Niños índigo

Lo decía Heidegger y también -en un orden más biológico- lo dijo Ayala:

Que la evolución no ha terminado o que es un proyecto inconcluso, que son dos maneras de decir que ni todos los que son están ni todos los que están son.

En efecto, basta que usted eche una mirada a su alrededor para darse cuenta de que nuestros congéneres -con algunas excepciones sobresalientes- no parecen Sapiens sino sus precursores evolutivos. Algunos hasta nos recuerdan a los simios y sus inquietudes territoriales. Basta con que usted eche una mirada a las noticias o a los telediarios para contemplar bien de cerca que llamamos conflictos humanos o políticos a cosas que más bien parecen conflictos zoológicos, conflictos de territorio.

Estaba yo pensando ayer qué tendrá esa franja de Gaza que la hace tan apetecible para palestinos e israelies. ¿Qué habrá alli de tal valor que valga tantas vidas humanas, de niños y de inocentes que alli habitan?

O dicho de otra manera mas científica.

¿Por qué los hombre matan y se dejan matar por la posesión de un trozo de tierra árida e inhóspita que no vale nada?

Y no me digan que es la patria o el terruño que nos vió nacer, no me hablen de banderas, de lenguas, de idiomas o religiones porque estamos en la misma. A mi me resulta muy dificil de entender que la franja de Gaza valga tantos muertos y tanto odio acumulativo tanto para unos como para otros.

Claramente: si yo hubiera nacido alli ya no estaria alli. Si yo tuviera hijos y fuera uno de esos palestinos que habitan en Gaza ya me hubiera llevado a mis hijos de alli.

Claro que yo a lo mejor no soy un patriota y no entiendo que los vínculos que unen a un individuos a su tierra son vinculos atávicos. Pero si lo sé: los vinculos que atan a las personas con su trozo de desierto son los mismos que atan los lobos a su bosque, a las abejas con su panal y a las moscas con la mierda, es su hábitat y eso para un animal es sagrado, le va la vida en ello. Y los seres humanos por más humanos que seamos en el fondo somos animales, lo sentimos asi como algo ligado a nuestra supervivencia.

Y de eso va este post: de la forzosa convivencia que algunos de nosotros compartimos con nuestros congéneres que de humanos solo tienen la palabra que los define. Porque la tesis de este post es que no todos mis coétaneos son hombres-humanos sino hombres-simios.

Claro que esta idea choca con nuestros ideales democráticos y pocos de ustedes serían capaces de mantenerla en público, pero para eso se inventaron los post: para sostener ese tipo de cosas que no pueden decirse alli. Es lo que yo hago y por eso soy un psiquiatra con intención evolucionista, con cierto gusto darwiniano y una pincelada esotérica.

Y es por eso que sostengo que no todos los humanos hemos llegado al mismo grado de evolución en nuestra conciencia personal. Fíjense ustedes que no hablo de inteligencia sino de la conciencia humana, ese intangible que nos separa de los animales y que nos impulsa hacia lo divino, hacia lo trascendente, hacia lo que existe más allá de ese horizonte-campanario que llamamos nuestro territorio.

Porque, ¿qué es territorio para un hombre evolucionado?: no es la tierra, ni las propiedades, ni nada que pueda poseerse en sí, el territorio, el único que vale la pena mantener es el territorio interior, la intimidad, nuestra subjetividad, eso que nadie puede arrebatarte porque es de hecho un intangible.

Y hacia ese lugar se dirije la evolución, hacia ese estado de la conciencia donde ningún territorio equivale a aceptar guerras, fratricidios, sacrificios humanos o pugnas simiescas.

Y debe ser a eso a lo que se refería Heidegger cuando habló de que la evolución no habia terminado. Es cierto, todo parece indicar que nuestro cerebro no ha terminado de crecer, no cabe duda de que nuestro cerebro está a medio hacer y que se dirige raudo hacia la frontalización, la corticalización de todo lo límbico.

Pero no se trata de un fenomeno lineal o gradual sino de un proceso discreto que discurre a saltos, es por eso que nuestro vecino puede ser al mismo tiempo que un ciudadano ejemplar un criminal en serie, pues lo que distingue la inteligencia simiesca es la capacidad de engaño, disimulo y autoengaño.

