Bajo los adoquines, la playa.

Hace ya cuarenta años y yo estuve allí, me fui bajo la influencia de Cream, de la psicodelia y concretamente de esta estética de cuando Jack Bruce tenia todo el pelo y toda la voz y Erick Clapton aun tenia aquel aire tímido casi esquizoide.

No estuve allí para encontrame a mi mismo ni por participar en las manifestaciones, estuve allí por casualidad pero lo vi casi todo. Tenia 17 años y Glucksman 31, él era entonces maoista y ahora dicen que es de derechas, pero lo que Gluscksman era y es es un provocador, un agitador de conciencias, una de esas personas que está en el mundo para hacernos pensar. Igual que Cohn Bendit una especie de Albert Boadella pero en judio, un tipo simpático que ahora es eurodiputado por los verdes y que ha escrito un libro titulado “Forget 68” un poco en su linea de desmitificar aquel evento que para los ortodoxos sigue siendo un evento contemporáneo clave para la comprensión del mundo que nos ha tocado vivir.

Yo no lo creo.

Personalmente estoy bastante de acuerdo con la idea de que Mayo del 68 ni fue una revolución, ni tuvo tanta infuencia en el mundo actual como se pretende. Mayo del 68 fue más bien un conflicto local, un tumulto relativista y ateórico que aunque se ha pretendido vincular con otros fenómenos como la guerra de Vietnam o la invasión de Praga por los tanques rusos, lo cierto es que sólo mantiene con esos sucesos una vecindad temporal. Para entender el alcance de aquella asonada espontánea, hay que conocer bien la idiosincrasia de los franceses.

Paris, y no Francia entera sino Paris ha sido escenario de 7 revoluciones, contando a las comunas del mismo nombre. Paris es una de esas ciudades donde se ha derramado más sangre por metro cuadrado que en esas peliculas de serie B, llamadas gore en su estilo de violencia gratuita y explícita. Francia es una sociedad conservadora y funcionarial, egocéntrica, rígida, intolerante, chovinista, clasista, xenófoba e inmovilista, dificil de gobernar porque añade otro elemento a los ya citados: la población está muy politizada a diferencia de los españoles que no están interesados por la politica y si por las pequeñas historias cotidianas vinculadas a su vida personal. Francia aun vive en “la grandeur” es decir en la nostalgia de su pasado colonial que le valió dos guerras en ultramar cuando ya la segunda guerra mundial había finalizado.

Es posible afirmar que la generación del 68 era la primera generación que se encontró con un pais pacificado después de las sucesivas movilizaciones que arrastró el pais desde el siglo XIX hasta entonces. Los jóvenes se encontraron perteneciendo a un pasado de grandeur con la corbata puesta y añorando los jeans de los americanos pero con la mala conciencia de ser antiamericanos por aquello de Vietnam. De ellos rescataron el amor libre que es como Marx predijo que la codicia humana acabaría entendiendo el comunismo, es decir la ideología puesta al servicio del deseo de los hombres: una forma de acabar con toda reforma social privilegiando la bragueta. Todo se trató de una experiencia relativista y embriagadora, catártica que se cargó-efectivamente- aquello que entonces se llamaba autoritarismo en las aulas hasta lo de ahora, las playas están ahora en los campus.

La universidad es sentida por los estudiantes de hoy como un “colocadero”, una especie de empresa de trabajo fijo, a la que se le exige que sea eficaz en esta función. Nosotros estudiabámos para encontrar un lugar en el mundo y nunca nos preocupamos de “colocarnos”. No sabiamos quienes eramos y quisimos averiguarlo.

Pero la función de la universidad no es otra sino la salvaguarda del saber, esa es la función de la enseñanza, este es precisamente el dilema y el malentendido de hoy.

Los sesentaochistas no sabian bien qué querian, pero sabian que querian algo, algunos lo encontraron en el sexo libre mitificando a heroínas hegelianas vestidas de cuero a lo Françoise Hardy, mito erótico que a través de Marianne se les hizo corpórea aunque en realidad era una modelo escocesa que se reconvirtió a la revolución disfrazándose de sí misma: un icono -dice- a su pesar porque es seguro que le pesó toda la vida como un fardo. Desde entonces Delacroix fue retirado de las pancartas, ya hubo sustituta aunque no enseñaba el pecho como la verdadera. El 68 fue una de esas explosiones que en paises como Francia son de esperar de vez en cuando debido a la ausencia de mecanismos de alivio en la tensión social. Hace poco hubo en Paris una especie de motín presidido por los inmigrantes de los suburbios (Paris es todo él un suburbio) que se dedicaron a quemar coches sin ton ni son. Volverá a suceder porque Francia es como es y porque lo cierto es que es un lugar invivible -al menos Paris- por mucho romanticismo que nos vendan, allí los taxistas y los camareros son de extrema derecha y las putas cobran por besar en los labios, todo muy poli, pero a tensión como una olla, eso es Francia.

Una modelo escocesa con una bandera de Vietnam.

De manera que los franceses tienen mucho para olvidar, algo que ya señalé en aquel post titulado “La memoria histérica”, donde lancé la hipótesis de que los franceses fueron los inventores de la amnesia histérica. Ellos tienen muchas más razones para editar una ley de memoria histórica que nosotros. Tener una republica no es sinónimo de progresía, justo al lado oeste hay una isla que es una monarquía y a nadie se le ocurrirá decir que Inglaterra es menos democrática que Francia: eso si a los ingleses nunca les ha dado por quemar coches o por decir que su policia es como la Gestapo. ¿Excesos de una epoca? No, simplemente la idiosincrasia de los franceses.

El mundo cambió después de aquello pero cambio no a causa de aquello sino de otras cosas: la postmodernidad no es el efecto del 68 sino su secuela. Las mujeres no se liberaron proque se hicieron ácratas sino por la pildora. Todo cambio procede siempre de un hallazgo cientifico y no de un motín adoquinero. Para que se entienda bien, de Gaulle que estaba en las ultimas apareció de nuevo como un salvador de la patria y ganó las elecciones con más mayoria de la que anteriormente gozaba.

Asi son los franceses, muy suyos.

A mi me quedó el PREU para Septiembre y aquel verano todos cantamos con Massiel el La-la-la que ganó el festival de Eurovisión. No era Marianne pero para nosotros servía, su minifalda nos metió de lleno en la modernidad.

Hasta Serrat salió ganando y tuvo una carrera sesentaiochista.

De esta guisa se lo montó.

2 comentarios en “Bajo los adoquines, la playa.

  1. París, mayo del 68. Revolución y mangos caídos. Camareros y realquileres, niños que sobran porque ese mayo fué de los jóvenes que ya estaban germinando la raíz de lo que son ahora. Vive la France y viva el trópico, todo a la vez en cuánticos planos paralelos atemporales, como dos fotos fundidas una sobre otra que se describen cuarenta años después casualmente a la vez, como siempre.

  2. Sí, qué tiempos aquellos del La-la-lá… ¡Cuánta nostalgia, ché, de cuando la vida era en blanco y negro y aún nos tomábamos en serio Eurovisión y los participantes apenas cabían en los dedos de ambas manos, y los recuentos no eran electrónicos sino manuales y estábamos todo el país en vilo ante aquel “Spain… huit points”…!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s