Sentirse enfermo sin enfermedad

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Sentirse enfermo sin enfermedad es la patologia mas prevalente de nuestro tiempo y es casi tan frecuente -al menos en la psiquiatria- como el caso contrario: negar la enfermedad que realmente se tiene.

Ambos fenómenos tienen algo en común: en el primer caso el individuo construye y le construyen teorias más o menos peregrinas acerca de su malestar, en el segundo caso el individuo disimula o niega las evidencias de su malestar y deconstruye teorias sobre su salud.

Y comparten además una misma ubicación: el cerebro, el cerebro nos engaña.

En realidad en el cerebro hay tres cerebros, de acuerdo con las edades evolutivas del hombre: uno humano, otro mamifero y otro reptiliano. Lo curioso es que el cerebro involucrado en el «sentirse enfermo sin enfermedad» es el cerebro reptiliano, mientras que el cerebro implicado en «sentirse bien en presencia de enfermedad» es el cerebro humano. Es por eso que a esta segunda estrategia se la conoce con el nombre de negación de enfermedad a la que se considera un fenomeno mental, es decir psicológico destinado a evitar el estigma, proteger la autoestima o- segun otros- una simple anosognosia (una incapacidad para autoevaluarse).

En este post hay un chequeo de las razones por las que los sujetos inventan salud alli donde hay en realidad enfermedad.

Yo no estoy muy seguro de que la negación de enfermedad sea un fenómeno mental puro,  pero creo que la conducta de «sertirse enfermo sin enfermedad» es un automatismo  diseñado por la evolución para ahorrar costes energéticos en situaciones de desventaja. Asi, desde el punto de vista de nuestro cerebro profundo sentirse enfermo, desanimado o deprimido es la misma cosa que sentirse dolorido, sin motivación, apático o fatigado.

En nuestro cerebro reptiliano existen al menos dos programas relacionados con esta cuestión, impresos a sangre y fuego en nuestro tronco cerebral: se trata de los conocidos fight or flight (lucha o huye) y el freezing (congelación).

Es interesante señalar que el fight or flight es el mismo programa. Dicho de otro modo: las órdenes que recibe nuestro organismo van a ser el mismo paquete de medidas tanto si huimos como si luchamos, en realidad la selección de una conducta u otra es un proceso cognitivo, basado en la decisión probabilistica, bien distinto a la cascada metabólica, neuronal y inmune que provoca el disparo del programa en sí.

Más concretamente este programa «freezing» o «congelarse» es el que está relacionado con este «sentirse enfermo sin enfermedad», el cerebro da la orden y pone en marcha una especie de congelación de todo el organismo en espera de mejores tiempos, algo asi como «estate quieto» y «guarda energias».

Es el programa que se activa en la fibromialgia, en la fatiga crónica, en el dolor neuropático y en la depresión, en este post hay una explicación relevante de la secuencia de procesos que se ponen en marcha hasta constituir un bucle diabólico que tiende a perpetuar el dolor o la depresión o las dos cosas a la vez.

Ahora bien esta orden la da el cerebro reptiliano y ahi no hay psicología sino simple y pura supervivencia, se trata de un cerebro muy tosco que opera segun las leyes del todo y la nada y no atiende a razones. El tronco cerebral va a la suya y no se sienta a deliberar con sus compañeros: el sistema limbico y la corteza cerebral, al menos no atiende sus argumentos, es un simple ejecutor de órdenes, no es un gestor ni un administrador, es el brazo armado del cerebro, en realidad un militar ocupado en la neurodefensa.

Y cuando pone en marcha el programa «sentirse mal sin enfermedad», manda al organismo un paquete de órdenes de las que no necesariamente el resto del cerebro tiene noticia (no informa al alto mando). En realidad el individuo no sabe porque se siente mal, no hay ninguna razón psicológica, simplemente el Yo, el organismo siente las consecuencias del dolor o de la fatiga pero no encuentra razones o amenazas externas o internas que lo justifiquen.

El programa se encendió espontáneamente, como esas alarmas caras e  inteligentes de las que hablé en este post.

Lo cierto es que el programa no se encendió espontáneamente sino sin razón, un programa de estas caracteristicas no se enciende solo, hace falta algun dispositivo que lo ponga en marcha, una llave.

Y esa llave no siempre es un acontecimiento detectable o identificable, en ocasiones responde a una evaluacion exagerada de un peligro o de una amenaza a un suceso simulado.

El detector de amenazas de nuestro cerebro está en nuestra parte mamifera, en el sistema limbico, más concretamente en la amigdala cerebral. Una estructura que pertenece al sistema de radares y detectores de peligros del neuroministerio de defensa cerebral. La amigdala es un órgano -una red neuronal- mucho más sutil que el tronco cerebral.La amigdala valora entonaciones en los sonidos, evalua las caras de las personas, adelanta hipótesis sobre intenciones ajenas, mapea la realidad interna en busca de fugas y el entorno en busca de amenazas pero sigue siendo afásica porque las emociones no precisan de etiquetas, están ahi solo para mostrarse  y no para nombrarse, asi la amigdala procesa el miedo y la rabia, adelanta la percepción de daños y señala su desconfianza cuando encuentra algo que no sabe interpretar, usualmente lo nuevo es para la amigdala peligroso.

Amígdala y tronco cerebral juntos sin embargo no son alarmas inteligentes, funcionan de una manera analógica, por aproximación, lo que hace realmente inteligente a nuestro sistema de alarmas neurobiológicas es la corteza cerebral, es decir nuestro cerebro moderno. Una vez conectada la amígdala a nuestra corteza ya tenemos una red de mando inteligente, todo el gobierno, ejercito y administración pasan a depender del poder civil, del parlamento de las ideas, del ejecutivo y del legislativo, como en una democracia formal.

