El espiritu de la paella

Lease este post después de haber contemplado a estas falleras en bolas, nótese como lo erótico – tal y como decia Bataille– se encuentra muy cerca de lo sagrado.

fallera-desnuda.jpg

La paella no se guisa, ni se cuece, se oficia desde la tierra hasta el aire, desde lo telúrico hasta el éter. Un oficio que consta de cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua y son los que describo a continuación:

Materia es tierra, y asi llamo tanto a la materia inerte, paellón y fogones, como a la materia comestible, a saber: pollo, conejo, arroz, judias, y bajocons (palabra intraducible al castellano). La paella no admite, al contrario de lo que creen los catalanes ni guisantes, ni sepia, mejillones o costilla de cerdo que ensucia el cuarto elemento hasta la saciedad o sea el agua. En cambio admite alcachofas, caracoles y diversas especias, pimienta y acaso romero.

En primer lugar hay que nivelar el fogón y hacerse con un cuartillo de leña de naranjo, luego se pone el aceite haciendo que ocupe el centro del paellón y observar con esta intrusión si el paellón está o no bien nivelado, una vez hecha esta comprobación sagrada, sofreir.

Póngase el tomate picado, la pimienta y la carne troceada y salada, entiendase bien que la paella solo admite pollo y conejo, dórese y cuando esté la carne dorada introduzcase la verdura, judias y alcachofas (si es invierno) a fin de que vayan dorándose con la carne entendiendo bien que la alcachofa precisará siempre más cocción que las judias, lo mismo sucede con «els bajocons», duros por su celulósica naturaleza. Una vez dorada la carne el héroe escampa inundando todo el paellón con agua. Aqui termina la primera parte del viaje del heroe paellero valenciano.

Nótese que en este intervalo el paellero toma cerveza y consume el higado del pollo que previamente ha puesto en el sofrito, no se trata de gula sino de una recompensa al esfuerzo realizado, sosténgase el higado con el indice y el pulgar, elévese hacia el cielo y después tráguese si es posible mascullando un juramento, un buen trago de cerveza y mientras tanto la ley de la ebullición del agua sigue imponiendo su necesidad.

Es una buen praxis de un buen paellero guardar ciertos vasos de agua (ahora hecha caldo), uno o dos por si acaso después se precisaran, asi el paellero, hace al cabo de un buen rato (más que menos) un tastet, es decir prueba como está la cosa de sal. Aqui existen varias versiones, los que dicen «que qui guisa salat guisa per al gat» o los que opinan que la paella «deu estar sentideta«. Lo usual es que se ceda un poco a la comercialidad del asunto y no se apriete demasiado el gusto salado de acuerdo con una versión estadistica que impone como siempre austeridad.

A continuación es necesario una disquisisción acerca del agua. Nótese que en todo momento el autor está hablando de aguas valencianas, no sirven aguas madrileñas, ni por supuesto aguas catalanas (las peores), francesas o inglesas (imposibles). Existe un consenso de opinión en torno a la idea de que las aguas inglesas son las que peor se adaptan a la paella, de manera que si alguno de mis lectores habitara en aquellas gélidas islas, deberá apropiarse de garrafas de agua valenciana que tiene la dureza necesaria para que la presión osmótica del arroz sometido a cocción rompa en su debido momento, las aguas demasiado blandas no hacen sino empastrar el resultado de la paella y con ello rompen la magia de la celebración, arruinando más de un ritual.

Una vez pasado el tiempo suficiente para que toda la carne quede bien hervida junto a la verdura viene por fin la ultima operación, la hora de la verdad paellera que es el punto de no retorno (the point of no return) : la adición del arroz, ¿como saber la cantidad necesaria? hágase un «caballonet» (palabra de imposible traducción) de arroz de manera que sobresalga por encima del agua de asa a asa y luego trázese una cruz. Si el paellero puede observar esta cruz formada en la superficie del agua podemos decir que hemos logrado la dosis justa y a ojo del arroz. Una vez comprobada la cruz entonces extiéndase el arroz por todo el paellón y nivelese para una mejor presentación.

Ahora dosifíquese bien el fuego de modo y manera que el agua tarde unos 15-20 minutos en evaporarse. Por eso el paellero perfecto ha guardado antes uno o dos vasos de caldo, por si fuera necesario añadir más caldo a última hora (in extremis) si la fuerza del fuego asi lo aconsejare o bien otros elementos ambientales como el viento o la sequedad de la leña que casi nunca tiene la misma potencia calorifica.

