Borges, sueños y paradojas

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
Jorge Luis Borges
(Laberinto)

Hay dos tipos de realidad, una la que percibimos a través de los sentidos y que es simultánea (los estimulos sensoriales que la componen son percibidos al mismo tiempo) y otra que no percibimos y que fluye sucesiva a través de paquetes de información (cada evento sensorial es percibido de acuerdo con su cualidad u origen). Ambas realidades se encuentran penetradas por una distinta esencia metafisica, el tiempo, en la primera el cronológico, en la segunda el cosmológico, en la primera reina la historicidad, en la segunda realidad opera la ciclicidad, que percibimos como casualidades significativas, eso que Jung llamó sincronicidad.

De eso tratan las ficciones de Borges: de qué cosa es en esencia una ficción. Borges no pretende escribir cuentos imposibles sino que utiliza precisamente lo fantástico para demostrar que lo imaginario y lo histórico son frecuentemente el mismo fenómeno. Es así como Borges resuelve el conflicto entre los contrarios: mediante el recurso de la paradoja. En esta web hay un ensayo potente y esclarecedor acerca de Jorge Luis Borges y sus ficciones,

El común denominador de todas sus ficciones podría resumirse como un relativismo que gobierna todas las cosas y que por ser el resultado de un enfrentamiento de contrarios adquiere visos de paradoja y, a veces, de oxímoron: un traidor que es héroe (Tema del traidor y el héroe), un Quijote escrito en el siglo XX idéntico al de Cervantes y a su vez inmensamente más rico (Pierre Menard, autor del Quijote), una biblioteca de libros ilegibles (La Biblioteca de Babel), un perseguidor perseguido (La muerte y la brújula), una divinidad que todos buscan y que no encuentran porque ellos son la buscada divinidad (Acercamiento a Almotásim), un minuto que es un año (El milagro secreto), un Judas que es Cristo (Tres versiones de Judas), una letra que contiene el universo (El Aleph), un hombre que vive pero que ya está muerto (El muerto), una historia falsa pero que sustancialmente es cierta (Emma Zunz), una noche que agota la historia de un hombre (Biografía de Tadeo Isidoro Cruz). Este relativismo nos obliga a ver la realidad en perpetuo movimiento, nos incita a trascenderla más allá de su monótona cotidianidad y a penetrarla en sus dimensiones inéditas. Sus cuentos, que algunos consideran de evasión de la realidad, nos acercan más estrechamente a la realidad, no a esa realidad crónica que nos aturde, sino aquella que nos reduce a un número fortuito de una gigantesca lotería y a la vez nos articula con todo lo que fue y será, a aquella que nos transforma en un ciclo de una realidad ya ocurrida y a la vez nos enseña que un minuto puede ser recipiente de la eternidad, a aquella que desdibuja nuestra identidad y nos convierte a la vez en depositarios de una Identidad suprema. En resumen, una realidad inverosímil, contradictoria, ambigua y hasta absurda.

Monografia sobre Jorge Luis Borges, de Jaime Alazraki, de «Narrativa y crítica de nuestra hispanoamérica», 1978. Pags 35-76. Transcripción por Henzo Lafuente. Octubre de 2001.

En un post anterior hablé tambien de Paul Auster en relación con este recurso narrativo de situar al narrador en el interior de lo narrado, en el caso de Auster suele darse el caso de un perseguidor-perseguido como en el caso de «Tema de traidor y héroe» de Borges.

Explora en «Las ruinas circulares» el tema de quién sueña en un sueño ¿quién nos sueña cuando soñamos?, explora la condición del soñante como simulacro para concluir que el mismo soñante debe aceptarse como ficción antes de pretender dotar de vida a sus creaciones oníricas, como esta sirena que se encuentra soñando en su sofá pintada por Magritte.

¿Qué sueña un ser de ficción como una sirena?

Es evidente que una sirena soñará sobre todo consigo misma como sucede en todos los sueños. Ellos -los sueños- tienen una doble narración: una que la dota de continuidad, el Yo, soñamos sobre todo en cosas que hemos vivido o hemos creido vivir, tambien en aquello que hubieramos querido vivir, pero en cualquier caso soñamos en nosotros mismos, en nuestra propia subjetividad, en aquello vivido o imaginado. Además de este marco de referencia o encuadre que llamamos Yo cuando soñamos mezclamos elementos que no necesarimanete hemos vivido y que pertenecen a otros registros de lo imaginario, no solamente recuerdos sino tambien imposibilidades fácticas, irrealidades y a veces absurdos en una mezcla que combina ambos elementos como en una narración extraordinaria sin tiempo cronológico pero vivida desde el dramatismo de lo real: los sueños son verdaderos a pesar de ser mentiras. Una narración extraordinaria que se basa precisamente en un borramiento o más bien en una deformación de los planos espacio-temporales, una torsión geométrica que acerca lo pasado a lo futuro, un oscurecimiento de la realidad tangible donde gobierna la simultaneidad de todos los estimulos y su sustitución por un espacio-tiempo que es a la vez cosmológico y ciclico .

Por muy fantástica que sea una sirena siempre soñará en otras sirenas y sobre todo soñará en si misma con una condición: durante el sueño de una sirena, la sirena que sueña debe ser reducida a un espacio de simulacro. Pues sin ese simulacro del dormir ningún ensueño adquiriría visos de realidad y ningun sueño podria ser considerado y vivido con el dramatismo de la realidad tangible con que se vivencian los sueños.

La sirena que sueña debe ser capaz de comprender que en realidad no existe (durante el sueño) para poder inventarse el simulacro de la realidad onirica. Para que algo retorne desde la realidad es necesario que ese algo haya muerto como realidad fáctica, eso es lo que retorna durante el sueño, la evidencia de que el Yo es sólo una ficción.

Una ficción que habita en la muerte de la realidad.

Stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus (Umberto Eco).

De la rosa solo nos queda su nombre desnudo.

Borges pretende hacer posible lo imposible haciendo soñar a su sirena y lo hace pensando las cosas desde la spinoziana eternidad –sub especie aeternitatis– no se trata de esa dimensión de la eternidad que se identifica con la divinidad, Borges habla de las ideas abstractas, de las cosas representadas como la rosa de Umberto Eco. Borges es un platónico que se pregunta sobre el mundo de las Ideas y no tanto de las personas que se plantean esas ideas: de la realidad sólo interesa el enigma de la repetición, de la variación, del destino, de lo ciclico, del laberinto sólo interesa su centro y no su salida o entrada, de la espiral su nueva vuelta de tuerca, de la biblioteca no interesa el libro frecuentemente ilegible sino la interpretación del bibliotecario ciego, de la rueda de la vida su instante kármico, ese que siempre vuelve porque cabe en un vaso de agua, resulta inútil beberse de golpe el océano pero un vaso de oceano equivale a la eternidad.

Porque todas las aguas son la misma agua.

Una pagina para entender a Borges