Bella y bestia soy

A todos aquellos que aun se hagan preguntas sobre el amor -esa insondable decisión del ser- les recomiendo que vuelvan a ver King Kong, una película de esas que han sido versionadas un sin fin de veces y que ayer volvi a ver en su última versión -la del 2005-, llena de efectos especiales, una pelicula entre “El señor de los anillos” y la aventuras de “Indiana Jones” que pese a no contar con una rubia de nivel como Jessica Lange no puede eludir el enfrentar las grandes preguntas de la naturaleza humana: el enfrentamiento entre la pulsión biológica, descarnada y ciega y su domesticación civilizadora.

King Kong no es sólo un simio gigantesco sino una metáfora de lo instintivo más allá de la realidad del instinto animal, puesto que no existen simios de ese tamaño aterrador, King Kong sirve como andamiaje imaginario de lo que entendemos como pulsión, la trieb freudiana, parcializada, fragmentada, oscura y destructiva, King Kong representa pues a la pulsión humana y sus destinos no son más que dos:

  • el camino del mal
  • el camino de la civilización algo que sólo consigue transformar el amor.

El amor es pues la redención de la pulsión, su conversión en deseo proporciona a la pulsión ojos y oidos, tacto y palabras, un andamiaje para que se transforme en deseo humano. Algo así parece sucederle al monstruo cuando se “enamora” de la rubia de turno que en la versión de 1976 contaba con este animal erótico, nada menos que Jessica Lange en edad de merecer.

La historia de la redención de la pulsión a través de ese enlace entre sujeto y objeto que llamamos amor es bien conocida a través de la literatura: cuentos, leyendas y mitos, el más conocido de los cuales y parece ser el tronco comun de donde salió esta historia del mono enamorado, es “La bella y la bestia“, otro relato del que se conocen múltiples versiones y que probablemente es antiguo y presente en casi todas las culturas. De hecho se atribuye a Apuleyo en sus “Metamorfosis” tanto el relato de la bella y la bestia como el mito de Cupido y Psiqué que parece ser el antecesor común de estos cuentos sobre el alma y sus coordenadas relativas al deseo y los vericuetos del amor:el enlace entre el deseo y su objeto.

Todas las “bellas” de este universal relato tienen algo en común: todas son raptadas por alguien, son sacrificadas para salvaguardar el bienestar de su familia o se ofrecen voluntarias para el sacrificio. Es desde esta posición de fuerza que entran en contacto con la bestia y es desde esa posición que consiguen civilizarla perdiendo de paso su inocencia núbil. Todo parece indicar pues que las relaciones que se establecen entre el deseo y la pulsión son retrógradas, es decir fruto de un rapto o paroxismo, de un viaje hacia dentro que las bellas recorren contra los impulsos de su naturaleza, en efecto sólo los héroes recorren ese camino de descenso de arriba a abajo o desde la superficie al interior por propia voluntad. Pero es verdad que todo deseo obtiene su fuerza y su impulso vital de la pulsión y que todo deseo debe asomarse de vez en cuando a la pulsión para recargar las pilas y que resulte posible seguir deseando pues sin deseo el hombre cae en manos de la pulsión ciega o bien perece de acedia o de aburrimiento, de melancolía.

Otra de las versiones del mismo tema es la conocida obra de Gaston Leroux titulada “El fantasma de la ópera“, en ella Cristine opera como la incitadora del deseo del fantasma, un compositor que habita en los laberinticos sótanos de la opera y desde alli maneja asu antojo a los administradores del teatro imponiendo sus gustos y sus preferencias. Naturalmente Cristine forma parte de esa preferencia pues el fantasma está enamorado de ella.

Y es por eso que la rapta, nótese como la rapta del mismo modo como Hades rapta a Perséfone, por la fuerza y la lleva al mundo subterráneo, al infierno, en este caso a los sótanos del edificio, instalado sobre una laguna. Y lo hace a través del espejo

Disney también entró a saco sobre el asunto con una propuesta descafeinada sobre el asunto del deseo, pasando de puntillas para hacer de la historia un consumible para todos los públicos. En este video puede obervarse la versión de dibujos animados de mismo tema.

Pero la moraleja no es que Belle doma a la bestia a partir de su bondad como parece querernos decir el moralista Disney sino que deshace el sortilegio de la Bestia que estaba apresada en un monstruo merced a un hechizo anterior de una bruja. Es solamente cuando ella cede a sus intentos de seducción y pronuncia la frase mágica “Si quiero” cuando la Bestia deja de ser bestia y se convierte en un apuesto principe. Y este es el regalo al que toda niña sin pulsiones conocidas -es decir inocente- aspira, un principe azul, bello, tierno y rico si es posible claro. La pulsión se pierde en la transformación y solo queda el amor, ese amor del cuento que nos asegura una felicidad eterna y que tanto llama la atención de las niñas en esa edad de merecer.

Pero a veces el monstruo no puede ser derrotado sino por el ejército, esa es la propuesta un poco belicista que nos hace King Kong. Reducido a cautividad, a ser mostrado como un animal de circo, el gorila enamorado de una rubia es llevado a Nueva York con la intención de exhibirlo en plan circense. Pero King -la pulsión-es irreductible, es por eso que se encarama a sus rascacielos -simbolo fálico por antonomasia- y desde alli y después de encontrar a su amada es abatido por la fuerza aerea. Al final rubia y galán reencontrados de si mismos y a sabiendas de qué cosa es el deseo se funden en ese amor parejil que precisa del sacrificio de algo para remontar el vuelo, en este caso la muerte de la pulsión y la elección del camino del amor doméstico.

Las heroinas del “Fantasma” y de King Kong no resultan tan insoportablemente beatas como Belle, en efecto, al menos ellas se han asomado a ese pozo sin fondo de lo instintivo y se llevan un “rollo” de lo más ambiguo con sus bestias interiores. Cristine más que raptada por el fantasma se encuentra fascinada por la naturaleza de su relación con él que la distingue de todas sus competidoras y que de alguna forma la protege de sí misma y de los demás, el problema es que Cristine se cree señalada por el destino en forma de “Angel of music”. Al final Raul se lleva su trofeo y el amor se impone, al fin y al cabo el fantasma no era más que eso, una imaginación de la propia Cristine: es por eso -que al menos en la versión del musical– desaparece cuando está a punto de ser apresado.

Un fantasma no puede enjaularse, pues no es más que un acicate del deseo y carece de vida real.

Y son los besos son que rompen el hechizo.

2 comentarios en “Bella y bestia soy

  1. Tras tus últimas lecciones de aquí ya no es posible llamar instinto a la pulsión (ni al revés), pero además este post es tan rico en interpretación de metáforas que quita el sueño y el cerebro salivea con líquido cefalorraquídeo… Qué bonitos los monstruos apresados en sortilegios de brujas, qué tierno que las princesas durmientes digan la palabra mágica y ellos se conviertan por la magia del amor en hombres nuevos renacidos, cuántos poderes se esconden en los besos, qué dulces son a veces las espirales replegadas en el mito… Y qué linda es la música de tus narraciones, arte donde lo haya.

  2. ¡ Hay que ver qué malas son algunas brujas ¡
    También hay brujos que invocan al espíritu vital, a Psique, no sólo Afroditas celosas de la belleza de una joven como en el cuento de Blancanieves, muy instructivo por otra parte.

    Bellas, bestias y aprendices de brujos:

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