Cuando haya desaparecido el agua casi por completo se apaga el fuego y se añaden -segun gusto- las especias silvestres que previamente se recogieron en el bosque, me refiero al romero, una ramita que se guardó para este final apocalíptico. La ramita se deposita encima de la materia esperando un par de minutos a que derrame su aceite esencial sobre la amarilla «matter custard», tal y como John lennon adivirtiera en «I am the walrus«, donde diversos estudios recientes apuntan a que realmente estaba hablando de la paella valenciana. Pueden ustedes comprobarlo en este video (conviene saber inglés para penetrar en tan hermético texto:

 

A continuación se retira el paellón del fuego cuyos rescoldos sirvieron para prolongar la agonia de las ultimas gotas de agua que se resistieron a desaparecer, entonces cúbrase con un periodico del dia, «el Mundo» se adapta mejor que «el Pais» a este menester, segun todos los expertos consultados. Entonces se pone la mesa, mientras la paella se enfría. Nótese que una paella debe reposar unos 10 minutos antes de consumirse, porque como todas las cosas de la vida precisa un tiempo de meditación en sí misma, concentración y cambio de fase. Entonces póngase en medio de la mesa, cada comensal dispondrá de un plato donde consumir las cujas del pollo o los trozos del conejo que le toquen en suerte, pero antes de nada regará abundantemente con limón la parte del paellón que le toque delante. Las asas deben situarse en lugares distantes de los niños para que no se ensucien. Consúmase con cuchara de madera y si esto no fuera posible de alpaca pero nunca con tenedor. Riégese con vino cosechero (no hace falta que sea valenciano), pero deberá rechazarse siempre el vino catalán por razones políticas.

Atención preferente precisará el «socarraet«- palabra iniciática paellera- hecho a gusto del paellero ponente aprovechando explosiones anteriores de las vetas de la leña y que conviene saber que habrá siempre lugares del paellón con más «socarraet» que otras; escárbese con la cuchara para hallar aquellas zonas ricas en «socarraet» y consúmase.

Para después es bueno disponer de palillos para sacarse las mollas del pollo o conejo de los dientes antes de pasar a los postres.

Si, definitivamente hay un karma valenciano que se llama paella.

Como hay una karmática valenciana negra que canta copla y se llama Concha Buyka, no se la pierdan cantando esta versión flamenco-soul-jazz de aquel viejo tema llamado «Mi niña Lola», ideal para los postres y el vino dulce.

La grieta

grieta.jpgUna grieta es algo más que una hendidura en una superficie, es sobre todo algo que separa, un obstáculo, una ruptura, una discontinuidad entre dos cosas que deberian permanecer sin solución de continuidad. Una grieta dicen que son las razas, porque separan al uno del otro, un otro que queda asi excluido, la palabra «inmigrante» por ejemplo es una palabra acanalada que lleva implicita una ruptura, una separación.

dioris.jpgAsi tratamos la alteridad a base de grietas y de hoquedades. Será por eso que Doris Salcedo ha abierto una grieta en un lugar insospechado: en un museo, esa especie de mausoleos del arte, pues grietas tambien son los museos al separar la calle del espacio interior que preservan con cámaras y guardianes de la codicia ajena. De haber una grieta que separa a los que «entienden» de aquellos que nada saben del arte es precisamente este lugar, la Tate Modern, un museo tradicional donde precisamente Doris ha abierto una grieta.

doris-salcedo.jpg

Grietas que luego rellenamos con basura o con objetos inútiles como estas sillas que parecen operar como cementos de esa otra grieta que se abre entre dos casas.

Pero si Dios decidió confundir las lenguas de los hombres en la torre de Babel no fue para fastidiar, sino para señalar algo acerca de su naturaleza, algo que va más allá de las razas y de los idiomas. La peor confusión que existe entre los humanos es la diferencia en los discursos en los que creen. Un discurso no es lo que se manifiesta a través del lenguaje sino la matriz propia del lenguaje, asi hablamos del discurso de la ciencia o del discurso del poder, del dinero o de la medicina, tambien del discurso de los oprimidos y de los amos del mundo. Como decia Hegel y también Lacan el discurso más conocido es el discurso del amo y su opuesto el discurso del esclavo, de esa dialéctica proceden todos los desequilibrios del mundo y todas las grietas que separan la subjetividad del otro.

