Perversiones japonesas

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Japón mas que un pais es un laboratorio donde se ensayan y se ponen a prueba las perversiones más siniestras y abyectas: esas que más pronto o más tarde llegaran a occidente en su versión mas americanizada, en algunos posts anteriores ya me ocupé por el deleite de los pedos japoneses o por las muñecas hinchables de banda ancha. La última de esas propuestas se llama Hikikomori y afecta a adolescentes de ambos sexos si bien los chicos parecen verse más afectados que las chicas un poco al revés de lo que sucede con nuestra bien conocida epidemia de anorexia mental. Los hikikomori son adolescentes que después de haber sufrido en sus carnes cualquier afrenta se retiran del mundanal ruido y se esconden en sus casa sin osar salir de su habitación. Lo más curioso de este aislamiento voluntario es la actitud cómplice de los padres que se limitan a aceptar esa retirada monacal y a llevarles al menos una comida al dia que dejan en el umbral de su habitación. Al parecer esta costumbre que probablemente ha encontrado en Internet un modo de difundirse rápidamente recluta ya un numero considerable de adolescentes y aunque a nosotros los occidentales nos llama poderosamente la atención las autoridades sanitarias o educativas de aquel pais aun no han dicho esta boca es mia.

En este enlace hay un corto reportaje sobre este fenómeno.

Japón es una de esas pulcras sociedades que entre sus estilos de vida recluta conductas de lo más raro e hiperreal de todas las sociedades del mundo. No es de extrañar Japón es una isla y los que hayan leido este post ya saben qué cosa es una isla: un lugar aislado donde las conductas, los valores y las creencias evolucionan separadamente del resto de la humanidad igual que los pájaros o los insectos, si además de esto consideramos las tradiciones locales niponas y las mezclamos con un desarrollo postindustrial voraz estamos en condiciones de entender que esos matrimonios entre el desarrollo tal y como lo entendemos en occidente y unos cimientos conservadores y retrógados no empastan bien por mucho que a nosotros los occidentales nos parezca que las doctrinas zen-taoistas y toda la mistica adherida que se le supone sea una reserva espiritual para nosotros que ya nos encargamos de cepillarnos a las propias. No hay cosa peor que ese híbrido entre tradición y postmodernidad, lo que es de esperar es que se produzcan grandes disfunciones sociales y problemas aparentemente mentales en plan individual que no son sino una especie de esperpento social puesto que no puede haber moral individual en una economia sin moral.

Y hay que recordar que la moral no es una doctrina coercitiva sino sobre todo un atajo para resolver problemas prácticos, alli donde no llega el raciocinio llega la moral. Es por eso que la máxima que rige a un ser humano maduro es una máxima moral y es su falta la que genera todas estas conductas extravagantes que aparentemente asemejan locuras individuales.

Los seres humanos reproducimos en nuestra subjetividad las contradicciones sociales de un modo que bien podriamos llamar mimetismo hiperreal en tanto en cuanto lo real ya ha desaparecido como elemento objetivo y solo puede ser llenado a través de la subjetividad, es decir a través del invento de nuevas subjetividades que atraviesen ese agujero negro que es el descosido social que opera retrógradamente como un bisturí de la mente: lo que penetra desde afuera no es pues la objetividad sino el sin sentido.

Y debe ser por eso que algunos jóvenes no pueden soportar pequeñas adversidades: tener acné, ser rechazados por gordos, por plastas o por pedantes por sus iguales, dicen los que conocen este fenómeno que las adversidades que llevan a estos muchachos a enclaustrarse en sus hogares son tan banales como cualquiera de estas circunstancias que he nombrado más atrás. Y a mi juicio este fenómeno está señalando en una dirección muy clara, los Hikikomori son muchachos que no han encontrado una mediación entre ellos mismos (su subjetividad) y la realidad, el colchón de seguridad de lo imaginario parece haberse diluido en Intenet, entre sus costosos móviles y en esa expectativa que parece atrapar a toda una raza con hondas raices en la inexpresividad de las emociones: algo que consideran siempre de mala educación y que se debe ocultar. Lo cierto es que el mundo no es como lo pensamos en los 60 y hay lacras escondidas entre las bambalinas de eso que entendemos como progreso donde Japón ocupa un lugar de hegemonia.

