Género, sexo, territorio y nido

Hoy he oido en las noticias de TVE que el mes de Julio ha sido -como lo fue el mismo mes de los años pasados- el record del año de las víctimas por violencia de género y que las autoridades están muy preocupadas -ya lo estaban el año pasado y el otro- por este fenómeno siniestro que parece repetirse todos los años: el incremento de la violencia con resultado de muerte durante los meses estivales.

Frente a este fenómeno hay dos hipótesis:

O bien se debe al calor que emponzoña la sangre de algunos hombres o bien se trata de que en verano las parejas conviven más tiempo del que suelen destinar a tal menester durante el invierno y se dan cuenta de que no se soportan. Yo creo que esta última hipótesis es más verosimil porque también los divorcios, separaciones y el “ahi te quedas” son más frecuentes en verano que en invierno donde las cosas vuelven a ese lugar que por estadística les  corresponde.

Lo cierto es que esta retahila de crímenes que parece no tener fin me ha hecho repensar el asunto y plantearme si escribir un post sobre esta delicada cuestión que podriamos entender como uno de esos problemas endemoniados que se llaman ahora “wicked problems” es decir uno de esos problemas que parecen empeorar con cada solución que se plantea y que se muestran escurridizos con las leyes y las politicas de cualquier gobierno.

Y sucede porque son problemas que no responden a una única causa y que más allá de eso mantienen con las causas que los generan una relación no lineal sino compleja donde la causa es a la vez efecto y el efecto puede ser a la vez causa. O dicho de otra forma causas y efectos pueden ser entradas y salidas de la cadena de la causalidad.

Lo cierto es que algo debemos estar haciendo mal para que -a pesar de las políticas puestas en marcha- no se consiga atenuar este problema.

Y lo que estamos haciendo mal, aun sin saber qué es lo que podriamos hacer bien, es que estamos aumentando la confrontación entre los sexos, lanzándole la culpa a los varones del fenómeno sin tener en cuenta que -queramos o no- la masculinidad está enroscada en la territorialidad.

Las políticas destinadas a amortigüar el fenómeno en realidad lo están agravando en mútliples frentes, en el jurídico, dictando leyes que discriminan a los hombres, en el el psicológico culpando directamente al “machismo” de la violencia contra las mujeres y el mediático dando detalles espeluznantes a la hora de comer sobre los asesinatos y divulgando consignas probablemente nefastas para la opinión pública.

Lo cierto es que la violencia de los hombres y de las mujeres contiene diferencias tanto cuantitativas como cualitativas. Es poco frecuente que las mujeres asesinen a sus parejas pero es mucho más frecuente que las mujeres dañen a sus hijos (antes o despues de nacer). La agresividad del hombre está vinculada a la defensa de un territorio mientras que la agresividad de la mujer está más relacionada con su nido y como usualmente no hay victimas llamativas pareciera como si la agresión femenina no existiera: lo cierto es que se encuentra enmascarada en otro tipo de fenómenos como el aborto, el abandono o descuido de los hijos, la agresión destinada a no dejarles emancipar, el infanticidio, la sobreprotección o la educación diferente entre niños y niñas, una diferencia de trato que a mi parecer se encuentra en si no en la base si en los aprendizajes colaterales de la agresión de los hombres hacia sus parejas.

Los hombres son más agresivos con las mujeres que al revés pero estas lo son más con sus hijos, bien es cierto que sin resultados visualmente dramáticos, es lo que llamamos algunos y en clave psicoanalítica, el estrago materno, los daños colaterales de la crianza materna.

Y es lógico que asi sea -es lo que cabe esperar en una interpretación evolutiva del fenómeno-, no tanto por la famosa testosterona sino porque la agresión simiesca de los humanos está distribuida de forma que el hombre defienda un territorio y la mujer un nido donde las hembras de todas las especies se emplean con inusitada fiereza contra cualquier intruso.

Bien es cierto que la agresión de los hombres hacia sus parejas tiene una lectura más psicológica: los hombres creen que las mujeres les pertenecen, son de su propiedad. Algo parecido les sucede a las madres con sus hijos. Ambos pues son víctimas de errores cognitivos fuertemente interiorizados y que representan la hegemonía de un cerebro reptiliano que parece funcionar de modo autónomo al raciocinio del Sapiens.

Pero hay además un punto de vista complementario: los hombres tambien creen que los hijos son propiedad de la madre  (como ellos mismos saben) y las mujeres llegan a creerse que son propiedad de su macho. Sin legitimación del otro, estas ideas tendrian sus dias contados. El problema no está sólo en que los hombres tratan a sus parejas como propiedades sino que hay algo en las mujeres que les legitima en esa creencia errónea.

En el fondo hay pocos Sapiens que abrigen la creencia de que son libres.

Sucede porque la libertad es un valor cultural, no evolutivo. carece de interés para la supervivencia, es algo que se aprende con la interacción social y no se hereda,  no viene en el equipaje de serie de los humanos y ha de aprenderse individualmente caso por caso, siempre ex novo.

