Tres mundos

Ver es saber sin recordar

(Orham Pamuk)

Si observamos este cuadro de Escher titulado “La esfera” podemos apreciar que existe un mundo en su interior, es el lugar que ocupa el protagonista encerrado en una biblioteca, probablemente un autoretrato del propio Escher. Hay otro mundo que viene determinado por la mano que sostiene la esfera, una esfera que se comporta como un reflector o espejo, de manera que podemos interpretar que lo que vemos en su interior es un reflejo del mundo de la mano que sostiene la esfera. Y hay otro mundo, el tercero, el del espectador, el de usted que observa los dos planos y trata de encontrar un sentido a lo que ve añadiéndole una mirada, un tercer plano.

Lo inquietante de esta litografia es la combinación que realiza el artista entre el mundo real y el mundo imaginario, ambos aparecen fundidos y confundidos para el observador, ese tercer mundo en liza. La mano que sostiene la esfera parece ser la de Escher pero no muestra al pintor dibujando pues su mano izquierda está apartada. Tal vez lo que quiere decir Escher es que la realidad no es tal como la percibimos o que existe un engaño de nuestro cerebro a la hora de apresarla. Quizá el mundo que nos rodea se situa en ese borde entre lo imaginario y lo real o bien existen mundos paralelos separados por membranas que hacen de límite o frontera entre lo que consideramos real o imaginario. Quizá esta ambigüedad recogida por Escher sea algo más que una ilusión de los sentidos.

Esta otra litografia titulada “Tres mundos” nos muestra esta coalición de planos de la realidad donde se mezclan lo aéreo (los árboles) la superficie del agua donde se reflejan los árboles y donde flotan las hojas caidas y la vida visible que existe por debajo de la superficie representada por ese pez que aparece en primer plano.

Esta idea aparece una y otra vez en Matrix y como ejemplo esta escena donde Neo está en una parte con la mano levantado tratando de recoger algo y en la otra no aparece la mano.

O en esta otra donde Neo se refleja en una cuchara al revés:

Hay un mundo donde existen referentes sólidos, es el mundo de la realidad-real, donde existen las rocas y los árboles, los rios y la gravedad, los padres y las madres, las familias y el tiempo, los valores y el intercambio. Y hay otro mundo que está en perpetuo movimiento sometido a bifurcaciones y a un movimiento aparentemente aleatorio donde nada permanece, no hay referentes y todo tiene que ser pactado una y otra vez, consensuado, construido y reconstruido para cada ocasión. Un mundo donde no hay expertos ni clientes, ni policias o ladrones sino que los roles se encuentran en un continuo rebote de turbulencias: ahora soy policia y más tarde ladrón, ahora soy mujer y después soy hombre, es la esencia de lo virtual, de lo imaginario, del hombre cuántico, del caos. Un mundo donde el tiempo se invierte y las identidades se difunden, se entremezclan y se intercambian. Un mundo donde todo aparece fragmentario y ocasional, un mundo como esos entornos virtuales que conocemos por Internet, un mundo que conocemos por los sueños y por nuestras fantasias que se han vuelto desde hace poco corpóreas gracias o a pesar de la tecnología.

Y luego está el observador que mira y ve, pero no sólo eso sino que además y puesto que añade su propia mirada a este escenario membranoso donde cada mundo aprece plegado en su vecino modifica con su sola mirada todo el contexto, es el terreno de la autoconciencia, esa mirada recursiva y elevada que yace en un observatorio como el fuego de la torre de Leandro, aquella que aun se encuentra en el Bósforo y donde Hero encendía una hoguera noche tras noche impulsando y guiando a Leandro a una travesia a nado. Todo terminó el dia en que se desató una fuerte tormenta y la lluvia apagó la hoguera que guiaba el vuelo de Leandro y Hero quedó como propiedad de su padre, prisionera en aquella torre que era al mismo tiempo elevación y mazmorra, seguridad y cárcel.

Asi es la conciencia humana, sobre todo, una luz, una intensidad, una luminosidad que guía ese viaje entre esos distintos planos en los que se dirime la percepción de la realidad. Pues no existe realidad sino varias realidades y no existe porvenir sino devenires tal y como aseguraba el gran Borges, y asi ese tercer plano que llamamos autoconciencia no es sólo una síntesis entre ambas sino un hallazgo, algo nuevo que amanece en el horizonte y que es sobre todo una emergencia, una superación de ambos planos: lo que percibimos ha quedado subsumido en el criterio del observador, que lleva siempre razón.

Pues la autoconciencia incluye y excluye en si misma todas las verdades y todos los espejismos antes percibidos.

No estamos pues conectados a un Supremo Hacker que a través de un superprograma informático dirige nuestras vidas haciéndonos ver la realidad tal y como el desea, sino que ese hacker somos nosotros mismos, la autoconciencia ese repliegue que llamé el tercer mundo, ese tercer horizonte que una vez desplegado nos induce a retorcer la realidad enroscándola en una mirada transformadora.

Porque a veces esos mundos entran en contacto como en la fotografia de arriba y lo aereo se confunde con lo acuático y con su reflejo: cuando esto sucede un graviton escapa de su mundo y se produce un big bang, una especie de catástrofe universal que provoca cambios expandiendo la autoconciencia.

No somos prisioneros de una caverna platónica sino de una torre elevada en el Bósforo -frontera entre dos mundos- que nos encierra al mismo tiempo que nos proyecta desde el deseo hacia la consumación.

9 comentarios en “Tres mundos

  1. Sigo pensando que tus posts sólo son superados a sí mismos por sus finales, como aquel último acorde de una sinfonía que te deja clavado en el asiento sin aliento para levantarse de la butaca.
    Qué gran cosa, el sendero desde el deseo hasta la consumación, sí. Suerte que en lo consumado empieza siempre otro deseo mayor en una fractal quizá imparable. Real o irreal, pero imparable.

  2. La gracia que tienen las fractales es precisamente que tienen un perimetro infinito pero la superficie que contienen es finita. Es una figura geometrica inquietante y bella que de alguna manera remeda al deseo, efectivamente todo deseo es infinito pero lo que contiene -el area que abarca- es minima si la comparamos con lo que pretende alcanzar. Dicho de otro modo “el propósito es firme pero la carne es débil”. Traducido al lenguaje psicologico sería algo asi como que todo deseo es insaciable y nace de una necesidad. Pero la necesidad puede aplacarse y el deseo es por definición irreductible de lo contrario ya no seria deseo sino simple necesidad.

  3. Insaciable o imparable, creo que viene a ser una misma cualidad del deseo.
    Ah, la Ananké y el Deseo… qué largos son sus caminos ambos, qué indeferenciadas están a veces las necesidades de la carne y las del espíritu, suerte que la fusión se complace en confundirlas, y a nosotros con ellas.

  4. Qué bien lo has dicho eso de que existen no una sino varias realidades. ¡Qué infinidad de planos distintos, invisibles y solapados que abarca este lindísimo post!…

  5. La insaciabilidad es el alma del deseo. Sin embargo no es eterno, sino cíclico, pues tiene principio y fin; éste engendra luego otro principio, y así sucesivamente… hasta que ya no se desea.

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