Y las democracias tienen, como todo el mundo sabe, contradicciones. Una de ellas es que el parlamento no siempre detecta las necesidades de los ciudadanos y muchas veces viven de espaldas a ellas. En realidad son la prensa y los medios de comunicación los que se encargan de interpretar las necesidades del pueblo. El resultado es que en ocasiones los medios trabajan en su propio beneficio e identifican sus intereses con los intereses de los ciudadanos.

Asi sucede precisamente con nuestro cerebro. Aquellas conexiones de la amígdala con la corteza cerebral tiene consecuencias en el gobierno del organismo entero porque ahora nuestro cerebro ya no va a reaccionar sólo cuando sienta una amenaza real sino que además de eso va a depender de la construcción simbólica que procede de nuestro módulo cerebral humano, de  nuestra corteza frontal. La orden de «lucha o huye» o «congélate» puede llegar a producirse sin amenaza real sino a través de una prospeccion de amenazas, carestias y privaciones. Nuestro cerebro barre la realidad continuamente tratando de  valorar costes y perjuicios y desde ese momento ya no es una alarma tosca y antigua que salta cuando detecta merodeadores sino una alarma de tercera generación que interpreta y adelanta significados, algo que deja al cerebro necesitado de otra conceptualización, me refiero a la mente.

Algunas personas ponen en marcha el programa freezing si su cerebro cree que vienen malos tiempos o que es mejor quedarse en cama hasta que pase la tormenta.

Este quedarse en la cama, la quietud inducida por ese programa ancestral que hemos llamado «congelación» es una estrategia diseñada por la evolución para ahorrar costes energéticos destinados al fracaso o al despilfarro y es por eso que algunas personas lo ponen en marcha ante una evaluación de costes excesivos.

Y se ponen cuasienfermos.

Aunque no es detectable enfermedad alguna.

Lo cual encierra además otro dilema, éste: ¿si no tengo ninguna enfermedad por qué me siento enfermo?

La mayor parte de la gente y la mayor parte de los médicos entienden que sucede por razones psicológicas. Pero decirle a alguien que está enfermo por razones psicológicas es lo mismo que decirle que está enfermo por su culpa porque la mayor parte de la gente identifican psicológico con voluntario, es por eso que prefiero llamar a estos fenómenos «psíquicos» pero no psicológicos tal y como expliqué en este post. No es de extrañar que la mayor parte de la gente rechace esta explicación, que entre otras cosas es falsa, pues lo psiquico no equivale linealmente a lo psicológico. Las personas que se sienten enfermas sin enfermedad no tienen más problemas psciológicos que usted o yo. Su «avería» no es psicológica sino una avería de las alarmas que se encuentran mal reguladas, naturalmente determinadas personalidades son más alarmistas que otras.

Lo paradójico de toda esta serie de argumentos es que aunque la causalidad de «sentirse enfermo» no es psicológica, no hay más remedio que acudir a la psicologia si queremos penetrar en el disco duro de las alarmas y cambiar su sensibilidad.

A través de la mente, es decir construyendo una relación con significado.

Es desde ahi, implicando al significado, como podemos entrar en la sección de alarmas y desactivar algunas y regular otras, enseñando a los pacientes a graduarse ellos mismos sus propias alarmas.

Y recordando siempre que el cerebro es un simulador de acciones, pero no un simulador cualquiera de acciones sino un simulador de acciones intencionales.

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El cerebro construye todo el tiempo simulacros de amenazas, de placer y de aversiones y a veces engaña al organismo entero pues esa es su función: simular una realidad aun virtual.

Y es la mente consciente la puerta de entrada que nos permite mejorar a los que se sienten enfermos sin estarlo.

Del mismo modo que aprendimos a convencer a los negadores a aceptar sus enfermedades reales.

En este video Punset entrevista a Oliver Sacks a proposito de los engaños del recuerdo.

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Cuerpos extraños

A veces están ahi por que los metimos por detrás:

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O por delante:

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Otras veces porque se los metieron entre algodones:

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en ocasiones explotaron a nuestro lado

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Y nos trocearon sin extrañar nada:

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otras veces nos tragamos las monedas:

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o perdemos las llaves

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o se nos cae la dentadura

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o lo que sea:

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Y a veces nos crecen arbolillos:

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In vivo:

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O somos directamente el arbolillo mismo

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Valencianas paroxísticas

Bernardino Ramazzini  fue un médico del barroco tardío (1700)  al que se le atribuye la primera observacion clinica sobre la evidencia de que el cáncer de mama era más frecuente en las monjas que en las mujeres casadas a pesar de que ha pasado a la historia como uno de los fundadores de la medicina laboral.

Posteriormente sus observaciones fueron replicadas por otros médicos como Rigoni-Stern a quien se le considera uno de los primeros epidemiólogos del cáncer: los cánceres de mama eran tan frecuentes en las comunidades religiosas (5 veces mas que en las mujeres casadas) como los cánceres de cervix entre las prostitutas.

Fue la primera evidencia de que el cancer de cuello de útero era una enfermedad infecto-contagiosa. Más tarde supimos que se debia a un virus de la doméstica y familiar estirpe de los papilomas que en sus versiones blandas son causas de verrugas: esas que se van con sugestión, si.

Se trata de un ejemplo de cáncer por transmisión sexual, un ejemplo de cáncer contagioso que se describió ya hace más de 150 años como “cáncer a deux”, llamado asi porque un medico francés describió un caso en un matrimonio donde él padecia un cáncer de pene y ella un cáncer de cuello de útero. Hoy los cánceres de pene son muy infrecuentes desde que ya no existen deshollinadores pero el cáncer de cervix sigue siendo prevalente por más que los sufran mujeres normales (no prostitutas ni promiscuas).

La causa de ese cáncer suele ser por contagio del marido o pareja sexual diversa, sobre todo por hombres que frecuentan burdeles lo que aclaró ya hace tiempo el por qué el cáncer de cuello de útero podia ser considerado como una enfermedad de transmisión sexual a pesar de la vida estoica de la mujer que lo padecía.

