La abolición del inconsciente

Antes de fragmentarnos en mil pedazos hubo un tiempo en que había un otro habitando en el interior de cada ser humano. Sabiamos quienes éramos y sabíamos que ahi adentro había un desconocido, le observábamos desde lo alto de nuestro observatorio. Eramos propietarios de una torre cuando entonces y sabíamos dónde había que mirar: hacia abajo, hacia ese abismo que llamamos pasado. Ese otro que nos habitaba pasaba la mayor parte de su tiempo libre flotando en una especie de marisma, un aqui y ahora sin historia y asomaba la cabeza como aquel monstruo del lago Ness más atemporal que prehistórico y que aseguran aun puede divisarse en Escocia, pero nosotros le conocimos con el nombre de conciencia basal, a veces inconsciente y otras el Otro y siempre conjugaba en pasado, en otro tiempo, asi inventamos la nostalgia mientras hacíamos surf aprovechando el oleaje y algunos -más osados- entrábamos en el agua, nos sumergíamos, antropólogos de lo acuático, peritos del mar. La inmersión estaba llena de peligros como todo descenso pero había un fondo oceánico que observar: lo incognoscible ejercía una poderosa atracción sobre aquellos que poseíamos memoria y nos lanzábamos una y otra vez en busca del origen, persiguiendo fotografias, escrutando perfiles. Algunas veces estuvimos a punto de morir o de salir malparados, a veces teniamos problemas de descompresión y muchas veces nos faltó el aire.

Pero sobrevivimos.

Pero más tarde todo cambió y el oceano se desecó, ya no hubo más inconsciente: fueron ellos los que nos quitaron de encima las prohibiciones y sin prohibiciones sagradas no puede haber nada bajo la superficie y fue asi que todo fue superficie y cenagal y el hombre se dijo a si mismo: ¡somos libres, nos hemos liberado de los tabúes y de las represiones!, pero es falso porque sólo aquellos que tienen recuerdos representan una esperanza para la humanidad.

Porque la represión no era solo una prohibición gratuita sino un candado que defendia lo sagrado, dividia en dos horizontes lo externo y lo interno y algo más: el pasado del futuro asegurando al mismo tiempo el devenir. Lo hacía bloqueando o dificultando la apertura de la portezuela del futuro en ese punto donde los dos conos confluyen, ese punto que ya no existe cuando avanzamos en cualquier relato, un punto virtual, un poco real pero tambien irracional como el número pi. Un punto que no encaja en ninguna linea, asi es el presente, apenas lo mencionamos ya ha desaparecido.

Ese otro que cada cual atesoraba en su interior y que todos los poetas ya habian identificado. Los poetas y los artistas como Chris Marker adalid de las distopías que profetizaron allá en el 68 algunos intelectuales parisinos. A partir de su mirada interior: seriamos arrojados a un mundo sin espejos, sin imágenes, sin otros con los que mantener conversaciones. Nos quedaremos solos sin recuerdos por falta de incosnciente y seremos sólo fragmentos, los recuerdos están precisamente en el fondo del mar, lejos de la superficie, en el pasado que nos arrebatarán los mercaderes del tiempo, el inconsciente ya ha sido abolido y el hombre fragmentado. Por eso tratamos de apresarlos a través del cuerpo, la corporalidad es nuestra última oportunidad de sentirnos vivos, nuestro ultimo limite, nuestra ultima frontera.

Y fue asi como la marisma se desecó del todo y ya no pudimos surfear, ni navegar más, solo nos quedó el cuerpo, un cuerpo que confrontar con una realidad que ya no quiso saber nada del deseo de los hombres.

Asi el deseo se transformó en queja, en demanda, en acción sin sentido. En repetición.

Fotogramas de “La jetée“, pelicula de Chris Marker precursora del género de distopia y concretamente de “Doce monos“, de Terry Gilliam. La pelicula está hecha a base de una sucesión de fotografias que rompe esa ilusión que el cine y los sueños construyeron para hacer más realistico el recuerdo. La confabulación de la memoria adjudica movimiento a las imágenes que se hallan de hecho -en nuestro cerebro- congeladas y por eso la fotografia es siempre mas verdad que el cine que remite a algo ilusorio. La fotografia congela lo que en el cine discurre.

Paris habia caido en la ruina después de la tercera guerra mundial y nuestro hombre no tenia más recursos sino aquella vieja fotografia que no podrá recuperar jamás pues su presente es el pasado de ella, como un hombre cuántico que está aqui y que estuvo alli pero que está sólo y no podrá acceder al futuro acechando la oportunidad de morir, o de dejarse morir añorando el mar.

Y es por eso que elige el pasado sin caer en la cuenta de que en aquel beso habia algo que no se percibió: era el momento de la propia muerte, el momento del fin, de la despedida, del adiós. Asi lo recordamos después de la derrota.

Asi lo recordarán.

Junto a este poema de William Blake:

“Si quieres ver el universo en un grano de arena
y el paraíso en una flor silvestre
sostén el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en un segundo”

Un comentario en “La abolición del inconsciente

  1. Un bellísimo y profundo corto que me conmocionó cuando lo ví. Más me ha conmocionado este post, quizá pq no esperaba tanto (qué tontería tratándose de ud, siempre me equivoco porque esto trasciende la pura embriaguez).
    Se supera a sí mismo, se supera a ritmos espirales…

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