Valencianas paroxísticas

Bernardino Ramazzini  fue un médico del barroco tardío (1700)  al que se le atribuye la primera observacion clinica sobre la evidencia de que el cáncer de mama era más frecuente en las monjas que en las mujeres casadas a pesar de que ha pasado a la historia como uno de los fundadores de la medicina laboral.

Posteriormente sus observaciones fueron replicadas por otros médicos como Rigoni-Stern a quien se le considera uno de los primeros epidemiólogos del cáncer: los cánceres de mama eran tan frecuentes en las comunidades religiosas (5 veces mas que en las mujeres casadas) como los cánceres de cervix entre las prostitutas.

Fue la primera evidencia de que el cancer de cuello de útero era una enfermedad infecto-contagiosa. Más tarde supimos que se debia a un virus de la doméstica y familiar estirpe de los papilomas que en sus versiones blandas son causas de verrugas: esas que se van con sugestión, si.

Se trata de un ejemplo de cáncer por transmisión sexual, un ejemplo de cáncer contagioso que se describió ya hace más de 150 años como “cáncer a deux”, llamado asi porque un medico francés describió un caso en un matrimonio donde él padecia un cáncer de pene y ella un cáncer de cuello de útero. Hoy los cánceres de pene son muy infrecuentes desde que ya no existen deshollinadores pero el cáncer de cervix sigue siendo prevalente por más que los sufran mujeres normales (no prostitutas ni promiscuas).

La causa de ese cáncer suele ser por contagio del marido o pareja sexual diversa, sobre todo por hombres que frecuentan burdeles lo que aclaró ya hace tiempo el por qué el cáncer de cuello de útero podia ser considerado como una enfermedad de transmisión sexual a pesar de la vida estoica de la mujer que lo padecía.

De manera que de lo que se trataba era de conseguir una vacuna, que aplicada  a toda la población infanto-juvenil femenina pudiera prevenir el cáncer en edades adultas.

Ya la tenemos, me refiero a la vacuna y ya se ha empezado a aplicar.

Pero, sucedió un extraño incidente en Valencia, junto con alguno más en las islas Baleares.

Dos niñas presentaron extrañas convulsiones después de haber sido vacunadas y fueron ingresadas en la UCI del Hospital Clinico de Valencia. Las niñas no se conocian entre sí, retengan este dato porque es muy importante para entender de que va este post.

Este post va sobre la histeria, una quasienfermedad que aun existe a pesar de que los americanos la hayan quitado de los manuales diagnósticos, pero afortunadamente los más antiguos del lugar aun conservan la influencia de la tradición psiquiatrica europea y recuerdan que las convulsiones sin explicación médica eran muy frecuentes antes cuando las mujeres llevaban demasiados refajos y carecian de voz.

Ahora las mujeres ya no convulsionan ni se desmayan porque directamente han pasado al acto. Interprétese según el gusto.

El caso es que a pesar de la gravedad del cuadro clinico que presentaban las dos pacientes que compartieron UVI y mantel durante algun tiempo los médicos no encontraron ningun rastro de organicidad, ninguna explicación médica, sus convulsiones no podian ser atribuidas a la vacuna, aunque los investigadores reconocieron que si bien la vacuna no causó las convulsiones las precipitó.

¿Y esto qué significa? ¿Son o no son las vacunas las responsables del desaguisado?

No, las vacunas no son las responsables sino la conjunción entre una inyección pública y la publicidad vinculada a las mismas, que en este caso no es una publicidad cualquiera sino del cáncer nada mas y nada menos que de útero,es decir un cancer genital.

Droplet on the Point of Hypodermic Needle

Los laboratorios fabricantes de la vacuna respiraron aliviados pero los médicos y las autoridades sanitarias no las tenian todas consigo, ¿cómo explicar pues el cuadro si no era atribuible a la vacuna o a ninguna otra causa médica que lo justificara?

¿Se trataba de una enfermedad virtual?,¿enfermaron las pacientes de hiperrealidad?

Entonces se les ocurrió la idea: traer a un grupo de expertos de bien lejos como siempre sucede en estos casos, «el santo suele ser mas milagroso si es inaccesible». Y asi fue que se dictaminó que en realidad las valencianas presentaban un «sindrome paroxístico«.