De manera que de lo que se trataba era de conseguir una vacuna, que aplicada  a toda la población infanto-juvenil femenina pudiera prevenir el cáncer en edades adultas.

Ya la tenemos, me refiero a la vacuna y ya se ha empezado a aplicar.

Pero, sucedió un extraño incidente en Valencia, junto con alguno más en las islas Baleares.

Dos niñas presentaron extrañas convulsiones después de haber sido vacunadas y fueron ingresadas en la UCI del Hospital Clinico de Valencia. Las niñas no se conocian entre sí, retengan este dato porque es muy importante para entender de que va este post.

Este post va sobre la histeria, una quasienfermedad que aun existe a pesar de que los americanos la hayan quitado de los manuales diagnósticos, pero afortunadamente los más antiguos del lugar aun conservan la influencia de la tradición psiquiatrica europea y recuerdan que las convulsiones sin explicación médica eran muy frecuentes antes cuando las mujeres llevaban demasiados refajos y carecian de voz.

Ahora las mujeres ya no convulsionan ni se desmayan porque directamente han pasado al acto. Interprétese según el gusto.

El caso es que a pesar de la gravedad del cuadro clinico que presentaban las dos pacientes que compartieron UVI y mantel durante algun tiempo los médicos no encontraron ningun rastro de organicidad, ninguna explicación médica, sus convulsiones no podian ser atribuidas a la vacuna, aunque los investigadores reconocieron que si bien la vacuna no causó las convulsiones las precipitó.

¿Y esto qué significa? ¿Son o no son las vacunas las responsables del desaguisado?

No, las vacunas no son las responsables sino la conjunción entre una inyección pública y la publicidad vinculada a las mismas, que en este caso no es una publicidad cualquiera sino del cáncer nada mas y nada menos que de útero,es decir un cancer genital.

Droplet on the Point of Hypodermic Needle

Los laboratorios fabricantes de la vacuna respiraron aliviados pero los médicos y las autoridades sanitarias no las tenian todas consigo, ¿cómo explicar pues el cuadro si no era atribuible a la vacuna o a ninguna otra causa médica que lo justificara?

¿Se trataba de una enfermedad virtual?,¿enfermaron las pacientes de hiperrealidad?

Entonces se les ocurrió la idea: traer a un grupo de expertos de bien lejos como siempre sucede en estos casos, «el santo suele ser mas milagroso si es inaccesible». Y asi fue que se dictaminó que en realidad las valencianas presentaban un «sindrome paroxístico«.

Una curiosa entidad que no existe en parte alguna, puesto que todos los ataques convulsivos son en realidad paroxisticos: los expertos concluyeron su trabajo con este dictamen que sustituia la vieja etiqueta de la histeria por un nombre que parecía proceder de los anales de la neurologia mas moderna y densa.

Se habia logrado escamotear un diagnóstico vergonzante, como siempre sucede con la histeria y una vez más se regateó al estigma psiquiátrico, pero lo cierto es que las enfermas convulsionaron por histeria y no por otra cosa por mucho que aqui culpen a la ansiedad.

Los investigadores se plantearon desde el principio la pregunta del millón, ¿se conocian entre si las pacientes?. El si apuntaba directamente a un «contagio» histérico, pero el no no descartaba el «contagio», aunque lo cierto es que para que una enfermedad se contagie es necesaria cierta convivencia o cierta familiaridad entre ambos individuos. ¿Es posible que una enfermedad se contagie sin contacto entre los afectados?

En un post anterior que llamé «Epidemia de suicidios» ya habia apuntado hacia la idea de que es posible que dos personas que no se conocen de nada presenten ambas simultáneamente la misma enfermedad, como reacción a algo que compartieron y que parece mimetizar la original. En él describí el caso de una ola de suicidios entre jóvenes de una comunidad galesa que compartian una misma red social, «Bebo», los investigadores sin embargo notaron que no habia habido contacto directo entre ellos de manera que se plantearon la pregunta siguiente, ¿ es posible que dos o mas individuos se suiciden de forma mimetica sin conocerse entre si?

Algo asi sucedió en Europa tras la publicación de Werther: desde entonces sabemos que existe una especie de contagio a distancia de un tipo determinado de conducta, en aquel caso la imitación estaba relacionada con las tribulaciones del protagonista descrito por Goethe.

La respuesta es que es posible contagiarse de algo sin conocimiento del modelo a imitar, siempre y cuando se cumplieran ciertas condiciones: la edad, la pertenencia a una cierta cultura o entorno o compartir determinados valores no iba a predecir que los individuos se suicidaran por la misma razón, pero podia explicar el hecho fáctico de la muerte violenta en un foco cualquiera de población. Dicho de otra manera más clara: cada cual se suicida por una razón, pero al final todos los que se suicidaron lo hicieron al mismo tiempo, pues la causa final de ciertos tipos de suicidio es social. Existe una morfogénesis social del deseo de suicidarse y eso fue lo que ocurrió en aquella epidemia de suicidios en Gales.

Lo cierto es que resulta dificil de explicar el mecanismo de este tipo de contagios que se conocen bien desde la época clásica aunque no se disponga aun de una conceptualización cientifica que los justifique, aqui en este párrafo creo que se encuentra la verdad para quien quiera escucharla, me refiero a la verdad sobre la imitación:

Y vuelvo a plantear la pregunta.

¿Puede hablarse de imitación entre dos personas que no han mantenido ningun contacto entre si?

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Al menos existen tres clases de imitación y nos detendremos en la primera de ellas:

1.- Ocurre en el seno de un mismo grupo social, cuyos elementos todos están sometidos a la acción de una misma causa o causas semejantes, en virtud de la que todo el mundo piensa o siente al unísono; en este caso la palabra designa la propiedad que tienen los estados de conciencia, simultáneamente experimentados por un cierto número de sujetos diferentes, y obrar los unos sobre los otros y combinarse, de modo que crean un estado nuevo.

