El peso del alma

Peter Watson es uno de esos intelectuales ingleses historiadores de lo intelectivo que hace poco publicó un libro que leí con deleite y que se llama “Ideas” y que lleva por subtitulo “Una historia intelectual de la humanidad”, en ese libro Watson persigue mediante el método histórico las buenas ideas que los hombres hemos alumbrado para hacernos la vida más llevadera, desde aquellas de ir por casa hasta las grandes y beneficiosas ideas sociales que han mejorado lo colectivo. Para Watson existen tres entre todas las ideas que merecen su mayor consideración, el alma, la idea de Europa y el método cientifico-experimental. No estoy seguro de que hubiera elegido a estas tres de entre todo el catálogo que recorre Watson en su obra, pero merece la pena detenerse en una de esas ideas: el alma.

Lo que a mi me interesa saber del alma es cuanto pesa.

Si, hay una pelicula de esas de historia cruzadas y que habla precisamente de eso. Concluye que son 21 gramos, pero a mi no me interesa tanto el detalle de la masa del alma sino su concepto o más que eso cómo conceptualizamos lo ininteligible.

Lo cierto es que alma y mente son dos conceptos bien distintos y que se separaron definitivamente cuando a Descartes se le ocurrió la feliz idea de que la ciencia debia divorciarse de la filosofía si queriamos progresar en nuestro conocimiento de las cosas, lo que Descartes no sabía es que en esa división el conocimiento no iba a salir bien parado y que la posteridad iba a endosarle la culpa de eso que ha venido en llamarse el dualismo y que lleva su apellido que es la suposición de que cuerpo y alma, cerebro y mente o materia y espiritu eran dos esencias distintas que convivian en lo humano.

La historia fue injusta con Descartes que no dijo nunca nada de lo que se le supone aunque si lo hubiera dicho no será nada extraño dado que el alma era cosa de los teólogos y en el siglo XVIII era muy peligroso meterse en el mundo de la teologia por aquello de las hogueras en las que solian arder los pensadores. Sea como fuere pasamos de una concpeción dual con alma y cuerpo a una posición dual: mente-materia o mente-cerebro que es la que ha llegado hasta nuestros días pues ahora el alma ya no es cosa de clérigos sino de esos que han venido en llamarse neurocientíficos y que ya no le llaman alma sino mente aunque muchos de ellos siguen pensando a la mente como si fuera alma, es decir como un resoplido divino y es por eso que inventaron el reduccionismo biológico para compensar y la ningunean (a la mente) como antes Descartes ninguneó al alma por motivos de supervivencia.

Aún hoy hay médicos que siendo médicos se dedican a la mente -un intangible- y sólo hablan con sus pacientes a los que ni siquiera desnudan para explorarles como suelen hacer (cada vez menos) lo médicos, incluso se ha inventado una profesión exclusiva para el estudio de la mente, la psicologia: uno de los monumentos occidentales a la dualidad cartesiana a pesar de haber sido demonizada por todo el mundo. Aun creemos que existen manifestaciones mentales de las enfermedades corporales y enfermedades mentales con sintomas corporales sin que hayamos sido capaces de resolver el enigma dual.

Sin caer en la cuenta de que la mente precisamente por ser un intangible no puede enfermar, es como el perfume que o está o no está pero no puede corromperse, sólo el frasco o la materia que lo soporta puede hacerlo.

Y es verdad que todos tenemos que vivir. Todos vivimos de la dualidad e instalados en ella, de no ser por la dualidad al menos los psicólogos estarian en paro ¿qué digo? no hubieran llegado a nacer y la psiquiatría nunca se hubiera separado de la neurologia y ahora ningún médico hablaría con sus pacientes que es lo que hacían los médicos antes de Freud.

A propósito de lo ininteligible me viene a la memoria uno de aquellos chistes que circulaban cuando eramos jóvenes e ingenuos y que trataba de uno de esos dilemas que se les presentan a un gallego, a un valenciano y a un catalán a propósito de desvelar la verdadera identidad de un supuesto demonio que se les aparece y les exige que pidan cualquier cosa para demostrarles su poder. No recuerdo el chiste en toda su complejidad pero recuerdo muy bien el ingenio del valenciano para demostrar que el demonio era un farsante cuando se tiró una ventosidad y le pidió al demonio que la pintara de verde.

