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Ficciones

enero 1, 2012

No es este un post destinado a hablar de Jorge Luis Borges, sino que pretendo hablar de las otras ficciones, las que todos nosotros construimos. Aunque no estoy muy seguro de que estas y aquellas ficciones no sean en lo esencial las mismas.

Borges escribio sus “ficciones” para demostrar o señalar hacia la idea de que a través de lo fantástico podemos entrever que lo imaginario y lo histórico son frecuentemente el mismo fenómeno.

Y que realidad y ficción mantienen entre si una extraña relación de complicidad y de solapamiento.

Usualmente decimos que hay cosas que son verdad, que han sucedido y otras sin embargo son obras de la imaginación humana. Asi decimos que Romeo y Julieta son personajes de ficción, como Sherlock Holmes . Y que a pesar de que ambos personajes tienen casa abierta en Verona y Londres nunca existieron. Sabemos también que Churchill o Tejero son personajes reales aunque nunca les hayamos visto más que por televisión, con bombín o tricornio.

La realidad es aquello que es o fue verdad. Eso dicen.

El problema es que no sabemos una palabra de qué cosa es la realidad y cuando hablamos de un hecho histórico aun menos, no podemos saber tal y como comenté en el post anterior, si lo que entendemos como realidad realmente sucedió o fue como nos lo contaron.

Y sucede por algo importante: la realidad es inexplicable en términos de sentido.

Uno va un día por la calle y le atropellan, otro amigo nos traiciona o nos abandona, los amores se disipan, nuestros familiares y nosotros mismos nos morimos. ¿Qué sentido tiene todo eso?

No hay nada más real que la muerte, todos moriremos, algunos ya están muertos aunque solo civilmente, otros emocionalmente, pero no lo saben y no lo saben porque la muerte no admite ningún trámite o excusa. Todos iremos a parar ahi, a esa lona donde caen los hombres knockeados victimas del tiempo.

Para mi, esta contradicción tiene que ver con el significado que le damos a la palabra “realidad”. Muchas personas afirman hoy “que la realidad no existe sino que es un constructo de nuestros sentidos” de ahi a proclamar “que si piensas que estas bien, estas bien” o “si decides pensar en clave positiva el mundo se convertirá en algo positivo”, etc. Se trata de recetas de estilo new age que siendo como son falsas contienen algunas gotas de verdad.

Pues no hay que confundir la realidad, la verdad, el medio ambiente o el hábitat. Si usted va por la calle y sufre un atropello, este atropello es de verdad pero no procede de la realidad sin o del hábitat urbano en que usted se desenvuelve. Si un familiar se le muere, muchos le dirán que es ley de vida y es cierto: forma parte de nuestra realidad como humanos.

Pero no es a esta realidad/verdad a la que apelo sino a la otra , a la que construimos. Nosotros no somos sólo animales más o menos hacinados en la gran ciudad, de manera que no estamos solamente sometidos a ese hábitat que puede atropellarnos, sino que vivimos en una cultura.

Y una cultura no es ni hábitat, ni medio ambiente, es un constructo humano tejido por aposiciones, por acumulación de saberes, tradiciones, rituales, expectativas, etc, una especie de herencia lamarckiana que es el resumen de millones de años de evolución gradual . Es una base de datos acerca del mundo de la que echamos mano para comprender y representarnos esa realidad que carece tantas y tantas veces de sentido y que nuestro cerebro no puede procesar.

Pues la realidad solo puede ser representada.

Y lo hacemos a través de ficciones. Y es prudente recordar ahora que ficción no es lo que dice aqui en la wikipedia donde le atribuyen solamente una etimología de simulación. Fictio-fictionis significa esculpir o modelar. Ficción es el modelado, el trabajo de un escultor (Helios Jaime,2010)

La primera ficción que construimos es la identidad, la segunda la personalidad.

Nosotros los humanos venimos de serie equipados con un sexo bien definido. O somos hombres o somos mujeres, pero ser hombre o ser mujer precisa además de una consolidación cerebral, no basta con ser portador de unos atributos determinados. Ahi aparece en nuestro socorro la cultura a través de esa base de datos que Roger Bartra ha denominado exocerebro. En él vamos a buscar los significados, los símbolos que necesitamos para -esculpir- nuestra identidad sexual y lo hacemos a través de redes neurales extrasomáticas que son prolongaciones de las otras redes, las endocerebrales. Ahi y no en el cerebro de cada cual encontramos el sentido y los significados a qué cosa es ser un hombre y qué cosa es ser una mujer. Pues alli viven los símbolos agazapados en una red de enlaces tridimensionales donde conviven unos con otros. Alli nos dirigimos para saber quién somos y más tarde para saber cómo somos.

Y construimos una ficción: somos un hombre o somos una mujer. Naturalmente como en toda ficción podemos construir lo que mas nos convenga cerebralmente pues no hay que olvidar que esos enlaces entre endo y exocerebro son enlaces neurales. Unas ficciones serán fieles a la realidad interna de cada cual, otras alejadas de ella, unas serán construcciones fantásticas y otras pegadas al terreno de lo posible. Pero todas comparten el elemento comun de ser ficciones, pues lo masculino y lo femenino no son solo órganos y hormonas que se poseen o no se poseen, sino símbolos, representaciones, comportamientos, formas de pensar y hasta de andar miméticas o acordadas por la cultura, son consensos que estan allí en el exocerebro comunal de nuestra especie.

Lo mismo sucede con la personalidad; no voy a extenderme mucho en este asunto pues ya lo abordé en otros lugares, pero aprovecharé ahora para decir que cuando decimos, “es orgulloso, o humilde, o celoso, o interesado o perfeccionista”, no estamos señalando hacia el cerebro del sujeto sino hacia su narrativa. Los individuos no somos -por nosotros mismos- ni de una forma ni de otra pues “ser de una determinada manera” no es una prestación cerebral sino cultural. No somos perfeccionistas o humildes porque haya en nuestro cerebro ciertos receptores con mayor densidad que otros que nos empujen fatalmente hacia un rasgo u otro, sino que existe en todo caso una facilitación genética para explorar por ciertas sendas extrasomáticas buscando los significados de ser una cosa u otra. En realidad se equivocan tanto los que dicen que los rasgos de la perosnalidad son innatos, como los que dicen que son ambientales. Ni una cosa ni otra, pues aunque es más cierto lo segundo: si lo entendemos como que es el sujeto quien va a buscar significados en esa base de datos que llamamos exocerebro tratando de encontrar sus propios sentidos. Sin embargo el camino marcha atrás en busca de porqués  es imposible: la aposición, las bifurcaciones, y el solapamiento de unos con otros hacen imposible desandar el camino, si pretendemos la comprensión de cada paso.

La construcción de la personalidad es como la historia y contiene la misma dificultad que encontramos en los historiadores si lo que pretendemos es “saber la verdad de lo que pasó”. Pero para desvelar la verdad necesitamos contruir ficciones  y es asi como se conducen los eruditos pues un acontecimiento histórico cualquiera admite multiples interpretaciones (ficciones) pues la verdad histórica en su mayor parte es opaca y lo peor: carece de sentido o propósito como la muerte individual o la Evolución. Un acontecimiento se monta sobre el anterior sin que acabe de explicarlo del todo. Como en la evolución no se puede hacer marcha atrás y no tenemos más remedio que utilizar los diseños anteriores que en cualquier caso no se pueden deshacer.