2.-Necesidad que nos impulsa a ponernos en convivencia con la sociedad de la que formamos parte y de este modo a adoptar las maneras de pensar o de hacer que son generales en los que nos rodean. Son un ejemplo muy claro de este caso las modas y las costumbres.

3.- Finalmente puede ocurrir que reproduzcamos un acto que pasa delante de nosotros o que conocemos, únicamente porque ha pasado delante de nosotros o porque hemos oído hablar de él, se copia por el simple hecho de copiarla. Así bailamos, reímos o lloramos cuando otra persona lo hace, es la imitación por sí misma.

En suma el propio Durckheim, estudioso de los suicidios ya habia entendido que existe una acepción de imitación que va más allá de esa capacidad tan humana de empatizar con nuestros congéneres, o de apropiarnos de sus cualidades, existe una imitación que es un estado de conciencia transindividual que es a su vez el resultado de experimentaciones concurrentes de estados de conciencia individuales que se constituye en un estado de conciencia nuevo que no equivale a la suma de sus partes, Durckheim sin saberlo está describiendo el modernísimo concepto de la emergencia de algo nuevo -en este caso un intangible- que parece comportarse como una mente y que va más allá de la adición de sucesos individuales.

En suma el caso de las valencianas paroxísticas se dio un  fenómeno de contagio, entre individuos que aun sin conocerse comparten una misma cultura, entorno, edad, valores o expectativas y aunque cada una de ellas convulsionó por razones distintas todas coincidieron en mostrar ese sintoma arrastradas (precipitadas) por la aplicación de la vacuna.

Los medios, la publicidad, el miedo y las sospechas hacia las vacunas y la amplificación familiar derivada de la gravedad del cuadro clinico y la alarma social que se desencadenó con al caso explican la gravedad y la recurrencia de las convulsiones que no cesaron hasta que se retiró del fenómeno el interés mediático, en esto las autoridades fueron al fin rotundas enmudeciendo a los exégetas de las conspiraciones que siempre van ligadas a la aplicación de algo nuevo, en este caso las vacunas que arrastran una constante sospecha de contaminación, de toxicidad o de causar toda clase de enfermedades.

A pesar de las enormes contribuciones de Durkheim y otros investigadores al tema de la imitación no fue hasta la decada de los 80 cuando Rupert Sheldrake planteó su teoria de los campos morfogenéticos en su libro «Una nueva ciencia de la vida». En él Sheldrake plantea la osada hipotesis de que:

«La teoría de la causación formativa se centra en cómo las cosas toman sus formas o patrones de organización. Así que cubre la formación de galaxias, átomos, cristales, moléculas, plantas, animales, células, sociedades. Cubre todas las cosas que tienen formas, patrones o estructuras o propiedades auto-organizativas.

Todas estas cosas se organizan por sí mismas. Un átomo no tiene que ser creado por algún agente externo, se organiza solo. Una molécula y un cristal no es organizado por los seres humanos pieza por pieza sino que cristaliza espontáneamente. Los animales crecen espontáneamente. Todas estas cosas son diferentes de las máquinas, que son artificialmente ensambladas por seres humanos.

Esta teoría trata sistemas naturales auto-organizados y el origen de las formas. Y asume que la causa de las formas es la influencia de campos organizativos, campos formativos, que llamo campos mórficos. El rasgo principal es que la forma de las sociedades, ideas, cristales y moléculas dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza».

Ya sabemos pues que las convulsiones son patrones de respuesta preformados, una especie de alarma ancestral que puede dispararse espontáneamente o siendo encendida por algo que simbólicamente nos retrotrae a un terror primigenio: si las enfermedades se parecen tanto entre si es porque existen como regularidades, como patrones de forma que en este caso se refiere a la posibilidad de los seres vivos de congelarse, de hacerse el muerto. La convulsión es después de la lucha o la huida una tercera posibilidad de escapar de una amenaza, un mecanismo ancestral de defensa que algunos animales utilizan para infundir estupor en su perseguidor.

Y que a veces lo consiguen pues para un depredador no hay nada más ambigüo que una presa convulsionando ¿está viva o muerta? Ya se sabe que los depredadores solo son carroñeros en ciertas ocasiones, ellos prefieren la carne fresca.

Las personas tambien tenemos este registro que es independiente de la voluntad pero no del entorno. A este registro -un amplio repertorio de sintomas, conductas, afectos y rasgos de personalidad- se le conoce con el nombre de histeria y trata de infundir en los demás una conducta de provisión de cuidados o protección a través de simulación (no del fingimiento) de una enfermedad o estado de desvalimiento. Lo que trata de conseguir el simulador es un estado de cosas (del tipo que sea) dificilmente accesible por medio de una conducta normal de intercambios.

Simplemente el cerebro se equivoca a la hora de evaluar una amenaza y opta por poner en marcha uno de los mecanismos más primitivos  de los que disponemos los mamíferos: la perdida de conciencia y la convulsión critica.

Los tres modos de la conciencia.

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¿Te acuerdas cuando aprendías a multiplicar?

Bueno, no importan mucho los detalles, lo importante es recordar que aprendiste a multiplicar cantando, a través de una especie de prosodia y que aprendiste repitiendo hasta el paroxismo las tablas, cientos,miles de veces, las aprendiste -como se decia entonces- de memoria.

Es asi como aprenden los niños, es asi como aprenden los organismos elementales sin mucho cerebro: repitiendo.

La repetición de un motivo es condición para que se forme un automatismo, un PAF, un patrón de acción fijo que se archiva en nuestra memoria sin localidad, en todo nuestro organismo.

Lo interesante de esta condición de aprendizaje es que no es necesaria la comprensión de para qué sirve lo que estamos aprendiendo, simplemente lo aprendemos sin saber demasiado qué es eso de multiplicar. Dicho de otra forma: aquello que aprendemos en un momento determinado de nuestra vida, en aquel momento plástico de nuestro cerebro que llamamos infancia queda grabado a sangre y fuego en nuestro cerebro, sin localidad, todas nuestras neuronas guardan un rastro de aquella musicalidad de las tablas de la multiplicación y las recordaremos siempre.