Recientemente tuve la oportunidad de comer con unos de los expertos más importantes de nuestro pais en materia de violencia de genero. En este post donde abordé los aspectos diabólicos de la sexualidad puliqué lo que pude recordar de aquella comida que ahora transcribo en este post.

Le hice estas dos preguntas durante el primer plato:

1.-¿Hay ahora más violencia de género que antes?

2.-¿A qué se debe la violencia de género, se trata de psicopatología individual?

Y trataré de recordar nuestro diálogo a vuela pluma:

– (….) la violencia de género ha existido siempre, sólo que antes (y aun sin tener estadisticas) es poco probable que esta violencia traspasara los umbrales de lo privado. Lo que es nuevo en la violencia de género es la publicidad que parece operar como un atractor para la comisión de nuevos delitos de estas características y la extrema violencia que se emplea contra las víctimas casi siempre mujeres o niños (….)

-Dicho de otra manera: el maltrato ha existido siempre pero los crimenes domésticos son un fenómeno nuevo que no es ajeno a la publicidad que se hace de los mismos en los medios de comunicación.

– (….) Lo cierto es que no sabemos nada acerca de las causas de este fenómeno. Existe quien defiende que la causa es el “machismo”, entendido como un aprendizaje de diferencias que se realiza en sociedades no igualitarias, pero lo cierto es que en aquellas sociedades más avanzadas donde se ha alcanzado un igualitarismo casi perfecto, caso de las sociedades escandinavas el problema es mucho más frecuente que en España. Finlandia por ejemplo es una sociedad paradisíaca desde el punto de vista educativo, un referente, pues en Finlandia se dan los índices mas  altos de violencia de género (…).

-O sea, que la violencia del hombre hacia la mujer no tiene que ver con la forma en que los niños y niñas son educados (suponiendo que en la escuela algún niño resulte educado) ni en las diferencias en cuanto a poder, estatus o cualquier otra consideración, más bien parece que el igualitarismo entre hombres y mujeres como ideal social a alcanzar choca con algo ancestral que no sabemos qué es pero que tiende a dejar las cosas como estaban.

– (…) la violencia de género no tiene nada que ver con la psicopatología individual, las agresiones no las realizan mayoritariamente personas perturbadas, aunque se han identificado tres grandes motivaciones para llevar a cabo las agresiones: los celos, el alcohol y el horror que tienen los hombres a ser abandonados por sus parejas, hay algo en el hombre que le coloca en una situación ancestral de amenaza cuando su pareja le dice “hasta aqui hemos llegado”. Todo parece señalar en la dirección de que la motivación más importante es una especie de desesperación rencorosa por la herida narcisista que supone para un hombre de estas caracteristicas ser abandonado por su esposa o pareja (…)

– (…) la mayor parte (una parte significativa) de las agresiones de género se dan en parejas no casadas. En parejas de hecho, personas que son segundas parejas y en hogares donde conviven hijos de distintas parejas sucesivas. Parece indicar que el matrimonio protegiera de las agresiones de la pareja actual pero no de las anteriores o al menos que la estabilidad de la pareja opera como un modulador de la agresión, por el contrario el divorcio genera rencor en los hombres por las seguras perdidas económicas y de empoderamiento social (…)

– (…)Todas las políticas que se han puesto en marcha para frenar esta especie de epidemia de agresiones han fracasado, la verdad es que los políticos están muy preocupados con este tema pero nadie sabe qué hacer, pero lo peor es que tenemos además la impresión de que en el discurso social y en esas politicas que emprendemos hay algo que está agravando el problema en lugar de minimizarlo(…)

– (…) por lo general el tratamiento informativo que se hace de este tipo de violencia es muy nocivo. Prácticamente a diario tenemos un caso de asesinato publicitado a todo color por la televisión y mostrando los aspectos más morbosos de la cuestión. Los intereses de la prensa y los intereses de la colectividad parecen ir en direcciones opuestas ¿qué sucedería si los medios se dedicaran a publicitar los suicidios que suceden en cada ciudad? Tendriamos, naturalmente, una epidemia de suicidios como sabemos desde el caso del Wherter de Goethe, y eso que entonces no habia televisión, el programa ideal para los medios seria un Gran Hermano con asesinato incluido (…)

– (…)Los seres humanos somos muy miméticos con lo que observamos ahi afuera, somos monos imitadores. Alguién tendria que decir la verdad sobre el asunto, me refiero ahora a los medios de comunicación: la publicidad de algo, aun de algo horroroso convoca imitadores.

¿Qué podemos hacer?

Personalmente me inclino a pensar que una buena medida para atajar (minimizar) este problema deberia partir de políticas que no insistieran en la confrontación entre los sexos. Habría que corregir incluso semánticamente la forma en que nos referimos a ellos, hablar de violencia machista me parece un exceso del lenguaje y da a entender que sólo los varones somos capaces (sólo por el hecho de serlo) de tales desmanes y convierte al género masculino en un sospechoso habitual.

