Nietzsche y la hiperealidad

Ahora que estoy releyendo a Nietzsche caigo en la cuenta de que este pensador es el precursor de eso que hemos llamado modernidad y tal y como él solía decir su obra sólo podría ser entendida cien años después de su muerte.

Y le estoy releyendo intercalando la lectura de una novela de Irving Yalom con algunos de sus textos. La novela de Yalom a la que me refiero es “El dia que Nietzsche lloró” una ficción en la que se dan cita Josef Breuer – el mentor de Freud- y el propio Nietzsche que actua de terapeuta de Breuer a cambio de que Nietzsche acceda a dejarse tratar la jaqueca migrañosa que padeció durante toda su vida. Nietzsche actua como un filósofo asesor -un terapeuta- de los conflictos de Breuer y que tenían que ver con el enamoramiento obsesivo con una de sus pacientes Anna O, cuyo nombre real era Bertha Papenheim y cuyo retrato es éste:

Como puede observarse, nada del otro mundo. Claro que el pobre Breuer tuvo que lidiar con todas las estrategias de la seducción y mortificación histérica mucho antes de que su discípulo Freud descubriera la transferencia y la contratransferencia de modo que el tratamiento de Anna O. se atascó y todo se vino abajo cuando presentó todos los síntomas de un embarazo psicológico, pseudociesis que horrorizó de tal manera a Breuer que abandonó a su paciente -en manos de otro colega- y abandonó de paso el tratamiento de la histeria y su embrionario concepto de “estado hipnoide”. Breuer creía que los enlaces de los síntomas histéricos con los acontecimientos traumáticos se debian a un estado alterado de conciencia en origen y que más tarde Freud reconvirtió en el “impulso inaceptable” que vino a poner fin a la teoria traumática original.

Para aquellos que quieran profundizar sobre la esencia del trauma en la histeria visiten este post.

También existe una pelicula cuyo video publicitario está en youtube.

La gracia que tiene esta novela que se inscribe en esa moda de novelar personajes históricos dotándoles de un entorno de ficción es que podemos ver al genio de Nietzsche desenvolverse como terapeuta de un Breuer atormentado por la culpa sexual y otras culpas y al filósofo llevarle de la mano hacia una comprensión de sí mismo a través del metodo socrático: la mayeutica inspirada en la concepción nietzschiana del superhombre, el deseo de poder y otros conceptos que calaron precisamente en la mentalidad de Freud y que de paso cambiaron el mundo aunque no a la velocidad que todos desearíamos.

He elegido este texto procedente de “Humano, demasiado humano” para ilustrar precisamente lo que este blog defiende acerca de la hiperealidad: la realidad que viene decodificada por intermediarios. Es sorprendente encontrar en un texto tan antiguo las mismas ideas que han servido a los filósofos modernos para teorizar acerca de la realidad que nos viene decodificada por los medios de comunicación, es realmente fascinante observar como Nietzsche fue capaz antes de la eclosión de la televisión de vislumbrar hacia donde se dirigía el mundo. Antes de hacer comentario alguno, invito al lector a que lea este texto, denso pero profundo y esclarecedor.

