El aburrimiento como pasión

«Nuestro tiempo es tan excitante que a las personas sólo puede chocarnos el aburrimiento.

Samuel Beckett

Aburrirse no es cosa fácil, hace falta tiempo y cierto entrenamiento para gozar de él,  de joven me aburría mucho de tanta sobredosis que tenia de mí mismo y siempre fuí catalogado de vago, perezoso, indolente, autoindulgente e incluso tachado de inmoral por algún que otro tutor de aquellos que veian en la acedia vital que me consumía un peligroso vicio que sólo podia ser neutralizado por la diligencia como se decía entonces, una especie de fuerza de voluntad que se suponía un antidoto virtuoso de ese demonio que invadía a la juventud de cuando entonces. Huxley lo dejó escrito en este texto, la acedia era efectivamente un demonio. Mi demonio era pues Belphegor

Yo nunca consideré esta posibilidad de vivir habitado por un demonio y suponía inocentemente que mi aburrimiento procedía más bien del empobrecimiento de estimulos sexuales que me rodeaba que era por aquel entonces la única actividad que me sabía levantar, actividad furtiva y escudriñadora en las playas próximas, como dice Serrat entre Salou y Cambrils. Me sentía sin motivación y sobre todo sin energía y por eso me dedicaba a dormirla bien y a planchar la oreja más que menos convirtiéndome en un especialista de dormir, en un regenerador de melatonina endógena ahora que ya sabemos para qué dormimos, llegué incluso a competir con otros amigos frikis del sueño en estas lides: siempre ganaba yo, por mi exceso melatoninérgico.

Entonces creíamos que cada vicio se combatía con una virtud, aun las recuerdo de carrerilla:

  • Contra soberbia humildad
  • Contra ira paciencia
  • Contra envidia caridad
  • Contra gula templanza
  • Contra lujuria castidad
  • Contra pereza diligencia
  • Contra avaricia generosidad

Pero no crean que los pecados capitales han sido siempre estos siete. Son estos desde época del papa Gregorio el Magno que fue el que reinterpretó que la tristeza no es un vicio sino una desgracia, algo asi le sucedió a mi acedia que pasó a llamarse pereza sólo muy recientemente y definitivamente separada del aburrimiento que hoy tiende a considerarse como una «falta de motivación» más bien que como un vicio, algo que curan los psicólogos.

Pero no es cierto: el aburrimiento es una pasión, una defensa contra el marasmo, una rutinificación del deseo, una melancolia de ir por casa.

Lo sé desde que una persona lúcida me hizo esta confesión mediada por un suspiro:

– ¡Ah, que a gusto me aburro!.

Donde se evidenciaba que el aburrimiento lleva inscrito un goce invisible, algo doméstico, sosegado y práctico que separa al hombre del vértigo de desear cualquier cosa.

Y entonces comencé a sospecharme lo peor: era un vicioso yo, un insight de lo más turbador:-)

Es por ello, porque nos aburrimos, que se inventó el entretenimiento una verdadera industria que inventó Operación triunfo y cosas asi, hasta que pincharon en hueso y tuvimos que volver al desnudo que era lo que nos impulsaba de playa en playa mirándoles las piernas a las suecas, actividad que nunca debimos abandonar por mucha industria que nos propusiera zappear el canal.

Muchos años me separan de este cantante de Iggy Pop pero observen como a él le pasa un poco lo mismo que sucedía a mi a su edad, se aburre solemnemente y por eso lo dice cantando y se quita la camisa, pues es quitarse la camisa lo que precisamente neutraliza el vicio del aburrimiento y no la diligencia como decía el buen papa Gregorio aunque fuera Magno.

Y es que ahora se sabe la verdad sobre lo pecados capitales. Son pecadillos en realidad porque son como vicios incrustados en la naturaleza huamana y hasta los curas pecan con ellos, no hay que confundirlos con los pecados mortales como masturbarse o robar que nunca entendí porque eran mortales y no capitales siendo como son tambien parte de la naturaleza humana y con sentencia capital además.

