¿Qué es un problema?

Ante un problema es absolutamente necesario estar seguros de que hemos comprendido a qué se refiere, de qué va el problema en sí. No es banal decir que esta tarea no es una tarea inútil. La mayor parte de los problemas son pseudoproblemas, es decir no representan más que un estado difuso de malestar que hace que nos planteemos cualquier cosa como un problema cuando no es sino un estado mental de confusión, preocupación o aprensión, es entonces cuando surgen problemas en los que antes no habíamos reparado. Discriminar este tipo de estados mentales con los problemas verdaderos es absolutamente necesario antes de seguir adelante.

¿Tiene usted un problema? Entonces formúlelo, póngale etiquetas y marcas, desguácelo, póngalo patas arriba. Mire por todos sus rincones e identifíquelo ¿Es este su problema? Bien, no intente nada más por hoy, vuelva sobre él mañana.

La primera condición para resolver un problema es saber mirar, mirarse a si mismo y hacia fuera con absoluta lealtad y honestidad, no trate de engañarse a sí mismo mientras identifica el problema, ya tendrá tiempo para eso, de momento lo que nos interesa es que sepa de qué se trata, que usted lo sepa y que además pueda contárselo a otro. Esa es la verdadera prueba del nueve, si usted no puede contárselo a otro usted no tiene un problema, sino un estado mental desagradable.

Una forma segura de saber si usted ha identificado bien su problema es que me lo pueda contar a mi, inténtelo, utilice un lenguaje claro, directo, sin recursos literarios. Cuando más claro aparezca ese problema a un interlocutor cualquiera mejor formulado está por su parte el problema. No pare de hacerlo tantas veces como sea necesario. Es fundamental que usted lo describa varias veces, en prosa o en verso, no importa, si su relato es corto o largo, lo que cuenta es que sea accesible para otra persona distinta a usted. Ensaye en el espejo como si fuera un actor y trate de convencerme de que usted tiene un problema, y de que yo entienda perfectamente de que se trata.

¿Ya está? Bien perfecto, he entendido su problema.

No crea ni por un momento que puede saltarse la fase anterior dando por supuesto que usted sabe cual es su problema, Gran parte de los errores que conozco se dan al tratar estado mentales diversos como problemas y al revés tratar problemas concretos como si fueran estados mentales. La diferencia es obvia: un problema se puede resolver o disolver pero un estado mental no puede ser resuelto, puede ser modificado en alguna medida. No se haga el listo y vuelva atrás si no ha logrado componer todas las secuencias en que le he instruido, recuerde: defina, escriba, etiquete y declame tantas veces como sea necesario. ¿Qué ya está? Bien, entonces pasamos a la siguiente fase de la resolución de su problema.

La primera forma en que un cerebro trata de resolver problemas es a través de comparaciones con experiencias pasadas, es inevitable, nuestro cerebro solo conserva patrones y secuencias, no dispone de un disco duro con fotos, canciones, planos o mapas sino que guarda patrones y secuencias que operan asociativamente por continuidad y por contigüidad, por metáforas y metonimias, es de este modo que las secuencias se integran en metasecuencias que a su vez componen modelos del mundo percibido o del mundo vivido. Es pues inevitable que ante un problema su cerebro se ponga a trabajar buscando coincidencias y que además lo haga muy rápido en relación a lo importante que sea el problema de cara su propia supervivencia. No debe usted fiarse nunca –salvo en caso de riesgo para la vida- de esta primera apreciación precisamente por la urgencia con que a veces hacemos trabajar a nuestro cerebro. ¿En qué se parece esta situación actual a aquella otra? ¿Qué hice entonces para resolver aquel problema? ¿Fue eficaz o no funcionó?

La primera consideración a esta forma de funcionar es que podemos equivocarnos en cuanto al modelo o solución a aplicar y lo peor: intentar que funcione algo que en realidad no es una buena solución o que empeore el problema aunque funcionara en el pasado. Algo que suele suceder cuando nos enfrentamos a un problema nuevo, un problema que no se parece en nada a cualquier otro. Este tipo de problemas son difíciles de resolver porque no tenemos ningún código que coincida con él, pero también tiene la enorme ventaja de que nos protegerá de los errores, tendremos que ser creativos e inventar soluciones nuevas. Por desgracia lo absolutamente nuevo es bastante raro y seguramente nuestro cerebro encontrará similitudes con otros problemas resueltos o no en el pasado, pero para eso lo pagamos, en realidad el cerebro es un magnifico comparador y encontrará similitudes a poco que se le deje ir a su aire.

Se puede decir que la experiencia pasada es tanto una fuente de soluciones como una trampa de ensayos interminables de error. De manera que si lo que ha hecho hasta ahora para resolver su problema es esto o aquello y lo ha intentado numerosas veces ya puede usted aprender algo sobre esas soluciones ensayadas: no funcionan ni funcionarán. Es incluso probable que estén agravando el problema, de manera que hágame caso: Prohíbase a usted mismo seguir con esas soluciones ineficaces, no haga nada. Nada.