Es evidente que la música, la prosodia o el ritmo son buenas acompañantes del aprendizaje como saben todos los pedagogos y ayatolás o rabinos del mundo. La letra no entra solo con sangre -con disciplina sino tambien con ritmicidad y a veces a cabezazos contra el muro (de las lamentaciones me refiero).

Y es tambien evidente que estos aprendizajes cuestan mucho de extinguir, tanto los buenos y provechosos como los malos o desadaptados, hay algo en este modo de aprender repitiendo que le hace perdurar casi durante toda una vida, a cambio, claro está de consumir demasiados recursos o por decirlo a través de la metáfora del ordenador: por consumir demasiada memoria.

De manera que un aprendizaje asi, es bastante limitado, llega un momento en que ya no disponemos de recursos psicológicos para aprender nada nuevo, nuestro disco duro está lleno y hay que defragmentarlo (si nos lo permiten los ayatolás). La acumulación de datos e información que podemos tener en nuestro disco duro es limitado, ¿pero entonces cómo seguimos aprendiendo?

Lo hacemos cambiando de nivel, bifurcando nuestro saber, un buen dia descubrimos algo esencial con respecto a la multiplicación: descubrimos que multiplicar nos ahorra sumas. Descubrimos que la multiplicación es una suma comprimida. Y entonces comprendemos, y cuando comprendemos ya no necesitamos repetir, liberamos memoria de nuestro disco duro y nos instalamos en un segundo modo de aprendizaje.

Necesitamos que nos demuestren algo para poder creerlo o al menos que nos convenzan, ya no nos basta con obedecer sin rechistar, cantar con la prosodia de una maestra maternal o en un coro de voces, buscamos razones y sólo creemos aquello que ha sido demostrado-comprendido. Caer en la cuenta de que multiplicar es una forma de suma nos cambia de nivel de aprendizaje y nos ahorra multitud de operaciones repetitivas, nos hemos liberado del aprendizaje de memoria y entramos en una forma de aprendizaje que podriamos llamar contextual.

Nos hemos convertido en seres racionales, nos hemos liberado del animismo infantil y de la repetición torturante, estamos en un modo egoico, racional, individual presidido por el raciocinio. ya no comulgarémos nunca más con ruedas de molino, ni cantaremos mantras multiplicadores ni cancioncillas patrióticas o de campamento sin preguntarnos acerca de la letra, sólo aprenderemos en función de una cierta identificación con modelos intelectivos y demostrativos, somos adultos y pensamos por nosotros mismos.

Lo interesante de este cambio de nivel es que los automatismos aprendidos con anterioridad siguen estando ahi: se encuentran subsumidos y de vez en cuando echamos mano de ellos cuando no tenemos una calculadora accesible Lo sorprendente de esto es que seguimos recordando las tablas de multiplicar y las evocamos para hacer cuentas sencillas y rápidas y -aun milagrosamente- sabemos hacer una división por muy complicada que sea, me refiero hacerla  a mano tal y como aprendimos en la escuela.

Los aprendizajes anteriores, incluyendo a aquellos obsoletos, nos acompañarán toda la vida, siempre recordaremos las tablas de multiplicar hasta que el Alzheimer nos lo arrebate. Se trata de algo dificil de remover incluso queriendo, incluso habiendo cambiado de nivel de aprendizaje, lo podemos evocar a voluntad y más de una vez nos sacará de un atolladero. El modo repetición no ha desparecido incluso después de haber saltado al modo demostración. ¿por qué?

Pues porque el modo repetición está subsumido en el modo demostración del mismo modo que la contractibilidad de la celula miogénica se encuentra subsumida en la contractibilidad neurogénica. ¿Os acordaís qué sucede al cortarle la cola a una lagartija?

La cola sigue moviéndose porque las células musculares saben moverse aun después de haber perdido la cabeza (la orden nerviosa de hacerlo), lo mismo sucede en los cultivos de células cardiacas en el laboratorio: se mueven (contraen) por sí mismas sin orden nerviosa.

Significa que seguimos aprendiendo por repetición toda nuestra vida aunque hayamos escalado al nivel de comprensión-demostración de la conciencia. Puedes ponerte  a prueba en este momento: deja de fumar convenciéndote a si mismo de que es perjudicial, obervarás como a pesar de estar en un nivel de conciencia de juicio racional el hábito se impone sobre los argumentos.

Y significa otra cosa un poco más inquietante: es muy dificil deshacerse de aquello que aprendimos mientras crecíamos. y éramos prisioneros de la repetición sin comprensión y de las leyes del condicionamiento, refuerzo y aversión. Hay algo en nuestro cerebro que es radicalmente conductista por definición: aquello que está sometido al principio del placer y a la supervivencia.

Todo aprendizaje que invoque al placer o a la supervivencia tiende a repetirse y es muy resistente a la extinción, tanto si se trata de algo banal como útil, adaptado o desadaptado. Y puede encontrarse en cualquier tipo de persona con independencia del nivel jerárquico de evolución personal que haya alcanzado su conciencia.

Es curioso que la evolución se haya preocupado tanto en reforzar las conductas placenteras y de supervivencia hasta llegar a hacerlas disadaptativas en si mismas como sucede en cualquier hábito tóxico o nocivo, pero no es tan incomprensible que repitamos el coito en tantas ocasiones. ¿por qué fornicamos tantas veces si ya lo probamos una vez? ¿por qué no hacemos como los elefantes?, la mitad de ellos ni se estrenan. Ningún humano accederia a no repetir un coito una vez catado, ¿por qué?

Pues porque fornicar y drogarse comparten ese territorio comun que llamamos repetición – lo aprendimos por repetición, emparejando el placer con algunos condicionantes, unos neutrales y otros condicionados, pero ambos se repiten porque procuran placer, sin placer no habria repetición.

