El poder y la risa

Dicen que cuando Freud vivia en Londres huyendo de la persecución nazi se dedicaba a dar conferencias de divulgación acerca del psicoanálisis. Como todos aquellos que saben que su disciplina es más bien árida y que hay que bajar el nivel para que resulte entendible para un público no profesional, Freud echaba mano de algunos chistes. Precisamente él que habia teorizado acerca de los chistes o más bien de aquello de los chistes que nos hace reir.

¿Qué nos hace gracia de un chiste? Pues precisamente aquello que no podemos decir pero en lo que todos hemos -secretamente- pensado. Algo así como ese denominador común que reprimimos precisamente porque entra en conflicto con nuestro autoconcepto, nuestra autoestima o nuestra moral.

El chiste que contaba Freud era éste:

Un hombre le dice a su mujer:

– “Querida cuando uno de los dos muera yo me iré a vivir a Paris”

Y la gente que lo habia pillado se reía y mucho más en aquella época puritana y beata.

Entonces Freud explicaba el mecanismo de la risa: contaba que en el fondo todos albergamos deseos inconfesables incluso con nuestras personas más queridas y que el destino de esa pulsión, en este caso homicida, es el inconsciente. Es precisamente la catarsis de la risa lo que libera a la pulsión de sus tintes de tragedia y lo que permite al Yo relativizar la condena autoinflingida por albergar tales impulsos. No hay amor sin pulsión de muerte venia a decir Freud y no hay pareja feliz sin esqueleto en el armario.

Lo que resulta risible lo es pues a través de una complicidad que persiste después de la descarga de la risa, el público estaba dispuesto a aceptar las explicaciones de Freud de un modo retórico pero no se preguntaba acerca de la veracidad de esas intenciones homicidas en sí mismo, ese deseo de irse a vivir a Paris parece que encerraba y obstruía el verdadero alcance de la pulsión, la gente se reía y poco después abandonaba la sala sin haber conseguido vivienciar nada propio y tan contento. Esa es precisamente la función de la risa, una descarga sin cognición autoreferente a pesar de que la cognición inconsciente es necesaria para que algo nos haga gracia.

Es por eso que los cómicos son tan necesarios, puesto que sin ellos no habría descarga del resentimiento social y nos moririamos de amargura tratando de desentrañar las contradicciones del mundo en que vivimos. Una de esas contradicciones es la que se refiere a las relaciones de los individuos con el Poder.

Porque hay algo en el poder que da risa y da risa porque da miedo. Esa es la verdad.

La función del cómico es señalar esas contradicciones y hacernos reir con ellas, hacernos reir de nosotros mismos y del que manda, es usual por tanto que el cómico sea mal tolerado por el poder, al menos por algunos tipos de poder. Eso es lo que le ha pasado a Albert Boadella.

Hubo un tiempo en el que el catalanismo era una causa simpática y Els Joglars un grupo progre más de aquellos que en los 70 hacian apologia del catalán, del catalanismo y contra la dictadura, una cosa bien vista pues la dictadura era algo patético que tenía muchas cosas risibles y cómicas, como la censura, los militares medio curas y las monjas alféreces de la época, ¿quién no recuerda Mary D´ous bajo palio?. Albert Boadella fue procesado por el regimen franquista y sometido a un consejo de guerra del que escapó precisamente valiéndose de sus virtudes para la comedia: destrepando por una sábana logró escapar de la vigilancia policial dejando en ridiculo al regimén y alcazando galones de héroe y huyendo a Francia, destino comun de los perseguidos en España y Cataluña.

Pero al terminar la dictadura, la sátira contra las estructuras militaristas y autoritarias de la época ya no fue más necesaria a medida que la gente fue perdiendo el miedo y la democracia se consolidó. Pero emergieron nuevos monstruos y nuevos personajes histriónicos, Pujol, El Barça y sus presidentes “Som més que un club”, la Moreneta y la idolatría de la burguesia catalana montserratiana, “algo más que un monasterio”, la Expo y la españolidad, los juegos olímpicos de Barcelona, Dali y los mitos alimentados por la catalanidad, etc. Boadella encontró un filón de impostura en el catalanismo radical que vino después, ese que impide a los niños aprender el castellano y a las tiendas rotular en el mismo idioma y ahi apareció de nuevo el Tartufo catalán señalando al nuevo enemigo de cualquier persona con entendederas y sentido común.

Este gag acerca del barça merece la pena figurar en esta antología de la hiperrealidad:

Y por eso nos hace gracia a pesar de que los catalanes sigan aguantando a su clase politica que les debe parecer lo menos malo que les puede pasar.

Naturalmente Boadella y Els Joglars no reciben subvenciones del poder politico de Cataluña y debe ser eso, ese escape del proteccionismo oficial lo que les hace aun más creibles a diferencia de los apesebrados actores españoles, esos que siempre sacan la pancarta contra el PP. Es por eso que en un alarde de cinismo revolucionario Boadella montó un partido politico, ese que se llama Ciutadans, y que es un ultimo ejercicio de sátira, una nueva obra de teatro verité.

Aqui hay un video de la presentación del partido:

Pero ahora ha encontrado un nuevo enemigo: la beateria del medio ambiente. Su ultimo montaje “La cena” la va precisamente de eso, una crítica despiadada contra la filantropía oficial, las buenas intenciones de politicos retirados como Al Gore, de politicos con sentido medioambiental como casi todos los demás y que arremete contra lo que parece una nueva religión y un nuevo culto; la defensa de perros, monos, toros y gatos, la agricultura biológica, y la defensa de la montaña de Monstserrat como recurso natural de tot un poble.

Pero a cambio de tanta pulcritud ya no nos dejan fumar.

Pronto no nos dejarán comer y nos quitarán el Rioja y el Jabugo.

Y ese es el peligro, la intervención del estado en nuestra vida privada.

Es eso lo que algunos como Boadella combaten y combatirán, más allá de las banderas o las insignias: la Verdad de lo que es y la imposibilidad de lo que no puede ser.

La función del intelectual no es esconder el ala frente a las contradicciones sociales sino revelarlas y pasarlas por el turmix de la risa como hacen Boadella o Woody Allen con nuestras neurosis cotidianas.

Porque tal y como Freud decía: nosotros somos cómplices de las mentiras que nos contaron, al menos lo somos en tanto que sólo somos capaces de reirnos sin cambiar nada.

Un comentario en “El poder y la risa

  1. ¿Cómo lo has adivinado? Mecachis otra vez con la telepatía, me convenía un chorrito de risas como agua de mayo 🙂

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s