La segunda forma de resolver problemas es a través de una solución que no se encuentra en la experiencia propia sino que pertenece a la experiencia de otros, sean esos otros nuestros maestros, progenitores, personajes de ficción o la propia tradición. No necesitamos equivocarnos continuamente para aprender, basta confiar en la experiencia de otros. Utilizar el ensayo y el error es propio de la manera de aprender de las ratas pero no de los seres humanos. Es increíble el número de cosas que hacemos que en realidad no han sido ideas propias –aunque las sintamos como tales- sino semillas que alguien sembró en nuestro cerebro cuando estaba lo suficiente ávido de conocimiento para que cualquier cosa fructificara. Estas semillas tienen un doble filo: pueden comportarse como cuerpos extraños, como plantas carnívoras o como referentes benéficos, todo depende -claro está- de quien y cómo las plantara allí

Una tercera opción es enmarcar el problema en un contexto no individual, conceptualizarlo como un subproducto de algo. Esta distanciación o mejor relativización del problema le hace mucho menos virulento y descarga la urgencia de hacer algo. La mayor parte de los problemas no se resuelven haciendo algo, sino que se resuelven solos o mejor se disuelven.

Otros por fin no se resuelven sino que se agravan, mala cosa es evitarlos.

Resolver y disolver son dos conceptos distintos, resolver es hacer algo concreto que cambia la definición del problema en tanto que nuestra acción ha conseguido modificar el problema mismo. Disolver un problema es simplemente que pierde actualidad, por así decirlo se desproblematiza, se ha descatalogado. El tiempo es el mejor disolvedor de problemas, aunque no es conveniente fiarlo todo al tiempo, efectivamente muchos problemas no se resuelven dejando pasar el tiempo, la estrategia del avestruz es mala consejera cuando estamos tratando con determinado tipo de problemas, pero ¿sabemos discriminar este tipo de problemas de los que resuelven solos?

No, no sabemos y aun más: estamos persuadidos de que haciendo algo nos tranquilizaremos, es por eso que siempre hacemos algo, no podemos estarnos quietos, tenemos que movernos, ejecutar algún tipo de acción, aunque a veces sea para dudar.

Dudar es una pasión, un vicio y lo hacemos para no decidirnos.

Aquel que no quiere tomar decisiones lo hace porque es un mal perdedor y un mal perdedor siempre acaba perdiendo porque no sabe aprovechar sus oportunidades: aquellas donde podría ganar. De manera que si usted tiene el vicio de dudar convénzase de que haga lo que haga se equivocará.

Y se equivocará porque aprés coup todo parece diferente a lo que era en el momento en que se tomó la decisión, pero el apres coup acontece después , es como hacer una quiniela el lunes. Ahí no hay error posible, pero el que opera asi en su vida no es solo un cobarde sino un tramposo y como no es posible hacer trampas a la vida lo más seguro es que sea un ser resentido e ineficaz.

Y estos son los que inventan pseudoproblemas por lo que remito al lector al principio del post.

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6 comentarios en “¿Qué es un problema?

  1. Mi seudónimo en Internet es auradigital, lo leo y disfruto desde hace dos meses pero parece que han sido años, para mi es como un ángel digital.

    ¿Y si me he percatado que he sido un cobarde y un tramposo durante la mayoría de mi vida, tengo 27, pero de alguna forma el resentimiento e ineficacia lo he sabido disfrazar lo que me ha permitido seguir jugando a lo que realmente no me llena?

    Dudar es una pasión. ¿No se le puede dar un poco mas de tiempo a un apasionado?

  2. Lo importante es saber a qué se juega, pues cualquier juego es licito dentro de eso que hemos llamado autoconciencia, ahi no hay engaño.
    Y si dudar es una pasión tan legitima como aburrirse. Un pecado capital descatalogado.

  3. Me hace usted pensar ahora que hay algo curioso, y es que el mismo problema visto por dos personas -siendo el mismo- parezca tan distinto. Y aún más, que el mismo problema visto en un estado de conciencia o en otro también parezca totalmente distinto (no pongo ejemplos porque es evidente que es así).
    Buenísimo, maitre.

  4. Lo he leido con enoooooorme retraso, pero me ha gustado. Me voy a quedar con una frase aunque me he apuntado varias:”No necesitamos equivocarnos continuamente para aprender, basta confiar en la experiencia de otros”. Me parece que hay gente que no se lo cree… ¿que tipo de problema tenemos entonces? ¿que pasa si prefieren utilizar la técnica de las ratas?

  5. El modelo heuristico (ensayo-error) es el que usan las ratas y muchas personas humanas para resolver problemas convencionales o domesticables (verdadero-falso). Sin embargo es el ideal para acercarse a los problemas wicked (endemoniados) que no tienen una solución clara o cuando ni siquiera el problema puede ser enunciado.
    ese tipo de problemas donde decimos:
    “La solución del problema es el problema”
    Aqui el modelo heuristico es el unico posible.

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