Y al contrario: en toda repetición hay algo placentero.

Lo que significa que en la comprensión hay subsumido un cierto placer, el placer de conocer que procede y se arranca de aquellos bucles de repetición que se encuentran subsumidos en ella. Es por eso que el conocimiento resulta tambien placentero y tan adictivo como el coito y sea dificil que una persona buscadora de conocimiento aparque su pasión o la permute por jugar partidas de cartas, es obvio que el placer tambien es capaz de desplazarse o subsumirse en otra estructura que no implique directamente placer.

Los aprendizajes sencillos sin embargo no explican el juicio moral por ejemplo, ¿cómo y por qué aprendemos que es bueno ser buenos y que es aun mejor ser buenos pero no demasiado?

Hace falta mucha comprensión acerca de nuestros semejantes y de nosotros mismos para llegar a un juicio asi.

Evidentemente se impone un tercer registro.

Los humanos aun tenemos otro modo de aprender, un tercer nivel de complejidad, me refiero al modo experiencia-intuición. Supón que un dia estás en el campo y tiene sun tropiezo con un OVNI y pongo este ejemplo para tratar de ilustrar lo que es una experiencia personal fuera de lo común, el tropiezo con lo inusual. Es evidente que una experiencia de ese tipo nos cambia la vida y lo hace porque no podemos negarla ni encajarla con los niveles anteriores sin volvernos locos o evitar que los demás nos encierren. Se impone pues otra bifurcación, necesitamos construir un nuevo sistema de referencia que permita autoexplicarnos esa experiencia sin romper las estructuras anteriores del todo, un nuevo salto.

Hay personas que cuando tienen un encontronazo con lo inusual enloquecen, otros disimulan y algunos se convierten a una especie de liga que trata de divulgar o publicitar sus hallazgos, las tres estrategias son ineficaces y destinadas al fracaso. Lo que es seguro es que tal y como vimos en aquella pelicula de Spielberg titulada «Encuentros en la tercera fase«una vez visto lo visto con los ojos propios ya no puede retroceder, los personajes de aquella pelicula se encuentran impulsados a descubrir-saber qué hay detrás de esa experiencia que opera como un atractor en sus vidas, ya no hay vuelta atrás, el saber ha entrado en una nueva vuelta de la espiral y nada puede detenerles. Se trata de un saber que no precisa pruebas pues lo obtiene directamente de la experiencia propia.

Vale la pena volver a ver la escena de la comunicación musical entre la nave de extraterrestres y la base para entender que hay otras formas de avanzar en las matematicas que aprendimos.

La experiencia personal se incrusta en lo que llamamos la mente sabia o sabiduria, es ua forma de saber que no necesita demostración, ni repetición, comprensión o divulgación, no precisa seguidores, acólitos o publico detractor, es una experiencia tan próxima y tan enredada en el propio ser que se constituye en una certeza casi corporal. Es un saber que lleva subsumido un conocer.

Una convicción que nos arrastra, casi como si fuera un delirio pero sin serlo.

La dificultad está precisamente aqui: ¿como distinguir las experiencias delirantes de las experiencias avanzadas de la visión anticipada de un genio?

Es dificil distinguirlas a ojo, y harian falta ahora algunas clases de psicopatología, pero en esencia diré que mientras el delirante es un fanático que pretende imponer su verdad a otros, el visionario es un individuo que pugna contra sus propios limites y no busca el adoctrinamiento de los otros. Si el delirante y el genio son tan parecidos a grosso modo es porque ambos han alcanzado un cierto nivel de conciencia que en unos es presunción y en otros es humildad realista. El delirante seria aquel que fracasaría en encajar su experiencia en sus procesos de aprendizaje anteriores, mientras que el genio seria aquel que seria capaz de sintetizar los tres modos operantes de su conciencia y conducta ofreciendo una respuesta nueva y creativa.

Pues alcanzar ese tercer nivel de sabiduria no nos libera de los aprendizajes por repetición ni de los aprendizajes por comprensión, encajar intuición, experiencia y verosimilitud es la tárea del sabio, destrozar la comprensibilidad priorizando la intuición o imponiendo la experiencia a los otros es propio del fanático o del paranoico.

El genio es aquel que sabe y el que sabe no necesita demostraciones ni pruebas pero también sabe que por mucho nivel que haya desarrollado su conciencia no está liberado de los bucles que aprendió ni de lo que está aun en condiciones de aprender. El genio se apoya en las espaldas de aquello que comprende pero no tiene miedo a adentrarse en los umbrales de lo desconocido y de la incertidumbre de lo incomprensible, y siempre sigue adelante porque sabe que alli está el tesoro de lo nuevo a veces custodiado por un monstruo voraz como el Minotauro.

Pero él va, como Teseo armado y con un hilo que alguién en la puerta sostiene eternamente.

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Estos cuadros de Rob Gosalves me parecen idóneos para lo que pretendo sugerir con ese feo verbo «subsumir». Cuando hablo de que un nivel de aprendizaje se encuentra subsumido en el otro no quiero decir necesariamente que se encuentren incluidos o contenidos uno dentro del otro tal y como expliqué en este post. Lo que quiero decir es mejor mirarlo en estos cuadros. Son simplemente tres mundos, tres fases que se prolongan una a través de la otra.

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La necesidad de alarmarse

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Las noticias insisten sobre el tema que arrastraremos una buena temporada: me refiero a la gripe porcina. Insisten en una cuestión : la población no debe alarmarse, hasta Obama insiste. Pero la OMS parece que desmiente a todo el mundo anunciando una pandemia mundial y corriendo la alarma de acá para allá.

De manera que he estado pensando sobre eso de las alarmas y la mejor manera de saber algo sobre alarmas es preguntarle a alguien que la tenga instalada en su chalet. Como tengo algunos amigos que viven en esos hogares a medio camino entre ninguna parte y su lugar de trabajo y aprovechando el Madrid-Barça del otro dia hice una pequeña encuesta a pie de barra sobre los que tienen alarma en sus domicilios.