Y se sabe que la lujuria no se combate con la castidad sino que ambas cosas discurren por senderos distintos, hay como una autopista para que pase la lujuria y otra autopista por donde pasa la castidad o sea la renuncia o el sacrificio, pero se trata de autovias sin enlaces entre ambas, el lujurioso no tiene mas remedio que ser lujurioso y por más que emplee la castidad al final la lujuria pasará por encima como un trailer. Lo mejor para la lujuria es que llegue a ser aburrida, que llegue a ser cotidiana, fácil, prescrita y formalmente administrativa, entonces es cuando se desvanece como por milagro.

Y le pasa como a Operación triunfo, se muere de éxito y de muermo porque el personal tiene tragaderas pero aburrirse en el entretenimiento resulta intolerable. Para muestra un botón:

Creep de Radiohead cantada por una tal Virginia (OT 2008)

Compárese con esta versión de Escondidos cantada por un tal Bisbal y una tal Chenoa

Lo dicho no hay como convertir el vicio en aburrimiento para quitarle hierro.

O el entretenimiento en vicio para convertirlo en pereza.

Sin Logos

Todo conocimiento psicológico es imaginario

James Hillman

Dicen que Apolo fue el inventor de la medicina, aunque tambien dicen que nunca la ejerció más allá de utilizar la cítara y el augurio como medios terapéuticos, fue su hijo Asclepio el que comenzó a usar las plantas como remedios medicinales y quizá por llevarle la contraria a su padre inventó aquello del «ars muda«, una idea que ha llegado a nuestros dias y que viene a decir que el médico tiene que limitarse a prescribir hierbas y a usar sus manos renunciando a todo aquello que pueda resultar estridente donde magia y medicina se confunden por el público mal educado en estas lides.

Sin embargo hay que reconocer a los verdaderos adivinos y separarlos de los falsos pues la adivinación fue en la antigua Grecia no solamente una predicción acerca del futuro sino una verdadera psicoterapia (con intención terapéutica) bien es cierto que en el Oráculo no habia diálogo entre paciente y pitonisa sino un ritual muy elaborado que  limitaba lo verbal a la pregunta del que consultaba y la declamación del que contestaba usualmente una mujer con unos dones que habia recibido del propio Apolo quizá a cambio de sus favores sexuales y en una actitud frecuentemente hierática o extática.

Asi, en la tradición médica puede hablarse de dos clases de médicos, aquellos que ejercian la «ars muda» de aquellos que usaban los cánticos, sonidos, danzas con emisión de sonidos: la catarsis que podia conseguirse a través de varios métodos, incluyendo la ayuda de algunas drogas. La terapia consistia precisamente en eso, una especie de exorcismo o liberación de daimones malignos responsables de la enfermedad, curarse en la Antigua Grecia era expulsar esos daimones del cuerpo y restablecer la armonia que existió antes de la enfermedad.

Fue así hasta que llegó Hipócrates y nos legó el concepto de medicina que ha pervivido hasta nuestros dias. Hipócrates inventó la Physis, uno de los conceptos más importantes de la medicina clásica. De repente las enfermedades no eran ya posesiones del cuerpo por extraños delegados divinos o mensajeros diabólicos sino parte de la naturaleza. Las enfermedades tenian physis (naturaleza) y los enfermos tenian su propia physis, el médico tenia su propia physis y el viento, el agua, las vísceras y los animales vivos tenian su propia physis cada una diferente de las demás. Hipocrates inventó dos cosas a mi juicio muy importantes:

  • Que cada enfermedad tiene su physis, es decir su historia natural como diríamos hoy y es por eso que podemos reconocerlas y diferenciarlas unas de otras.
  • Cada enfermo tiene su physis que no tiene nada que ver con su enfermedad sino que es una categoria -que aunque contemplamos solapadamente- es independiente de la enfermedad que padece. Una idea que ha prevalecido hasta hoy en la idea de carácter o personalidad.