Sobre la personalidad y la identidad siguen construyéndose ficciones, las creencias, los gustos, las ideas se construyen en andamios construidos a toda prisa para encajar las emociones dando la impresión de que el edificio finalizado es un edificio sólido y que responde a la lógica de la elección individual. Pero nuestra conciencia de unicidad, nuestro Yo es otra ficción, que naturalmente no existe. No existe ningún homúnculo que tome decisiones, sino que las “decisiones” se engarzan unas con otras por proximidad, por coherencia, por resonancia o por facilitación, pero nunca por determinación genética. Tampoco elegimos ser lo que somos sino que vamos acoplando lo que creemos ser a las sucesivas ficciones que construimos casi cada día para que los hechos encajen en los cajones de nuestra mente.

De manera que todos somos arquitectos de nuestras propias ficciones, entendiendo a estas como formas de interpretar la realidad/verdad segun nuestra condición de novelistas.

Y todos estamos expuestos a las ficciones de los demás cuando nos incluyen. Es seguro que usted habrá mediado alguna vez entre dos amigos que se han peleado por alguna razón. Escucha a uno y dice tiene razón, escucha al otro y piensa lo mismo, ¿Quien tiene razón?

La mayor parte de ficciones están destinadas a la confrontación con las ficciones ajenas. El buen mediador es aquel que sabe que los dos tienen su parte de razón pues en una Verdad mediada por el lenguaje hay elementos connotativos, denotativos y pragmáticos. Es posible que ambos se enzarcen en una disputa al atender solamente uno de esos planos por donde discurre el lenguaje y se olviden del elemento pragmático (lo más frecuente), el que contextualiza las palabras. El mediador sabe que ambos tienen razón y no la tienen, pero sobre todo sabe algo más importante: que ninguna ficción es la verdad y que existe un plano donde el conocer que todos construimos ficciones de hecho, nos hace relativizar y alejarnos de la búsqueda de la razón, una ética abyecta. Sabemos que hay una ficción que es a su vez una metaficción, la de saber que todos estamos equivocados y al mismo tiempo acertados.

Es por eso que existen buenos y malos novelistas o constructores de narrativas y es por eso que todos estamos de acuerdo en decir que Borges es mejor escritor que Lafuente Estefania.

Necesitamos la ficción para aprehender la realidad, para hacerla nuestra e injertarla de vuelta en nuestro cerebro en su código de iones y química. Y no sólo la necesitamos -estando como está fuera de nosotros- sino que no tenemos más remedio que aceptarla como único medio de entender la realidad. A cambio no tenemos más remdio que aceptar que la simulación, el engaño y el autoengaño forman parte de nuestro acervo cotidiano. Y que eso no nos hace menos auténticos sino simplemente humanos. Y condenados a auto-inventarnos un lugar en el mundo.

Se trata de un noble ejercicio, el de la simulación pues a la realidad le hacen tanta gracia las ficciones como a nosotros y a veces incluso las imita.

Y entonces decimos aquello que la realidad tiene una estructura de ficción.

Pero no es verdad: la realidad es sólo un inconmensurable que envidia a la narrativa.

Hellen Keller y el exocerebro

diciembre 23, 2011

Deaf, dumb and blind boy, lives in a quiet vibration land.

(De la opera rock Tommy de The Who)

Al contrario de Tommy el héroe de The Who en la ópera-rock del mismo nombre, Hellen Keller fue una niña real que quedó ciega y sordomuda a raiz de alguna viriasis infantil o meningitis y que tuvo un feliz desenlace gracias a los cuidados de su pedagoga Ana Sullivan.

La historia de Hellen Keller es tan bella que ha merecido una novela por parte de William Gibson y una entrañable pelicula a cargo de Arthur Penn, pero si la traigo aqui no es para hablar de la ternura y ejemplaridad de la historia sino para señalar algunas cuestiones de interés neurocientifico que podemos extraer de ella gracias a que la propia Hellen aprendió a leer en Braille, escribir y pudo transmitirnos su experiencia.

Prácticamente desaferentizada sensorialmente desde corta edad Hellen vivió en un cuerpo que ella misma describe como un fantasma que sólo sabia hacerse de notar en su casa donde fue sistemáticamente malcriada y sobreprotegida por unos padres que no sabian como educarla hasta que contratan a Ana Sullivan que es a fin de cuentas quien después de un calvario de intentonas logra ejercer de mediadora entre aquel fantasma y la vida.

Lo primero que intentó Ana Sullivan es que Hellen le prestara atención, cosa dificil porque la niña no habia desarrollado ningún apego por nadie dando a veces la impresión de un autismo infantil. De hecho y tal como cuenta la Sullivan es sólo después de su “despertar” a los sentidos cuando le dio un beso por primera vez. Intentó Ana enseñarle el lenguaje de los signos, algo que habian inventado los monjes trapenses para comunicarse unos con otros sin necesidad de hablar y que más tarde se utilizó para los sordomudos, pero la Keller no estaba por la disciplina y antes hubo de enseñarle algo más importante: se pusiera como se pusiera tendria que tener en cuenta a la Sullivan. Para ello, la institutriz logra separarla de sus padres que retrasaban su maduración con sus continuas intrusiones y ocupar una cabaña contigua a la vivienda familiar en la rural y conservadora Alabama, alli llevó a cabo su “milagro”.

Vale la pena ver esta escena memorable de cuando Hellen logra establecer un enlace entre los signos (el tacto), las palabras (el símbolo) y las cosas en sí, en este caso el agua.

Lo interesante es comprender que los signos o señales son cosas (cosas que están ahi) bien diferentes a los símbolos. Nuestro cerebro se comunica a través de señales -eléctricas y químicas- pero es incapaz de procesar símbolos tal y como hacen los ordenadores. Tambien sabemos hoy, mal que le pese a Noam Chomsky, que  no existe en nuestro cerebro una gramática generativa universal de palabras tal y como él propuso para explicar la rapidez con la que un niño aprende idiomas. Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos (y las palabras lo son) no pueden existir palabras en las neuronas ni pueden existir embriones gramaticales en las sinapsis. ¿Entonces como es posible que un niño de corta edad maneje tan rápidamente el lenguaje?

Lo hace a través de la imitación, viendo y oyendo como le hablan y hablan otros entre sí. Es interesante recordar que el lenguaje hablado es bastante disitnto a los pensamientos o lenguajes interiores, aquel es muy rico en giros, prosodia (marcapasos o cuadricula), sintaxis y semántica y no nos olvidemos de la pragmática del lenguaje, una fuente de conocimientos enroscados en las palabras dichas.

Volvamos al signo o señal. Para Hellen y Ana solo habia un canal abierto para la comunicación y este no era otro sino el tacto. Es a través de las manos que la Sullivan intenta comunicar el lenguaje de signos a Hellen.

Pero Hellen que sabe mucho de manos (señales) no acierta a comprender que aquellos dibujos que su profesora traza en su mano tienen otro sentido más importante: representan palabras y las palabras son símbolos, esto es “cosas que representan a otra pero no son la otra”.

Es bueno recordar ahora el tan citado cuadro de Magritte acerca de qué es una pipa. Una pipa es un objeto que sirve para fumar, de modo que lo que aparece en el cuadro de Magritte y tal como el artista afirma no es una pipa sino una fotografía de la misma (un símbolo que es a su vez señal), que la suplanta en su ausencia. Hellen Keller podia reconocer la textura de una pipa pero no podía saber que se nombraba con la palabra “pipa” y por tanto no podia pensar en una pipa, pues para pensar en algo necesitamos palabras (símbolos).