“Los filósofos suelen situarse ante la vida y la experiencia -ante aquello que denominan el mundo de la apariencia-, como ante un cuadro que estuviese desplegado de una vez por todas y mostrase el mismo acontecer de forma invariablemente fija: ellos opinan que hay que interpretar correctamente este acontecer para de esa manera obtener la esencia que ha producido el cuadro; es decir, la cosa en sí que siempre suele considerarse como la razón suficiente del mundo de la apariencia. Por el contrario, lógicos más estrictos, tras haber dilucidado agudamente el concepto de lo metafísico como el concepto de lo incondicionado y, en consecuencia, también como el de lo incondicionante, han puesto en duda toda conexión entre lo incondicionado (el mundo metafísico) y el mundo que nos es conocido: de modo que en el fenómeno no aparece para nada la cosa en si, y se ha de rechazar, por tanto, todo tipo de conclusión sobre ésta que haya partido de aquél. Por ambas partes, sin embargo, se ha desatendido la posibilidad de que aquel cuadro -eso que ahora para nosotros los hombres significa vida y experiencia-, haya devenido gradualmente, que, en efecto, todavía esté por completo en devenir y que, por ello, no deba ser considerado como cantidad fija de la que fuese lícito sacar, o incluso solamente rechazar, alguna conclusión sobre el autor (la razón suficiente.) Puesto que desde hace milenios hemos visto el mundo con pretensiones morales, estéticas y religiosas, con ciega inclinación, pasión o temor, y nos hemos entregado con placer a las groserías del pensamiento ilógico, por todo ello este mundo se ha convertido poco a poco en tan maravillosamente multicolor, terrible, profundo de significación y lleno de alma que ha tomado color, – pero nosotros hemos sido los coloristas: el intelecto humano ha dejado que el fenómeno apareciera y ha introducido en las cosas sus erróneas concepciones fundamentales. Tarde, muy tarde – vuelve en sí: y ahora el mundo de la experiencia y la cosa en sí le parecen tan extraordinariamente distintos y separados que rechaza que de aquél se saquen conclusiones sobre ésta – o de una forma horriblemente misteriosa exige la renuncia de nuestro intelecto y de nuestra voluntad personal: para llegar a lo esencial haciéndose esencial. Otros, en cambio, han recogido todos los rasgos característicos de nuestro mundo de la apariencia -esto es, de la representación del mundo tramada partiendo de equivocaciones intelectuales y heredada por nosotros-, y en lugar de declarar culpable al intelecto han acusado a la esencia de las cosas de ser la causa de ese efectivo y muy inquietante carácter del mundo y han predicado la redención del ser. – El continuo y laborioso proceso de la ciencia acabará de forma decisiva con todas estas concepciones. Dicho proceso alguna vez celebrará por fin su máximo triunfo mediante una historia de la génesis del pensamiento, cuyo resultado quizá podría resumirse en esta frase: lo que nosotros ahora denominamos mundo es el resultado de muchas equivocaciones y fantasías que se formaron poco a poco en la evolución global de los seres orgánicos, que han crecido entrelazándose y ahora las heredamos como tesoro acumulado de todo el pasado, – como tesoro: porque sobre él descansa el valor de nuestra humanidad. De este mundo de la representación la ciencia estricta sólo nos puede desligar, de hecho, en pequeña medida – y en absoluto es de desear que lo haga, en tanto en cuanto no pueda romper esencialmente la violencia de antiquísimos hábitos de la sensación: la ciencia puede, sin embargo, clarificar poco a poco y paso a paso la historia de la génesis de aquel mundo como representación – y elevarnos, al menos por momentos, por encima de todo el proceso. Quizá reconozcamos entonces que la cosa en sí merece una sonrisa homérica: porque parecía mucho, incluso todo, y propiamente esta vacía, es decir, vacía de significación”.

Lo que Nietzsche d euna manera profética nos quiere decir son estas cosas:

  • El noumeno kantiano, la representación de las cosas que nos hacemos los humanos, desde Dios hasta cualquier idea como la libertad, etc, son entidades inmateriales que proceden del mundo sensible de la experiencia fenoménica individual, es decir son fruto del pensamiento.
  • Lacan que denominaba precisamente al noumeno kantiano con el nombre de lo Real, lo definió “como aquello que no existe” y desde donde vuelve, retorna todo lo que ha dejado de ser campo fenoménico para transformarse en noumeno, la “cosa en si”, que se supone como las Ideas platónicas que viven en algún desconocido limbo.
  • Es sorprendente que Nietzsche hable del borramiento entre experiencia fenoménica y experiencia noumenica porque eso es precisamente el artificio de donde emanan los conflictos del hombre moderno, del hombre saturado por las imágenes, por la información, por los falsos discursos, del hombre zapeador de los informativos televisivos, un hombre cuya experiencia fenoménica se mezcla con la noumenica y no sabe nombrarla a partir precisamente de esa confusión entre realidad y representación.
  • Nietzsche no confía en la ciencia, porque al mismo tiempo que le otorga el papel de desvelar todas las falsedades que se ocultan tras lo noumenico tambien es consciente de que la ciencia como la filosofía se ocupan de transformar ese espacio incognoscible que ocupa por derecho la “cosa en si” y se da cuenta de que en esa transformación del mundo ocurre un hecho paradójico: a más conocimiento más fortalecimiento de la “cosa en si” y de sus correlatos supersticiosos que se transforman, disfrazan y cambian de lugar. La única oportunidad es la de transformar y podar definitivamente ese noumeno de tal manera que el intelecto se desprenda definitivamente de su necesidad de existir para el hombre. Muerto Dios, no cabe mas noumeno que un Superhombre, es decir un hombre completamente diferente al que conocemos en nuestra experiencia sensible y que sea capaz de curarse de la nostalgia de lo noumenico.
  • Por fin Nietzsche nos habla de la composición misma del noumeno, en ese párrafo final donde asegura que si pudieramos verle la cara nos encontraríamos con el vacio absoluto, es decir con la nada, puesto que el tal noumeno, la “cosa en si” no existe en si misma, sino que es un subproducto del pensamiento humano al pensar en si mismo o en su mundo.

