Los bordes de la costura

Cuando las muchachas no podian ser “chonis” eran costureras, aun las recuerdo, reian y se acurrucaban en torno al brasero de una mesa camilla y tejian, hacian bolillos o remendaban camisas, cosian botones y cosas asi. Algunas de ellas más tarde se casaron y dejaron de coser porque ya tuvieron entre sus manos los hilos invisibles de otra costura: la de sus hijos, asi siguieron la tradición de aquellas hilanderas del destino que dicen los griegos que son, han sido y serán las mujeres por obra y gracia de Zeus. Otras, las que quedaron solteras profesionalizaron aquella dedicación y se hicieron pantaloneras o camiseras hasta que el pret a porter las dejó a todas sin trabajo y a nosotros los hombres sin destino.

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Y es que las mujeres saben mucho de hilos y de ojales, algunas de ellas incluso saben algo acerca de otro tipo de bordes: me refiero a los bordes que delimitan su propia femineidad y además de coser, pintan, escriben o esculpen, quiero decir que han conseguido expresarse de otra manera distinta a lo que es la propia construcción de esa profecia autocumplidora que es el destino de los hombres y que siempre va a coincidir con el deseo de una mujer. Saben tanto algunas, como digo, que al escarbar en ese enigma que es lo femenino nos lo dibujan y este es el caso de algunas iluminadas que han conseguido un saber sobre el saber. Un más allá del saber que era el coser rotos y descosidos.

En este post me propongo recordar a algunas de ellas como Frida Kahlo a quien ya dediqué un post y a Remedios Varó otra pintora subrealista catalano-mexicana que indagó sobre el secreto del secreto en clave onirica y un tanto jungiana. A pesar de ser catalana no es una mujer-Dalíparanoica ni una taimada Gala, son mujeres Varó o mujeres Kahlo, se trata de costureras venidas del dolor o del desajuste de los sexos. Medias naranjas sin hemisferio norte.

Si Frida Kahlo nos proporcionó a través de su obra su propia versión del dolor, Remedios Varó explora precisamente en este cuadro titulado “Bordando el manto terrestre”la tarea ordenadora del mundo telúrico a través de la mujer, el cuadro iguala ese manto que tejen esas mujeres quizá prisioneras en una torre y a cargo de una figura masculina que parece un monje y dirige la actividad de las hilanderas con la disciplina de un convento o quizá de un capataz que declama mantras o el evangelio que es un poco lo mismo, pues el manto terrestre emerge de la tarea cíclica y recurrente de la creación femenina, del trabajo de la mujer: aquella que no puede ser cesada de faenar so pena de que la tierra entera se disolviera replegada sobre si misma.

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En este otro cuadro aparece otro de los motivos centrales de la obra de Varó: el dificil o imposible equilibrio entre lo femenino y lo masculino. Podemos ver como una especie de candelabros se apoyan en un cesto de puas, garras o uñas, elementos que hacen dificil entender el equilibrio, se trata de lo fálico, lo que dice sustentar el equilibrio del mundo, sobre ellos las llamas no emergen de la cera, sino que el fuego parace arder en el vacio de una copa suspendida, mientras la cera derretida cae sobre las púas y ejerce una función casi de gelatinoso pegamento.

Un pegamento entre aire y tierra necesario para que se manifieste el fuego.

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Este otro cuadro de Remedios Varó es probablemente el más enigmatico entre ellos, se trata de “Mujer saliendo del psicoanalista”.

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Nótese el aspecto enmascarado y furtivo de esa figura femenina que parece levitar mientras mantiene en su mano izquierda un bolso que parece contener la cabeza fantasmal invertida ¿de su psicoanalista?, mientras ella misma parece contener dos cabezas, una social ¿su máscara? y otra embozada apenas adivinada en los pliegues de su vestido. La escena se desarrolla en un espacio semicerrado, en forma de semicirculo. Un mándala universal.

La mujer parece además llevar un tocado en su cabeza que aparece constantemente en la obra de Varó: más bien representa una barba al revés, una especie de barba o falo invertido que apunta al cielo en lugar de apuntar al suelo que es donde las barbas dirigen su mirada. Las leyes de la gravedad sólo pueden ser derrotadas por el vuelo, ese registro aéreo omnipresente en las mujeres y que tambien evoca a la luna y sus tres fases: lo femenino fatídico.

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Como este otro, representación de la vida y tambien de su crecimiento exponencial, hacia fuera huyendo del centro: la espiral, otro de los temas recurrentes de los sueños y del registro simbólico de los surrealistas.

Asi crecen los seres vivos y asi seguramente crecen las costureras: huyendo de su centro pues si regresar es una forma de llegar es seguro que expandir es una forma de comprender.

remedios_varo.jpgMás obra de Remedios Varó

4 comentarios en “Los bordes de la costura

  1. Me en-can-ta ya no sólo la obra sino tu versión/visión tan única, la hermenéutica que pone la guinda al pastel. Bravo por ellas, las que supieron comprender que la feminidad de Madre Tierra, el Gran Utero cósmico, puede adornarse con pinceladas de colorida genialidad. Ellas sonreirían conmovidas si vieran esto desde ese limbo al que llegaron tras cruzar El umbral por los demás.
    Chin-chin emocionado.

  2. La Mujer Saliendo del Psicoanalista me recuerda -no sé porqué- a la Biblioteca de Babel de Borges o a The Cube. Y eso que lleva en la mano yo lo veo más bien como “la máscara” de la que se desprende.
    No sé, hum.

  3. Hace poco yo utilicé esta expresión ” entre rotos y descosidos ” para hacer referencia a una performance que hice con mis alumnos, versión libérrima del baile de Thriller de Michel Jackson, así que me ha hecho gracia verlo precisamente aquí y relacionándolo con las ” hilanderas del destino ” junto con las pantaloneras y las camiseras. El totum revolutum, así se podrían clasificar algunas aulas de hoy en día.

    Y la imagen que utilizas al comienzo de un grupo de mujeres cosiendo alrededor de una brasero, alegres y dicharacheras, también me ha recordado un comentario de una amiga mía a la que han trasladado de edificio de trabajo hace unos quince días. El nuevo edificio según parece da calambrazos y unos han determinado comprar zapatos con suelas de plásticos y otros sencillamente comienzan a sentir síntomas sospechosos de contagio de la propia enfermedad del edificio que en realidad no es otra que el mal trato al trabajador porque a pesar del lavado de cara que le han hecho la organización del mismo no pasa por ser sino un auténtico despropósito como la nueva reforma del sistema judicial.

    Pronto habrá movilizaciones como protesta porque la gente comienza a ponerse enferma- la mayor parte de los trabajadores son mujeres- y es que en esa carrera de crecimiento exponencial las espirales pueden ser bastante mareantes, sobre todo si están hechas para que des vueltas sin parar. Sí de la mesa camilla al edificio calambrador hay un gran salto y evolución pero no hay que olvidar que bordar con hilo de oro es un arte que llevan haciendo las mujeres desde la antigüedad.

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