en directo del Rey Carmesi jugueteando con las lenguas de las alondras. Nótese el obstinato de las cuerdas y las apoyaturas de guitarra de Robert Fripp que aparecen como cuchilladas al estilo de Stravinsky y notese tambien la atmósfera mágica, onirica, quizá hiperrealista de esta improvisación casi sinfónica.

Un poco más conocida y comercial por aquello de la predictibilidad es esta “Red” del mismo grupo donde puede oirse a Stravinsky con sus explosiones y obstinatos

Bibliografia.-

Jonah Lherer: “Proust y la neurociencia”. Paidós. Madrid. 2010.

9 comentarios en “Stravinsky y la memoria musical

  1. Tengo entendido que con el Bolero de Ravel ocurrió algo parecido en su premiere.
    Es cierto que un acorde séptima nos suscita el sentimiento de algo “incompleto”, y que un mayor es más animoso que un lúgubre menor. Asombroso cómo computa el cerebro esas operaciones matemáticas en clave emocional…
    “Los finales suelen coincidir con la tónica”… Me cuesta (a mi cerebro) concebir un Requiem sin ese amén final (tónico), o a Bach prescindiendo de esas redondeces.
    Curiosa la similitud entre el ruso y sus tocayos, sí. Me gustó la imagen, que nos recuerda que atrevidos hay también en la pintura (expresionismo, surrealismo, cubismo, etc).
    Bonito tema, que nos hace plantear de su mano carmesí cuán preparados estamos para “lo nuevo” 🙂

  2. Bach no era un innovador sino un recopilador que hizo y llevó a la excelencia toda la musica del Barroco, sin embargo Beethoven si era un innovador que rompió con el clasicismo de Mozart y Haydn y se adentró en el “Sturm und Drang”, en el romanticismo, metiendo por primera vez las emociones humanas en la musica. Para mi Stravinsky es el innovador de la modernidad y si concoieras su obra te darias cuenta de cuanto le debe el jazz y la musica pop a este ruso iconoclasta.

  3. Sí, sí, y además era un “mandao” que escribía bajo pedido (Bach). Lástima que en la Leipzig actual no queden genes suyos 🙂
    No sé si tendré tiempo de conocer la obra de Stravinsky… 🙂

  4. La innovación de Robert Fripp viene de la mano de tocar la guitarra con la afinación de un violín,… en quintas, eso le permitió bucear en nuevos sonidos y escalas, pero si encima le acompaña Bill Bruford con esa manera tan peculiar y compleja de tocar el tambor y le pones a un Tony levin que se inventa un nuevo instrumento el Stick Chapman…, nos topamos con Elefantes que mas que hablar, crean un nuevo lenguaje musical….

    Conoces el Stick Chapman ?

  5. Conoci a Stravinsky en mi seguimiento de los trabajos de Katia y Marielle Labéque, y es cierto para mi que tanto cuando escuchaba el disco de èstas pianistas, buscaba armonia en el conjunto del tema y q escuchar a King Crimson en los años 69/74 me costaba mucho acostumbrarme al estilo musical. Tengo además unos cortos en dvd de peliculas en los q se acompañan los temas de Stravinsky, y son por supuesto inconclusos, pero en general es un trabajo interesante q a veces en viajes un poco largos pongo en el lector de cds de mi8 coche.
    Debussy, tambien hizo una obra para el, compartian una gran amistad y el gusto por éste tipo de música.

  6. Una vida si la cuentas en horas Paco, es tan larga y proporciona tantas posibilidades de aprendizaje…que vivir pasa a ser la experiencia de las experiencias, y si me he propuesto aprender a tocar el Stick y cuando haya aprendido me voy a montar un huerto….., mientras tanto ensueño los contenidos de mis propios sueños, y cuando venga la muerte la interrogare, me tendrá que meter la pata en la boca para callarme..y que deje definitivamente de aprender.

  7. Fuerza bruta de la naturaleza. Tempestad, tormenta, estallidos del mar sobre la roca, las pulsiones:

  8. Escuché la Consagración de la Primavera en marzo de 1973, cuando tenía siete años, precisamente en Fantasia. Tras ver esa película ya no fui la misma persona. Fue sin embargo La Pastoral y El Cascanueces los que me provocaron más honda impresión, y Stravinski me resultó enigmático y extraño, por lo que creo que quizás aparte de la época en que cada uno viva, si pueda haber algo innato y preprogramado, al estilo de lo que dice Chomsky sobre el lenguaje y la gramática generativa.

    Treinta años después repitieron autor en Fantasia 2000, con el pájaro de fuego. Esta vez el impacto de Stravinski fue mayor. Curiosamente la única obra que no conocía, Pinos de Roma, me hizo llorar de emoción.

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