Tambien existe el discurso juridico -una variante del discurso del amo- que es un discurso a medio camino de la farsa y la tragedia como esta noticia que ha saltado a los medios de comunicación esta semana. Una niña de 11 años ha quedado embarazada y la Ley y los servicios sociales han puesto en marcha la maquinaria del Estado. Una fiscal treintañera salió por televisión explicando dos cosas muy divertidas: una, que toda relación sexual con una menor es «como» una violación porque ella no puede dar su consentimiento. Todo menor es además inimputable o sea irresponsable, un muerto civil, un alienado. La otra cosa graciosa es que la fiscalía está investigando al «autor» de la pregnancia. Nunca me lo había planteado asi, quiero decir que mis hijos fueran una autoría, si lo llego a saber les inscribo en la SGAE, quién sabe, a lo mejor hasta cobraría a estas horas suculentos derechos de autor.

¿A quien se le ocurriría semejante barbaridad de » La ley del menor»?

Cuando yo tenia 7 años nos hacian tomar la comunión porque ya estábamos en pleno «uso de razón», es decir ya podíamos pecar porque podiamos discriminar entre el bien y el mal. Será que como ahora ya no hay pecados contra los que alzarse en armas las niñas de hoy se quedan preñadas directamente sin necesidad de saber que están transgrediendo algo. Porque una vez caducados los pecados contra la carne, lo único que se transgrede cuando se copula es el discurso de los fiscales y los jueces y el discurso higienico-sanitario-psicológico de los asistentes sociales.

Al final se supo que la que la había dejado embarazada fue a su vez un menor de la misma familia: embarazo e incesto, dos pecados.

Totalmente inimputables por supuesto, o sea sin posibilidad de redención, ellos son irresponsables hasta los 18, pero entonces ya será demasiado tarde para cualquier cosa.

La memoria histérica

histeria.jpgNo es de extrañar que fuera en Francia donde surgieron las teorias modernas sobre la histeria y tampoco es de extrañar que fuera después de un periodo revolucionario, los franceses tenian mucho para olvidar y sería por eso que habian tantas histéricas ingresadas en la Salpetrière cuando Charcot y Bernheim nos legaron sus ya clásicos estudios sobre la conversión y la disociacion histérica, la sugestión hipnótica y la inducción de fenomenos histéricos a través de la hipnosis. Olvidamos lo que queremos olvidar, aquello que entra en contradicción con nuestros principios morales o con el principio del placer. Freud dio luego el puntillazo definitivo cuando teorizó que en realidad lo que reprimiamos era un «impulso inaceptable» que entraba en contradicción con nuestra parte moral o nuestra conveniencia, por eso la histeria es trauma y es olvido, pero un olvido al fin y al cabo de mentirijillas y un trauma que en realidad no era para tanto.

Los franceses, decía, tienen mucho para olvidar, al fin y al cabo Paris ha sido en la Edad Moderna el lugar de los genocidios más importante de Europa y por eso se inventó a Napoleón, un «casi rey» después de una revolución que en principio se hizo para evitarlos: para exportar el genocidio a toda Europa y quedar de ese modo a salvo de la culpa generacional de eso que ellos cantan con letra y todo: «Allons enfants de la patrie» para esconder que detrás de esa exaltación de la República se esconde el crimen en masa más ignominioso de la historia de Europa, gracias al sr Gillotin que fue el que puso a punto una maquina de exterminio cientifica y potente, incuestionable.

O sea que detrás de cualquier exaltación, himno, letra o idea siempre hay un montón de cadáveres, lo que pasa es que los cadáveres van cambiando de titularidad y asi no los recordamos con claridad: hugonotes, calvinistas, católicos, judios, palestinos, aristocratas, republicanos, comunistas, etc. A cada época le toca a unos y no a otros cargar con la culpa generacional de toda una legión de asesinos licenciados aunque el turno inexorable ya ha dado la vuelta y es posible decir que todos hemos sido víctimas ya de todos los demás varias veces. Está bien recuperar la memoria histórica siempre y cuando no nos venga la histeria y la recordemos de modo disociado como decía Janet, que eso es lo que hay que esperar cuando el Gobierno nos hace recordar a la fuerza y comienza a desenterrar a los muertos de un bando y a condenar a los del otro que a su vez fueron victimas antes de tomarse la revancha. Asi es la vida un continuo ir y venir histérico con la memoria disociada y la mirada dividida. Un ajuste de cuentas perpetuo.

