Insumisión 2.0

Confieso que no puedo reprimirme y dar mi opinión -una más- sobre los acontecimientos que vivimos ayer relacionados con la aprobación a traición de la llamada ” Ley de economia sostenible” uno de cuyos puntos es la conocida y malograda -transitoriamente- Ley Sinde.

Hoy he estado escarbando por ahi las opiniones de ciertos blogueros y he caido en la cuenta de que en definitiva no somos tantos los que nos opusimos a la citada Ley y que quizá hemos sobrevalorado en cierta manera la influencia de la opinión de la red que fue mayoritariamente contraria a dicha Ley. A la mayor parte de los españoles les trae sin cuidado hasta que les impidan fumar (que es mucho mas grave), esa es la realidad.

Algunos -casi todos- dicen estar de acuerdo con la percepción de derechos de autor, mientras declaran que están en contra de la citada Ley, no he oido a nadie que se manifieste en contra de la forma en que los autores perciben sus salarios procedentes de la venta de sus obras. En realidad nadie cuestiona el problema de fondo y apelan en su mayoria al derecho a la cultura que para casi todo el mundo está por encima del derecho a la “propiedad intelectual”.

Pero para mi el problema de fondo es precisamente éste: ¿qué entendemos como “propiedad intelectual”? ¿Qué es lo que tenemos que proteger? ¿Qué son bienes culturales?

¿Son bienes culturales  las naranjas, los jamones ibéricos, la paella valenciana? ¿Son bienes culturales, las fiestas patronales, las vacas pasiegas, las ovejas trashumantes, las cofradias de semana santa? Desde luego lo son pero no se hallan sometidas a las mismas condiciones que los discos, las peliculas, los libros, o los inventos en general que van por la via de la SGAE o de la patente.

Dicho de otra manera la Ley Sinde lo que trata de proteger es una industria basada en la copia que desde la llegada de Internet se encuentra en crisis.

Los defensores del mercado lo tienen claro: cada uno que gane lo que quiera o lo que los demás estén dispuestos a pagar, desde Belen Esteban hasta Bisbal, si la gente compra sus productos tienen todo el derecho a hacerse ricos y a comprarse villas en Miami. Es una manera de verlo que no comparto, a mi si me interesa el sueldo de Messi o lo que comen los politicos y me parece mal que una persona se haga rico porque se ha hecho “famosillo”, por mucho mercado que lo justifique. Estoy en contra además a que metan a estas personas en el mismo paquete que a Garcia Marquez o a Picasso. Hacer leyes para proteger a determinadas personas está muy bien pero entonces ese Estado proteccionista tendrá que abstenerse a la hora de financiar el cine español. Si somos liberales vamos a serlo pero de verdad: no se entiende demasiado ser “progre” y aceptar que el estado financie nuestra industria cinematógrafica, tampoco lo hace con el trigo, de modo que seamos liberales pero para todo.

Se pasa por alto además otra de las variables críticas en lo que respecta a la industria de la copia: los bienes culturales de valor no sobresalen por sí mismos de forma espontánea en función de su calidad. Aquel que maneja el mercado impone al final sus gustos a los demás y todo el mundo sabe que los best sellers son productos prefabricados por los grandes lobbyes editoriales que son lo que deciden qué es y qué no será éxito pues son los que manejan al final de todo, desde la edición, la distribución y la publicidad. Son estos lobbyes los que ganan dinero con el mercado de la copia y no tanto los autores que -en el caso de los escritores- rondan el 10% de sus beneficios sin que puedan nunca controlar cuantas copias se han hecho de sus productos. Dicho de otra manera: sólo los grandes autores ya consagrados se hacen ricos con la literatura porque trabajan por encargo, la mayor parte de los escritores malviven y compatibilizan su actividad literaria con otra profesión, son casi todos funcionarios. Y lo peor: algunos no consiguen jamás publicar nada en papel.

El problema que ha planteado Internet es una explosión de creatividad y talento tal a nivel individual que ha cogido con el pie cambiado a la Industria que hasta ahora imponia sus gustos a la escasa población culta que lee, oye musica, ve cine o va al teatro y que ahora les ha abandonado por la Red. ¿Alguien puede afirmar que la poesia de ciertos blogs, la música que se exhibe en otros o las novelas que se editan en plan profesional son mejores que los libelos en pdf que circulan por Internet escritos por autores deconocidos?

Lo cierto es que la cultura 2.0 con muy escasos medios ha igualado y en cierto modo superado a la cultura convencional.

Si hablamos de la música y de los éxitos discográficos ¿Tiene algo que envidiar la música que se compone y se expone aqui gratis con la mayor parte de los éxitos que nos venden a diario a través de los canales convencionales?

Si hablamos del periodismo en general observaremos un extraño fenómeno: la convivencia de los medios profesionales con la politica es tan íntima e intensa (casi toda la prensa está financiada por el Estado de forma directa o indirecta) que han perdido credibilidad y lo peor: resultan aburridos, tanto que la gente prefiere las noticias extraídas a través de ciertas webs o a través de ciertos comentarios en las redes sociales o twitter que los periódicos tradicionales (en papel y basados en la industria de la copia) que decididamente no son de fiar y qué decir de los informativos televisivos, sólo la radio mantiene cierta frescura en relación con el resto del mercado de la información en franco retroceso y extinción.

Hace unos dias Goddard dijo algo -recogido en la prensa- que me gustó. El futuro de la cultura es que sea gratis. Estoy de acuerdo con él. La mayor parte de los artistas, escritores o investigadores que conozco compatibilizan su actividad artística o intelectual con un trabajo reglado. ¿Qué sentido tiene que Alejandro Sanz (pongo este ejemplo como cualquier otro) se dedique a full time a escribir música? ¿Qué hace Sanz cuando no actua en directo, compone o graba?

Y es que hay una enorme confusión en las diferencias que existen entre profesión y ocupación. Politicos y artistas en general son los que más confundidos se encuentran.

¿No es precisamente eso lo que hacemos los blogueros? . Nos ocupamos de regalar nuestras opiniones, ideas, investigaciones, divulgamos ciencia, cultura, noticias, imágenes, sentencias, poemas, cuentos, opiniones o ensayos a los que nos quieran leer, lo hacemos gratis y lo hacemos asi porque creemos que ese es el modelo que deberá funcionar en el futuro.

Y lo hacemos sin que nadie nos proteja y nos mande un canon digital como pago por nuestro esfuerzo.

Considero que la “propiedad intelectual” debe existir pero no tiene por qué llevar aparejada una ganancia económica, me conformo con que este post sea mio y que sea citado mi nombre si alguien lo divulga.

Y por cierto es muy poco probable que las ideas buenas tengan copyright porque lo que hace bueno o valioso a algo no es el éxito manufacturado sino la persistencia en una actividad que terminará por influir en miles de personas. El capital de un escritor es un intangible: sus lectores, algo que sin duda cambiará la ética de la percepción económica al permutarla por la reputación.

Lo que cambia el mundo no son las leyes sino la tecnología, las leyes pueden oponerse a los cambios pero al final de este proceso la tecnología terminará por cambiarnos el cerebro y la percepción que tenemos del mundo. Los políticos y los artistas tendrán que acoplarse a la expectativa que la mayor parte de los ciudadanos tenemos de ellos: simples gestores de lo público que se ocuparán de estas actividades como un complemento de servicio a su comunidad.

Ser artista o ser politico no es una profesión sino una ocupación. Un honor para el que la ejerce.