Todos estan de acuerdo en algo: es mejor que te atraquen que te salte constantemente una alarma sin motivo. Hay casos de gatos merodeadores, cipreses oscilantes o ventiscas inesperadas que han hecho saltar injustificadamente las alarmas e incluso me contaron el siguiente caso que merece estar en este post:

Uno de mis contertulios, el que tiene el chalet mas grande, cansado de que le entraran a robar en su casa decidió instalarse uno de esos sistemas antipánico que dejan encerrados a las partes más sensibles de la casa, su mujer y sus hijas que pasan mucho tiempo solas a causa de sus continuos viajes por ese mundo porcino.

El caso es que un dia se disparó la alarma no saben si con motivo o sin él y la muchachada se quedó encerrada allí hasta que fueron a rescatarlas, porque las puertas se negaban a ser abiertas cuando ya el pánico habia descendido. Enseguida se pusieron en contacto con unos técnicos venido de allende los mares para verificar el carisimo y vulnerable sistema antipánico: todo era correcto pero les dijeron que la sensibilidad de la alarma podia graduarse y que los dueños de la misma podian decidir qué grado de alarmismo podia desplegar el citado artificio. Fue asi que se rebajó por decisión democrática de toda la familia vistas las dificultades que tenia salir del dormitorio por la mañana y resultó en que la graduación no reveló su verdadera intención que quedó patente unos dias después en que unos desaprensivos volvieron a entrar a robar, esta vez un coche de alta cilindrada. La muchachada ni se inmutó lo que significa que no se dieron por aludidas y la alarma tampoco.

Puestas asi las cosas decidieron prescindir de la alarma en función de la dificultad de graduar sus ardores alarmistas y desde entonces que ya no han vuelto a tener ningun percance. G. a D.

Moraleja: Algunos remedios son peor que la propia enfermedad.

Y fue entonces -desde esta atalaya de pensamientos- que marcó Pujol un gol de cabeza y ya me relajé lo suficiente como para poder hilvanar este post inspirado en aquello que hace que las personas se alarmen sin motivo, me refiero a lo que los neurocientificos llaman alarmas neurobiológicas, que no son otras sino el dolor, la rinorrea, la taquicardia, las ganas de orinar, el vómito, la diarrea o el hambre, por nombrar sólo algunas de ellas.

Al parecer tenemos un cerebro que es muy vulnerable a los errores de identificación del daño, del mismo modo se equivoca al discriminar lo venenoso de lo comestible o a la hora de informar sobre el hambre que tenemos. Y es porque nosotros tenemos tambien una central de alarmas en nuestro cerebro, una especie de detector de humos que conocemos con el nombre de amigdala, un circuito especializado en chequear la realidad externa e interna y hacer saltar las alarmas que pongan en riesgo nuestra integridad. El asunto es que la amigdala de nuestros coetáneos es bastante sensible y detecta amenazas en cosas tan banales, como beberse un rioja, comerse un trozo de chocolate, fornicar o tomar un poco el sol. Por poner un ejemplo estas son las cosas que disparan el conocido dolor de cabeza, nuestra amígdala parece reaccionar ante estimulos de esa naturaleza y mandar por correo rio abajo (down by to the river) la orden de necrosis, como si hubiera detectado que nuestro cráneo va a ser aplastado, quemado o zarandeado como un derviche. La orden que viaja hacia abajo despierta ciertos receptores para el dolor y nos duelen las meninges, es por eso que reaccionamos con un dolor de cabeza no tanto porque hayamos sido victimas de una agresión real sino por culpa de nuestra amigdala que es tan sensible como la alarma de mis amigos los ricachones y saltó por error propiciando una reaccion de defensa del organismo que trata de proteger su parte mas noble: el cerebro.

Algo parecido pasa con la diarrea de los que padecen colon irritable, que se «cagan encima» de miedo no solamente cuando van a ser sometidos a una evaluación o un examen sino un poco por vicio, ante situaciones tan banales de la vida como el calor, el frio, el tabaco, las aglomeraciones en el metro, el entrar al bar en busca de un cortado con leche fria, en fin tareas arriesgadas como el lector habrá podido comprobar. Y es por la misma razón: la amigdala es demasiado sensible y da la orden de quitarse afuera los lastres pesados por si el individuo tiene que dedicarse a correr, no hay nada peor que huir de un depredador con los restos humeantes aun de un festín anterior, es por ello que la evolución programó la defecación emparejándola (condicionándola) con el miedo y con la reacción de lucha o huida, o sea que la evolución hizo bien su trabajo si bien dejó un amplio margen de maniobra al Sapiens para que aprendiera.

Y lo mismo con la micción, el moco, el hambre exagerada o el vómito: se trata de errores de reconocimiento.

¿Pero qué pasa con nuestra amigdala cerebral? ¿por qué se comporta de forma tan torpe?

Para contestar esta pregunta es necesario entender que nuestras alarmas ancestrales evolucionaron en un ambiente muy distinto al que vivimos hoy, al menos en entornos opulentos y seguros como los que disfrutamos ¿disfrutamos? en Europa. Por muy inseguros, criticables o sospechosos que nos parezcan es obvio que vivimos en un entorno casi perfecto en tanto en cuanto a nuestras necesidades de preservación, me refiero a bienes alimentarios y seguridad frente a las amenazas de la naturaleza.

Y pongo el verbo disfrutar entre comillas porque no estoy seguro de que los entornos de seguridad sean beneficiosos para nuestra especie habituada al nomadismo, a la dispersión y escasez de bienes alimentarios, a  vivir en un constante acecho de las fieras o a adaptarse a climas bien diversos y casi siempre inhóspitos.

Y pondré un ejemplo para ilustrar mi argumento ¿cómo es posible que en un entorno de opulencia alimentaria como el nuestro existan bolsas de inanición electivas como sucede en la anorexia mental? Lo lógico es pensar que la obesidad del hombre postmoderno es una consecuencia de esa abundancia de bienes pero ¿cómo explicar el gusto por someterse a ayunos elegidos voluntariamente para adelgazar?