Hipócrates venció a las viejas teorias del miasma que tendían a contemplar la enfermedad como una emanación de algo pútrido o degenerado, un castigo de los dioses y que asociaba la enfermedad a las culpas del enfermo o de su estirpe. Hipócrates terminó con la idea de destino o fatalidad a veces incomprensible para el propio enfermo que no sabia a qué dioses debía haber ofendido para merecer un castigo que sentía como injusto, una idea que habia prevalecido en la mentalidad griega hasta su llegada y que en cierta forma aun se mantiene en buena parte del mundo. Las enfermedades tenian su physis (causa natural) una causa que a veces es esquiva en su comprensibilidad humana pues para Hipócrates habia algo en la physis que era inefable, incognoscible o divino, una manera de decir que aunque no podia conocer la causa de algunas enfermedades lo cierto es que estas respondian a alguna causa y que esa causa -su physis– era por esta razón divina.

Desde entonces la medicina es tecné (arte) abandonando la idea de adivinación o de sortilegio, sin embargo hay en algunas enfermedades algo que se resiste a ser comprendido, se trata de las enfermedades incurables.

Ese fue su empeño: conocer bien la naturaleza de las enfermedades, lo que hoy entendemos como clinica y propedéutica: ¿Qué le pasa? ¿Desde cuando? ¿A qué lo atribuye?

Asi, de paso, inventó Hipócrates el interrogatorio médico invirtiendo el interrogatorio oracular que operaba en sentido contrario. Hipócrates recuperó asi el Logos para la medicina, recuperó la palabra para el médico como antes intentó reconocer el dis-curso de la enfermedad a través del conocimiento de su curso.

La physis sustituyó a la hybris el pecado original segun los griegos: la vanidad del exceso.

Y el mundo se bifurcó entre los seguidores de Hipócrates-Galeno y el mundo animista de la magia de los oraculos, daimones, miasmas y maldiciones fatídicas familiares.

Y así anduvo el mundo hasta la siguiente bifurcación que tardaría unos 1800 años más o menos en aparecer.

Hasta Freud.

Sin embargo aquello que tantos beneficios dio a la medicina no surtió de nuevas ideas a la psicología. Porque que la psicologia quiso ser medicina y abandonó su origen de Logos, de una conciencia que se piensa a sí misma y que estudia hechos y no representaciones de hechos.

No fué Freud sino su paciente Anna O. (Berta Papenheim) la que bautizó a la nueva técnica llamada psicoanálisis como «talking cure«, (cura por la palabra). Freud no le dió importancia a esta intuición de su paciente y al final le birlaron la idea. Concretamente fue Victor Frankl el que acuñó el termino logoterapia.

El gran mérito de Freud fue devolverle el sentido al discurso al paciente alienado, algo parecido a lo que hizó Hipócrates al invertir el proceso oracular a través del interrogatorio. Desde entonces escuchar, hablar, empatizar, conversar, simpatizar o seducir a través del Logos son estrategias psicológicas (pero no médicas) del mismo calibre que las técnicas mudas que siguieron expandiéndose gracias al progreso de las tecnologias paramédicas.

Desde Freud, Eros y Logos volvieron a andar de la mano, retomando la idea de la vieja Persuasión, (Peito) una habilidad que desde la antigúedad habitaba en las sirenas y las pitonisas, las brujas y los clérigos, en las ninfas y en esos personajes híbridos que inducidas por Dioniso habian entrado al servicio del placer, al entender que las dosis homeopáticas de locura son beneficiosas para tratar la propia locura. El enthusiasmós -la pasión- desde entonces es un motor para la cura no sólo de la physis del paciente sino tambien cura para el terapeuta.