Es asombroso que Hellen Keller se refiriera a su experiencia íntima -antes de la adquisición de las palabras- como si un fantasma habitara en ella. Es seguro que fue asi, pues un cerebro sin canales sensoriales tan sólo puede recibir ciertas clases de estimulos no sociales: los que proceden del tacto, del olfato que es un canal poco importante en los humanos, del gusto y de la propiocepción. Es fácil reconocer qué es un fantasma. Un fantasma es un cerebro en estado puro o “salvaje” desaferentizado casi totalmente.

No es de extrañar que algunos investigadores como Ramachandran hablen de un fantasma en el cerebro (Ghost in the mind) cuando investigan sobre “miembros fantasmas” para referirse a eso que habita en los cuerpos humanos cuando sufrimos alguna clase de amputación y que trata de manifestarse a través de los canales convencionales a pesar de que estos canales ya no existan.

Pero volvamos al procesamiento de símbolos.

¿Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos cómo se las arregla para construirlos y comunicarse a través de ellos?

Se trata de una pregunta crucial en las neurociencias y para contestarla no tenemos más remedio que acudir a la lectura de mi pasado post ¿Somos ciborgs? para entender la hipótesis de Roger Bartra sobre el exocerebro.

Bartra pone el dedo en la llaga cuando afirma que el error de las neurociencias ha sido calificar de “ciencias blandas” a las ciencias humanas y sociales, como la antropología, la lingüistica, la etnografía, la mitografía, la filosofia y la metafísica. La psicología -en su afán de cientificismo feroz-, desgraciadamente ha sucumbido al rebufo soberbio de las neurociencias y ya hace tiempo que quedó sin un epistemología propia tal y como ha señalado Gazzaniga.

El error de los neurocientíficos ha sido fiarlo todo a las conexiones neuronales, a la genética y a la neurofisiologia pasando por alto lo que ellos llaman el “medio ambiente” sin caer nunca en la cuenta de que el sapiens no habita un “medio ambiente”, ni un nicho ecológico como los caracoles sino una cultura. Pero esa cultura no se limita a ser un contenedor o un entorno natural como sucede en los animales que forman grupos sociales a veces muy complejos (pero no una cultura) sino que además de ser un invento suyo -del propio hombre- y no algo que simplemente se encontraba ahi, nuestro cerebro se encuentra conectado a esa base de datos (por decirlo metafóricamente). Conectado a través del lenguaje y otros códigos. Unos discursivos como el propio lenguaje y otros no discursivos como el gesto, la música, las artes plásticas, la danza, etc.

La neurociencia es prisionera de una creencia casi mística en el principio de “clausura causal del mundo fisico” que impide creer en la evidencia de que el cerebro pueda mantener enlaces con su cultura y que estos enlaces a su vez intervengan de forma extrasomática en las redes neurales. Esta es la razón por la que los cientificos buscan siempre dentro del cerebro lo que podrían hallar mirando fuera.

Lo que plantea Bartra es que la mayor parte de sinapsis de nuestro cerebro no están dentro del cráneo sino fuera de él como una protesis externa. A semejante idea han llegado -por otros medios- otros autores, como Dawkins y Dennet con su teoria memética, Rupert Sheldrake con sus campos morfogenéticos y C. G. Jung con su concepto de arquetipos, tambien Penrose con una adaptación platónica de los universales. Todos estos autores a través de distintas especulaciones han tratado de explicar que se hace necesario suponer que la mayor parte de la información que nuestro cerebro maneja se encuentra en la cultura, entendiendo cultura de un modo extendido, desde la relación con el otro, la socialización, la compartición de creencias, ideas o códigos interpretativos hasta llegar a los conceptos más universales de tipo jungiano.

Lo cierto es que esta idea tiene una dificultad explicativa. ¿Cómo se las arreglan los símbolos para penetrar en el cerebro? ¿Cómo se convierten en corriente eléctrica? ¿Hay una especie de sintonizador como supone Sheldrake? ¿Se trata de una especie de virus como suponen Dawkins y Dennet?

Nada de eso: lo hacen a través de los canales sensoriales. Esos 5 sentidos y algún otro que llamamos sexto o intuición.

Ahora es necesario volver al caso de Hellen Keller, recomiendo el visionado de la escena del video que he colgado más arriba para entender el “insight” luminoso de la niña cuando es capaz de asociar, los signos de las manos a la palabra “agua” y a la identificación del agua en sí que mana de la fuente. ¿Cómo lo hizo Helen, cómo logra asociar estos tres niveles de definición, signo-simbolo-cosa en sí?

Lo hace espontáneamente y aunque en la pelicula no dice nada del asunto podemos especular que el destino de esos tres niveles de complejidad es encontrarse unos con otros, lo que si sabemos es que a partir de ese momento se abre para Helen la puerta de la vida y que comenzó precisamente entonces a  madurar tanto en el plano afectivo, como social y lingüistico-comunicacional.

Lo que significa que la información contenida en la cultura penetra en el cerebro individual a través de conexiones neurales extrasomáticas que discurren pos los canales sensoriales convencionales y lo hacen sin necesidad de un transductor de símbolo-señal.

Uno de los obstáculos que tiene esta idea es la especulación mistico-religiosa y la nostalgia de una dualidad cartesiana que tanto atemoriza a los neurocientificos. Pero enseguida advertiré al lector de que lo que anida en el exocerebro no es una res cogitans ambulante que espera encarnarse en algun ser material. La teoria de Bartra no apela a la dualidad, el exocerebro está constituido de producciones humanas y de relaciones de sentido propiciadas por la cultura humana que ha ido engrandeciéndose en número total de sinapsis, tantas que no caben en un cerebro individual y por eso las mantenemos fuera, en una nube, listas para ser usadas cuando las necesitamos. Un uso necesario para sobrevivir como humanos tal y como el ejemplo de Hellen Keller y otros niños salvajes nos ilustra.

Lo que hay guardado en ese exocerebro son pues signos y símbolos pero más allá de eso lo que alli existe son relaciones de sentido entre símbolos y simbolos de símbolos. Lo más importante de esto es que los sentidos son rabiosamente individuales, es decir no existen sentidos buenos y sentidos malos, aunque podemos hablar de consensos. Dicho de otra manera los simbolos son interpretados por cada persona de una forma distinta a los demás.

Estamos condenados a dar sentido a los símbolos y aqui está precisamente la tendencia al error, puesto que los consensos y los disensos pueden llevar a la patología. Del mismo modo que sucede en el interior del cerebro, un error en la señalización hará que una red neural no crezca en la dirección correcta y se ciegue el tránsito de flujo sináptico, de electricidad. Del mismo modo pueden existir errores en los enlaces entre el cerebro y el exocerebro y estos errores proceden de la ambigüedad del lenguaje, es decir de la multiplicidad de sentidos de las palabras.

Pero este es otro post.

Bibliografia.-

Sandra Blakeslee y V. S. Ramachandran: “Fantasmas en el cerebro”

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

Un post relacionado: La gaviota culta

¿Sabemos beber?

diciembre 2, 2011

Si piensas aun que bebemos porque tenemos sed o comemos porque tenemos hambre te diré que estás muy equivocado. A esta conclusión llegó precisamente Konrad Lorenz premio nobel de medicina en 1967 gracias a sus conocidos trabajos etólogicos con gansos de los que hablé con anterioridad en este post.