El maltrato doméstico y el crimen no son la misma cosa y aunque el maltrato es una lacra a extinguir el crimen es intolerable, vale la pena insistir en que matar es un delito más grave que abofetear a alguien. Uno de los errores más graves que se han cometido en las politicas institucionales ha sido el convertir el maltrato doméstico es un crimen similar a los que terminan en homicidio. La insistencia en “denunciar” no parece que haya resuelto el problema, con ello tampoco quiero decir que haya que silenciarlo pero hay que tratar ambos fenómenos de forma diferente con politicas distintas que no aglutinen el problema en torno a la supuesta violencia de los hombres en general.

Las politicas gubernamentales deben ir destinadas a prevenir y aislar la violencia y no a difundir ideales de igualdad o de que la violencia privada tenga visibilidad como reivindicación de lo femenino. Las sociedades alcanzarán la igualdad cuando ellas crean oportuno, no lo harán nunca a través de impulsos o campañas generados por la administración. Cualquier politica social debe partir de un diagnóstico basado en hechos y no en opiniones, la Ley debe ser como la ciencia y los articulados legales deben dejar de estar provocados por ideales y pasar a ser textos basados en pruebas.

Y la prueba fundamental desde el punto de vista biológico es la que va en la dirección -tal y como decia Arthur Koestler- que hasta que no encontremos un fármaco antiterritorial y antinido (que incluye a la sexualidad humana) o un giro de la conciencia a escala universal que nos lleve lejos de nuestros origenes reptilianos tendremos que convivir con una violencia basal que podemos -eso si, si no cometemos demasiados errores-, minimizar , mientras eso llega tendremos que fiarlo todo a la educación, la que se da en la familia con su inmersión en valores y modelos.

La que se transmite más profundamente.

Es por eso que no debemos fiarlo todo a la escuela, ni a las leyes, ni mucho menos a las campañas publicitarias.

Legislemos para el hombre tal y como es y no tanto como nos gustaria que llegara a ser.

7 comentarios en “Género, sexo, territorio y nido

  1. Gracias por tu escrito. Agua fresca. Valiente y sin tópicos.
    Vaya por delante mi repulsa a CUALQUIER tipo de violencia. Violencias que son capaces de causar daños a veces irreparables; que se cobran la vida a veces y otras la convienten en algo indigno.
    Hipocresia, sin embargo, intentando negar que la agresividad en ocasiones “pulsiona” en nuestras vidas. Claro que no somos animales i debemos reconducir tamañas pulsiones…. No actuar así sería demasiado primitivo… Sin embargo observo tan educadas formas de violencia que, con sonrisa en boca, pretenden el daño calculado al que nos ha ofendido, al que nos incomoda, al que sencillamente entorpece nuestro camino. Eso si, sin gritar, por favor, que no se lleva.
    ¿Violencia? Desde siempre ha existido y con disfraces diferentes se ha presentado en sociedad. Claro que la violencia “machista” vestida por estilistas de prestigio luzca más en ciertas pasarelas que aquellas otras que transitan por cualqier acera vestidas de gris, habilladas de moderna cotidianidad.
    Recurrir a la violencia siempre ha sido más fácil que cultivar el respeto y no digamos la admiración hacia el otro. Atender a la diferencia que enriquece es ejercicio de mentes evolucionadas.

  2. Entiendo que el hombre dirija su agresividad a defender su territorio y la mujer su nido, pero no veo entonces por qué maltratan o matan a su mujer e hijos si debería ser al revés?

  3. Las conductas celosas se ponen en marcha muy a menudo tras la ruptura de la pareja. El sujeto que se siente abandonado tiende a pensar que esta situación viene determinada por la aparición de un tercer personaje y reivindica, a veces peligrosamente, sus derechos a quien supuestamente ha motivado la ruptura y diversos estudios sociológicos lo confirman (Daly y Wilson, 1982).

    Daly M, Wilson MI, Weghorst SJ (1982) Male sexual jealousy. Ethology & Sociobiology 3: 11-27.

  4. No se si he entendido..en el caso de que sea la mujer la que se sienta abandonada por su pareja…¿tendería ella a pensar que son sus hijos los culpables de este abandono,sentiría celos de ellos y los “maltrataría”?
    Gracias

  5. Bueno, ese parrafo de Wilson y Daly se refiere a los celos masculnos, son poco frecuentes las agresiones de mujer a hombre o de mujer a hijos, aunque se encuentran descritas en la literatura con el sindrome de Medea. Hace pocos añoshubo un crimen multiple de una mujer que asesinó a sus tres hijos por celos de su marido, pero ya digo son casos muy raros.
    Por otra parte el maltrato hacia los hijos son más frecuentes entre padres adoptivos que entre biologicos. (Sindrome de Cenicienta) descrito tambien por Wilson y Daly.

  6. Sensacional post. “Las sociedades alcanzaran la igualdad cuando lo estimen oportuno, nunca a traves de impulsos o campañas lanzadas desde la adminitracion”. Creo que esta frase es el quid de la cuestion, la “obligatoriedad” de la igualdad, genera reacciones de defensa y frustraciones, que terminan por manifestarse.

    Sin duda la gran perversion del tema, es que el feminismo ha hecho de el la punta de lanza de su lucha hacia el feminicidio.

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