Pero lo cierto es que no todas las disciplinas tienen logos como la antropologia, la mitologia, la teologia, la psicologia, la astrologia o la mineralogia. Lo cierto es que dentro de las especialidades médicas llama la atención que mientras la «piel habla», a través de la dermatologia, los genitales a través de la ginecologia, el aparato digestivo a través la digestologia o los pulmones en la neumologia, lo cierto es que hay especialidades que no hablan, curiosamente aquellas que se hacen con las manos: la cirugía y la anestesia: tampoco tiene logos la anatomia patologica a pesar de que sí posee logos la histología (pero no lo anatomia).

Lo asombroso de esta etimología de la palabra es que la Psiquiatria carece de Logos.

Lo que viene a señalar precisamente algo de su origen: la Psiquiatria no nació para devolverle la palabra a los alienados sino para encerrarles o atenderles o como se dice ahora para asistirles en un guetto. Es la psicología la que nació con esa función aunque curiosamente su epistemología ha ido derivando hacia las peores lacras de la medicina. Es necesario ahora leer este articulo de Enrique Eskenazi donde precisamente abunda en este extravío de la Psicologia que perdió su Logos a fuerza de buscarse a si misma en eso que se llama ciencia.

La psicología se defiende así de volverse consciente de sí misma. Es una psicología “natural” (naturalista), “positiva” (positivista), y olvidada de sí en tanto que “logos” o racionalidad. En este olvido de sí, en esta “aceptación ingenua” de una “realidad de hecho”, una realidad precisamente por ello “no-psicológica”, se funda la miseria de la psicología y es una de las razones por la que eventualmente tiende a extinguirse como tal, o a quedar reducida a un ámbito meramente subjetivo, íntimo y personal (ilusorio), que deja intocado el conocimiento del mundo, que deja intacta la “visión” de la realidad aportada por el positivismo, y que se refugia en la trastienda de una supuesta vida “interior” inoperante, ineficaz e impotente para poner justamente en cuestión sus propios presupuestos. La preocupación de la psicología con los “hechos” psíquicos la preserva en su ceguera y su impotencia para someter a crítica la posición “egoica”, “fáctica” (positiva y positivista), y hacerse cuestión de sí misma como conciencia de la conciencia (y de la inconsciencia).

Dicho de otro modo: la única y paradójica forma de que la psicologia devuelva la función de la palabra al alienado es abandonando sus pretensiones cientificas.

Al fin y al cabo la ciencia, al menos las ciencias del hombre no han aportado hasta el momento gran cosa al bienestar de la humanidad si las comparámos con los avances de la cirugía o la telefonía móvil.

¿Las razones?

No hay nada que ganar.

Desde entonces las sibilas se refugiaron en el arte religioso y es allí donde hay que ir a buscar lo verdadero en el hombre, ahi están todas las respuestas como en esta apofanía profética que nos ha llegado desde la antigúedad en una escala frigia y que aun podemos oir «a capella» en la catedral de Mallorca, el dia de Nochebuena en la misa del gallo. Está hablando Apolo, el Logos, la proporción, la palabra, el discurso humano.

Esta es la letra, el Logos que habla por la boca de la Sibila (en catalán).

Merece la pena ver-oir este video bellisimo de este ·Canto de la Sibil.la» superviviente del Logos griego en un ritual que Bacantes y Sibilas, buhoneras y andarinas rescataron de la antigüedad hasta la edad media incrustándola luego en el gregoriano para llegar hasta nuestros dias en esa mezcla inquietante en que lo mágico – lo numénico- por sincretismo se integra en lo religioso y se contituye en un elemento espiritual más allá de cualquier creencia.

Lo jorn del Judici

parrà qui haurà fet servici.

Jesucrist, Rei universal,

home i ver Déu eternal,

del cel vindrà per a jutjar

i a cada u lo just darà.

Gran foc del cel davallarà;

mars, fonts i rius, tot cremarà.

Daran los peixos horribles crits

perdent los seus naturals delits.

Ans del Judici l’Anticrist vindrà

i a tot lo món turment darà,

i se farà com Déu servir,

i qui no el crega farà morir.