Lo sensible del fenómeno se transformó – a través del pensamiento humano- en lo intangible del noumeno de forma acumulativa, basura de la civilización, como en un enorme depósito donde las bolsas, los materiales de desecho y lo indigerible se hubieran convertido en un lastre que los humanos debemos portar con nosotros como defensa a lo que somos: fenómenos y nada más que eso.

Ya nada menos.

4 comentarios en “Nietzsche y la hiperealidad

  1. “a más conocimiento más fortalecimiento de la “cosa en si””
    Me hace pensar en la casi imperceptible influencia filosófica de la cuántica, esa metafísica o más-allá-de la física, con cuyo “más conocimiento” más se acerca uno a la idea de ese noúmeno y a implacables realidades que ese zapeador de telediarios que cita de pasada osa introducir en su nihilismo particular ni en su vacío.
    “de tal manera que el intelecto se desprenda definitivamente de..” Desprenderse de. Restar cortazariano. Deshecho del escultor para hacer relucir esa verdad de la escultura escondida. Revelación.
    Pero qué bello suena explicado por usted, RC, incluso si somos eso, fenómenos sensibles. Platón-1, Aris-0. ¿habrá prórroga de penalties? ¿Será el árbitro un Ubermensch hiperreal?
    Genial…

  2. Nietszche es un poeta filósofo que rescata el decir del vebro interior, pero este decir, que se parece a la poesis cuantificadora de la ciencia, es un Simbolo, que no debe confundirse con la esencia o eidos que expresa. En tanto los artistas y cientificos pueden asesinar a todos los simbolos, asesinato ritual que crea un nuevo anti-simbolo, el Vacio, no puede “forcluir” la esencia, porque esta nunca se expresa, lo que se expresa es la razón sensible, no el eidos, por eso, Freud, Nietzche y su Posmodernidad, no han entendido, apenas, el pensar griego sobre la música – poesis de este Eidos, un vacio inefable y lleno de significación, no solo nuestra significación y nuestros “dioses” sino lo Imprevisible, lo Indeterminado, la Libertdad, que de ese vacio (eidos, idea pura) dimana, asi como el Testigo Silencioso estaba presente, sin ser visto, bajo la “pantalla del sueño” del acaecer onirico de Anna Freud.

  3. ” Es sorprendente que Nietzsche hable del borramiento entre experiencia fenoménica y experiencia noumenica porque eso es precisamente el artificio de donde emanan los conflictos del hombre moderno, del hombre saturado por las imágenes, por la información, por los falsos discursos, del hombre zapeador de los informativos televisivos, un hombre cuya experiencia fenoménica se mezcla con la noumenica y no sabe nombrarla a partir precisamente de esa confusión entre realidad y representación ”

    Sí, este es el gran mal del S.XXI, la confusión de planos y coexistencia de numerosas experiencias aparentemente portadoras todas de la misma carga de realidad.

    La confusión creo que no se produce entre la realidad y la representación sino en no saber distinguir entre las distintos niveles de repesentación que hay y considerarlos todos a la par. Esto inevitablemente lleva a una falta correcta de simbolización porque las vías de conocimiento del entorno no aportan todas la misma cantidad de datos y la conciencia adquirida no es la misma. Una cosa es la interpretación de datos verosímiles y otra la adquisición de datos físicos donde las imágenes son un aporte importante pero no el único o fundamental.

    Tampoco creo que se pueda hablar de la ciencia como un bloque homegéneo al que aplicarle determinadas cualidades, cada dsciplina científica y dentro de ella dependiendo del objeto de estudio llevado a cabo tendrá una valoración diferente en cuanto a la aportación explicativa de aquello que llamamos realidad y que desde luego su existencia es independiente del hombre y de la cosa en sí.

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