Miguel Rojo, fue un catedrático de psiquiatria que escribió un libro memorable –El hombre cósmico– que casi nadie ha leido, acerca de este asunto de la transhumanización, un concepto acuñado por Huxley acerca del proceso del que tambien habló Jung a través de aquel otro concepto llamado individuación. Todo parece indicar que nuestra función en el mundo no es invadir el territorio de la tribu ajena -que carece de cualquier interés- sino más bien transformar lo que nos encontramos en esta vida empezando por nosotros mismos. A este proceso de encuentro entre el Yo que es egoísta y codicioso con el Si-mismo que es el Ser en su esencia se conoce con el nombre de individuación y parece corresponderse inequívocamente con el concepto de transhumanizacion de Huxley, un camino que tendrá que recorrer la humanidad en su conjunto.

Convertirse en humano-humano no es pues una tarea fácil y hay que empezar por desprenderse de todas esas falacias que nos enseñaron de pequeños: los celos, la codicia, la envidia el afán de lucro y nuestro impulso a la rapiña que no son como todo el mundo cree un fruto de nuestra condición genética sino más bien un fardo que nos colgó nuestra instrucción orientada hacia el beneficio personal en la convicción de que es la mejor estrategia de supervivencia.

Cambie usted sus creencias y cambiará su vida. Pero créanme no hay atajos.

Ni niños índigo.

O mejor dicho si hay niños índigo pero son tan solo una metáfora de esto que les estoy contando: las discontinuidades evolutivas coexisten y son simultáneas. A mi no me caba duda de que vivo algunas ramas más arriba que muchos de mis coetáneos pero cuando miró hacia arriba no veo niños índigo sino seres más evolucionados que yo y que por tanto son más compasivos, más carismáticos, más buenos y más eficaces y felices que yo.

En realidad el invento de los niños índigo es un cuento con intención pedagógica que trata de explicar que ya existen en nuestro planeta personas que tienen un nivel evolutivo superior al resto de los animales que se empeñan en guerrear unos con otros. Otra cosa es que tengan aura y que además sea azul, una falacia pre-trans que diria Wilber.

auraninioazul

A mi el azul me gusta mucho (y me sienta muy bien) porque es el color del chacra quinto o sea el de la creatividad y la tiroides y creo que es definitivamente mi color, el color de poder-hacer, de realizar, de transformar, pero no tengo aura o al menos yo nunca la he visto quizá por falta de camaras Kirlian para visualizarlas. Pero con aura o sin ella sé perfectamente y acepto que debe haber y hay personas que son simios y personas que son más que personas, masquehumanos.

Una manera de discriminarlos es que los primeros creen que la tierra, las propiedades, el dinero, el petróleo o el beneficio personal son los dioses a los que adorar. Los segundos se reconocen enseguida porque son generosos, bondadosos, abnegados, libres y no abrazan ninguna causa de esas que hacen que los primeros se maten unos a otros y son ellos mismo algo muy cercano a los dioses que los otros adoran. No es que sean indiferentes al dolor de sus congéneres, sino que saben que cualquier posicionamiento en favor de unos y otros redunda en cronificar el conflicto y que ese tipo de conflictos ya están demasiado podridos por el odio: la mejor estrategia para que un conflicto no se resuelva jamás.

Algunas mujeres sospechan que tienen un niño índigo, es decir dotado de ciertos poderes y yo siempre les digo que si, que los niños tienen muchos poderes porque disponen de una membrana plástica bien abierta y que mientras codifican el mundo tienen el poder del asombro. Y que somos los padres los que cerramos esa membrana cuando dejamos de amarles incondicionalmente o cuando tienen que confrontarse con la vida en términos de territorio, ganancia o lucro.

Que todos los niños son efectivamente índigo y disponen de un aura parecida a las barracas valencianas y a los paisajes de Sorolla y que es el polvo de la competitivad quien borra esas huellas que deja la ingenuidad y la boca abierta.

sorolla

Aqui tienen una obra indigo de Joaquin Sorolla, un madre y su hijo entre el azur.

Y les digo a las madres que la mejor forma de romper ese hechizo es pensar que sus hijos son niños como los demás porque o se es indigo o se es simio y que no hay nada especial es tener un aura azul y algunos poderes extrasensoriales porque hacia ahi se dirige la evolución. Un argumento que decepciona a algunas que tienen ese deseo de ser especial en esa prolongación con que muchas madres sienten a sus hijos, viéndoles  y sobrevalorándoles más allá de lo que ellos en si mismos representan como seres separados de ese cordon umbilical que llamamos amor.