Una curiosa entidad que no existe en parte alguna, puesto que todos los ataques convulsivos son en realidad paroxisticos: los expertos concluyeron su trabajo con este dictamen que sustituia la vieja etiqueta de la histeria por un nombre que parecía proceder de los anales de la neurologia mas moderna y densa.

Se habia logrado escamotear un diagnóstico vergonzante, como siempre sucede con la histeria y una vez más se regateó al estigma psiquiátrico, pero lo cierto es que las enfermas convulsionaron por histeria y no por otra cosa por mucho que aqui culpen a la ansiedad.

Los investigadores se plantearon desde el principio la pregunta del millón, ¿se conocian entre si las pacientes?. El si apuntaba directamente a un «contagio» histérico, pero el no no descartaba el «contagio», aunque lo cierto es que para que una enfermedad se contagie es necesaria cierta convivencia o cierta familiaridad entre ambos individuos. ¿Es posible que una enfermedad se contagie sin contacto entre los afectados?

En un post anterior que llamé «Epidemia de suicidios» ya habia apuntado hacia la idea de que es posible que dos personas que no se conocen de nada presenten ambas simultáneamente la misma enfermedad, como reacción a algo que compartieron y que parece mimetizar la original. En él describí el caso de una ola de suicidios entre jóvenes de una comunidad galesa que compartian una misma red social, «Bebo», los investigadores sin embargo notaron que no habia habido contacto directo entre ellos de manera que se plantearon la pregunta siguiente, ¿ es posible que dos o mas individuos se suiciden de forma mimetica sin conocerse entre si?

Algo asi sucedió en Europa tras la publicación de Werther: desde entonces sabemos que existe una especie de contagio a distancia de un tipo determinado de conducta, en aquel caso la imitación estaba relacionada con las tribulaciones del protagonista descrito por Goethe.

La respuesta es que es posible contagiarse de algo sin conocimiento del modelo a imitar, siempre y cuando se cumplieran ciertas condiciones: la edad, la pertenencia a una cierta cultura o entorno o compartir determinados valores no iba a predecir que los individuos se suicidaran por la misma razón, pero podia explicar el hecho fáctico de la muerte violenta en un foco cualquiera de población. Dicho de otra manera más clara: cada cual se suicida por una razón, pero al final todos los que se suicidaron lo hicieron al mismo tiempo, pues la causa final de ciertos tipos de suicidio es social. Existe una morfogénesis social del deseo de suicidarse y eso fue lo que ocurrió en aquella epidemia de suicidios en Gales.

Lo cierto es que resulta dificil de explicar el mecanismo de este tipo de contagios que se conocen bien desde la época clásica aunque no se disponga aun de una conceptualización cientifica que los justifique, aqui en este párrafo creo que se encuentra la verdad para quien quiera escucharla, me refiero a la verdad sobre la imitación:

Y vuelvo a plantear la pregunta.

¿Puede hablarse de imitación entre dos personas que no han mantenido ningun contacto entre si?

leoncia

Al menos existen tres clases de imitación y nos detendremos en la primera de ellas:

1.- Ocurre en el seno de un mismo grupo social, cuyos elementos todos están sometidos a la acción de una misma causa o causas semejantes, en virtud de la que todo el mundo piensa o siente al unísono; en este caso la palabra designa la propiedad que tienen los estados de conciencia, simultáneamente experimentados por un cierto número de sujetos diferentes, y obrar los unos sobre los otros y combinarse, de modo que crean un estado nuevo.

2.-Necesidad que nos impulsa a ponernos en convivencia con la sociedad de la que formamos parte y de este modo a adoptar las maneras de pensar o de hacer que son generales en los que nos rodean. Son un ejemplo muy claro de este caso las modas y las costumbres.

3.- Finalmente puede ocurrir que reproduzcamos un acto que pasa delante de nosotros o que conocemos, únicamente porque ha pasado delante de nosotros o porque hemos oído hablar de él, se copia por el simple hecho de copiarla. Así bailamos, reímos o lloramos cuando otra persona lo hace, es la imitación por sí misma.