Lo seu regnat serà molt breu;

en aquell temps sots poder seu

moriran màrtirs tots a un lloc

aquells dos sants, Elies i Enoc.

Lo sol perdrà sa claredat

mostrant-se fosc i entelat,

la lluna no darà claror

i tot lo món serà tristor.

Als mals dirà molt agrament:

—Anau, maleïts, en el turment!

anau-vos-ne en el foc etern

amb vòstron príncep de l’infern!

Als bons dirà:—Fills meus, veniu!

benaventurats posseïu

el regne que us he aparellat

des que lo món va esser creat!

Oh humil Verge! Vós qui heu parit

Jesús Infant aquesta nit,

a vòstron Fill vullau pregar

que de l’infern vulla’ns lliurar!

Lo jorn del Judici

parrà qui haurà fet servici.

Y esta es la que se canta en L’Alguer

Al jorn del judici

parrà qui avrà fet servici.

Un Rei vindrà perpetual

vestit de nostra carn mortal

del Cel vindrà tot certament

per fer del setgle giugiament.

Ans quel Judici no serà

un gran señal sa monstrarà

lo sol perdrà la resplandor

la terra tremirà de por.

Aprés se badarà molt fort

amostrantse de gran conort

amostrar se an ab bris i trons

les infernals confusions.

Del Cel gran foc devallarà

com a soffre molt podirà

la terra cremarà ab furor

la gent avrà molt gran terror.

Aprés serà un fort señal

d’un terratremol general

les pedres per mig se rompran

y les montanyes se fendran.

Llavors ningú tindrà talent

de or, riqueses, ni argent

esperant tots quina serà

la sentèntia ques darà.

De morir seran tots son talents

scrafirlos an totes les dens

no y avrà home que no plor

tot lo món serà en tristor.

Los puits y plans seran iguals

allí seran los bons y mals

Reis, Duchs, Conptes y Barons

que de lus fets retran rahons.

Aprés vindrà terriblement

lo fill de Déu omnipotent

qui morts y vius judicarà

qui bé avrà fet allís parrà.

Los infans qui nats no seran

dintre ses mares cridaran

diran tots plorosament

ajudaus Déu omnipotent.

Mare de Déu pregau per nos

pus seu Mare dels peccadors

que bona sentèntia hajam

y Paradís possehiam.

Vosaltres tots qui estau

devotament a Déu pregau

de cor ab de gran devoció

que us porte a salvació. Amen.

El poder y la risa

Dicen que cuando Freud vivia en Londres huyendo de la persecución nazi se dedicaba a dar conferencias de divulgación acerca del psicoanálisis. Como todos aquellos que saben que su disciplina es más bien árida y que hay que bajar el nivel para que resulte entendible para un público no profesional, Freud echaba mano de algunos chistes. Precisamente él que habia teorizado acerca de los chistes o más bien de aquello de los chistes que nos hace reir.

¿Qué nos hace gracia de un chiste? Pues precisamente aquello que no podemos decir pero en lo que todos hemos -secretamente- pensado. Algo así como ese denominador común que reprimimos precisamente porque entra en conflicto con nuestro autoconcepto, nuestra autoestima o nuestra moral.

El chiste que contaba Freud era éste:

Un hombre le dice a su mujer:

– «Querida cuando uno de los dos muera yo me iré a vivir a Paris»

Y la gente que lo habia pillado se reía y mucho más en aquella época puritana y beata.

Entonces Freud explicaba el mecanismo de la risa: contaba que en el fondo todos albergamos deseos inconfesables incluso con nuestras personas más queridas y que el destino de esa pulsión, en este caso homicida, es el inconsciente. Es precisamente la catarsis de la risa lo que libera a la pulsión de sus tintes de tragedia y lo que permite al Yo relativizar la condena autoinflingida por albergar tales impulsos. No hay amor sin pulsión de muerte venia a decir Freud y no hay pareja feliz sin esqueleto en el armario.