Eso parece proponernos Alberti en este conocido soneto titulado «Nocturno»

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,

las palabras entonces no sirven son palabras.
Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,

qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta

cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar que no puede por imposible, y calla.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Adolfo Suarez devolvió la palabra a todos aquellos que tenian algo que decir. Será por eso que tambien le quitaron de enmedio.

suarez.jpgEn España no tenemos tanta tradición histérica como en Francia, porque aqui como somos mas bestias que nadie preferimos el Alzheimer o el vino peleón, aqui nos olvidamos de todo, pero de verdad, no como las histéricas de la Salpetriere. Aqui bebemos para olvidar que somos unos canallas que es una barata manera de autoinducirse un trance. Y cuando todo falla está el Sr Alzheimer que ya castigó a Adolfo Suarez dejándole desmemoriado, él precisamente que era nuestra memoria reciente y ahora a Maragall que deja a Cataluña sin su idem.

Por eso cuando hacemos alguna barrabasada no nos acordamos como este caballero que achaca al alcohol la desmemoria de «su olla».

Histriones y poetas

Je est un autre (Rimbaud)

 

rimbaud.jpgEl gran problema de los seres hablantes es que andamos divididos, escindidos en dos partes, algo que entra en contradicción con nuestra mania unitaria, desear ser uno, como si en la unidad hubiera que predecir un glorioso consenso, un goce sobrenatural y asi es: fuimos dioses de pequeños cuando aun no habiamos sido atravesados por el lenguaje, después de eso fuimos dos, Yo y el otro y uno nunca sabe cuando el que habla, sueña, piensa o discute es el Yo o es el Otro, una intromisión intolerable que nos amarga la vida y de la que nos ocupamos a diario a fin de silenciar unas veces al Yo y otras veces al Otro a los que solemos confundir de tanto que nos hemos acostumbrado a pensar en clave unitaria.

Cuando hablo me divido, cuando escucho me multiplico, será por eso que unos eligen el hablar y otros el callar, pues sólo somos sujetos cuando hablamos y sólo somos objetos cuando escuchamos y aun más: cuando hablamos somos sujetos y objetos simultáneamente y debe ser por eso por lo que hablar tiene algo de siniestro y algunos de los que hablan parece que se escuchan a si mismos como pagados de lo que dicen. Hagan ustedes la prueba y un dia cuando estén hablando, mejor si lo hacen en público observen las caras de los escuchantes, hallarán en ellos esa expresión del hipnotizado, una extraña fascinación que a veces coincide con la somnolencia, podemos dormir a nuestra parroquia o galvanizarla con un discurso patriótico o engañarla como hacen los políticos, hay algo en la escucha que amortigüa la critica y el juicio y que hace al escuchante dependiente de la palabra del orador, mejor claro si está dotado para la retórica y tiene tendencias demagógicas porque el escuchante va de pasivo necesario pues no se sabe dividido y esa es su debilidad.

Hay algunos oradores que se sienten muy mal cuando hablan en público y se refugian en una especie de aburrido monólogo sin matices que llega a cansar al respetable que acaba abandonando la sala, pero no es más que un malentendido, el orador no es aburrido o pesado sino un fóbico que teme que por la boca se le escape algo que le delate. Por eso tiende a ocurecer su discurso y a hacerlo monótono, trata de parar el movimiento de sus afectos y de detener el flujo de asociaciones que le vienen a uno cuando está hablando. ¿Qué es hablar? Pues hablar es como pensar pero hacia afuera, mientras el pensamiento es esa conversación que mantenemos con nosotros mismos, es decir con el otro que vive al otro lado, hablar -pensar en voz alta- es hacer público ese diálogo interior que por obsceno, temerario o deudor nos conviene inhibir. Hablar en público es correr el riesgo de que a uno se le acabe viendo el plumero, claro que el plumero está para verse y siempre será mejor tener plumero que carecer de él, como esos oyentes profesionales que acuden a todas las conferencias y que son colonizados por las palabras de el otro-otro y que sólo osan hablar con ese Otro cuando escriben en secreto. Pobres de ellos no saben que Yo es un Otro como decia Rimbaud y que de hecho todo se sabe, ese Otro sin duda sabe todo del Yo.
Y de usted.