En suma el propio Durckheim, estudioso de los suicidios ya habia entendido que existe una acepción de imitación que va más allá de esa capacidad tan humana de empatizar con nuestros congéneres, o de apropiarnos de sus cualidades, existe una imitación que es un estado de conciencia transindividual que es a su vez el resultado de experimentaciones concurrentes de estados de conciencia individuales que se constituye en un estado de conciencia nuevo que no equivale a la suma de sus partes, Durckheim sin saberlo está describiendo el modernísimo concepto de la emergencia de algo nuevo -en este caso un intangible- que parece comportarse como una mente y que va más allá de la adición de sucesos individuales.

En suma el caso de las valencianas paroxísticas se dio un  fenómeno de contagio, entre individuos que aun sin conocerse comparten una misma cultura, entorno, edad, valores o expectativas y aunque cada una de ellas convulsionó por razones distintas todas coincidieron en mostrar ese sintoma arrastradas (precipitadas) por la aplicación de la vacuna.

Los medios, la publicidad, el miedo y las sospechas hacia las vacunas y la amplificación familiar derivada de la gravedad del cuadro clinico y la alarma social que se desencadenó con al caso explican la gravedad y la recurrencia de las convulsiones que no cesaron hasta que se retiró del fenómeno el interés mediático, en esto las autoridades fueron al fin rotundas enmudeciendo a los exégetas de las conspiraciones que siempre van ligadas a la aplicación de algo nuevo, en este caso las vacunas que arrastran una constante sospecha de contaminación, de toxicidad o de causar toda clase de enfermedades.

A pesar de las enormes contribuciones de Durkheim y otros investigadores al tema de la imitación no fue hasta la decada de los 80 cuando Rupert Sheldrake planteó su teoria de los campos morfogenéticos en su libro «Una nueva ciencia de la vida». En él Sheldrake plantea la osada hipotesis de que:

«La teoría de la causación formativa se centra en cómo las cosas toman sus formas o patrones de organización. Así que cubre la formación de galaxias, átomos, cristales, moléculas, plantas, animales, células, sociedades. Cubre todas las cosas que tienen formas, patrones o estructuras o propiedades auto-organizativas.

Todas estas cosas se organizan por sí mismas. Un átomo no tiene que ser creado por algún agente externo, se organiza solo. Una molécula y un cristal no es organizado por los seres humanos pieza por pieza sino que cristaliza espontáneamente. Los animales crecen espontáneamente. Todas estas cosas son diferentes de las máquinas, que son artificialmente ensambladas por seres humanos.

Esta teoría trata sistemas naturales auto-organizados y el origen de las formas. Y asume que la causa de las formas es la influencia de campos organizativos, campos formativos, que llamo campos mórficos. El rasgo principal es que la forma de las sociedades, ideas, cristales y moléculas dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza».

Ya sabemos pues que las convulsiones son patrones de respuesta preformados, una especie de alarma ancestral que puede dispararse espontáneamente o siendo encendida por algo que simbólicamente nos retrotrae a un terror primigenio: si las enfermedades se parecen tanto entre si es porque existen como regularidades, como patrones de forma que en este caso se refiere a la posibilidad de los seres vivos de congelarse, de hacerse el muerto. La convulsión es después de la lucha o la huida una tercera posibilidad de escapar de una amenaza, un mecanismo ancestral de defensa que algunos animales utilizan para infundir estupor en su perseguidor.

Y que a veces lo consiguen pues para un depredador no hay nada más ambigüo que una presa convulsionando ¿está viva o muerta? Ya se sabe que los depredadores solo son carroñeros en ciertas ocasiones, ellos prefieren la carne fresca.

Las personas tambien tenemos este registro que es independiente de la voluntad pero no del entorno. A este registro -un amplio repertorio de sintomas, conductas, afectos y rasgos de personalidad- se le conoce con el nombre de histeria y trata de infundir en los demás una conducta de provisión de cuidados o protección a través de simulación (no del fingimiento) de una enfermedad o estado de desvalimiento. Lo que trata de conseguir el simulador es un estado de cosas (del tipo que sea) dificilmente accesible por medio de una conducta normal de intercambios.

Simplemente el cerebro se equivoca a la hora de evaluar una amenaza y opta por poner en marcha uno de los mecanismos más primitivos  de los que disponemos los mamíferos: la perdida de conciencia y la convulsión critica.