Y que el amor es a veces un engaño y casi siempre una traición a esa membrana que todos los niños tienen semiabierta para que el mundo penetre a su través y les haga sensibles a lo humano.

Y dejen para siempre de ser simios-imitadores del deseo de sus madres.

Porque:

TUS HIJOS

Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti

y aunque estén contigo

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas,

viven en la casa del mañana,

que no pueden visitar

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede,

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación

en tu mano de arquero

sea para la felicidad.

Khalil Gibran

6 comentarios en “Niños índigo

  1. No he podido evitar -en la parte simiesca- recordar ciertos manifiestos licantrópicos, pero esto es otra vuelta de tuerca en el camino del héroe, varias vueltas más, si me permite la opinión…
    Qué disfrute de post, Rey Carmesí.
    Estoy con usted en que del mono al Hombre hay un trecho y en que, casi seguro, el camino que se recorre se hace en el sentido no de inteligencia sino de conciencia (palabras mayores!). Estamos en el árbol pero unos están más arriba y otros más abajo, pues si estuviéramos todos subidos a la misma rama, esta seguramente se rompería por el peso 🙂
    De todo hay en la viña del Señor, y justamente el otro día me preguntaba: ¿los que amamos a los animales, por qué no amar igualmente a los hombres-simio? El budismo dice que están en su hora, más abajo seguramente, pero tiene razón y en algún perro hay más inteligencia (¿conciencia?) que en algunos simios. Es importante también saber que los hay que están más arriba, más libres de lucro, de terruños, de discusiones sobre herencias.
    Hay que seguir, y sabiendo-que-se-sabe, esta es la gran suerte.

  2. Los niños índigos son aquellas personas que tienen la capacidad de conciencia mas establecida que la mayoría de las personas, es decir son niños que utilizan los lóbulos cerebrales para crear conocimiento y no solo se dejan llevar por la zona límbica.
    Toman conciencia y pueden ver mas allá de lo cotidiano o establecido. Y esto no es un super poder o algo místico. Es algo super natural que todo ser humano tenemos, solo que algunos seres humanos tienen que desarrollar esta habilidad durante toda su vida madurandolo y algunos ya nacen con esa madurez de manera natural; saltos evolutivos.
    Por eso los padres de esos niños se les hace dificil tratarlos pues estan habituados a responder al medio solo por reacciones y asi creen que pueden “educarlos” (al modo pavloviano o skinneriano) Y al tiempo en que esos niños crecen se hacen adultos poco habituados al medio en que todo lo manejan estimulo-respuesta y manipulaciones infantiles; por supuesto estos adultos no se ven “normales” y la convivnecia se torna sumamente dificil.
    Por eso la evolución de ser humano recide en su capacidad lobular de crear y manejar información. Si esto sucediera realmente y con mayor frecuencia la conciencia de ser y estar de los seres humanos estaría mas a la altura de un ser humano que de un simio.
    Saludos
    😀

  3. Si existen los niños indigo, entonces yo conozco a uno que coge el bus conmigo cada mañana. Es algo en su mirada, algo muy especial, aunque parezca un niño normal y corriente. Pero no lo es y eso sólo lo sé yo, sus padres no sé.

  4. Màs que interesante, Paco. Y tambièn tu comentario, Ana. Yo me quedè preguntando acerca del narcisismo patològico de ciertos padres que se empeñan en usar a sus hijos como estandartes. En los casos màs atroces lo vemos en los Munchhausen por delegaciòn, y en los aparentemente màs ingenuos, en la creencia de tener hijos “màs que humanos”.
    Con respecto al conflicto de Gaza, se me ocurre que el valor no està en los cascotes que conforman ese suelo. Creo que el valor està relacionado con la posibilidad de fabricar guerras y de vender armamento.

  5. Pero de hecho la ciencia oficial ha identificado genes neardenthal en algunas poblaciones indoeuropeas. Quizás también los haya autraliopithecus. Posiblemente si hay tendencias regresivas profundas, pero no tanto individuales, sino colectivas o de masas. Las instituciones del poder fáctico social, no ayudan, reprimen, y validan el drama entre victimas y victimarios, sumisos y rebeldes. ¿Cómo escapar o superar la dualidad? “No hay niños indigo literalmente hablando” no es una frase verdadera, mejor seria decir, que metaforicamente todos estamos llamados a ser “indigos”, y que literalemente los niños indigos son mucho menos, y muy otros, que los que se presentan mediáticamente. Por ejemplo, Mozart, cuando era niño.

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