Lo que resulta risible lo es pues a través de una complicidad que persiste después de la descarga de la risa, el público estaba dispuesto a aceptar las explicaciones de Freud de un modo retórico pero no se preguntaba acerca de la veracidad de esas intenciones homicidas en sí mismo, ese deseo de irse a vivir a Paris parece que encerraba y obstruía el verdadero alcance de la pulsión, la gente se reía y poco después abandonaba la sala sin haber conseguido vivienciar nada propio y tan contento. Esa es precisamente la función de la risa, una descarga sin cognición autoreferente a pesar de que la cognición inconsciente es necesaria para que algo nos haga gracia.

Es por eso que los cómicos son tan necesarios, puesto que sin ellos no habría descarga del resentimiento social y nos moririamos de amargura tratando de desentrañar las contradicciones del mundo en que vivimos. Una de esas contradicciones es la que se refiere a las relaciones de los individuos con el Poder.

Porque hay algo en el poder que da risa y da risa porque da miedo. Esa es la verdad.

La función del cómico es señalar esas contradicciones y hacernos reir con ellas, hacernos reir de nosotros mismos y del que manda, es usual por tanto que el cómico sea mal tolerado por el poder, al menos por algunos tipos de poder. Eso es lo que le ha pasado a Albert Boadella.

Hubo un tiempo en el que el catalanismo era una causa simpática y Els Joglars un grupo progre más de aquellos que en los 70 hacian apologia del catalán, del catalanismo y contra la dictadura, una cosa bien vista pues la dictadura era algo patético que tenía muchas cosas risibles y cómicas, como la censura, los militares medio curas y las monjas alféreces de la época, ¿quién no recuerda Mary D´ous bajo palio?. Albert Boadella fue procesado por el regimen franquista y sometido a un consejo de guerra del que escapó precisamente valiéndose de sus virtudes para la comedia: destrepando por una sábana logró escapar de la vigilancia policial dejando en ridiculo al regimén y alcazando galones de héroe y huyendo a Francia, destino comun de los perseguidos en España y Cataluña.

Pero al terminar la dictadura, la sátira contra las estructuras militaristas y autoritarias de la época ya no fue más necesaria a medida que la gente fue perdiendo el miedo y la democracia se consolidó. Pero emergieron nuevos monstruos y nuevos personajes histriónicos, Pujol, El Barça y sus presidentes «Som més que un club», la Moreneta y la idolatría de la burguesia catalana montserratiana, «algo más que un monasterio», la Expo y la españolidad, los juegos olímpicos de Barcelona, Dali y los mitos alimentados por la catalanidad, etc. Boadella encontró un filón de impostura en el catalanismo radical que vino después, ese que impide a los niños aprender el castellano y a las tiendas rotular en el mismo idioma y ahi apareció de nuevo el Tartufo catalán señalando al nuevo enemigo de cualquier persona con entendederas y sentido común.

Este gag acerca del barça merece la pena figurar en esta antología de la hiperrealidad:

Y por eso nos hace gracia a pesar de que los catalanes sigan aguantando a su clase politica que les debe parecer lo menos malo que les puede pasar.

Naturalmente Boadella y Els Joglars no reciben subvenciones del poder politico de Cataluña y debe ser eso, ese escape del proteccionismo oficial lo que les hace aun más creibles a diferencia de los apesebrados actores españoles, esos que siempre sacan la pancarta contra el PP. Es por eso que en un alarde de cinismo revolucionario Boadella montó un partido politico, ese que se llama Ciutadans, y que es un ultimo ejercicio de sátira, una nueva obra de teatro verité.

Aqui hay un video de la presentación del partido:

Pero ahora ha encontrado un nuevo enemigo: la beateria del medio ambiente. Su ultimo montaje «La cena» la va precisamente de eso, una crítica despiadada contra la filantropía oficial, las buenas intenciones de politicos retirados como Al Gore, de politicos con sentido medioambiental como casi todos los demás y que arremete contra lo que parece una nueva religión y un nuevo culto; la defensa de perros, monos, toros y gatos, la agricultura biológica, y la defensa de la montaña de Monstserrat como recurso natural de tot un poble.