La pulsión a la delgadez por razones estéticas no lo explica todo, tiene que haber algo más.

Y la explicación es ésta: los humanos cuando no tenemos motivos por los que alarmarnos construimos una alarma artificial.

Nuestra amigdala cerebral lleva muy mal estar en paro.

¿Con qué objetivo construimos (inventamos) esas alarmas?

Para disminuir la disonancia entre nuesta percepción de un mundo externo seguro y opulento y un mundo interno vacio y desolado.

Dicho de otra manera: llevamos muy mal la distancia entre lo que percibimos ahi afuera y lo que percibimos aqui dentro y como siempre estamos cabreados, enfadados o enfurruñados tendemos a disminuir la distancia entre el afuera y el adentro. Es por eso que percibimos amenazas que no existen y ponemos nuestro organismo en guardia frente a estimulos intrascendentes, aunque este proceso no es voluntario sino un condicionamiento clásico que sucede bien lejos de nuestra conciencia.

O dicho de otro modo, la comodidad de nuestras vidas contrasta con la vacuidad de las mismas.

Algo asi pasa con la anorexia mental que es peor que el remedio que trata de evitar: la obesidad, ahora bien ¿cómo se relacionan la opulencia alimentaria y la inanición?, ¿a través de qué mecanismos?

Hasta ahora pensaba que la opulencia era un entorno que contenia a la anorexia porque no podia darse en otro lugar, pero esta es una respuesta tautológica. Es la propia opulencia la que genera la anorexia, es decir la inanición puesto que tal y como decia David Peat:

La naturaleza conspira para introducir fluctuaciones en cada suceso individual


Significa que es la propia naturaleza de la opulencia, cuyo opuesto es la privación lo que fluctúa, lo que debe oscilar en el orden natural y es precisamente por esta razón que el organismo humano introduce una variable de perturbación que lleva al sistema hacia el otro lado como un péndulo, es como si hubiera algo en la naturaleza humana que no se conformara con quedarse quietecita en un punto de equilibrio y como si los humanos al quedarse frente a frente con la seguridad o la opulencia que disfrutamos precisáramos de inventar alguna disonancia, alguna amenaza que disminuyera ese umbral de seguridad insoportable precisamente porque es generador de algo que el individuo concreto tiene que lidiar en su interior, algo que inevitablemente le lleva a perder control sobre su ambiente.

Lo que importa para los humanos no es tanto la seguridad sino la relevancia de contexto: que las cosas tengan sentido, vibren con nuesta subjetividad.

Sucede porque el cerebro no es algo que se limita a representarse la realidad sino que enactúa con ella (en este post hay un resumen de la enacción segun Varela y de cómo la visión de las abejas coevolucionó con el color de las flores). La realidad y la percepción de la realidad son hechos que coemergen, simultáneos. Si percibimos amenazas en nuestro entorno no es por otra cosa sino porque hemos teñido de amenazantes sucesos banales que interpretamos con un gusto exquisito en clave de peligro. Hay un gusto muy humano en elaborar historias de terror inverosimiles que tienden a hacer el mundo más amenazante de lo que es.

Es por eso que en un mundo como el nuestro con la mejor sanidad pública de toda la historia, vigilancia epidemiológica, un sistema sanitario universal y gratuito (me refiero a Europa) tememos a los alimentos, sospechamos de los microondas, pensamos que nos envenenan con pesticidas o nos dan gato por liebre en el supermercado. O que el virus porcino fue diseñado en un laboratorio con el fin de terminar con media humanidad.

Se nos encienden las alarmas y cuando se encienden las alarmas porque existen amenazas concretas las amenazas simuladas se callan. La enfermedad grande se come a la pequeña y se nos va el dolor de cabeza, las sociedades se cohesionan con las calamidades y todos se sienten tripulantes de un mismo barco.

El caso es que los gobernantes tambien lo saben y conocen muy bien este fenómeno. Es por eso que a veces inventan alarmas controladas para anular el efecto politico de otra alarma descontrolada, es por eso que la peste porcina siempre será mejor para el gobierno que la crisis económica o el terrorismo de ETA mejor que el de Al Qaeda. No quiero decir que el gobierno de Zapatero haya inventado el virus, ni siquiera creo que lo haya inventando ningun laboratorio, creo que es una mutación (mas o menos) natural, pero lo que creo es que se ha magnificado su impacto -todos, incluyendo a las autoridades sanitarias- y hemos magnificado su impacto y su origen porque nos encanta inventar nuevas alarmas. Los gobiernos están de enhorabuena porque ya tenemos para algún tiempo una amenaza concreta. Y es por que ellos (los gobernantes) saben que al pueblo hay que darle de vez en cuando algo de caña, pues no soportamos ni la seguridad ni la opulencia externa, porque lo que de verdad nos importa es nuestro estado interior, nuestro bienestar individual y ahi siempre hay una disonancia, mayor cuanto más seguridad y opulencia hay afuera, es por eso que inventamos teorias conspiracionistas contra ellos, ahora les toca a los microbiólogos o a los lobbyes, y siempre será mejor que las inventen contra los laboratorios de microbios que contra ellos, los politicos.

Algo parecido sucede con nuestro organismo que reacciona con alarmas (vomito, diarrea, dolor, hambre) ante estimulos neutrales o inespecificos. hay una necesidad de alarmarse, de adelantarse a los desastres, como si esa anticipación disminuyera la distancia entre lo que se percibe (la seguridad) y el vacio interior y por tanto aumentara la relevancia de contexto de cada ser individual. Dicho de otro modo aumenta la ilusión de control, si no se puede ser feliz al menos controlemos algo.

Inventemos una conspiración.

Definición de teoría de la conspiración y listado de conspiraciones famosas según la wikipedia.