Marketing y enfermedad

Las enfermedades mentales no son especies botánicas tal y como andamos acostumbrados a pensarlas sino articulaciones del goce o del sufrimiento con la subjetividad, por eso no existen dos enfermedades iguales pues lo que enferma es un sujeto que como tal es siempre distinto a otro. El pensamiento categorial sin embargo es muy util en medicina pues realmente todas las hemorroides son la misma hemorroide, el sujeto tiene muy poco que añadir a esta molesta enfemedad, lo que enferma en ese caso es un órgano -importante sin duda- pero un ojo a fin de cuentas desgajado de la subjetividad.

Las enfermedades mentales siguen patrones culturales e históricos en su expresión, son por asi decir enfermedades étnicas cuya expresión viene afectada por el idioma, las costumbres, el modo de alimentarse, las creencias, tradiciones, etc. Lo que significa que las enfermedades mentales son un nudo entre el individuo y su cultura, en ese anudamiento se encuentra apresado el deseo, oculto tras una trama de hilos y enlaces, de lios con la cuerda que no es otra cosa sino los vinculos que mantenemos con “la cosa en si” la existencia ineluctable del otro.

Por eso las enfermedades mentales se pueden inducir a través de ciertos mecanismos culturales, uno de los más importantes son los medios de comunicación omnipresentes en nuestras sociedades mediadas. Y por eso hay epidemias de trastornos mentales y no de hemorroides: flagelantes, sectas, delirios de posesión o éxtasis contemplativos en la edad media o drogadicciones, botellones, anorexia, bulimia, ataques de pánico o suicidios en grupo en la edad moderna.

Las enfemedades mentales no se contagian como la gripe pero pueden inducirse a través de la propaganda, pueden plagiarse porque un sufrimiento informe siempre buscará inscribirse en algo, un diagnóstico, un nombre. Hoy por ejemplo ha saltado una noticia inquietante en la prensa que dice asi, “cada dia la anorexia afecta a niñas más jóvenes, los expertos han detectado casos hasta en niñas de 9 años”.

Naturalmente los expertos consultados son una empresa privada que se dedica al tratamiento y “prevención” de los trastornos alimentarios, son datos pues trucados que no proceden de ninguna agencia sanitaria estatal sino de alguien que está publicitándose a si mismo y que sin ser falsos no son del todo honestos.

Es cierto que cada vez detectamos más casos en niñas muy jóvenes como tambien hay más casos de todo en niños más jóvenes, porque si alguien lo piensa ¿existe alguna diferencia entre la manera de vivir y soñar de una niña de 9 años y otra de 14? Pues claro que no, las niñas de 9 años son como las de 14 pero con menos derecho a salir por la noche, en el resto son iguales, seguro que hasta tienen móvil.

La verdad del asunto es que en la adolescencia existe una curva donde muchos adolescentes pueden perder el control de su vida, existen muchos malestares vinculados a la emancipación, a la separación de la madre, a la elección de una pareja sentimental, a la rivalidad con el grupo de iguales, a encontrar un hueco en el simbólico familiar. Esos malestares son comunes a esa época de la vida que llamamos adolescencia y sólo se convierten en un problema cuando el individuo enferma a causa de su derrota al enfrentarlos. La anorexia aglutina en torno a sí muchos malestares diversos y banales y no se debe a un único malestar. Las personas que tienen esos conflictos – que son todas a esa edad- pueden en un determinado momento dejar de comer como una forma de obtener control sobre su situación, pero eso aun no es una anorexia, tampoco lo es la excesiva delgadez por sí misma. Para que haya una anorexia deben cumplirse además otros criterios psicopatológicos que no citaré para no hacer publicidad.

Es precisamente el mimetismo social lo que hace que parezca que los trastornos alimentarios son una epidemia. Y si lo parece así es por informaciones constantes en los medios de comunicación: ser anoréxica se ha convertido en algo normal, en una identidad y este es el efecto perverso de la publicidad: repetir algo acaba vulgarizando ese algo y constituyéndose en un atractor de calamidades que de no existir se dispersarían en multitud de problemas menores. “Anoréxica” es una palabra casi mágica que ya forma parte del léxico común, tener una depresión o pillar droga ya forman parte del imaginario común de nuestros adolescentes. La consecuencia es que aquellas etiquetas con un mayor prestigio social atraerán hacia sí un mayor número de casos. Y es evidente que la etiqueta “anoréxica” es más soportable que la etiqueta “esquizofrénica” que carece de todo glamour.

anorexiatoscani.jpg

No es que la publicidad cause la anorexia sino que la hace más deseable.

Sólo falta que encima les vayamos haciendo publicidad.

2 comentarios en “Marketing y enfermedad

  1. Interesante forma de definir la influencia que tiene la sociedad en la manifestación de las llamadas “enfermedades” mentales.

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