Simbolodependientes

Las decisiones de una persona están dictadas en su mayoría por la identidad del grupo a que pertenece.

Juan Urrutia Elejalde

Hacia tiempo que este post bullía en mi interior, seguramente desde que escribí esta entrada donde nombré -casi pasando de puntillas- el tema del exocerebro.

La idea que expuse en aquel post es una idea orginal de Roger Bartra y que en síntesis podria ser descrita de esta manera:

El éxito de nuestra especie no se debe a las prestaciones de nuestro cerebro sino a sus hándicaps.

Y esta otra idea:

El pensamiento simbólico precedió en eones de tiempo al lenguaje propiamente dicho. Una idea que tiene además un epílogo, un añadido: el lenguaje no apareció en nuestra especie como una ruptura o una mutación genética sino como el aprovechamiento gradual de una conectividad cerebral que preexistía y que se puso en funcionamiento cuando hubo la tecnología suficiente para hacerse realidad o manifestarse.

Esta idea -de resultar cierta- supondría un giro en las especulaciones que realizan los genetistas cuando identifican el proceso de hominización con una mutación genética en cuyo epicentro se encontraria el nacimiento del lenguaje. Dicho de una forma mas clara: quizá el lenguaje no supuso ninguna ruptura genética y no haya ningún gen cuya mutación hiciera aparecer ese código arbitrario que llamamos lenguaje aunque es muy posible que exista una gramatica generativa al estilo de lo que Chomsky describió y que explicaria el rápido aprendizaje de cualquier lengua en casi cualquier niño.

Los niños vienen equipados de serie por una conectividad cerebral que se activa a través de los estímulos de su medio ambiente, algo asi debió suceder en el Homo Ergaster o incluso antes ya en el Homo Erectus.

No significa que nuestros antecesores pudieran pronunciar discursos pero estoy seguro de que emitían algunas silabas que servian de comunicación entre individuos, como sucede por cierto en toda la escala animal. Lo que enriqueció el lenguaje no fue un gen concreto sino la complejidad del mundo que el Sapiens construyó.

El lenguaje apareció como una herramienta destinada a conceptualizar un mundo que ya se había categorizado previamente y que a su vez contribuyó a categorizarlo aun más.

Y desde entonces las ideas sobre las cosas no son las cosas en sí, sino su representación.

Esta representación es el símbolo.

Es bueno señalar en este momento que nuestro cerebro no procesa, almacena o se representa símbolos sino que la conectividad neuronal se hace a base de impulsos quimicos, fisicos y eléctricos.

¿Entonces como se las arregla el cerebro para codificar y decodificar la realidad externa o interna y transformarla en percepciones, memoria, cogniciones o conducta?

¿Como se las arregla nuestro cerebro movido por corrientes eléctricas y fuerza biofisicoquimicas para construir simbolos como estos?

Se trata de una pregunta que no tiene una contestación fácil pero me gustaria en este momento señalar algunas consecuencias importantes que sobre la conciencia humana tuvo esta manía arquitectónica simbólica. Son estas las consecuencias:

  • la primera consecuencia es que estos símbolos no pueden estar en el cerebro sino en la cultura, lo que significa que podriamos entender esta cultura como un almacén externo de conectividad, como una especie de disco duro donde se encuentran todos los símbolos posibles en forma de red.
  • la segunda consecuencia es que sí el símbolo no es «la cosa en si» corremos el riesgo de confundirnos y tomar al símbolo como si fuera algo real o bien el riesgo contrario: dejar de atender la realidad capturados por el peso del símbolo.
  • una tercera consecuencia es que si el símbolo no es «la cosa en si» puede poseer múltiples significados, uno para cada individuo lo que construye una especie de Torre de Babel de confusión entre ellos. En este sentido es muy posible que la confusión de lenguas atribuida al mito no tenga tanto que ver con el idioma sino que se esté refiriendo a algo previo a la emergencia del idioma: la disociación necesaria entre significante/significado.

Si la hipótesis del exocerebro de Bartra fuera cierta no tendriamos más remedio que reconocer que eso que en psicologia llamamos inconsciente no seria un lugar en el interior de nuestro propio cerebro sino una base de datos de significados múltiples que se encuentra en el exterior: en la trama de relaciones entre símbolos. Nuestra conceptualización de lo inconsciente -una cosa- deberia sustituir al inconsciente, un lugar,  algo que ya abordé en este post sobre las diferencias entre incosnciente freudiano e inconsciente procedural.

La idea fundamental es que el inconsciente freudiano no sería un lugar en el cerebro individual sino cualidades de las distintas operaciones simbólicas que realizariamos procesualmente en nuestra relación con el mundo: la represión, la negación, la proyección y los mecanismos de defensa ampliamente enunciados por la teoría psicoanalitica no seria operaciones de nuestro cerebro con pulsiones, emociones o cogniciones, sino una forma de trasiego constante de la vida contra el medio ambiente o la cultura artificialmente creada por el hombre para orientarse en un medio ambiente hostil. El inconsciente procedural en cambio seria el modo de funcionar de nuestras estructuras arcaicas -reptilianas- que se dedicarían a guardar algoritmos relacionados con la supervivencia y la reproducción de la especie.

Y un corolario: el inconsciente interno (estructuras cerebrales arcaicas) y el inconsciente externo (disponibilidad cultural de significados), sólo tienen una forma de relacionarse y es a través de un interface que llamamos mente o conciencia que sí sabe operar con símbolos pues fue ella precisamente quien los inventó. Y aun más algunas instancias o algoritmos de nuestro cerebro más antiguo son imposibles de simbolizar pongo por caso la muerte, el sexo, el hambre, la respiración o la sed, las conductas de huida o lucha, o los rituales gregarios, sólo pueden ser domesticados , socializados pero quizá nunca simbolizados: se trata de lo real, lo inefable o lo acategorial, el noumeno kantiano.

¿Estamos pues condenados a depender de los símbolos, a depender de los otros, de nuestro grupo de referencia?

No cabe ninguna duda de que la socialización es protectora para las personas y que nos necesitamos unos a otros para cuajar eso que llamamos identidad  -algo que no está en el cerebro individual sino en el exterior- pero permanecer en esa jaula de por vida no es inevitable.

Si construimos significados es precisamente porque somos un cuerpo al mismo tiempo que sabemos que tenemos un cuerpo pero podemos hacer algo con esta dualidad una vez que ya la hemos comprobado: dejar de categorizar: porque si la cultura es el soporte de la verdadera selección natural (y no tanto los genes) es ya demasiado evidente que aislarse socialmente a los 15 años es letal, pero continuar enredado a los 50 lo es también y hay que iniciar el camino de individuación.

Utiliza tu cerebro para algo más que ser adicto a los símbolos y comienza a traicionar la trama inextricable tal y como recomiendan en este post.

Ese es el coste de la diversidad y ese es el plan de la evolución, el plan de la vida..