La idea fundamental que se deriva de sus estudios sobre los 4 Grandes (huir, comer, aparearse, luchar) es que no es el hambre la causa de la alimentación sino su propósito. Lo mismo sucede con la bebida, no bebemos sólo porque tenemos sed sino por una enorme cantidad de cuestiones adyacentes.

Bebemos para celebrar algo, porque estamos aburridos, porque queremos tranquilizarnos, por el puro placer de beber y en realidad para compartir tal y como sucede con la comida que sirve tanto para un roto como para un descosido, aporta tranquilización, excitación, placer y afán social. Tanto es asi que en nuestra especie comer-beber es básicamente un hecho social. Una cosa es beber y otra abrevar, una cosa es comer y otra apacentar.

Y a veces no sólo bebemos agua sino un sin fin de líquidos: café, refrescos, infusiones, purés, cremas, sopas y alcoholes diversos. Todos ellos contienen el elemento necesario para calmar la sed -agua- pero no son solo agua. Voy a referirme en este post al alcohol. ¿Por qué bebemos alcohol? y más complicado aun ¿sabemos beber alcohol? o ¿necesitamos saber algo de cómo beber?

En realidad todo este preámbulo viene a cuento a propósito de un caso que recientemente he tratado y que se presentó en mi consulta con una demanda concreta: “no se beber”, me espetó F. antes de contarme su problema. En realidad el problema de F. es muy parecido a otros que he tenido ocasión de tratar y seguir a lo largo de mi vida profesional y que podriamos agrupar en un diagnóstico ya desaparecido de los manuales: me refiero a la dipsomanía.

La dipsomanía es un término de la psiquiatría francesa que ha desaparecido de los tratados absorbido por el mas americano diagnóstico de “trastorno por dependencia del alcohol”. Dicho de otra manera: los dipsómanos de antaño son hoy considerados como adictos al alcohol. El asunto es que yo no creo que sea verdad y por eso escribo este post.

En mi opinión la dipsomanía tiene entidad clinica suficiente y no debería ser calificada como un trastorno por dependencia sino como un trastorno disociativo.

Diré de paso y para adelantarle al lector algunas claves que el alcohol es el “fármaco” disociativo más potente que existe. Y digo disociativo porque no tenemos una palabra mejor para definir el efecto del alcohol sobre ciertos contenidos reprimidos, disociados o suprimidos de la conciencia. En realidad el alcohol lo que hace es propiciar la emergencia, la expulsión de contenidos disociados, se comporta pues como un expulsador de contenidos. Una especie de agonista de la impulsividad.

Como puede observarse existe un circuito (bucle largo) MN que recorre el cerebro profundo hasta la corteza sin pasar por el nucleo cortico-talámico, se trata de un circuito expresivo más parecido a un arco reflejo que a un circuito neural. La evolución lo preservó para darnos la oportunidad de descargar respuestas rápidas sin reflexión y por tanto sin aprendizaje, casi involuntariamente como en un cortocircuito.

Y es precisamente por eso que no puede considerarse un fármaco y decimos que es una droga. Es una droga para algunos -luego veremos cuales- pero para los demás – los que saben beber- no es más que un complemento alimentario. El problema del alcohol es que aun favoreciendo la emergencia de contenidos reprimido-disociados lo hace pasando por alto al sistema cortico-talámico, aprovechando el bucle largo y haciendo un bypaseo al sistema de reflexión talámico. Propicia descargas en cortocircuito y es por eso que aunque se use como autocorrector de tensiones internas por ciertas personas (usualmente la ansiedad, la depresión o la misma abstinencia en dependientes), el alcohol no resuelve el problema puesto que aprovecha una via de descarga ajena a la conciencia y es por eso que después de la bacanal embriagadora del alcohol llega la amnesia. Y la amnesia no resuelve las memorias rechazadas pues no integra el problema sino que lo agranda disociándolo. Observemos el caso de F.

El caso de F.-

En sintesis F, es un varón de 28 años que después de morir su padre inicia un trastorno de conducta curioso y dramático. Periódicamente sale por las noches y comienza a beber de forma exagerada buscando la rápida embriaguez, después se mete en peleas sin que a la mañana siguiente recuerde nada de lo que sucedió durante la noche. Estos episodios han ido sucediendo cada vez con mayor frecuencia y arrastrando toda clase de lesiones y de complicaciones judiciales. Se evidenció que en esas peleas F. buscaba activamente lugares y contrincantes peligrosos, es como si buscara el daño inconscientemente. Ciertamente el daño acaeció pues aquellas explosiones de ira con las que al parecer acompañaba su ebriedad habian pasadoa formar parte de su vida complicándosela e incluso llegando a ser una amenaza constante a causa de los ajustes de cuentas.

Lo curioso de F, es que su carácter no tenia nada de violento, era deportista, jugaba a fútbol, tenia trabajo y no tenia ningun antecedente digno de mención salvo ciertas preocupaciones por su figura que habian derivado en conductas vigoréxicas leves y cierta tendencia a darse atracones de comida.

Podriamos decir que F, era un comedor y un bebedor exagerado y excesivo, ni sabia comer ni sabia beber. Sin embargo el cuadro habia desencadenado tras la muerte de su padre de una forma más que evidente. Naturalmente a la pregunta ¿Como te llevabas con tu padre? F, mintió, en parte diciendo “muy bien, yo le admiraba mucho, me sentí muy solo cuando nos dejó”.

Esta declaración anterior es parcialmente verdad pero falta algo más, falta un dato.

Un padre tiránico, abusivo y alcohólico suele ser el antecedente común de estos casos de dipsomanía.

Curiosamente F. no me dió esta información sino que la obtuve por via de un informador familiar.

F, es un caso tipico de trastorno disociativo, lo que se disocia aqui es la carga emocional de la figura negativa del padre mientras que lo que se recuerda es la parte positiva. De acuerdo con esta partición de la memoria que realiza el sujeto sobre su figura paterna, F-Hide es en realidad ese padre tiránico, agresivo, brusco y malvado que se mete en lios por las noches cuando el alcohol propicia la emergencia de estos contenidos mnésicos reprimidos. F-Hide busca emerger, busca integrarse en el resto de la personalidad de F, pero no lo consigue a pesar de la repetición -como sucede en los sueños- pues una y otra vez se encuentra con el borrón del recuerdo junto con los borrones de la culpa que acompaña todas y cada una de esas incursiones a los abismos de la embriaguez.

Diriamos que el cuadro se complica con el uso del alcohol como fármaco disociativo y asi fue cuando consultó con los servicios de salud mental: se le etiquetó de alcohólico y se le sometió a un tratamento de desintoxicación. Naturalmente el paciente mejoró, manteniéndose alejado del alcohol puede evitar esos encontronazos con la noche, pero el remedio es peor que la enfermedad ¿hace falta renunciar del todo al alcohol? En el caso de F, no representó ningun sacrificio especial pues F, en realidad no bebia usualmente sino que usaba el alcohol como medicamento.

¿Como tratamiento de qué?