Hablar es sobre todo dominar el arte del simulacro, algo para los que los humanos estamos dotados genéticamente merced a las neuronas espejo que son las responsables de nuestra habilidad para la imitación. Baste ver este video que propongo para caer en la cuenta de que el que habla está haciendo teatro, simulando y el que escucha es su cómplice fascinado.

Dice el monstruo: «yo no soy de la evolución». No tiene desperdicio este discurso-farsa.

Ser, no ser y parecer

Ser o no ser… esa es la cuestión.
¿Qué es más noble para el alma, sufrir
las pedradas y flechas de la airada fortuna
o alzarse en armas contra un mar de problemas
y por oposición cesarlos? Morir, dormir…
nada más; y decir que con un sueño cesamos
el dolor de corazón y los mil golpes naturales
de los cuales la carne es heredera… es una consumación
devotamente deseada. Morir, dormir,
dormir… tal vez soñar. Ah, ese es el obstáculo.
Pues en ese sueño en muerte, ¿qué sueños sobrevendrían
cuando despojados de esta atadura mortal
hallemos paz? Esa es la razón
que hace a la desgracia tan longeva.
Pues, ¿quién soportaría los azotes y desprecios del tiempo,
la injusticia del opresor, el insulto del soberbio,
las heridas del amor no correspondido, el retraso de la justicia,
la insolencia del gobernante, y los ultrajes
que el paciente mérito recibe del indigno,
cuando puede a sí mismo silenciarse
con una simple daga? ¿Quién podría soportar estas cargas,
gruñir y sudar en una vida de cansancio,
sino es por miedo a algo tras la muerte
(país por descubrir, de cuyas fronteras
ningún viajero retorna) que devana la voluntad,
y nos hace soportar esos males que padecemos
antes que volar hacia otros desconocidos?
Así la conciencia nos hace cobardes a todos;
y así el natural color de la resolución
enferma con el pálido molde del pensamiento,
y empresas de gran esencia y trascendencia
con este honor sus corrientes tuercen
y pierden el nombre de acción.

De este texto se han hecho multitud de interpretaciones, hasta tesis doctorales: se trata en cualquier caso de un texto hermético, dificil y que requiere conocer los entresijos psicológicos de Hamlet y aún: el universo de Shakespeare, un escritor de tragedias teatrales acostumbrado a plantearse este dilema ¿Qué es más verdad la ficción o la realidad? ¿Quién es yo, qué es lo que de genuino hay en mí?

Pareciera que en el texto Hamlet está hablando de la vida (ser) y de la muerte (no ser) pero Hamlet habla además de otras cosas: de la función del sueño y otra aun más profunda:

¿Qué induce al hombre desgraciado a seguir vivo?

Concluye que es la conciencia la que nos hace cobardes y nos impide la acción que en su caso no seria otra cosa sino la venganza que planea en su tio Claudio a quien atribuye el asesinato de su padre y haber desposado a su madre precipitadamente sin tiempo a elaborar un duelo, lo que para Hamlet no es sino la señal de la culpa tanto de su tio Claudio como de su madre a la que acusa de lasciva.

Pero el drama de Hamlet es precisamente que su tio Claudio ejecuta su deseo edipico y es en eso en lo que él y su tio son iguales, ambos se parecen en el deseo pero se diferencian en que mientras uno lo lleva a cabo, el otro solo lo desea y lo sufre.

¿Cómo asesinar a quien no ha hecho sino lo que uno había deseado?

Este asesinato sería en parte un suicidio, una especie de asesinato invertido: Hamlet no puede dar muerte a Claudio sin asesinar en él algo de sí mismo. Es por eso que Hamlet hace equivaler la acción con el no ser, con la muerte, mientras el ser es la inacción, la duda, la vacilación.

Es verdad que existe una grieta entre lo que somos y lo que parecemos ser y es también verdad que la farsa de la vida nos impulsa a tomar determinados y continuos papeles más allá de nuestra inclinación natural, es verdad que estamos siempre fingiendo ser algo distintos de lo que somos como si fuéramos actores empeñados en mostrar lo mejor o lo peor de nosotros mismos, pero es tambien verdad que ese histrionismo fundacional está incrustado en la conducta, en la acción, mientras que nadie finge cuando está a solas, duerme o simplemente reposa. La ficción es inseparable del hacer algo para alguien que mira, eso precisamente afirma Hamlet cuando dice «Yo no sé parecer….» pues parecer es una acción simulada y Hamlet renuncia a la acción porque de llevarla a cabo tendria que vengar la muerte de su padre.

