La segunda muerte de Bergman

bergman.jpgBergman y Antonioni decidieron morirse simultáneamente en plena canicula. Supongo que para los escandinavos morirse en invierno debe ser de mala educación, incomprensible en un latino sin embargo tal postura.

Bergman ya dudó sobre si morirse el dia en que nació pero al final decidióse por la vida, aunque eso si para Bergman la vida era un continuo pacto con esa señora armada de guadaña que es la muerte y con la que juega al ajedrez en “El séptimo sello” a través de su alter ego Max Von Sydow omnipresente en su filmografia.

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ullman.jpegComo omnipresente también es Liv Ullman esa mujer-fetiche que desempeñó fielmente todos los papeles: de amante, esposa, compañera y musa para todo, incluso dibujó un elegante papel al romper con él, cosa que las mujeres nunca aceptan con deportividad. Estaban tan unidos que necesitaron separarse porque de esto se trata cuando uno se sabe muerto, no por ser especialmente perverso o necrofílico sino porque de hecho Ingmar Bergman estaba ya muerto al nacer. Muerto simbólicamente , se entiende.

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Y de ahi su manía por la metafísica y la teología, un resto escandinavo que inventó Kierkegaard cuando sustituyó el pecado por la angustia. De hecho la angustia es un invento de los hiperbóreos, que asi llamaban los griegos a los polígamos habitantes salvajes del norte. Mucho después los hiperbóreos se transformaron en lo más civilizado del planeta e inventaron el Estado del bienestar que dicen que por aquellas latitudes hasta funciona y todo, claro que debe ser por el frío o quizá por el puritanismo calvinista que preside las relaciones entre ellos y sus padres, madres, esposas o amantes. Aqui en España sólo el botellón aparece como bien común y medida de cohesión generacional, pero alli en esos paises espectrales no hay botellones y si mucha metafísica, mucha pregunta teosófica y mucho interés por las cuestiones filosóficas que animan el discurso pensante de todos los tiempos. ¿Quien soy? ¿Cual es mi misión en el mundo? ¿Qué hay después de la la muerte? Esas cosas.

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Y si no me creen vean a la Ullman en “Sonata de otoño” una pelicula monólogo donde la protagonista hace un severísimo ajuste de cuentas con su madre que al parecer nunca la quiso. Siempre pasa lo mismo los hijos acusan a sus padres de falta de amor y los padres acusan a los hijos de querer decepcionarles. Y de eso va el juego precisamente, pero algunos solo parecen espabilar cuando son abandonados precisamente por aquellos que podrían salvarlos de sí mismos.

O a la Ullman en “Persona” una película de muchos silencios donde la protagonista, una actriz que ha perdido la voz se busca una prótesis -una suplencia- a través de una otra que habla por ella, una metáfora de como hablan aquellos que no tienen voz propia.

james-taylor.jpegJames Taylor si tiene una voz propia aunque nada del otro mundo, es uno de esos músicos líricos – cantautores les llamaron- a medio camino entre el country y el blues que tan de moda estuvieron en los setenta y coincidiendo con los gustos metafísicos de aquellos que veíamos a Bergman como un teólogo ateo, culto y de culto. Taylor compuso baladas sobre las cosas sencillas de la vida como la amistad o el amor y abrió muchos interrogantes: “Sólo tienes que llamarme y yo estaré alli“, bisbiseaba, aunque luego supimos que eso no era más que una quimera pero sobre todo inventó una nueva forma de tocar la guitarra acústica, como pellizcando las cuerdas y siempre rondando los mismos acordes lo que hace que sus canciones se parezcan siniestramente unas a otras siendo sin duda diferentes. Su voz nasal y hueca no era seguramente del agrado de su madre que era cantante de ópera ni de su padre que era médico. Seria por eso que mientras se buscaba a si mismo en la heroína y a través de un grave episodio psiquiátrico de carácter depresivo James Taylor terminó por complacer a su madre cuando al fin triunfó en el mundo de la música tal y como ella había soñado para lo que sin duda precisó de la ayuda de Carole King y de Carly Simon, cuidadoras elementales mejores que su propia madre según se desprende de sus facciones dulces y voluminosas cabelleras.

En este vídeo podemos verle cantar con Carly Simon -entonces su esposa- una cantante con una voz de esas que funden con cualquier cosa, una voz de contralto, grave y profunda que parece envolverle en los pañales de algo más que su voz en este tema llamado “Close your eyes”, una balada de culto para todos los que amamos al mismo tiempo a Bergman y a Taylor. Ella necesita sin duda una urgente visita al ortodoncista y él necesitaba abrir los ojos.

Aqui aparece ya Carly con un look más sofisticado quizá liberada de su función de musa-fetiche y después de su visita al ortodoncista, cantando un estandard, un tema de los Beatles conocido como Blackbird.

Al final el se queda calvo y se cura de la depresión y de las drogas cuando comprende que su madre no le amaba sino a sus rendimientos y que nunca le acarició a él sino a sus arpégios, es sólo entonces cuando puede sentir nostalgia por aquello que perdió, -ahora si- y canta “Something in the way she moves“, una reflexión sobre los gestos, las miradas, el sonido de la voz y muy próxima a “Gritos y susurros” del maestro.

2 comentarios en “La segunda muerte de Bergman

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