El deseo vertiginoso del otro

Seguramente ” Vértigo” es una de esas películas cuyo guión no se sostiene demasiado en pie por sí mismo, o es más bien efectista, banal o incongruente pero el producto que sale del laboratorio del genio, en este caso Hitchcock es una obra de arte. Hitchcock se inspiró en una novela titulada “De entre los muertos” escrita por un tal Boileau que contiene algunas diferencias con la obra cinematográfica. Para empezar Scotty, el detective encarnado por James Stewart es impotente en la novela mientras que en la película este dato no se le brinda al espectador sino a través de la simbologia fálica de todo el decorado, torres, escaleras, bastones, alturas, caidas, desvanecimientos, etc tan omnipresente en el cine de Hitchcock.

Es curioso como este actor, James Stewart, contiene en su físico y en su personalidad todos estos resortes que seguramente eran una obsesión para el propio Hitchcock y no tanto del magnífico Stewart, un antihéroe, de esos que todos hubieramos deseado tener como hermano mayor. Hitchcock explota este aspecto vulnerable y tierno como el de un monaguillo perverso a James Stewart tanto en esta pelicula como en “La ventana indiscreta” donde tiene que vérselas nada más y nada menos que con Grace Kelly tratando de llevarlo al huerto y haciendo el mismo papel de huidizo o impotente varón.

Aqui tampoco tiene a una partenaire cualquiera sino a la potente e imponente Kim Novak un prodigio sexual de aquellos que tanto miedo daban a los hombres de los años 50 y que temian dar un gatillazo (antes de que se inventara el Viagra); eso parece que le pasa a James Stewart (Scotty en la pelicula), un detective traumatizado por la muerte de un compañero al que no pudo ayudar por su horror a las alturas. Un temor que trata de vencer apoyándose en una especie de amiga que hace las veces de terapeuta no logrando grandes avances en su fobia a pesar de su esfuerzo por exponerle a lo temido.

Es curioso como el psicoanálisis ha tenido más éxito en el mundo del arte que en el mundo de la ciencia. No hace falta decir que el cine de Hitchcock está lleno de referencias psicoanalíticas tanto de forma directa como en “Recuerda” con aquellas escenas de sueños fantásticos imaginadas por Dalí o de forma indirecta en casi todas sus peliculas, como en “Rebeca”, “Los pájaros” o en esta misma que me ocupa ahora “Vértigo“, una pelicula que tiene más interés psicoanalítico que el guión o la historia en sí misma que es más bien inverosimil.

En esta novela de Slavoj Zizec se encuentran algunas claves del cine de Hitchcock a la luz de los desarrollos postfreudianos propiciados por Jacques Lacan y donde podemos observar y reflexionar acerca de cómo lo imposible y lo prohibido acaban fundiéndose en lo inalcanzable que precisamente por situarse en el campo del deseo termina por tomar el mando de la conducta humana: se trata del Gran Amo al que no podemos rendir sino pleitesía.

En este articulo podemos profundizar más en la mirada, el ojo y la función del cine en intersección con el psicoanálisis.

Y en esta otra hay una antología de la obra de Zizec.

En este post ya abordé el tema del fetichismo en Hitchcock de manera que en esta ocasión me voy a ceñir a la historia que narra en “Vértigo” y que no es otra cosa sino el tema de la alteridad en cuanto al deseo femenino y que lleva colgando otro tema ¿es la muerte un limite para el amor? y este otro ¿a quién se ama cuando se ama?

Kim Novak encarna en esta película a dos mujeres diferentes, Madeleine y Judy, la primera es la esposa de un mandamás que contrata a Scottie para que la siga porque sospecha que su mujer está poseída por el espiritu de su abuela. En realidad todo es una trampa para convertir al ingenuo Scottie en cómplice indirecto de una trama donde Madeleine será asesinada simulando un accidente. Pero en realidad Madeleine no es Madeleine sino una actriz contratada para llevar a cabo el engaño: Judy no es sino una impostora que desempeña un papel, el papel de Madeleine, pero da la casualidad de que Scottie caba obsesionándose con Madeleine y enamorándose de ella llegando a creer que está realmente poseida por el espiritu de su abuela. Scottie no sabe muy bien a qué atenerse puesto que su amor por Madeleine parece enmascarar su amor por la muerta abuela. Sea como sea a través de esta relación que llega a mantener relaciones sexuales con Madeleine, eso parece querer decirnos Hitchcock al menos.

