Los muertos vivos

dracula.jpgBram Stoker se inspiró en la leyenda de Vlad Tepes, un noble sanguinario medieval que se conoce con el sobrenombre de «El empalador» por sus gustos escatológicos con vara y palo contra sus enemigos- que como siempre venian del este- para escribir la novela cumbre de terror gótico conocida con el nombre de Drácula. Francis Ford Coppola se inspira precisamente en esta versión del vampiro para filmar una obra de arte de ese terror medievalizante con amores torturados de por medio con una banda sonora sublime y escenas de amor-terror que vale la pena recordar aunque sea por aquello de que Drácula tuvo que cruzar océanos de tiempo para encontrarse con la nueva versión -la reencarnación- de su amada Mina.

Vale la pena recordar estas escenas líricas de la pelicula de Ford Coppola para meterse en harina, en la harina del reencuentro:

Pero Drácula en realidad no es un muerto-vivo sino un no-muerto que está condenado como Aquiles o Quirón a vivir eternamente, como Lestat aquel inquietante vampiro interpretado por Tom Cruise e inventado por la mente en duelo eterno de Anne Rice de la pelicula «Entrevista con el vampiro» cuya maldición es precisamente esa: el no poder morirse ni siquiera de asco.

sorolla.jpgDe manera que esto de los muertos-vivos son como metáforas que pueden significar cualquier cosa, como por ejemplo un renacimiento, en este caso llamo la atención de una obra de Constantí Llombart titulada «El fills de la morta-viva» en alusión al renacimiento de la lengua valenciana durante aquel corto periodo de esplendor que vino a llamarse «Renaixença» y que llenó Valencia de juegos florales, de asociaciones culturales tipo «Lo rat penat» y de casales falleros, pero poco más nos queda de aquel optimismo que pretendía asociar a Sorolla con un valencianismo sin identidad. Como es bien sabido ni Blasco Ibañez ni Sorolla fueron bien tratados por la posteridad y de ellos solo nos queda su gusto por lo trágico, la paella, la luz y un vago recuerdo de muertos-vivos. Ahora Sorolla vuelve a Valencia con una colección de paneles neoyorkinos pero el resto de Sorollas están en el Prado y gracias.

Ahora ya no hay no-muertos al estilo de Drácula sino al contrario: aquellos que estando muertos no lo saben. Aquellos vivos que no estan vivos para lo simbólico. Porque un vivo no es aquel que se mueve, come, fornica o habla sino aquel que está vivo en el deseo de un otro. Ese mal parece aquejar a muchas personas que vagan por el mundo ignorando que ya están muertos porque su existencia nunca estuvo en el imaginario del otro y por eso son muertos simbólicos. Mucho saben de eso: aquellos que ya nacieron muertos como Bergman o Althusser, en este caso tenemos un libro que es un testimonio de primera mano: «El porvenir es largo», donde Althusser nos cuenta porque mató a su esposa que era la única persona para quien el propio Althusser estaba vivo. Cuando uno asesina a alguien a veces comete un suicidio por persona interpuesta, un suicidio invertido. Eso parece que le sucedió a Althusser, al matar a su esposa estaba suicidándose puesto que era Hélene la unica persona que le creyó vivo.

Y creerse vivo estando muerto debe de ser un suplicio insoportable y si no lo creen pueden volver a ver «El sexto sentido» una película acerca de un muerto que cree estar vivo y que desde su muerte no consciente es capaz de ayudar a un niño alucinado a pactar con sus temores y sus miedos. Una bella metáfora de qué es lo que hay que hacer para que determinados síntomas desaparezcan: a veces lo mejor es llegar a un acuerdo con esas apariciones, como Cole el niño que en este film es capaz de alcanzar un consenso de ayuda sobre sus apariciones espectrales.

Ayudando a los muertos se ayuda a los vivos, porque ambos: vivos y muertos conviven en tiempo y forma en el mismo entorno.

En el terreno del fantasma.