De galgos y liebres

El perro corre detrás de la liebre, no porque pretenda devorarla, casi nunca lo hace, el galgo corredor no es un perro salvaje sino con cierto pedigree, persigue a la liebre simplemente porque “hay algo en la liebre que le lleva a perseguirla”, algo que induce su carrera. A la liebre le pasa lo contrario: es que tiene instinto de liebre y cuando ve a alguien se pone a correr sin darse cuenta de que es precisamente la carrera la que induce al otro a perseguirla. Claro que la metáfora de la persecución es de doble dirección: basta haber leído a Paul Auster para darse cuenta de que los papeles de perseguidor (detective privado) y el de perseguido (personaje secreto cuyas intenciones ignoramos) son intercambiables y que en un momento determinado lo que sucede es que perseguidor y perseguido se confunden, pues ambos ocultan algo, se ocultan a sí mismos y al otro, es por eso que sus identidades son reversibles, a veces el perseguidor se deshace del perseguido y toma su identidad, otras veces el perseguido desaparece sin dejar rastro dejando al perseguidor sin tarea y otras veces lo que sucede es que el perseguidor diluye su identidad en la supuesta tragedia del otro y termina por no saber quién es, el perdedor es siempre el galgo.

 

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En realidad a las personas nos pasa un poco eso: no sabemos quienes somos ni a dónde vamos, por eso nos resulta reconfortante perseguir a alguien que cree que si lo sabe, siempre será mejor perseguir a alguien que sentirse atormentado por las persecuciones internas a las que nos veríamos sometidos si no escapáramos de nosotros mismos, por eso a veces la gente se va de viaje: para no tener que pensar en eso, y sentir que se está en alguna parte aunque el viaje es un pretexto para no estar en parte alguna, que es la mejor manera de encontrarse a si mismo, como dicen algunos viajeros. Esa es la gracia. Más vale amar u odiar a alguien o hacerse amar u odiar por alguien que amarse u odiarse en exceso a uno mismo, más vale vivir la vida de otros que saben a donde van (o así lo creen) que no vivir vida alguna, mas vale vivir subordinado a alguien que vivir subordinado a las pesadillas generadas por uno mismo.

Alonso Quijano enloqueció por culpa de D. Quijote, aunque para ser más exactos D. Quijote y Alonso Quijano son la misma persona, en un plano más descriptivo podriamos decir que la causa de su desvarío fueron las novelas de caballerías, del mismo modo la causa de la locura de los personajes perseguidores de Auster (La trilogia de Nueva York) es su confusión interesada en el otro, ellos enloquecen cuando asumen que les interesa más la vida de los otros que la propia que no viven; no es sexo, ni codicia, ni deseos de asesinar es simplemente curiosidad, la curiosidad del galgo que echa a correr detrás de la liebre que parece que va a algún sitio, que alberga algún tipo de propósito en su huida. En realidad al galgo nunca le gustó la liebre cruda. Eso parece sucederle a Nashe el protagonista de “La música del azar”.musicaazar.jpg

No tiene nada que hacer, está solo, ha sido abandonado por su mujer y dispone de tiempo y de algún dinero para viajar, aunque Nash no es un viajero convencional o un turista, es simplemente un galgo en busca de una liebre cualquiera, por eso se lanza a una carrera por la America profunda en busca de alguna misión que realizar, la descubre en el póquer junto con un compinche tramposo y ruín. Se terminaron las gestas heroicas y se terminaron las causas justas. En este mundo ya no hay sitio para héroes trasnochados como el que alumbró Miguel de Cervantes, solo nos queda perseguir al abanderado, al que parece que sabe dónde va hasta que un dia el perseguido siente que alguien le está borrando las huellas, es entonces cuando se da la vuelta y hace la pregunta crucial:

¿Quiere usted algo de mi? ¿Por qué me está siguiendo?

Es entonces cuando el juego termina y la magia se desvanece, porque es entonces cuando el perseguidor se queda sólo frente a frente con su soledad telúrica y el juego cambia de nivel.

Y el perseguidor dice:

“He muerto demasiadas veces para hacerme de notar, usted disculpe”

En este gracioso video podemos observar la ecopraxia del perseguidor, en este caso la idea se les ocurre a los seguidores del Cadiz, sucedió en el Carranza.

3 comentarios en “De galgos y liebres

  1. En las novelas de Auster siempre hay alguien que persigue y alguien que es perseguido, personajes que huyen y personajes se encuentran y desencuentran. La triología de Nueva York es un buen ejemplo de ello, totalmente recomendable.

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