Pero a cambio de tanta pulcritud ya no nos dejan fumar.

Pronto no nos dejarán comer y nos quitarán el Rioja y el Jabugo.

Y ese es el peligro, la intervención del estado en nuestra vida privada.

Es eso lo que algunos como Boadella combaten y combatirán, más allá de las banderas o las insignias: la Verdad de lo que es y la imposibilidad de lo que no puede ser.

La función del intelectual no es esconder el ala frente a las contradicciones sociales sino revelarlas y pasarlas por el turmix de la risa como hacen Boadella o Woody Allen con nuestras neurosis cotidianas.

Porque tal y como Freud decía: nosotros somos cómplices de las mentiras que nos contaron, al menos lo somos en tanto que sólo somos capaces de reirnos sin cambiar nada.

Las horas muertas

Que una novela se convierta en película no es ninguna novedad, pero que una novela se convierta en una nueva novela reescrita corre el riesgo de convertirse en un nuevo género y más aun si luego esta novela reescrita se convierte en cine. Fue Joyce quien inventó la reescritura de sí mismo pero no es éste el caso.

Asi sucedió con la pelicula de Stephen Daldry y protagonizada por Nicole Kidman «Las horas«, acerca de una novela de Michael Cunningam que en realidad es una reescritura de otra novela de Virginia Woolf titulada Miss Dalloway. Una curiosa urdimbre atemporal de varias historias cruzadas bajo el leit motiv de la vida y obra de Virginia Woolf. No solamente se trata de vidas cruzadas sino atravesadas por un libro y por las historias introspectivas que alli cuenta la autora. Cunningam hace coincidir en su narración tres episodios: uno acerca de la propia Virgina Woolf y su desesperada vida maniaco-depresiva antes de que el litio hubiera demostrado su capacidad de prevenir las oscilaciones del humor bipolar e impuesto como tratamiento eficaz para este tipo de dolencias, otra -la más convincente- de la propia Sra Brown, una convencional ama de casa que pasa la vida entre floreros y pasteles tratando de endulzar la vida de su familia mientras se lee a si misma a través de la novela de Virgina Woolf y que trata de escapar de este modo a un marasmo existencial que la llevará a pensar en el suicidio de una manera banal, casi de puntillas sin saber muy bien por qué, un poco mimetizando las ideas de Woolf. La Sra Dalloway (Meryl Streep en la pelicula) es una suicida postmoderna una especie de editora de éxito lesbiana pero que se encuentra -paradójicamente- enamorada de un poeta moribundo a causa del SIDA, en su interior bulle una desesperación que apenas se entrevé en su conducta cotidiana presidida por la rigidez y la sofisticación. ¿Era el poeta o la muerte quién ejercía sobre la Sra Dalloway tan irresistible fascinación?

Una atmósfera de ambigüedad enlaza a todos estos personajes que en realidad se descubren a si mismos comprando flores como la Sra Dalloway, todos estos personajes están unidos por una novela de Virginia Woolf y su pulsión de muerte se contagia de unas a otras como si se tratara de un meme, un hilo invisible que atraviesa continentes y tiempos.

Virginia Woolf es para la literatura un nombre -más allá de sus méritos como novelista- y lo es gracias a una cierta mitificación feminista que -equivocadamente- ha hecho de ella una especie de icono de la resistencia o la lucha femenina por destacar en un mundo ocupado por los hombres. Este punto de vista que alcanza tambien a Frida Kahlo, Silvia Plath o Camille Claudel es una interpretación fraudulenta tanto de la historia como de la enfermedad mental que estas personas sufrieron.