Naturalmente ningún demonio puede pintar una ventosidad de verde porque el gás sulfúrico (sulfuro de hidrogeno) que escapa por el recto se dispersa y expande en el universo y no puede atraparse. El demonio quedó pues desconfirmado a partir de la prueba que un valenciano propuso para desvelar su estulticia. Dicho de otro modo: hay algo en el gas que es inapresable precisamente a causa de ser un intangible. Lo mismo sucede cuando destapamos un frasco de perfume: las substancias volátiles que se escapan e inflaman nuestro olfato son tambien intangibles y no son -en si mismas el perfume- aunque no podrian darse sin el soporte material del liquido del cual escapan, pero materia (liquido) y aroma (sustancias volátiles) no son la misma cosa, hay algo en el aroma que es ininteligible, algo relacionado con el Tao y que no puede nombrarse por más que lo etiquetemos como si fueran sabores o colores. (En este post hablé precisamente de eso).

Otro ejemplo de dualismo es el sexo y el amor. Fíjese bien en la palabra “amor” sirve tanto para un roto como para un descosido, amor es eso que sentimos por nuestra pareja, por nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestra tierra, nuestra profesión, nuestra casa, etc. ¿Cómo es posible que una sola palabra sirva de soporte a afectos tan distintos? Lo resolvemos diciendo algo asi como: “ah, son distintas clases de amor”, bueno pues si son distintas clases de amor ¿por qué no reciben nombres distintos como hacemos con los sabores?

Al amor parece que le pasa lo mismo que al olor: o algo nos gusta y nos resulta agradable o no nos gusta y nos provoca aversión y para eso no necesitamos muchos nombres sino dos (amor-rechazo), será por eso que el amor sigue los rastros del Tao y pertenece tambien a lo innombrable o como dice la voz popular “sobre gustos no hay nada escrito” y debe ser por eso que no existe un saber sobre el amor, no existe una disciplina llamada “Erotologia” pues todos somos ignorantes en ese tema.

Pero si existe una disciplina que se llama “Sexologia”, ¿de qué se ocupa esta disciplina? Pues de la sexualidad humana, otro ejemplo de dualidad, como si alguien supiera algo de sexualidad, cuando lo único que sabemos es que no existe un saber universal acerca de ella pues en gran parte la sexualidad es una creación de dos, donde ambos son coautores de un guión, tal y como decia Milton Erickson: el inconsciente sexual está en la relación, alli donde las diferencias operan su danza de encuentros, de oposiciones y de contrarios.

En realidad la sexualidad, el amor son ideas platónicas que no existen independientemente de sus actores sino alrededor de dos polos, de dos conductores que ejercen su polaridad eléctrica manteniendo el flujo de la corriente, su diferencia de potencial, no hay sexualidad desgajada del dos, ni hay amor que no recorra este rastro sexual que puede definirse como una huella de aquello que nos produjo bienestar. El amor no es más que un rastro de la recompensa y de su expectativa o de su recuerdo. El amor es el acoplamiento del uno con el dos y que es distinto en todos los casos pues no existe relaciones duplicadas. El amor es la satisfacción recordada.

Es por eso que discrepo de que el alma pese 21 gramos, porque yo no creo en el alma pero si en la mente y aplaudo a aquellos idiomas que inventaron dos palabras, una para cada cosa. Por eso me inclino delante de los griegos que inventaron el pneuma (alma o aliento) y psiqué (mente), dos palabras para que Descartes nos armara el lio y como su nombre indica las descartara a las dos.

Desde entonces somos un cuerpo desalmado o lo que es lo mismo una mente descorporizada.

Si usted quiere saber más sobre la mente, visite este post tiulado ¿Qué es la mente?

3 comentarios en “El peso del alma

  1. En la Universidad de Navarra han abierto una línea de investigación multidisciplinar sobre mente y cerebro. Publican muy poco porque se piensan mucho lo que dicen. Trabajan juntos filósofos, biólogos, pedagogos y gente de neuromedicina. Creo que deberías seguir sus investigaciones, a ver qué dicen.

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