Abuelas esclavas

La mujer es una esclava que busca un amo para reinar sobre él

Jacques Lacan

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Antes de que en el mundo hubiera crisis económica, guerras en Irak, crimenes domésticos o agujeros de ozono, ya habíase inventado por los mamiferos el apego, la dependencia y la imitación. Pero mucho antes de todo esto los reptiles ya habian patentado los mecanismos de supervivencia, una especie de imitación de lo militar, ellos descubireron el rango, la violación, el territorio, el nido y la propiedad privada.

No es de extrañar pues que nosotros los seres humanos respiremos sin saber respirar o comamos sin saber comer pues se trata de conductas (de programas) filogenéticos instalados en nuestro cerebro más antiguo y heredados de nuestros ancestros remotos, los reptiles, mucho tenemos que agradecerles pues ya se sabe que los diseños evolutivos solo pueden mejorar lo heredado pero la evolución no puede ir hacia atrás, es por eso que los mamiferos son reptiles evolucionados y nosotros los hombres no somos sino simios con pedigree y algunos -no todos- con un añadido que llamamos conciencia.

Y todo esto viene a cuento porque hace poco estuve en uno de esos banquetes donde  a uno le sientan entre personas que apenas conoce y no tiene más remedio que atender a las conversaciones ajenas o bien a intentar proponer diálogos para ver si alguno cuaja, como la mayoria de mis vecinas de mesa eran mujeres no tuve más remedio que someterme al imperio de su locuaz mandato y hacer de oyente. La vecina de mesa que más llamó mi atención fue una señora -que enseguida supe que era viuda-  muy elegante y aun apetecible a la que conocia de vista y que despertó mi interés a partir de algunas sentencias y perlas que lanzó durante la cena y posterior velada.

Al parecer la señora en cuestión -se quejaba a una vecina de mesa- habia pasado toda su vida de casada esclavizada por su marido, en palabras propias. El asunto es que desde que quedó viuda su vida cambió de tal modo que rejuveneció, por primera vez en su vida -a su parecer- pudo hacer lo que le venia en gana. Algunas perlas que rescaté de aquella conversación:

– La viudedad es el estado ideal de la mujer.

– Hombre, ni uno más, con Pepe ya tuve bastante.

-Nunca pude hacer nada por mi cuenta, ahora voy a desquitarme.

-Ellos buscan una criada, y yo de eso ya he tenido bastante.

Tanto despertó mi interés tan lúcidos argumentos que venian a apoyar mi hipótesis de que entre hombre y mujer hay algo más que un abismo hormonal sino algo que procede de la persecución de los mismos roles, que poco a poco pasé de oyente a interlocutor y comencé a meter baza en la conversación que tocaba uno de los temas más apasionantes de la convivencia humana: el dilema del deseo y sus diferencias sexuales.

Poco a poco me fui enterando en qué consistia para la señora “hacer lo que le venia en gana”. En realidad lo que le venía en gana era cuidar de sus nietos y asistir en tareas multifuncionales a sus egoistas hijos que la utilizaban de recadera y de cocinera dia si y dia tambien, de manera que cuando no pude más intervine de esta guisa:

– A ver si lo entiendo, -puse cara de sabio distraido- haga usted algo por la ciencia ¿qué induce a una mujer que se ha visto esclavizada por su marido durante toda su vida a aceptar una otoñal esclavitud por parte de sus hijos y nietos?

A lo que ella -muy segura de sí misma-, contestó.

-Ah, porque mis hijos y mis nietos son mios y a Pepe le encontré en la calle.

O sea aclarado, se trata de un caso de propiedad reptiliana.

Efectivamente, la clave está en el posesivo, “mio”, algo que apela a las propiedades, a los objetos, a las fincas o al ganado. La señora sentía que sus hijos eran de “su propiedad” y por delegación tambien sus nietos, pero a su marido no le sentía de su propiedad aunque si por cierto la casa de lujo que ambos compartieron durante su matrimonio, su nido.

Provocativamente lancé este dardo envenenado:

– A lo mejor si usted hubiera aceptado ser la esclava de su marido su matrimonio hubiera podido ir mejor.