De una tension interna que se manifiesta precisamente en el momento del duelo con su padre, es entonces cuando ha de revisar su relación y es entonces cuando se desencadena los episodios explosivos intermitentes. De manera que la desintoxicación alcohólica era en realidad una medida menor. Lo que se trataba de conseguir no era la abstinencia completa sino que integrara la imagen de su padre. Naturalmente los pacientes prefieren dejar de beber antes de enfrentarse a sus problemas inconscientes, si es que lo consiguen. Cambiar cuesta, dejar de beber gratifica la culpabilidad y es por eso que siempre será preferible la segunda que la primera opción.

Podriamos decir que en F coexisten dos personalidades, una casi normal y bien adaptada y otra personalidad maligna e inquietante que se manifiesta a través de la embriaguez y la locura violenta sin sentido.

Evidentemente F tenia razón, no sabia beber: pues bebía para alterar un estado interno preparado para la emergencia de  pulsiones agresivas. F. Buscaba la embriaguez, algo comun a todos los casos que he tenido ocasión de ver en mi vida aquejados de esta curiosa y periodica forma de beber para que algun Yo escindido y oculto pudiera emerger. Los dipsómanos beben para recordar aunque lo que encuentran es darse de bruces con el olvido amnésico de materiales inconscientes que no logran integrarse en la conciencia como un todo.

De manera que ya lo sabes: no uses nunca el alcohol para aliviar tus tensiones internas y cuando bebas hazlo como un caballero renunciando a esas bacanales donde se busca una embriaguez rápida. Hazlo para compartir y nunca para aislarte de los demás y si notas que “tienes mal vino” es decir que cuando bebes te pones violento, agresivo o pesado, deja de beber, simplmente debes aprender de nuevo como se bebe.

Pero en honor a la verdad he de deciros que no todo puede aparenderse de nuevo y que lo más frecuente es que si bebes de este modo durante cierto tiempo ya seas un adicto y entonces no tienes más remedio que purgar tus “pecados” dejando de beber del todo. Una penitencia que da grandes resultados y que señala hacia la evidencia de que los seres humanos precisamos de limites y de coerción. Abandonados a nuestro albedrío no hacemos más que tonterias.

Unos más que otros, claro.

Y no te olvides que en las farmacias venden alcohol en pastillas: se llaman tranquilizantes y tienen el mismo efecto a largo plazo.

La sobreescritura y la transdisciplinariedad

noviembre 4, 2011

Paul Mc Lean fue un psiquiatra norteamericano que hizo una contribución decisiva a la neurociencia con su conceptualización del cerebro trino. La idea es que nuestro cerebro en realidad no era un órgano creado ex novo para nuestra especie sino que en él se daban cita todas las edades de la filogénesis, desde el cerebro profundo (reptiliano), el cerebro límbico o emocional (visceral) y el cerebro propiamente humano (corteza cerebral) con sus prestaciones sofisticadas de lenguaje y pensamiento.

Cada uno de estos cerebros tiene -por asi decir- su propia lógica, el reptiliano la lógica de la supervivencia, el límbico razones del corazón y la corteza razones de la razón. Y sin embargo nuestra experiencia consciente es unitaria, es decir no tenemos la sensación de ser tres en uno sino que tenemos una experiencia unificada donde las razones de cada uno de estos cerebros se encuentran subsumidas las unas en las otras, son- siguiendo los argumentos del post anterior- transdisciplinares.

El cerebro reptiliano se maneja con un código muy simple (lenguaje máquina) que es en realidad una serie de algoritmos que hemos llamado PAF (patrones de acción fijos) que son como la ROM (read only memory) de los ordenadores, sólo pueden leerse pero no sobreescribirse o borrarse. Se trata de patrones vinculados al movimiento y orientados hacia la lucha-huida (fight o flight) podriamos decir que se trata de un cerebro programado para la autoperpetuación y la conservación de la especie (instinto).

La neurogénesis sobreescribe, abarca y subsume a la miogénesis. Lo que es lo mismo: el control neural subsumió a la motilidad muscular pero no la borró. Las fibrillas musculares de una cola de lagartija recien cortada pueden seguir contrayéndose sin el control nervioso. A nivel del cerebro sucede algo parecido: el pensamiento contiene a la emoción y la emoción contiene al movimiento. El pensamiento no es más que una emoción desensorializada, es por eso que pensamos en algo pero no lo oímos, pensamos pero no lo vemos. Del mismo modo la emoción es un movimiento interiorizado. Lo que significa que nuestro pensamiento es en realidad una emoción y un movimiento. Lo cognitivo, las ideas contienen esa matriz filogenética donde se enreda el lenguaje propiamente dicho y que establece redes semánticas (de significado) entre unas y otras que es lo que percibimos cuando pensamos, asociamos o reflexionamos. Menos conscientes somos sin embargo de los materiales ocultos de estos pensamientos y que no son otros sino emociones y movimientos o percepciones.

Pensar no es equivalente a oir, moverse, saltar o ver. Pero no podria haber pensamiento sin percepción, emoción ni movimiento. Todas estas funciones se encuentran subsumidas en el pensamiento y plegadas en él.

Y todo sucede gracias a una estructura cerebral que conocemos con el nombre de tálamo. El tálamo es como una estación de término, la olla a presión de nuestro cerebro, la licuadora donde se exprimen todas las informaciones que le llegan tanto de arriba (corteza y sensorio) como las de abajo (ganglios basales). Con la excepción del olfato todo pasa por el tálamo.

El código máquina se reprograma una vez entra en contacto con el cerebro medio (emocional), es de hecho en ese lugar donde tienen lugar los modelados realmente importantes en la vida futura de los individuos, digamos que las instrucciones del código máquina se subsumen en otras instrucciones que podriamos llamar (siguiendo la metáfora del ordenador) el sistema operativo del cerebro que recibirá influencias -a su vez- de la corteza cerebral, es decir la corteza (la razón) modula e inhibe, controla las emociones y les añade un plus de raciocinio y dirección hacia objetivos.

Para tomar una decisión sobre algo nuestro cerebro tiene primero que nada plantearse que ha de tomar una decisión, de lo contrario diremos que estamos instalados en la apatía o la anergia. Esa necesidad o energia (la voluntad) es el trabajo energético que realizan nuestras estructuras profundas, hay como algo que nos impulsa a hacer, un conatum intencional, un ciego afán, el drang llamado a veces deseo. Ese algo es el código máquina.

Una vez  hemos decidido que hemos de hacer algo, la decisión pasa al siguiente nivel y se enfrenta con las emociones que hay en ese momento disponibles para teñir, desteñir, ocultar, disfrazar, velar o adoptar una decisión u otra. La corteza cerebral y nuestros lóbulos frontales planean constantemente estrategias y evaluan su oportunidad enviando mensajes hacia abajo (el tálamo) y tratando de neutralizar la energia emocional (el drang) que inevitablemente desbordaría nuestra capacidad sin ese modelado de la razón.

No hay que olvidar que tanto el cerebro profundo (reptiliano) como el límbico (emocional) son sistemas de neurodefensa toscos y afásicos (preverbales). No cabe duda de que las palabras, las abstracciones y los símbolos nos apartaron definitivamente de la determinación pura. La huella del oso no es el oso.

La transdisciplinariedad es un proceso muy similar al que he descrito anteriormente. Del mismo modo que ciertas neuronas se excitan juntas (y asi permanecen juntas) los individuos concretos a través de sus afinidades y las identificaciones pueden operar hacia un determinado fin con esa sinergia cerebral cooperativa y descentralizada.

