Funerales

Los funerales son un magnifico observatorio para un psiquiatra y es por eso que no suelo ir a ninguno pues me obligan a trabajar gratis.

Recientemente he asistido a uno de ellos -inevitable- y naturalmente ejercí de observador, me centré sobre todo en la viuda de hecho y su coro de cariátides.

Entre suspiros decia: ” nos queriamos tanto, era tan bueno”, se referia al finado mientras yo pensaba en el Absoluto de la Bondad y me preguntaba cómo era posible que dijera que habia sido tan bueno si conmigo habia sido tan cabrón. Metí el comentario en el frigorifico y seguí oyendo sus declamaciones que iban variando según el cansancio y el aburrimiento de la sesión tanatorial.

– “Era tan hombre, un verdadero hombre”. Tal aseveración me puso en guardia pues al finado no se le levantaba desde el paleolítico superior. Enseguida me tranquilicé cuando recordé la frase de otro finado, en este caso de Berlanga que dirigiéndose a Paco Umbral le dijo:

– A las mujeres Paco no les gusta follar , lo que les gusta es largar e ir de compras”.

O sea que seguramente para la viuda de hecho el finado era muy hombre porque no se la follaba casi nunca, es eso -al fin y al cabo- lo que una mujer espera de su marido de hecho y a largo plazo, que la deje en paz genital.

Pero por la boca muere el pez porque un poco más tarde y guíada por el hastío de la situación exclamó:

-“El comía de mi mano, dependía tanto de mi, incluso se duchaba cuando yo le decía”.

Ella- la viuda de hecho- no cayó en la cuenta de que estas afirmaciones se contradecian entre sí, pero tal cosa no pasó inadvertida para mi mirada pericial. Me acordé entonces del autoengaño y de como habia evolucionado tal estrategia conductual: al fin y al cabo todos nos autoengañamos al intentar aparecer ante los demás como mejores de lo que en realidad somos, el engaño está destinado a la autopromoción. Lo cierto es que algunos de nosotros y movidos por una especie de estética intelectual no lo tenemos tan fácil y no seríamos capaces de agrupar tales comentarios uno tras otro pues nuestro raciocinio nos advertiria de su contradicción.

Entonces comprendí que me hallaba frente a una histérica, una persona falsificadora de la realidad.

A mi lado habia un sujeto hemipléjico del que apenas nada recordaba y que lloriqueba presa de una especie de labilidad emocional de tipo frontal y al que me dirigí para preguntarle como iba el Barça (en esos momentos me interesaba más ese resultado que el curso del funeral). El hemipléjico -que aseguró que era tio mio- me dijo que no tenia móvil y que por tanto nada podia saber del asunto, de modo que me puse a pensar en la Bondad como ideal platónico, como Absoluto.

Y pensé que era imposible que una persona sea tan buena con unos y tan indiferente para con otros y entonces me vino a la cabeza  aquella frase certera dicha por alguna persona importante (cuyo nombre no recuerdo) de que “La maldad existe porque las personas de bien miramos hacia otro lado”.

Y comencé a atisbar que es cierto, que sólo miramos la verdad de frente cuando nos sentimos inmiscuidos pero que pocas veces lo hacemos cuando los afectados son otros. Si la bondad es un universal no puede haber afectados, no puede haber damnificados. Y yo lo era, lo soy.

Después pensé en otra cosa que habia leido en Trivers a propósito del engaño y del autoengaño y me di cuenta (ese dia aprendí mucho de la falsedad humana) que no existe un consciente y un inconsciente sino diversos grados de conciencia que se acompañan de ciertos roles que pueden vivirse uno después del otro y vivirse sin contradicción (Freud lo habia dicho), existen narrativas solapadas que conviven en el cerebro humano sin darse cuenta de que son incompatibles cognitivamente hablando.

Lo cierto es que no somos sólo culpables de lo que hacemos sino de lo que somos incapaces de deshacer y es por ello que lo que la viuda decía me sonaba a falsedad.