Y es por eso que Japón esta a la cabeza del maltrato doméstico, de la violencia anómica, del indice de suicidios y de la pederastia, pues seguramente los japoneses educados para habitar un mundo tribal, rústico y rural se encontraron después de la segunda guerra mundial con el esplendor del lucro industrial y se lo creyeron, creyeron que de lo que se trataba en la vida era de trabajar, producir, ganar dinero y gastárselo después en unos 15 dias de vacaciones al año. Debe ser por eso que los Hikikomori se refugian en el hogar, lo cual tiene su gracia pues es en Japón donde es imposible hablar de hogares. Ya no hay hogares porque todo el mundo trabaja hasta la extenuación hasta la hora de cenar domingos inclusive, Será por eso, por una especie de vocación transgresora que estos muchachos no salen de casa, reivindican asi un lugar para vivir y no solo un lugar de paso para ducharse. Y es que en el síntoma hay un nudo donde siempre encontraremos apresado un deseo, pues es eso la pulsión, un nudo entre el deseo y su prohibición o su imposibilidad. Y en Japón es imposible vivir en un hogar, todos han desertado de él y lo han cambiado por una fabrica y un coche.

En este video de animación podemos contemplar cómo trascurre la vida de un Hikikomori:

¿Son suicidas en potencia tal y como sostiene esta noticia? ¿Son agorafóbicos? ¿Son esquizoides? ¿Son enfermos, activistas o peleles?

Lo peor de todo será que cuando la masa critica amenace al pais entero se buscará un etiqueta psiquiátrica para explicar esta conducta tan llamativa y entonces ya todo estará perdido puesto que la transgresión habrá quedado convertida en una patología mental.

Algo asi sucede tambien con la pederastia en Japón que esta casi permitida con tal de que no se enseñen los genitales y donde hay lolitas que a sus 10 años ya son superestrellas -como Rei- del porno infantil y que llenan las portadas de las revistas  como aqui sucede con los futbolistas o las modelos escuálidas. Alli, al parecer lo que se valora son las nalgas infantiles y esa mezcla entre pudor y sensualidad que tanto gusta a los hombre japoneses junto con esa estética tan de moda incluso en occidente llamada manga o hentai.

Lo que viene a decir que las sociedades reprimidas desarrollan todas las capacidades de lo perverso tal y como Freud avanzó hace mas de cien años.Pero hay algo peor que la represión sexual y es una represión sexual yuxtapuesta a la idea de que el dinero todo lo puede comprar o que vale la pena sacrificar cualquier cosa con tal de acceder a ese mundo de lujo que el dinero promete y por el cual los padres sacrifican sus hijos (más bien a sus hijas) para ofrecerlas a tan floreciente mercado. La represión sexual combina muy mal con el dinero y muy bien con la miseria: las sociedades liberales hallan precisamente en esta combinación su veneno perfecto para los individuos concretos, levantar las prohibiciones es precisamente la manera perfecta de fabricar perversiones y conductas inexplicables sobre todo si se hacen al paso del mercado y de espaldas a la tradición. Hay paises que simplemente no pueden aspirar a un modelo liberal porque sus raices se hunden y flotan aun en sus creencias medievales, Japón es uno de esos paises, es por eso que la democracia no es exportable y es por eso que los paises que se convirtieron de grado o por la fuerza a nuestro modelo de vida se encuentran en una crisis que no sólo es económica sino moral.

Pero la batalla está perdida si pretendemos resolverlas desde la psiquiatrización, la psicologización o la imposición de una moral a la fuerza. Determinados problemas morales no tienen solución desde dentro de la moral y las  sociedades avazadas están ya dando muestras de putrefacción. Sin cambiar la economía, sin conseguir un nuevo diseño económico pensado para el hombre y no para el beneficio estaremos siempre dando vueltas al mismo problema: apenas hayamos conseguido extirpar una lacra aparecerá otra peor, como un karma repetitivo que busca expresarse en lo real.

Pero es imposible construir un mundo moral si antes no inventamos una economia real que combine los avances tecnológicos, las comodidades del progreso con la moral humana y la responsabilidad.

Hagamos justa la economia y tendremos un mundo sin Hikikomoris.

