Robots enamorados

amorsexo

David Levy es uno de los gurus de la inteligencia artificial, profesor de la universidad de Maastrich y que vuelve al primer plano de la actualidad por un libro transgresor y provocador sobre el futuro que nos espera a través de las aplicaciones prácticas de la robótica. Un futuro que nos acerca a las predicciones de la ciencia ficción y a los amoríos de películas tales como la de “Blade runner”, un futuro que ya parece estar aquí a través de un libro que acaba de publicar Paidós sobre Sexo y amor con robots” y en el que hace la predicción de que en unos cuarenta años estarán ya disponibles los primeros robots para uso sexual.

Y yo estoy seguro de que será así y lo estoy porque la ciencia avanza en función del beneficio económico y no tanto de las necesidades más “elevadas” del pueblo llano. Es por eso que existe Internet -gracias a la pornografía y a los negocios- y no tanto por esa mística de la red global en la que algunos aun creen, aunque es cierto que gracias a la pornografía y a los negocios -aun militares- algunos podemos escribir blogs como este que no podríamos escribir en ningún otro lugar. Pero hay que despertar amigos y este post es un post-despertador, en él analizaré precisamente lo que dice Levy y lo que dicen también otros ingenuos que aun no han entendido en qué mundo viven.

Vivimos en un mundo donde no existe eso que se ha llamado “igualdad de oportunidades” y me estoy refiriendo ahora a las oportunidades sexuales, esa actividad que tanto tiempo y energias consume en los humanos. Las reglas de acceso de un sexo a otro son reglas no escritas, desdibujadas y ocultas en la trama de la sociabilidad, de la cultura y de las convenciones sociales. A ello hay que sumar las mentiras y la hipocresía que existe en los temas distributivos de hembras y hombres, las diferentes expectativas que los humanos tenemos del otro sexo y la ignorancia de las reglas que debemos poner en marcha para negociar una relación que nos satisfaga. Los feos y las feas, los bajitos, los pobres, los “mala patas” y de carácter difícil lo tienen muy complicado para agenciarse una pareja satisfactoria, como los enfermos, los viejos o los aburridos.

Un tema sobre el que el propio Marx hubo de pronunciarse cuando sus seguidores imaginaron el socialismo como un edén exclusivo para hombres: donde la libre accesibilidad a las mujeres sería su premio en la tierra a su proselitismo. Marx -y cito de memoria- salió al paso en sus “Manuscritos” de esta idea decepcionando a algunos sobre en qué consistía el socialismo e igualando a los que lo pensaban en clave de repartición de hembras con la codicia de los explotadores capitalistas. Marx no acabó de resolver el gran tema del ser humano ¿Por qué él si y yo no? o ¿qué tiene ella que no tenga yo?

Las reglas sobre las que se basan los intercambios sexuales son- para aquellos que aun lo sepan- estas dos: la belleza y el poder. Sin ninguna clase de belleza o poder está usted condenado a pasar la mano por la pared, amigo/a. Y además una contradicción: los hombres buscan el sexo anónimo y las mujeres el compromiso, una dificultad añadida para que el socialismo en el que pensaban las mujeres se asemeje en algo el socialismo inventado por los hombres.

Es por eso que han tenido tanto éxito las sexual dolls, las muñecas siliconadas e hinchables que dicen que están haciendo furor en China tal y como comenté en este post. Pero todo mejora y ahora estas muñecas están siendo perfeccionadas para que tengan espacios de su cuerpo vibrátiles e incluso que tengan voz propia para comunicarse aun con jadeos u onomatopeyas con su dueño. Todo es cuestión de tiempo y llegará a construirse una de esas muñecas hechas al gusto de los hombres que competirán con las mujeres “verdaderas” al menos en prestaciones. Y si no lo creen vean esta foto, ¿es real o una muñeca?

Es evidente que es una muñeca siliconada pero la ingenieria está avanzando a pasos agigantados tal y como predecía la ley de Moore y es esta predicción la que sirve de pretexto al libro de Levy que asegura un futuro de robots de quita y pon diseñados para cultivar nuestros deseos sexuales más abyectos.

El gran obstáculo que existe entre los humanos para una relación sexual satisfactoria es la existencia de dos subjetividades bien distintas, la del hombre y la de la mujer, que son difícilmente compatibles al menos en el largo plazo, es por eso que Levy prevee un gran futuro para la industria de la robótica con fines sexuales.

¿Se imaginan ustedes qué sucedería si pudieramos diseñar un robot con apariencia humana para nuestros escarceos sexuales?