Un trabajo transdisciplinar (un proyecto entre varios) puede llevarse a cabo de manera análoga a través de la sobreescritura. No conviene confundir la sobreescritura con el cadaver exquisito que inventaron los surrealistas, esos collages que daban lugar mediante la aposición de distintos elementos heterogéneos a una composición artistica.

La sobreescritura supone prolongar mediante la edición, borrado, sustitución, copiado o barajado un texto anterior para dotarle de otros contenidos y otro colorido. Supone mejorar algo al añadirle uno o varios puntos de vista que pudieran integrar al anterior y servir de molde a los que estan aun por llegar, escarbar y abrir nuevas bifurcaciones en las ideas  y explorar su viabilidad, ir marcha atrás cuando un camino se convierta en un “cul de sac” y retroceder hasta la ultima bifurcación. Si es necesario borrar párrafos enteros redundantes o poco claros.

Naturalmente la transdisciplinariedad se enfrenta  a varios problemas relacionados con la autoría y la autoridad. En él los elementos deben renunciar a la “propiedad” de algo en beneficio del común y alguien debe ejercer de director de orquesta para dar entrada a los distintos instrumentos. Esa metaedición es en realidad lo que hace la corteza cerebral en nuestros cerebros: impulsar el trabajo hacia objetivos concretos.

La transversalidad es la superación del individualismo y de la bienintencionada pluridisciplinariedad, es la superación del cuello de botella del v- meme verde y el desembarco pleno en el mundocentrismo del v-meme amarillo. Nosotros, todos.

Eso es lo que pretendemos en el Proyecto GMS “Global Mind Squizzing”.

El fuego de San Antonio

mayo 16, 2011

Muchas veces me he preguntado la razón por la que a San Antonio se le relaciona con el fuego y cuya festividad -el dia 17 de Enero- coincide con la bendición de los animales y con hogueras. Al principio creí que era una cuestión de simple sincretismo con alguna fiesta pagana relacionada con el solsticio de invierno pero esa idea no explicaba el por qué San Antonio precisamente representaba esa celebración.

San Antonio abad fue un monje eremita que vivió en el siglo I de nuestra era y que representa el ascetismo religioso más duro de todos aquellos que alcanzaron la santidad a través de la via de la renuncia, es decir la perfección a través de la restricción. Este tipo de personas que incluyen al mismo Jesucristo con su retirada al desierto se relacionan con vivencias alucinatorias de caracter visual que en la lectura religiosa e icónica se han representado como tentaciones de Lucifer.

No es de extrañar pues hoy sabemos que la deprivación sensorial por si misma es capaz de generar alucinaciones y que estas alucinaciones tienen que ver con formas animales  (tal y como sucede en los delirios de base orgánica como el delirium tremens). La figura de San Antonio eternamente vinculada a un cerdito habla por si misma de esta relación entre el mistico y sus alucinaciones de animales y de entidades infrahumanas que han quedado eternizadas a través de pintores de la talla de Brüguel, El Bosco, Dali y otros.

El santo es acosado por alucinaciones tenebrosas y amenazadoras que representan por un lado el lado oscuro del mal y de ahi su caracter de tentación. ¿En que consisten estas tentaciones? Son el sexo, el poder y la riqueza los anzuelos de los que se sirve Lucifer para engañar al santo (o al héroe) e impedirle que se cumpla su ideal de perfección.

Sin embargo vale la pena destacar que Lucifer (el portador de la Luz) es parte necesaria para que el santo llegue a serlo. ¿Podriamos decantarnos por el Bien sin la existencia del Mal? ¿Qué mérito tendria entonces la gesta del héroe o el camino de perfección del santo?

Es facil renegar o blanquear el mal, todos lo hacemos de una forma u otra a través de la disociación, simplemente aparcamos, reprimimos o negamos el mal en nosotros mismos y aun negándolo o escotomizándolo en otros. Esta renegación o blanqueamiento del mal es hoy una de las causas de que vivamos en una sociedad donde lo deseable, lo ideal y sus simulacros  hayan conseguido dejar a nuestras sociedades opulentas en un estado de inmunosupresión donde el mal siempre está en el otro, mientras en nosotros mismos no vemos sino virtudes que no hacen de nosotros seres virtuosos, sino neuróticos en toda regla.

Pues el mal -como opuesto del bien- ha de ser asumido por todos nosotros. El mal es necesario que sea ejercido siempre con el objetivo de alcanzar un bien comun de nivel más elevado pues porque:

“Preciso es que el placer tenga sus penas y el dolor sus placeres” (Fausto).

Y tal y como afirma Mefistófeles:

“Cuanto más me empeño en hacer el mal más beneficios reparto”.

Lo que significa que el Bien y el Mal mantienen entre sí relaciones especiales como opuestos complementarios que son. Y que la enantiodromia sea la acción predecible, la oscilación necesaria entre ambos pares y que tal como apunté en este post:

Todo camina hacia su contrario.

Y eso es precisamente lo que hacen los santos: enfrentar su sombra, su parte oculta y es por eso que sus visiones son siempre del otro lado,aterrorizantes y tentadoras, pues sin esa experiencia no pasaríamos de ser aquiescentes adoradores teóricos del bien siendo como somos malvados domesticados y gratuitos.

Y cuando alguien ha conseguido integrar esa maldad intrínseca, enfrentándose cara a cara con ella adquiere poderes especiales: se transforma en un chamán.

Y esto es lo que San Antonio llego a ser y es por eso que su orden: los antonianos o eremitas se especializaron en una enfermedad llamada precisamente asi “El fuego de S. Antonio” o “fuego del diablo” que conocemos hoy como ergotismo (aqui hay una buena explicación de estos extremos).

El ergotismo fue una enfermedad durante amplios periodos de tiempo y que estaba provocada por la ingestión de cereales contaminados por un hongo llamado cornezuelo de centeno (secale cornutum). Su ingestión provocaba un cuadro casi siempre mortal que debutaba con alucinaciones y episodios psicóticos y una vasoconstricción generalizada que terminaba con necrosis perifericas, ulceras y toda clase de lesiones hasta que acaecia la muerte por fallos sistemicos. Naturalmente el tratamiento de esta intoxicación -cuyo origen se desconocia- era aislarse de la consumisión de es ehongo. ¿Pero como hacerlo sabiendo que la mayor parte de la dieta en epocas medievales estaba basada en el pan?. La unica solución era la peregrinación, fuera del alcance del consumo de los cereales contaminados. Aun hoy celebramos el exito terapeutico de estas peregrinaciones a través de fiestas y folclore vinculado a ciertos milagros de determinados santos. Antropológicamente hablando es interesante observar que la curación de este mal estaba vinculado al desplazamiento de las poblaciones a lugares donde el hongo no hubiera aun contaminado los campos de trigo.

Fue asi como nacieron ciertas ordenes religiosas como las que antes nombré y que asistian a estos peregrinos en sus desplazamientos,  brindándoles además una ayuda complementaria al atenderles mientras alucinaban y probablemente tambien a fin de dar sentido a todas aquellas visiones en clave de salvación.

Del cornezuelo de centeno se extrajeron multiples alcaloides interesantes para la medicina como la ergotamina (y otros) que aun hoy se usa para evitar las hemorragias del parto, la bromocriptina para el Parkinson y otros derivados de uso para la jaqueca, la hipotensión y tambien el famoso y maldito LSD, una droga que prometia como psicofármaco pero que fue arrastrado al baul de las prohibiciones en cuanto su uso comenzó a popularizarse.