Y sin pederastas, ¿por qué quien pagaria por contemplar el culo de un niño en un entorno sin represión y sin miedo?

12 comentarios en “Perversiones japonesas

  1. Increíble sincronía ésta. Hace días que entre ideas sobre nipones me encuentro. Y no podía ser más oportuno tu post sobre la sociedad nipona ya que me lleva a derroteros más profundos que los ya estereotipados y conocidos.
    Para muestra un botón (del cual participo):
    http://www.ungatonipon.com/?p=1312

  2. Me olvidé de comentarlo: en ese post que he anotado más arriba queda para la eternidad el duro testimonio de alguien que vive allá, en primera persona.

  3. Lo único que se puede cambiar es uno a sí mismo, nuestra visión del mundo, nuestro entorno, nuestras relaciones …. lo demás ….. no depende de nsosotros.

  4. Lo unico que podemos cambiar es desde luego a nosotros mismos y un poquito más, eso que está tan cerca. No hay que olvidar que la politica la hacen hombres y los entornos sociales los construyen hombres también. Será lo que queramos que sea.

  5. Hace algunos cursos puse a mis alumnos de 4º de diversificación ( ya mayorcitos, casi todos de 18 años ) unos vídeos sobre los hikikomori para que hacerles conscientes de la adicción a la que podía llegar el uso incontrolado de algunos servicios de la red.

    El problema de los hikikomori es mucho más amplio, por supuesto, pero yo quise utilizarlos para ese fin porque algunos de ellos llegaban tarde por las mañanas y medio dormidos, estaban chateando hasta altas horas de la noche; por otra parte una de las alumnas había tenido problemas con el twenti donde se había generado un conflicto a raíz de una confusión de malas interpretaciones y esto provocó una grave pelea con espera a la salida del instituto para arreglar rencillas entre el novio y los supuestos acosadores. Cuando vieron las prácticas de enseñanza en Japón se quedaron pasmados y cuando vieron el comportamiento de hikikomori y de los padres tampoco lo entendían. Una chica muy resuelta no pudo más y comentó en alto: Si ese es mi hijo yo le pego dos hostias y le saco a la calle de un golpe.

    Evidentemente el problema Hikikomori es complejo y se entiende dentro de un contexto sociocultural donde el honor y la vergüenza del que dirán está muy presente, pero también hay que encuadrarlo dentro del contexto psíquico de un pueblo como el japonés donde la costumbre del suicidio está muy implantada en el psiquimo colectivo, y eso lo saben los padres, como solución ante problemas que resultan infranqueables para el individuo en un determinado momento. El monte de Aokigahara es un buen ejemplo de esta tendencia a eliminar los sentimentos de deshonor que les produce el hecho de peder sus trabajos y no poder alimentar a su familia.

    Totalmente de acuerdo cuando dices : ” Y es por eso que Japón esta a la cabeza del maltrato doméstico, de la violencia anómica, del indice de suicidios y de la pederastia, pues seguramente los japoneses educados para habitar un mundo tribal, rústico y rural se encontraron después de la segunda guerra mundial con el esplendor del lucro industrial y se lo creyeron, creyeron que de lo que se trataba en la vida era de trabajar, producir, ganar dinero y gastárselo después en unos 15 dias de vacaciones al año. Debe ser por eso que los Hikikomori se refugian en el hogar, lo cual tiene su gracia pues es en Japón donde es imposible hablar de hogares. “

  6. Lo vi, lo vi, es muy interesante.

    Me ha llamado la atención que los vídeos que la ponente eligió para la exposición son los mismos que yo elegí para ponerles a mis alumnos. Me parece que es en el segundo vídeo donde aparece el caso de un chaval que llevaba tres años encerrado en su habitación sin abrir su puerta y la madre decía que sabía que continuaba vivo porque desaparecía el plato de comida que dejaba en el umbral de su puerta y porque oía sus pasos por la habitación, fue precisamente cuando vio esto mi alumna el momento en que soltó el exabrupto e intentó dejar claro cuál era su posición, aunque fue ella la que tuvo el problema y todavía continuaba teniendo problemas con el twenti y con el uso de la bebida, por cierto, enlazando con el útlimo post “Sabemos beber” que has escrito, porque muchos chavales lo que hacen es emborracharse todos los fines de semana, ir de fiesta.

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