Silvia Plath estaba casada con un poeta inglés de cierto renombre y como Woolf padecia un trastorno bipolar. Su poesia deja entrever un discurso de rebeldía y a veces de odio disparatado, sobre todo frente al padre, que perdió a los 9 años de edad. Admiradora de Yeats siempre mantuvo ese tono académico del que pretendía alcanzar reconocimiento y por qué no decirlo superar a su marido. Terminó suicidándose a los 31 años después de haberlo intentado un número indeterminado de veces y de haber sufrido recaidas depresivas múltiples a lo largo de su corta vida. Personalmente la considero mejor poeta que narradora. De sus libros me quedo con Ariel (publicado en castellano por Hiperión), un poemario que ha pasado a ser una especie de libro de cabecera de feministas que pretenden ver que su enfermedad tiene que ver con la opresión de la mujer por el hombre.

He elegido este poema de Plath para estar aqui, en este blog de hiperrealidedes y de simulacros. Puede observarse perfectamente como para Plath la femineidad es sinónimo de la muerte. Un destino trágico, la de la mujer-muerte que atrae hacia ella su mirada.

La mujer alcanza la perfección.
Su cuerpo muerto
porta la sonrisa del deber cumplido,
La ilusión de una necesidad griega
Fluye por los papiros de su toga,
Sus pies desnudos
Parecen estar diciendo:
Hemos llegado hasta aquí, es el fin.
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín
Se endurece y las fragancias sangran
Desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.
La luna no se habrá de entristecer,
Allá en su atalaya de hueso.
Tiene, de todo esto, la costumbre.
A rastras crujen sombras negras.

En este poema titulado «Papaito» Plath compara a su padre con un oficial del las SS alemanas y a sí misma como una cautiva judía de cualquier campo de concentración. Con independencia del carácter del padre real de Silvia este es su punto de vista acerca del mismo. Merece la pena indagar en tan tamaña sensibilidad sabiendo que el padre murió cuando ella solo contaba con 9 años y preguntarse en qué clase de simulacros se construye y sostiene la memoria.

Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o a hacer achís.

Papaíto: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que tuviese tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco
dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca pude distinguir dónde
pusiste pie, raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cetro de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar.
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,
luna locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judio que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que bien podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Lutftwaffe, tu pomposa jerga
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer,: oh Tú…

No Dios, sino una esvástica
tan negra que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara, el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papito,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de uno en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que
me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.
Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,
le inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, si quiero.
De modo, papaíto, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y bebió mi sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papaíto.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papaíto, papaíto, hijo de puta, ya he terminado.

Una declaración de odio que contrasta con esta otra – siguen habiendo garras, y gritos- pero se trata de una declaración de amor:

En mi vive un grito

por la noche aletea

buscando con sus garras un objeto de amor.

Todas compartieron un destino fatal: Virginia y Silvia Plath se suicidaron, Camille Claudel acabó sus dias en un manicomio afecta de un delirio paranoico y Frida Kahlo era una mujer que se pasó la vida sufriendo intensos dolores físicos debido a un accidente de tráfico y multiples operaciones ortopédicas. El feminismo las ha erigido es una especie de heroínas victimizadas por sus relaciones tormentosas con hombres malvados.

Y el lesbianismo, es el otro mito al que se le profesa culto tanto en «Las horas» como en Virgina Woolf y a la Plath, podriamos decir que el lesbianismo se le supone a una luchadora por la igualdad de la mujer, otro error.

El lesbianismo no tiene nada que ver con el trastorno bipolar ni con la depresión ni con ninguna enfermedad mental, pero probablemente tenga relación con la construcción de la imagen de la masculinidad a través del padre. El talento literario tampoco depende ni de una cosa ni de la otra, es posible afirmar que el talento emerje a pesar de la enfermedad mental y no es causa de la misma. Las vidas desgarradas de estos personajes no tienen que ver con su creatividad sino con su patología.

De ellas nos quedó su talento y su dolor, pero no su género ni su orientación sexual.

Y una conclusión: la musa del talento creador no era la muerte sino el amor.

Silvia Plath