La identidad digital: elogio de la ciberamistad

Asi es como imaginan algunos la ciberamistad, pero…

¿De quién somos amigos en Internet?

¿Por qué somos amigos de nuestros amigos?

¿Se parecen en algo las amistades virtuales de las amistades en la realidad-real?

Eche un vistazo a su alrededor y haga un recuento de sus amistades, analice una a una cada una de ellas y se encontrará con que muy pocas de las relaciones de amistad que establece en su vida actual tiene que ver con lo que usted realmente es, hoy.

La mayor parte de sus amistades proceden del pasado, de experiencias comunes, del compañerismo resultante de haber compartido horas de estudios, despacho o de entorno laboral, algunas -las más osadas- proceden de la infancia y se enroscan en una especie de sentimentalismo trasnochado, a veces sosegado y práctico . La mayor parte de las amistades que usted tiene proceden de haber compartido algo con independencia de que ese algo ya haya caducado: es frecuente que ese algo sea o bien el trabajo o ciertos intereses espúreos o una cierta simpatía o bien la crianza de los hijos (los hijos unen y separan las amistades mucho mas que los intereses) o bien la pertenencia a algo que hace de cemento de unión a la amistad.

Uno, en definitiva, solo puede ser amigo de aquellos que estan a su alrededor y son sus coetáneos.

Hay personas que dicen que Internet es un obstáculo para la verdadera socialización y que de alguna forma es una especie de sustituto de la amistad, un refugio para tímidos, frikis o esquizoides. Los que piensan asi creen que hay una amistad verdadera, la que se da cuerpo a cuerpo, y la otra, la virtual donde no hay propiamente amistad sino una especie de juego de sustitución.

Los que así piensan no se han detenido nunca a hacer un catálogo de motivaciones de sus amistades o no las han puesto a prueba. Las amistades reales son por lo general bisociadas, tenemos que aguantar sus defectos mientras nos aprovechamos al mismo tiempo de sus virtudes, algo que no sucede en Internet donde cada uno de nosotros ofrece lo mejor de sí mismo sin ninguna otra intención salvo la de ser coherente con su identidad digital.

La identidad digital es una construcción creativa de lo que uno quiere ser, una segunda oportunidad que no tuvimos mientras nos hacíamos o nos hacían la nuestra. Lo cierto es que la identidad es un producto de una serie de circunstancias que proceden tanto de elecciones que hicimos en su momento como de adjudicaciones más o menos acertadas de los que otros esperaban de nosotros. No existe una identidad verdadera y una identidad falsa, sino una identidad cómoda y otra identidad incómoda. Toda identidad es ilusoria.

¿A quien no le gustaria poder modificar lo que los demás piensan de uno mismo o sacudirse de encima ciertas etiquetas que le colgaron?

La gracia que tiene Internet es que el pasado no existe sino sólo el aqui y ahora, sólo importa la coherencia interna. Nadie puede equivocarse con una determinada identidad pues todo el mundo sabe que tras una identidad digital puede esconderse quizá una persona cargante o antipática con la que no seria posible salir a tomar un café sin aburrirse, una cuestión que en la realidad puede tardar cierto tiempo en descubrir.

Pues en la realidad la gente encubre y oculta su lado oscuro. Pues es la realidad la que nos obliga a disociarnos con sus prescripciones sobre lo conveniente y lo inconveniente.

En Internet no sucede este fenómeno porque allí tenemos la oportunidad de construir nuestra reputación desde cero: no existen pues prejuicios. Uno es lo que quiere ser.

Y siempre se puede tachar a ese amigo cargante que siempre habla de -hace apología- política o de sí mismo.

La identidad digital es como una marca, una especie de reputación o prestigio que procede de tres ideas fundamentales: la autenticidad, la coherencia y la fiabilidad.

Y como es imposible no comunicar nada según la primera ley de la teoria de la información, lo cierto es que de tal modo como sucede en la vida real, nuestra personalidad digital tambien trasmite algo, pero esta vez es algo que podemos diseñar nosotros mismos eludiendo los clichés y se encuentra además descorporeizado pudiendo eludir asi las señales analógicas que trasmite nuestro cuerpo en interacción y que son fuente de no pocos desencuentros.

En la vida real lo fiamos todo a la visión. La realidad está llena de prejuicios.

Visuales.

Y cuando uno consige una identidad digital ya está en condiciones de tener amigos en la red, no es necesario que los busque, ellos te encontrarán a ti con una condición que he leido hoy en un twitteo: «quien no está dispuesto a escucharme no merece mi atención».

O dicho de otra forma la red impone una mutualidad que va más allá de la cortesía, impone un seguimiento de ida y vuelta, una identificación que impone un refuerzo de aquel que te refuerza. La indiferencia en lo digital se paga con la muerte digital, del mismo modo que la tacañeria, el egocentrismo y la ocultación.

Si tienes algo que decir compártelo y si no guárdalo para conseguir derechos de autor.

O la una o la otra.

Los ciberamigos llegan buscando a los afines y son de alguna forma tus clientes ylos mejores promotores de tu obra: aquellos que difunden tu creatividad y lo hacen gratis, sin esperar nada a cambio y de una forma altruista y comprometida. Los ciberamigos son tu publicidad digital, no se trata de conseguir ventas sino de conseguir intangibles, algo que no suele suceder en la vida real donde por definición entre amistades hay siempre una insoportable ambivalencia teñida de envidia o una tenue maledicencia que se encuentra a buen recaudo: allá en la parte mas inaccesible del inconsciente donde nadie la puede ver y sólo un psiquiatra como yo sabe husmear.

En este blog de un bloguero doctoral llamado Joan Jimenez hay un post que habla de los problemas que se encuentran la gente con talento a medida que van teniendo éxito. Pone como ejemplo el caso de Messi, no sólo recomiendo su lectura sino además que os aficioneís a su periódica lectura: ahi hay una verdadera teorización sobre el modelo digital. El problema del talento de Messi es que es un talento cautivo del Barça del mismo modo que el Barça tiene un problema con el talento de Messi como antes lo tuvo con Ronaldo, Ronaldinho, Maradona o Etoo.

En Internet no existe la ambivalencia y cuando sucede se borra al amigo y ya está: sólo interesan los ciberamigos que comparten la siguiente idea:

No se trata de renegar del Ego sino de integrar los talentos individuales en un proyecto integrador donde cada uno tenga un espacio sin necesidad de arrebatárselo a otros.

Es por eso que la ciberamistad es algo que sucede un escalón más arriba de la conciencia, en un nivel mas alto y es por eso que cualquier identidad digital siempre es más elevada que la identidad que nos endosaron otros, salvo la del psicópata, claro está, pero eso es harina de otro costal.

¿Y todo esto para qué?

Pues para que nos quieran.

En este enlace podeis ver la teorización de cómo vender nuestra identidad digital de un modo eficaz a fin de conseguir lo que todos buscamos: amor y reconocimiento y algunas claves para lograrlo: nadie nos comprará la marca de nuestra identidad sin amor.