El asunto que plantea Levy es que esos robots con apariencia humana serian tan parecidos a nosotros, los humanos de verdad que serian difícilmente reconocibles. La ingeniería robótica ya ha avanzado lo suficiente para saber que un robot necesita moverse para ser realmente inteligente, para tener una conciencia recursiva que es lo que diferencia al humano de una mascota. Mi perro tiene una mente pero no sabe que tiene un Yo independiente del mio, ni siquiera tiene una subjetividad, simplemente tiene instintos que llevan a repetir constantemente una serie de rutinas y a saber que soy yo quien le da de comer. Mi perro no me ama como un ser humano pero la palabra “amor” en un perro carece de sentido, tampoco es posible sustituirla por la palabra “interés” porque los perros no tienen intereses sino simplemente instintos y es su instinto gregario y territorial el que le lleva a reconocerme como macho alfa de su manada. Y me seguirá reconociendo como tal aunque lo maltrate, no le de de comer o le abandone.

El problema de las mascotas es que aprenden muy poco y no son capaces de sentir lo que yo siento, ni de adelantarse a mis deseos, son bastante torpes en eso y sobre todo son incapaces de tener sentimientos o emociones parecidas a los de los humanos. Lo que plantea precisamente Levy es que los robots del futuro tendrán sentimientos y podrán diseñarse con emociones concretas según el gusto del consumidor, al tiempo que los robots serán capaces de “leer” la mente de sus dueños o sea que tendrán una “teoria de la mente“. Evidentemente no se tratará de emociones genuinas, como sucede en los humanos, será un “como si”, una simulación pero indistinguible de las emociones “verdaderas”que poseemos algunos de nosotros.

Lo que nos lleva a plantearnos qué es una emoción genuina y una emoción simulada.

La verdad del asunto es que no lo sabemos, ¿es el cariño de una prostituta genuino o ficticio? En este caso es muy fácil, pero ¿qué sucede en el resto de los supuestos humanos donde está en juego una emoción? Si descontamos el amor de una madre por sus hijos -amor egoísta donde los haya- ¿podemos estar seguros de que el cariño que alguien nos tiene es verdadero lejos de ese supuesto de la maternidad?, ¿existe algún supuesto que diluya esta duda? Y en cualquier caso ¿qué significa una emoción verdadera de una simulada? Pondré un ejemplo del corazón, ¿el amor de Carla Bruni por Nicolas Sarkozy es verdadero o simulado?

Nadie lo sabe pero lo peor de todo es que ni ellos mismos lo saben, están capturados por la incertidumbre. La condición de lo humano.

No podemos nunca estar seguros de que nos aman o amamos de verdad o de si se trata de un buen simulacro. Más allá de eso tampoco podemos estar seguros de que el amor no lleve adosado el peaje de los celos, de la envidia o de la codicia, esqueletos del armario que siempre andan merodeando por los senderos del amor, pues se puede amar a alguien para sí y en exclusiva coartando la libertad del otro, – el amor materno nos da buenas pruebas de ello- demostrando que se puede amar a alguien envenenando ese mismo amor con la peste de la envidia o la posesividad. De esos materiales están hechos los amores humanos, algo que conocemos en psicología con el nombre de ambivalencia, tan frecuente y homicida y a la que nunca prestamos demasiada atención imbuidos como estamos de la idea romántica de que el amor es desinteresado.

Los robots sexuales se instalarán precisamente en esa grieta de discontinuidad que preside las relaciones humanas y para muchos serán preferibles a las personas de carne y hueso debido precisamente a la certidumbre de nuestra relación con ellos. Las cosas serán como hayamos diseñado que sean según un menú desplegable donde podremos componer nuestros gustos y a veces descubrirlos si es que no los conocemos aún. Es posible que algunos de nosotros humanos deseemos, después de todo, ser robots.

Pero de lo que se trata no es que suceda una rebelión de robots como plantean algunas películas de ciencia ficción, ni de que se reproduzcan o de que creen versiones mejoradas de sí mismos sino de que nos sirvan, tanto para trabajar, como para hacer de policías o de amantes. En realidad estas películas plantean situaciones extremas que nos son esperables para esos cuarenta años de los que habla Levy, pero si que para entonces hayamos conseguidos robots tan parecidos a los humanos que se haga difícil la discriminación.

Porque ser robot tendrá algunas ventajas morales sobre el ser humano, para empezar y dado que no podrán tener emociones genuinas como nosotros, carecerán de libre albedrío. No podrán decidir salvo en aquello que les hayamos enseñado a decidir, podrán por tanto mostrarse enamorados si usted quiere un robot enamorado o como bailarines si lo que usted desea es un acompañante bailarín (el ideal de las mujeres). Sus emociones serán simulacros pero usted no podrá discriminar el amor verdadero del fingido de tan parecido que le resultará, además usted podrá acabar enamorado de uno de esos seres buenos, dóciles y sin subjetividad que terminará por hacerles la vida más fácil, sencilla y feliz y si usted lo desea podrá programarlos para hablar de filosofia o incluso para discutir si esa es su pasión.