Y esa es la razón por la que San Antonio, el fuego del diablo y los animales se encuentran relacionados: lo están a través de las alucinaciones que comparten los santos y los intoxicados por el cornezuelo a la vez que vinculan la curación de ciertas enfermedades mentales con la experiencia similar que solo los chamanes, aquellos que han logrado unificar su sombra con sus ideales pueden lograr. Curar a otro es posible si el que cura a su vez ha logrado curarse. ¿De qué? De la dualidad, de esa mania de separar los contrarios y tratarlos como categorias antagónicas.

Nota liminar a cargo de Carl Gustav Jung.-

“La contraposición de lo luminoso y bueno, por un lado, y de lo oscuro y malo, por otro, quedó abandonada abiertamente a su conflicto en cuanto Cristo representa al bien sin más, y el opositor de Cristo, el Diablo, representa el mal. Esta oposición es propiamente el verdadero problema universal, que aún no ha sido resuelto”.

El lugar de Dios y la alucinación

abril 25, 2011

Por otro lado, el problema de la alucinación tiene que ver en gran manera con el hecho de que concibamos culturalmente, o no, una “instancia externa” supranatural con la que pueda existir un intercambio bi o unidireccional, según cómo y cuando. Si es desde uno a la instancia se ora, si es desde la instancia a uno hay revelación. Si no hay nada y hay deprivación sensorial por exceso o por defecto, entonces se alucina en un bucle interno intracerebral reverberante sin instancia interna o externa a la que proyectar. Si hay las dos cosas, oración y revelación, entonces entramos en lo místico. (Francisco Orengo)

Escribo este post el dia de Pascua de Resurrección del 2011, animado por varias circunstancias que se han unido estos dias en mi inconsciente narrativo. Una de ellas es este post que escribí en mi otro blog y del que éste es una apoyatura o tratará de serlo. La otra es la noticia leida hoy en un periódico de tirada nacional acerca de la publicación por parte de Francisco Mora (pinchar sobre el nombre para ver una entrevista en TV3) de un nuevo libro sobre neuroteologia que se titula “El Dios de cada uno”.

En él Mora pasa revista a la idea en clave evolutiva de que la “religiosidad” es adaptativa y ha servido a los fines de la supervivencia -muy popular en ciertos ambientes neurocientíficos- y vinculada a la idea de que la pulsión religiosa es algo asi como un hecho biológico, una especie de rasgo de personalidad innato que en términos vulgares puede ser traducido (esto es lo que la gente entiende) que el sentimiento religioso anida en algun gen de nuestro patrimonio genético, que Dios vive entre nuestras neuronas o algo asi.

Ni que decir tiene que estoy en contra de esta teoria, tal y como ya comenté en varios posts anteriores. Lo cierto es que el sentimiento religioso es un subproducto social, es decir un rastro de nuestras habilidades sociales (sociabilidad) que sí están determinadas genéticamente como corresponde a toda especie gregaria, si hemos sobrevidido ha sido efectivamente gracias a nuestra capacidad de establecer vínculos significativos con los otros. La religiosidad es inseparable de ciertos rasgos biológicos como son el apego, la necesidad de pertenencia o a la afiliación. Dicho de otra manera estamos diseñados para el etnocentrismo, para la adherencia a un clan, a una ciudad, una patria, una bandera, a un himno, a un campanario y a una religión. Ese es precisamente nuestro drama como especie y el cuello de botella que aplasta nuestra evolución hacia otros niveles de conciencia más abarcativos o universales.

Ignoro la razón por la que el que inventó a Dios lo puso en el cielo en lugar de meterlo en nuestro interior, en el centro de la mente. Lo cierto es que lo puso en un lugar inalcanzable y aun más: la comunicación entre El y el hombre pasó a ser imposible directamente y sometida al escrutinio de una casta iniciática especializada en su traducción: curas, sacerdotes, iniciados, santos, misticos, pastorcillos, mártires y herejes. Meter a Dios fuera del horizonte de la mente humana individual y meterlo además en un lugar inhóspito ha traido ciertas consecuencias sobre el desarrollo del psiquismo humano.

La primera consecuencia es que el hombre, al fiarlo todo en el afuera, es un completo analfabeto sobre lo que tiene dentro y a pesar de los grandes maestros que han insistido en no buscar afuera lo que podemos encontrar en nosotros mismos es posible afirmar que la mayor parte de la población -aun sin creer en Dios- situa en el afuera, es decir en el no-Yo las cosas que le suceden sin sentido o no puede comprender tal y como hicieron nuestros ancestros en el paleolitico, biens ea para adorar una fuerza natural, un tótem, un ídolo, un Dios o el culto a las personas concretas.

Lo de afuera es lo ajeno, lo inconmensurable: le llamamos lo sobrenatural y ahi depositamos la causalidad de lo que nos sucede aqui cuando esa causalidad carece de explicación razonable: “Dios lo quiso asi” ha sido el argumento tranquilizador para gran parte de la población sometida a las adversidades de la vida, es una explicación poderosa puesto que los designios de Dios son imposibles de adivinar y desde luego son tranquilizadores porque al menos apelan a un cierto sentido, a un orden (aunque inescrutable) de las cosas. Siempre es mejor atribuir al designio divino una calamidad que pensarlo desde el lado del sin sentido. A fin de cuentas a nosotros los sapiens lo que nos interesa no es la verdad sino el sentido de las cosas.

Pero la idea de un Dios alejado viviendo en algun lugar inaccesible del Cosmos ha tenido más consecuencias a largo plazo: ha dotado de explicaciones esotéricas a fenómenos bien conocidos aunque mal explicados por la ciencia. Pongo el ejemplo de la alucinación de la que hablé en este post y donde apuntaba hacia la posibilidad de que el fenomeno alucinatorio anadaba de la mano junto a la predisposición de los humanos a obtener explicaciones sobrenaturales sobre fenómenos que en realidad -como los sueños- nos están representando a nosotros mismos y que nos aluden o apelan en lo más íntimo. No quiero decir con eso que la alucinación como fenómeno neurobiológico proceda del hecho de creer en un Dios inalcanzable que está en el cielo, lo que quiero decir es que usualmente las explicaciones que los alucinadores dan a su alucinación son sobrenaturales, tanto los alucinadores patológicos (psicóticos) como aquellos heautoscopicos que han tenido experiencias cercanas a la muerte.

Se encuentra ciertamente difundida -por parte de ese fenómeno religioso que llamamos new age- la idea de que en realidad los alucinados ven cosas que nosotros somos incapaces de ver, volvemos asi al concepto griego de “enfermedad sagrada”. No se trata en esta concepción del fenómeno que el cerebro del alucinado se halle distorsionado de una u otra forma sino que somos nosotros -los que no alucinamos espontáneamente- los que padecemos de algun extraño déficit corregible con ciertas experiencias con drogas o a través de ciertas practicas espirituales. Es verdad que intoxicados por ciertas drogas somos capaces de tener experiencias visionarias de lo más interesante pero esta experiencia no representa de ningún modo una conexión con lo sobrenatural ni con Dios sino con las posibilidades de nuestra conciencia expandida inexploradas.

