La sinceridad radical

Un nuevo guru llamado Brad Blanton propone una nueva técnica psicoterapeutica basada en un concepto de la honestidad radical: decir siempre lo que se piensa. En este articulo el lector podrá bucear en los fundamentos conceptuales y en algunos ejemplos dignos de admiración.

 

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Pero en realidad la técnica es tan antigua como el mundo y como siempre se trata de un invento de los griegos. En Atenas hubo un hombre llamado Diógenes que ha pasado a la historia de la filosofía como inventor del cinismo que no es otra cosa sino vivir de espaldas a las conveniencias, adorar a ese Dios que llamamos autenticidad y no meterse en lios de hipotecas o de extravios intelectuales o financieros.

En realidad ahora lo que entendemos como cinismo es algo que queda un poco más acá de su concepto filosófico original, un cínico es aquel que conoce una verdad pero que en su conducta práctica contradice tal conocimiento. Un cínico es sobre todo un ecléctico, esos que tienen argumentos para defender una cosa y su contraria sin pestañear. Una persona que cree que es posible la libertad de boca para afuera como si nuestra conducta o nuestro palabra fueran las últimas razones a las que hay que dar credenciales de verosimilitud. Un cínico es aquel que te dirá, «si quieres puedes», más allá de las circunstancias sociales o existenciales de una persona, de sus nudos, ataduras o compromisos con los demás, el cínico no cree en ese tipo de compromisos porque el cínico es sobre todo un Narciso y sólo está comprometido con esa ficción que llamamos Si-Mismo.

Diógenes vivia en una especie de tonel y se alumbraba con una lámpara que ha pasado a la posteridad como un símbolo de la búsqueda de la verdad absoluta, limpia, desgajada de cualquier consideración relacional. Diógenes busca pues lo que no existe y lo hace desde una mismidad radical, «yo soy la medida de todas las cosas» y por eso no atiendo a ninguna norma, a ninguna restricción formal, porque lo que yo digo es la verdad desnuda y los demás , siempre ignorantes, no tienen más remedio sino venir a mi lado de la verdad y descubrirla a su pesar a partir de ese desenmascaramiento al que dedico mi vida.diogenes2.jpg

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Por eso nunca entenderé porque se llama «Sindrome de Diógenes» a esa supuesta patología donde -usualmente- ancianos que viven solos se dedican a atesorar o acumular basura en sus domicilios o a suponer que son pobres cuando tienen el banco lleno de euros procedentes de minúsculas pero intocadas pensiones que proceden de su convicción de pobreza. Y es que seguramente hay algo en la basura que no tiene desperdicio, cosa que ya sabía Freud pero que al parecer ignoran gran parte de los clínicos y los servicios sociales de nuestros opulentos entornos. Seguramente porque no saben o no han reflexionado nunca acerca del goce que se oculta detrás de la indiferencia por lo social, a veces la única forma de demostrar ese desinterés  sea la de convertir el domicilio en un estercolero, cosa que ya advirtió el propio Diógenes aquel dia en que fue invitado por un noble griego a cenar en su casa. El noble le pidió «que no escupiera alli donde estuviera limpio». Y por eso Diógenes al terminar el ágape le escupió en la cara, pues era aquel el único lugar sucio de la casa.

Con lo que venía a decir que el desperdicio y la basura no están sólo en la mierda sino también en las intenciones de lo demás y sobre todo -por decirlo en términos modernos- en la corrupción de una determinada clase social que basa su opulencia y ostentación en la miseria de las demás. Ahi se puede escupir.

O sea que escupir puede resultar incluso moderno hoy que ha vuelto a ponerse de moda la sinceridad radical, claro que lo que hay que saber es que tal sinceridad radical no es absolutamente una idea angelical sobre todo cuando persigue un fin publicitario. En este video podemos ver por ejemplo como Risto Mejide, un narciso vendemotos nos divierte con su personaje de ficción creado para la ocasión de OT, una especie de Diógenes moderno que no para de decir verdades de esas que tanto duelen en televisión pero que paradójicamente no hacen sino incrementar su cuota de share.

¿Ficción o realidad?

¿Hay alguna diferencia?

Nota: A este edificante programa debemos la emergencia de talentos tales como Bisbal o Bustamante, verdaderos «productos» creados bajo la batuta de displicentes y auténticos maestros de la ficción y del simulacro como Mejide.