Mis convecinos de mesa abrieron la boca y los párpados -como hacen los reptiles- muy sorprendidos por mi audacia, pero antes de que arguyeran en contra de mi “machismo”, apostillé:

– El problema es éste, ¿por que una mujer acepta ser la esclava de sus hijos y no la esclava de su marido? Usted misma lo ha dicho, porque usted siente  a sus hijos como suyos, pero siento decepcionarla, sus hijos no son suyos, igual que su marido no lo era. Es muy probable además de que a su marido le sucediera algo parecido a lo de usted, quizá el creyó tambien que usted era de su propiedad y quizá por eso la tiranizó toda su vida. Claro que eso no lo podemos saber porque no está aqui para respondernos lo que está claro es que usted tiene una cierta tendencia a la esclavitud tal y como se deduce de su dedicación en cuerpo y alma a la vida de sus parientes. Quizá lo que suceda es que usted ha sido siempre una esclava con mala conciencia y nunca lo disfrutó tanto como ahora, le negó a Pepe lo que regala a sus hijos y ahora a nosotros: simplemente dice la verdad sobre su goce.

-Y entonces les pregunté a bocajarro algo que me guardaba en la recámara de mis argumentos psicológicos evolutivos desde el primer plato donde se comentó el ultimo crimen de género de nuestra ciudad, era ésta: ¿saben ustedes porque los hombres asesinan a sus parejas?

– Es un problema de educación y de machismo, dijo la más enterada del grupo, una rubia pizpireta que parecia cualquier cosa menos un mujer liberada.

– No, es porque las mujeres no suelen matar a sus maridos, por que no les sienten como suyos, ellas se distraen atormentando, enfermando o haciéndoles la vida imposible a sus hijos y cuando son ya mayores para eso lo que hacen es disfrutar haciéndolo, no es que se hayan vuelto sumisas de la noche a la mañana, es que han descubierto el enorme potencial de placer que podrian desplegar haciendo lo que realmente desearon toda la vida hacer: cuidar, alimentar, educar. El único problema es que lo descubrieron demasiado tarde y no pudieron emplearlo con otros fines sino para velar por los hijos de otros. Las mujeres para los hombres son parte de su territorio pero para las mujeres es el nido lo importante, es decir la casa y los hijos. es por eso que los hombres se enfadan muchisimo cuando pierden su “territorio” y algunos pasan a la acción y las mujeres se enfadan mucho cuando sus hijos se van del nido y algunas se ponen enfermas.

El mismo problema induce respuestas distintas segun el sexo. En los hombres violencia territorial y en la mujer pérdida del nido y depresión.

– Ese es un argumento anticuado y machista siguió la rubia cada vez más irritada.

El tallo cerebral es el reducto, el disco duro donde guardamos los programas que la filogénesis dispuso para asegurar la supervivencia, la repetición hasta el infinito de estas conductas es la gran baza con que la evolución constituyó eso que siempre se llamaron instintos. Los instintos son conductas innatas, estructuras nerviosas que pueden activarse, dirigirse o orientarse hacia la consecución de akgun fin ligado a la supervivencia propia o de la especie y que pueden además inhibirse a partir de estimulos externos o internos. Los instintos a pesar de ser innatos son modificables aunque heuristicamente han demostrado un enorme potencial de eficacia. Todos nosotros – los que estamos aqui- somos un éxito evolutivo y por eso estamos aqui escrbiendo posts o leyéndolos y si estamos aqui vivos, es precisamente porque disponemos de una herencia legada a través de eones de tiempo y la multiplicidad de antecesores que nos precedieron incluyendo no sólo a la propia especie sino a los ancestros comunes que mejoraron sus diseños y se multiplicaron y bifurcaron en distintas especies animales hasta llegar al hombre.

-Lo que significa que ser machista o ser una matrona esclava es normal, pues ese es el diseño que anida en nuestro tallo cerebral y ahi está precisamente la fuerza, la energia del arquetipo, la enfermedad no está en el instinto sino en su dirección. Si usted es capaz de ser una abnegada abuela es por la fuerza que extrae de su parte reptiliana, allí habitan esas secuencias computacionales que la inducen a hacer lo que está haciendo, ser la esclava de sus hijos y nietos. Pero aqui hay que añadir ahora la otra parte de la cuestión, la especificamente humana, la corteza cerebral, nuestra capacidad de ser inteligentes y adaptarnos a las circunstancias de nuestro medio. Dicho de otra forma: ¿es posible amar de otra manera? ¿podria usted amar a sus hijos más allá de porque son suyos?