Y lo cierto es que nuestro cerebro no está diseñado para encontrar la verdad sino para sobrevivir, debe ser por eso que hemos coevolucionado con los mentirosos (a fin de desnemascararlos) pero a su vez los mentirosos han refinado sus mentiras a fin de no ser descubiertos. El mentiroso tuvo que sofisticar su estrategia de engaño y la mejor forma de hacerlo es creer sus propias mentiras (autoengaño), asi la verdad pasa al inconsciente y la mentira transita por diversos roles y espacios de la conciencia transformándose en conducta y en comunicación. Pero esta estrategia tiene sus costes y el más conocido es la fragmentación y por tanto la perdida del sentido de la realidad, es por eso que la viuda de hecho aparece a ojos de los que la escuchan como una persona inconsistente pero no mentirosa (¿cómo saber si miente o no?)

No podemos saber si una persona que se miente a sí misma nos está mintiendo pero existen ciertas señales de tal cosa. Una de ellas es que nos resultan inconsistentes y superficiales en sus apreciaciones, la siguiente es que los estados de ánimo coexisten y se relevan con celeridad y la última es que existen señales de inconsistencia afectiva a través de otras pruebas, en el caso de la viuda susodicha, uñas pintadas y abrigos de visón.

Tal inconsistencia procede del hecho de haberse especializado en la mentira como estrategia común de interacción y que se detecta como falsedad o inautenticidad. El mentiroso sale airoso de sus mentiras pero es detectado como una persona histriónica, superficial y no fiable.

A esas horas ya sabia yo que Messi habia marcado, por fin, el primer gol.

15 comentarios en “Funerales

  1. Ya lo dice el refranero, que se pilla antes al mentiroso que al cojo (yo incluiría en la mentira tanto la de facto como la de ocultamiento).
    De Trivers me impactó la frase de que “la negación genera negación de la negación” pues, como dicen, si mientes… hazlo hasta el fondo.
    Del autoengaño diríase que es el engaño para vagos, una especie de pestillo de seguridad, una coraza, un salvavidas del engaño genuino, que ese sí que cuesta -como dice el antropólogo- tiempo, esfuerzo y concentración. Y memoria, sobre todo memoria.
    Aplausos mil para este post de humor fino y descarnado, como sabe ser a veces, también, el Rey Carmesí 🙂

  2. Pues a mi me da que tu relato es mentira o una falsificación para autopromocionar tu humor.

    Saludos

    Juan Manuel

  3. Bueno Paco este post me parece ¡extraordinario! aunque hay algún detalle que no acabo de entender……Dices que el costo de auto-engañarnos es perder el sentido de la realidad pero de cual realidad si cada uno tiene la suya? y: ¿porqué esto seria esto un costo?
    No se si me explico suficiente pero me refiero a que ¿Qué problema representa para muchos no vivir en la ¿Realidad? mientras sean felices y no lo sepan ni siquiera ellos,y además no hagan daño a nadie?
    Felicidades por estos escritos que nos enseñan tanto y tanto!!……..
    🙂 🙂 🙂 🙂

  4. Tu intervención Argentum me lleva de lleno a plantear las consecuencias de ese autoengaño: te diré que una de ellas es la enfermedad mental, otra la psicosomática y la definitiva es la desconexión de la vida o sea el “suicidio” por reseteo.

  5. Yo confieso abiertamente, que uno para mentir bien tienes q hacer q t crees la mentira, no se podria ser actor si no fuera de esa guisa. Yo he actuado muchas veces y creo q es verdad el tema de la fragmentacion. El autoengaño es una práctica penosa cuando t atreves a mirarla de frente y darte cuenta lo poco afortunado q has sido actuando de esa forma, pero muchos de nosotros no lo hacemos, sobretodo cuando somos jóvenes y querremos engañar a nuestros padres o abuelos para conseguir una mentira. Tambien si estamos frente al marido de alguna amante, incluso ella parece q no sabe nada, todo está bajo control, a tal punto que separa con prismas las diferentes caras del asunto y és como si no pasara nada, incluso tiene miedo y no se permite mirar la realidad. La mentira nos protege por un tiempo, hasta q decidamos no seguir por ahí, pero volveremos a desearla o a necesitarla, y en cualquiera de los casos tienes q ser atrevido, alguna como en el caso de decir q eres mejor de lo q eres en un trabajo, es porque crees q lo podrás lograr, estás motivado, en volver con tu querida, es solo traer mas dolor a tu existencia, y a sentirte muy mal, perder tu autoestima e incluso seguir engañandote, girando prismas y q en cada una de sus caras se refleje una mentira una actuacion de cara a la galeria. Uno se convierte en un calamar. El calamar cuando corteja, por el lado donde está la hembra le muestra los colores de su piel, por el lado q ella no está, no produce ningun cambio por lo q si uno lo mira desde ese lado, no parece q le esté lanzando ningun tejo a la hembra. Disimulo, sería la palabra.