Hamlet fingirá estar loco, se hace el loco para parecer que no sabe lo que ya sabe y para no hacer lo que deberia haber hecho ya. Pondrá en marcha una obra teatral dirigiendo a actores para provocar a Claudio, perderá tragicamente a Ofelia y Polonio morirá por su culpa, más allá de la duda hay una parte de la acción que escapa a su control, la tragedia sigue su curso y el destino se impone como siempre sucede con los personajes shakesperianos. Morirá y su tio -alter ego- morirá tambien, pero logrará imponer la ley a ese reino que «huele a podrido» erigiendo a Fontibrás en rey.

freud.jpegNada como Hamlet para reflexionar sobre la ficción y la realidad, los simulacros y lo genuino, lo real y lo imaginario. Será por eso que en la novela de Jed Rubenfeld el psiquiatra protagonista Younger es un experto en Shakespeare y de algún modo un personaje atormentado por un «complejo de padre». Una novela donde aparecen además otros simulacros mezclados inteligentemente con la ficción de una novela negra, una novela de crimenes, pues eso es en realidad «La interpretación del asesinato», una novela donde de lo que se trata es de adivinar quién es el asesino de una serie de muchachas de alta sociedad neoyorkina a principios de siglo. La novela mezcla varios planos simultáneos: la ficción de estos crimenes con algo que sucedió en realidad, la visita en aquellos años de Freud, Ferenczy y Jung a EEUU donde estallaron definitivamente las diferencias entre Freud y su discipulo predilecto Carl Gustav Jung. Además durante su estancia en New York Freud tiene la oportunidad de supervisar a Younger en el psicoanálisis de Nora Acton una de las muchachas atacadas por el asesino que reproduce sin fisuras el caso Dora de especial interés para el psicoanálisis pues fue con este caso que Freud descubrió la resistencia y la transferencia.

dora.jpegDora (Nora) era una histérica como Hamlet, una fingidora de males y una coleccionista de infortunios, ni el lector ni el joven psiquiatra que la trata saben a ciencia cierta si lo que cuenta Nora es real o un invento de su imaginación. Tampoco Hamlet tiene pruebas de que Claudio haya sido en realidad el asesino de su padre, solo lo intuye a partir de una revelación que le hace un espectro -el fantasma de su padre- pero ¿se puede confiar del todo en la confesión de un espectro? ¿Se puede confiar en un secreto de mujer?

Nora parece normal pero hay algo alienado en ella, todo pareciera indicar que trata de vengarse del Sr Caldwell (el Sr K de Dora) por haber tratado de seducirla en dos ocasiones. Sin embargo Nora (Dora) no puede ocultar que ella propició y alimentó el fuego de la pasión del Sr Caldwell cuando parecía que esta habia decrecido y sabe -conscientemente- y sospecha que su padre -amante de la Sra Caldwell- le ponía el camino fácil al Sr Caldwell para acceder a ella. Pero héme aqui que Nora Acton que habia presenciado a hurtadillas la felación que la Sra Caldwell le hacia a su padre no sentía celos de su padre -como Freud interpretó- sino precisamente del otro actor, de la Sra Cladwell (Sra K en Dora) que era el objeto del deseo de Nora.

frauk.jpeg

Nora amaba por delegación como todas las histéricas y lo hacía siempre a través de su fantasma, en este caso de un hombre, pues la histérica es en realidad bisexual y su identidad es ambigüa, su goce está más allá del falo, alli donde los hombres están excluidos. Hamlet es en este sentido el caso inverso al de Dora, como Antigona es el caso inverso a Edipo.

Freud creyó que su destino estaba junto a Darwin y Copernico pero lo cierto es que se encuentra más próximo a Shakespeare: ambos elaboraron sin saberlo una nueva mitologia de la mente que sustituiría a la clásica y empujaría la subjetividad humana hacia un más allá. Rubenfeld les reune en un cruce de caminos que es una alegoría de su complementariedad.

Estamos todavía en esa fase y por eso nos preguntamos ¿de quién se tienen celos cuando se tienen celos?.