El toro de Tordesillas

Ya no sabemos nombrar el mal

(Baudrillard)

Durante las vacaciones de los politicos la prensa tiene un verdadero problema, serpentean las noticias estivales y los medios buscan refugio en las fiestas patronales de los pueblos de nuestra indomable España donde aun pueden contemplarse espectáculos de dudoso interés etnográfico como ese toro de Tordesillas, un totem que es asaetado hasta la muerte perseguido a caballo y a pie por los mozos del pueblo. Yo siempre he pensado viendo esos festejos que siempre será mejor rejonear un toro que a un ciudadano pero los bienpensantes defensores de los animales han puesto el grito en Tordesillas.

torotordesillas.jpgLos medios se han ido a Tordesillas y han levantado acta de tamaño acto de fiereza ibérica iniciando de paso una campaña mediática contra la tortura de animales acreditada por ilustres veterinarios, mediáticos psiquiatras, defensores de los animales con ONG incluida y enemigos irredentos de la fiesta nacional que incluso montaron una manifestación.

Yo lo vi por televisión y es verdad, el toro de Tordesillas es una tradición más que detestable, espeluznante, brutal. Y no sabía ni donde estaba Tordesillas. Pero ahora y gracias a los medios todo el mundo sabe como se las gastan en ese pueblo y aqui está la clave de la cuestión. ¿Si el toro de Tordesillas es un espectáculo tan desagradable porque darlo por televisión?¿Por qué convertir un fenómeno puramente local en un espectáculo nacional?

castellet.jpgcastellet2.jpgClaro que tampoco entiendo muy bien la tomatina de Buñol, la romeria del Rocio, els castellets catalanes con niños jugándose la vida en el utlimo piso, ni entiendo a los corredores de S. Fermin o a los petarderos de Elche, las peleas de gallos ni las procesiones de semana santa todo ello santificado por la tradición. Al parecer de lo que se trata a veces es de jugarse la vida, arrasar las marismas o introducir al toro, ese eterno chivo expiatorio que al morir nos redime de algo. Quizá de nuestro pecado original, nuestra deuda con la especie humana. Necesitamos mediadores entre la muerte y la vida, alguién tiene que morir para que un pueblo sobreviva.

De no haber tenido que competir con la desaparición de Madeleine Mc Cann, ese toro de Tordesillas nos hubiera dado el verano, con tertulias de defensa de las tradiciones versus defensores de los animales, talks shows y programas del corazón donde todos llegarian a la conclusión de que -efectivamente- el toro de Tordesillas es una barbaridad, hasta los presentadores de televisión estarian de acuerdo en eso sin ser conscientes de que la dimensión mediática que ha tomado este asunto es su responsabilidad pues los mozos de Tordesillas no han pretendido saltar a la fama mundial montando una operación mediática por su parte, los medios simplemente acudieron alli y tomaron imágenes como estas.

Las barbaridades son barbaridades aunque no salgan por televisión. Es verdad. Pero si estas barbaridades además de serlo salen por televisión se convierten en espectáculos bárbaros y es entonces cuando cambian de dimensión definitivamente. Los toros de Tordesillas ya nunca más serán toros de Tordesillas sino toros del telediario, toros hiperreales.

La tradición es un pretexto para la barbarie pero la idea de progreso que defienden los pusilánimes defensores del toro es la idea del blanqueamiento del mal.

¿A qué nuevas trincheras retrocederá el Mal una vez se hayan eliminado esos chivos expiatorios que son los toros?