A esas horas mis interlocutoras de la mesa se habian cansado y fingian distracción pero los varones comenzaron a sentirse atraidos por mi discurso. Continué sin atender a las caras de asco:

-El mundo está lleno de ejemplos de que esto es posible, de que existen otras condiciones para el amor maternal. Hay pues que inventar otra forma de maternidad y es seguro que entonces ustedes no criarían asesinos en serie ni maridos maltratadores. El problema del maltrato no es educativo, la prueba está en que los mayores índices de maltrato se dan en los paises con la educación más igualitaria, Finlandia por ejemplo. El problema del maltrato está en la crianza reptiliana que las mujeres imponen a sus hijos en un ejercicio de favoritismo negado, aman a sus hijos por encima de sus maridos, instruyen la desigualdad y la distancia entre los padres y ellos y les debilitan induciendo una sutil doble moral, una para los hijos y otra para las parejas, una especie de chauvinismo fatal mientras predican la igualdad: un simulacro sobre el que no se pueden hacer comentarios por temor a la descalificación. Porque efectivamente son suyos y ese es el problema: en la definición del problema está el problema.

En un último alarde de generosidad les recomendé a todas una dosis de Lachesis mutus un remedio homeopático para la posesividad pero ninguna tomó nota.

Afortunadamente en ese momento llegó el café y casi a continuación sonó “Rottllo y canya”, el himno de mi ciudad. Nos levantamos y cantamos a viva voz:

Y ellas siguieron hablando de niños y nietos mientras yo me quedaba como siempre solo y pensando que siempre me gustó ese pasodoble.

El sindrome de la abuela esclava

4 comentarios en “Abuelas esclavas

  1. Genial, genial, brillante!!…
    “han descubierto el enorme potencial de placer que podrian desplegar haciendo lo que realmente desearon toda la vida”
    Casualmente tenía hoy una conversación parecida -pero más breve- sobre el machismo y el hembrismo mal entendido. La mujer, en su mayoría, ha olvidado -y ella se lo pierde- el goce de su rol atávico y deja de ser-lo-que-es: Yin para un Yang. Realmente no sabe lo que se pierde, pero ¿para qué insistir?
    (casualmente, también, la Contra de hoy es muy aleccionadora en relación a este tema..)

  2. Relamente esto que comentas me viene a hacer mas dudas en lo que ya tengo días pensando, la mujer de ahora si de alguna forma va evolucionando y se empiezan a separar en diversos tipos, las que se niegan a aceptar que los roles van cambiando y se aferran a los que precisamente comentas; las que se niegan completamente a seguir un patrón de conducata y prefieren uir a todo lo que signifique hacerse cargo del nido o siquiera pretender crear uno y por ultimo el que me tiene mas intrigada cuando una se encuentra frente a ambos tipos y no quiere elegir ninguno de los dos sino fabricar a partir de los buenos puntos de ambos, pero llegado el momento en que se interponen uno con el otro porque no se puede ser una exelente ama de casa y una buena licenciada entregada a su trabajo…a esta parte de la población se le educa con las ideas de que se debe tener una casa impecable y atender al marido entre otras cosas de lo que respecta ese “tener un nido” (que para empezar como si hubiera sido decisión única y pura del lado femenino) y por otro lado a que tiene que ser una persona sobresaliente, siempre ser la número 1. Y nos debatimos por dentro cuando alguna de las dos o las dos partes se ven frustradas por x o z condiciones

  3. Si, como comentas se trata de patrones, de estereotipos culturales. Lo que yo creo es que cada persona, hombre o mujer tiene que inventar su propia identidad, en su proceso personal. Hay que salirse de esos carriles alienantes donde nos encierran los platos precocinados de la identidad.

  4. Un desubicado total, esa calse de charla debiste tenerla con alguien que tenga tu mismo nivel de preparación, que se pueda parar desde un punto de vista Freudiano, Lacaniano, o modernista, para darte la razon, o refutarte.. No con un grupo de mujeres que disfrutan de su conversación y que a ninguna hora te pidieron severenda letania.. usa tus conocimientos con tino, lo que hiciste es tratar de alardear.. pero a la final, ante esas mujeres solo quedaste como un rídiculo descortés y maleducado….

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