Dicho de otro modo, los robots serán con total seguridad una realidad en el tiempo en que los ingenieros descubran como implementarlos de los circuitos necesarios y de hecho es muy probable que nos cambien la vida, ¿quién optará entonces por un humano? La ventaja metafísica de relacionarse con un robot es que al carecer de libertad el robot no podrá nunca ser ambivalente (amar y odiar al mismo tiempo a alguien), pero la libertad no debe confundirse con el concepto sistémico de “condiciones de libertad del sistema” que significa si el azar podrá o no contribuir a la conducta de la máquina. Podremos elegir el grado de incertidumbre que exigimos a nuestro robot pero él nunca será libre. No podrá odiarnos si no está programado para ello pero podrá enfadarse si nos apetece tener en casa una máquina parecida a lo que entendemos como “calor humano”.

Solo hay que recordar el éxito que han tenido nuestras mascotas como dadores de “amor”, esperen a la próxima generación de robots y los humanos nos tendremos que espabilar para competir con esos engendros.

¿Ventajas? Evidentemente se tratará de un precio prohibitivo (poco más que un Ferrari) pero ni comen, ni duermen, ni envejecen.

O sea la solución para la humanidad, Levy plantea que serán una solución para violadores y pederastas, para maltratadores y para las cadenas de producción.

Pero desde mi punto de vista lo que nos aportarán será un modelo nuevo y desinteresado de afecto ¿simulado?, un amor total y sin condiciones, así lo programaría yo, ¿y usted?

Y no me preocuparía demasiado de si ese amor era simulado, a fin de cuentas ¿cómo saberlo?

¿Podría usted discriminarlo en esta fotografía?

11 comentarios en “Robots enamorados

  1. Conmigo que no cuenten, prefiero la duda carnal, la paradoja humana, los “te amo” con mirada ida que nunca tendrá un robot por más carnoso que sea, porque ellos nunca sabrán que no saben ni se les llenan los cables de endorfinas y opiáceos y esas cositas tan bonitas.
    Y así.

  2. Podremos programarlos para que nos amen en la medida y de la manera que querramos…. Nos daran amor desinteresado y sincero, sin condiciones, un amor total…Hasta tendran una mirada ida…y sabran decir ” te amo” en el tono de voz que hemos elegido para la circunstancia… Pero hay algo que no podran… no podran garantizarnos que terminaremos rendidos de amor por ‘el… Que podremos sentir que el corazon nos estalla y cada celula de nuestro cuerpo convulsiona al mirarlo extasiada de admiracion… El amor nos hace admirar la belleza del mas feo, la sociabilidad del mas inexpresivo, la elegancia del mas bajo, etc…

  3. Difícil, RC, ya sabe que usted tiene más carisma para las féminas…:)
    Pero discrepo de Angeles en que (a) un robot pueda tener nunca una mirada como aquella a la que me refería (las palabras quedan pobres, lo sé..); en todo caso el tono de la voz, si es programado, personalmente no le encuentro tanta gracia como si es autónomo, pero admito que es una opinión muy particular; (b) en “sin condiciones”: siempre que estén enchufados o no se queden sin batería; (c) en tercer lugar, discrepo pues pienso que esa “garantía” no es saludable ponerla en manos del otro como si se tratara de una responsabilidad o un seguro de vida: el que las féminas terminemos -o no- rendidas de amor, de admiración u otro sentimiento igual de hermoso, yo creo que no está sólo ni en manos de él, ni de ella, sino de la esencia del vínculo. O de Eros, chi lo sa. En lo último sí estoy más de acuerdo.

  4. Aun asi sean perfectamente iguales en apariencia a nostros, creo que no nos podriamos enamorar de ellos porque siempre sabriamos que son solo robots con simulaciones de emociones, ademas, como comenta Ana di Zacco a los seres humanos nos atrae siempre lo improbable, lo ambivalente, eso esta nuestra naturaleza. Creo que a lo mas nos acostumbrariamos a ellos, como quien se acostumbra a su casa, o cuando nos sentamos frente al televisor a ver lo que queramos. Con relacion a que seria una solucion para los violadores o demas perfidos que conviven con nosotros, no lo creo por lo mismo que dije anteriormente, que estos siempre sabran que no estan satisfaciendo sus instintos con un ser humano, asi que seguiran en busca de conseguir una satisfaccion a su pervesion con alguien quien sienta emociones de verdad, alguien a quien puedan hacer sufrir y los puedan odiar de verdad.

  5. 2 vídeos de corte transhumano que da una visión mas idílica de la inteligencia artificial, relacionándola con las redes. No es mas que una herramienta y todo depende del uso que le demos y como construyamos a “la gran máquina”. Pronto, cuando las máquinas pasen el famoso Test de Turing, no sabremos si el interlocutor es humano o de silicio, y esto nos acerca a la primera singularidad tecnológica de la historia de la humanidad.

  6. Técnicamente es difícil conseguir un robot indistinguible de un humano. La base tendría que ser biológica y las restricciones (pej no odiar o no matar) influirían mucho sobre el resto de los comportamientos, incluido un lenguaje no verbal que nos sería extraño y posiblemente generador de un terror inconsciente. No obstante si todo esto se consigue, si realmente es indistinguible, creo que todos optaríamos finalmente por uno de estos “replicantes”. Sería motivo para un interesante debate.

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