  6. Vivir bajo el yugo de las obligaciones de ir a un funeral versus ver lo que te apetece….el futbol, te hace una viuda de tu corazón.

    Saludos a ti y a tus proyecciones.

    Juan Manuel

  7. JJ, e sinteresante tu aportación sobre el disimulo, me gustaria decir que disimulo (engaño) y simulación (autoengaño) no son la misma cosa.
    Algo parecido sucede entre fingir y simular algo:
    La mayor parte de las personas incluyendo a los profesionales de la sanidad confunden “fingimiento” con “simulación”. El niño finge un dolor de tripa para no ir a la escuela, el soldado finge una lesión para no hacer la instrucción. Pero simular pertenece a un orden distinto al simple fingimiento, simular es hacer o sentir algo de forma alienada como si fuera algo que simplemente sucede, sin articulación alguna con la subjetividad.
    Existen pues dos niveles de mentira, pero uno de ellos se encuentra fuera de la consciencia, mientras el otro se reconoce como falsedad.

  8. Disculpa por ser tan pesado Francisco pero es un tema interesantísimo y a mi personalmente no me ha quedado nada claro. En tu ejemplo y experiencia asistir a un funeral con el que no te sientes conectado y al que no te apetece asistir no implica una simulación?, una actuación que traiciona a tus verdaderos deseos y a la vez una mentira de las razones que con tu asistencia transmites al prójimo. Y no crees Paco que aprovechar esa simulación y engaño mas traición para ahondar en psicoanalizar al prójimo en sus miserias aparta la conciencia, la tuya de tus propias simulaciones, engaños y traiciones?. Al final el cuadro es el de un teatro donde ni los afectados ni los asistentes reflejan la realidad, posiblemente las formas sean diferentes pero y el fondo?. La autoconciencia para serlo ha de ser operativa, o mejor mirar la viga en el propio ojo tiene la virtud de que la operatividad de la autoconciencia no siga en modo inconsciente, reseteada. Nos haria parecer mejores que las viudas.

    Un saludo

    Juan Manuel

  9. En fin, siendo fiel a mi alargada sonrisa unido a mi perplejidad cualquier palabra que salga de mi boca esta de mas. Mis felicitaciones por este interesante blog, me siento como pez en el agua.

    Un cordial saludo

    Juan Manuel

  10. Magnífica reflexión sobre la mentira y el autoengaño, da para mucho reflexionar, en mi caso sobre mí mismo.
    Reconozco también que lo leí hace un buen rato y todavía me siento sorprendido y sobrecogido por el hecho de que alguien haya vivido con ese desapego la muerte de uno de sus padres.
    Gracias por el post y la sinceridad
    Un abrazo.

  11. Gracias Francisco por dedicarme un tiempo y letras con significado y paciencia, y ahora q lo he leido por tercera vez( me refiero al post), me he reido de lo mordaz, e ingenioso del mismo.
    La verdad q es para leerlo muchas veces más, pués, aunque es mas sencillo, parco en cultismos, es rico en ironía y humor y desde una perspectiva conocedora de los pormenores como ningún otro presente, me hace usted complice amigo de su perícia y visión de la situación, ya q yo tampoco habia caido en que el funeral era el de su padre. En fin, m ha sido muy agradable, y lo he disfrutado mucho.

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