Pero al parecer Madeleine ha muerto y Scottie no puede hacer otra cosa sino buscarla a través de todas las mujeres de S. Francisco, ¿como renunciar a quien habia sido capaz de reanimar a un muerto? Scottie trata de resucitarla de entre los muertos y es asi como descubre a alguien que se le parece, se trata de Judy una actriz de poca monta que accede poco a poco a los deseos de Scottie que no son otros sino conseguir en ella una transformación que le devuelva a Madeleine. Al principio se resiste pero Scottie -dominante- la fuerza a seguir en ese camino de transformación, en donde ella al final de un retoque definitivo en su peinado acaba identificándose con la muerta a la que Scottie ama.

Vale la pena ver esta escena, una de las más bellas de la historia del cine, por la iluminación y por la banda sonora que la acompaña, Judy parece emerger de entre los muertos, en una escena que remeda lo sobrenatural más que lo onírico. Kim Novak espléndida se ofrece al sacrificio del deseo de Scottie identificándose con la muerta como aceptando la idea de que el amor de Scottie se encuentra más allá del mundo de los vivos. Ella se identifica con la muerta, es la muerta y por eso debe morir, para ser amada en esa especie de repetición fatídica que parece querernos decir que la función del Todo es que todo retorne a su origen o que el deseo humano atraviesa el objeto de tal modo que se sitúa más allá de él.

Karma y repetición, instinto de muerte o compulsión repetitiva.

¿A cambio de qué?

El arte muere, en realidad es asesinado en el cine donde cada creación adquiere una forma humana como si esas formas existieran en realidad, Kim Novak es el asesinato de su verdadero Yo en la pira de su profesionalidad de actriz. Como en el mito de Pigmalión la obra muere al ser transformada en humana, deja de ser un ideal y se transforma en un ser humano dotado de una insoportable subjetividad propia, ese es precisamente el drama de Pigmalion, al menos en la versión de Bernard Shaw. A cambio de la vida de Judy Scottie recuperará su hombría y se libera de su fobia, un efecto Pigmalión invertido.

Como en el ensayo de Victor Stoichita hay que preguntar a Ovidio:

El simulacro es un objeto hecho, un artefacto, capaz de producir un efecto de semejanza y de enmascarar la ausencia de modelo con la exageración de su propia hiperrealidad. Este ensayo se interesa por la imagen que de repente se percibe poseyendo una existencia propia. Según el autor, el simulacro arranca del mito de Pigmalión, el escultor chipriota que se enamoró de su obra, a la que, en un rasgo de magnanimidad, los dioses le otorgaron vida. Nace así un ser extraño, un artefacto dotado de alma y cuerpo. La historia de Pigmalión se revela como un relato fundador que tematiza el triunfo de la ilusión estética; su argumento es el arte de ocultar el arte, del cual, según Ovidio, Pigmalión tenía el secreto. El efecto Pigmalión nace en un texto muy astuto: las Metamorfosis de Ovidio. En él la animación se confía a los poderes del texto y sólo del texto. Pero será con la irrupción de la imagen en movimiento, es decir, de la imagen fílmica, cuando se podrá, por fin, responder a las necesidades exigidas por las prácticas de animación de la estética moderna, prácticas no exentas de desafíos de orden técnico e incluso de un atisbo de brujería. Precisamente es en el umbral de la traslación cinematográfica del mito de Pigmalión, tal y como Alfred Hitchcock lo aborda, donde termina este magnífico ensayo.

Simulacros: de Ovidio a Hitchcock tomado de esta web

7 comentarios en “El deseo vertiginoso del otro

  1. Por cierto, que ha querido la casualidad -o la sincronicidad- que tras trescientos mil siglos bajándose la película, hoy de repente, precisamente hoy, haya aparecido en mi pc Vértigo en forma de película y a la vez en forma de post aquí.
    Hum.

  2. A mì no me parece curioso que el psicoanàlisis haya tenido màs èxito en el arte, porque tambièn le debe màs a la literatura que a las disciplinas cientìficas. Al fin y al cabo, la “novela” del paciente es una construcciòn. Cuanto màs lograda sea a nivel literario, mejor se las podrà arreglar el sujeto.
    Me gustò tanto còmo contaste la pelìcula,Paco, que no sè si la verè, a lo mejor me decepciono.
    Conocìa a Zizek como lùcido crìtico de cine. Habrà que leerlo.

  3. Si y además ese libro, me refiero al de Zizec solo puede encontrarse en Argentina de modo que si lo encontraras me lo haces saber Mª Ines.

  4. Este fin de semana averiguarè, Paco, y te harè saber si se encuentra en librerìas

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