“No hay que buscar afuera lo que tienes dentro”, le dijo fray Pedro de Alcántara a Santa Teresa de Jesus cuando está le consultó a propósito de sus desgarros interiores motivados por sus alucinaciones continuas que ella interpretaba como favores de Dios. Esta sencilla prescripción del franciscano fue suficiente para invertir el rumbo de la vida espiritual de Teresa desde la contemplación pasiva y torturante de fenómenos alucinatorios constantes hacia una vida social de reforma y viajes. Pedro de Alcantara la curó de sus alucinaciones invirtiendo el sentido de su experiencia y haciéndole ver otra misión para si misma, encontrándole un lugar en lo simbólico. A partir de entonces Teresa ya no fue una alucinada sino una fundadora.

Efectivamente el viaje interior es el más eficaz de todos los viajes, volver el rumbo hacia nosotros mismos en lugar de prestarle atención a los designios divinos tiene consecuencias psicológicas importantes sobre la salud de las personas. En realidad, la alucinación sólo es patológica cuando uno trata de explicársela a partir de narraciones extraordinarias y fuera de la realidad que incluyen distorsiones importantes por sí mismas. Para una persona del siglo XVI que aspiraba a la santidad la alucinación no tiene la misma trascendencia que para un sujeto laico y contemporáneo nuestro que carece de intereses religiosos y que no ha alcanzado el suficiente nivel de conciencia para integrar su experiencia -sea la que fuere- en su narración vital. Es así como se comienza a delirar y todo delirio construye por sí mismo irrealidades que alejan cada vez más al alucinado de su posición de salida, es por eso que decimos que la experiencia alucinatoria es enloquecedora por sí misma.

La psicosis, por cierto no es sólo una enfermedad alucinatoria o una ocurrencia extravagante sino una alucinación a la que no se encontró sentido y que se transvistió en delirio y que una vez establecido se hizo fuerte en las creencias individuales modificando para siempre la experiencia consesuada, hay algo en la psicosis que el sujeto se niega a abandonar.¿Qué? Pues la concepción del mundo tal y como hacemos nosotros, adheridos siempre a nuestras viejas y a veces insostenibles ideas.

De manera que lo que caracteriza a la psicosis no es la alucinación (incluso hay psicosis sin alucinaciones) sino la convicción en defender el delirio que interpretará a las alucinaciones y su adherencia ulterior al pensamiento no consensual que caracteriza la psicosis.

Lo cierto es que todo el sistema atributivo de una alucinación se modificaría si Dios en lugar de haberse ubicado en el cielo hubiera sido puesto enmedio de nuestra mente como un contenido mental más. Si tuvieramos la convicción de que en nosotros hay una chispa divina en lugar de poner todo el fuego en lo celestial, la alucinación hubiera cambiado su color y no sería posible aludir a lo sobrenatural como explicación de experiencias no consensuadas de conciencia.

Pero el asunto se complicó más porque el que inventó a Dios y lo situó en lo alto enseguida encontró a otro que inventó al demonio y lo situó en el abajo.

Y de ahi se nutren la mayor parte de las alucinaciones y de los delirios y tiene su explicación en ese orden inventado en el que alguien decidiera que la comunicación con Dios era imposible pero no así con el demonio que andaba con nosotros, tan cerca que incluso a veces podia poseernos (como sostenian los teólogos de la Edad media) y hacernos sentir cosas que no estaban en nuestra naturaleza, una explicación de la causalidad que una vez más ponia la causa en el afuera, esta vez en el abajo. El demonio y el Mal fueron así dispuestos como más cercanos y accesibles a lo humano que el propio Dios que se mantenía mudo y a distancia.

No es de extrañar pues que la mayor parte de las alucinaciones contengan imagineria torturante, órdenes, influjos malévolos, espionajes, persecuciones, delaciones, traiciones, imprecaciones, insultos, comentarios humillantes, infidelidades, envenenamientos, transmisión mágica de enfermedades, localizaciones de vacíos inconcretos, ondas controladoras, robos del pensamiento, difusión de la identidad, enamorados perseguidores, fragmentación del mundo, hilo directo con extraterrestres, Dioses y diablos de cualquier naturaleza y todas las versiones de lo apocalíptico segun el nivel narrativo de cada cual.

Una minoria, sin embargo es capaz de alucinar con cosas agradables, otros viven en una especie de megalomanía subproducto de un narcisismo mal resuelto, los maníacos que creen ser millonarios, omnipotentes o genios, inventores, profetas, adivinos, hijos o hijas de Dios o ser señalados por el dedo de la divinidad en una especie de implosión de hybris que de cualquier forma situa al alucinado fuera de la realidad.

Efectivamente Dios de ser alguna cosa es un lugar, pero yo creo que habita entre nosotros y está en mi. Hay una chispa divina en cada uno de nosotros lo que sucede es que nos hemos conformado con acceder a ese Dios inalcanzable que está en los cielos y con el que no podemos relacionarnos más que a través del delirio o la alucinación sucedáneos de otras posibilidades de nuestra conciencia expandida.

Dios no es una alucinación como propone Dawkins es simplemente una idea indemostrable, más que una idea es un lugar, un dedo que debió señalar en el centro de la frente de los humanos y nunca al azul del cielo.

La presencia y el ahora

abril 19, 2011

Todos somos capaces de experimentar -aunque sea por un momento muy pequeño- lo que significa estar sin pensamiento y ser plenamente consciente. Significa que es posible estar consciente del todo (en el sentido más neurológico de la palabra) y sin embargo no tener la mente ocupada en ese constante trasiego de imágenes y pensamientos, ese murmullo casi omnipresente que llamamos “parloteo”.

Esa experiencia es la que se conoce con el nombre de mindfullness o conciencia plena. Me gustaria en este post añadir algunas cuestiones más a este concepto, me refiero a ciertos atributos que vienen colgados de él. Presencia y ahora.

La mayor parte de nuestros contenidos mentales en estado de vigilia son pensamientos, en cierto modo el hombre moderno es un hombre intoxicado con sus propios pensamientos que de forma constante e interminable aparecen en el horizonte de nuestra mente como si hubiera un motor que los pusiera ahi de forma imperceptible e involuntaria. Es muy dificil mantener la mente limipia de pensamientos, recuerdos, ideas, cancioncillas, creencias, fantasias, anticipaciones o diálogos interiores. Tenemos pues muy poco tiempo para mirar, para contemplar.

Pensamiento y presencia se oponen, no es posible adquirir presencia mientras la mente se halla ocupada por los pensamientos. Para que haya presencia es necesario sólo “estar ahi”. La condición para la presencia es la no-mente. Ni el pasado (recuerdo) ni el futuro (anticipación) ni el presente (pensamientos) toleran la presencia, que se desvanece apenas colisiona con cualquier elemento mental.

Presencia puede definirse como estar ahi “aqui y ahora”, es decir se trata de una forma de estar en plena conciencia en un intervalo temporal que no es pasado ni futuro, sino ahora y aqui. Lo curioso de este “ahora y aqui” es que aun siendo muy intuitivo es muy poco accesible a la experiencia mental directa. Si adquirir presencia es tan complicado es por dos causas:

Una es que estamos condicionados a pensar incluso cuado estamos operando automáticamente como cuando cosemos, andamos, conducimos, oimos musica o contemplamos un cuadro. Todo pareciera indicar que tenemos horror al vacío de la mente y tendemos a llenarla de contenidos de forma compulsiva, como si nuestra identidad fuera a fragmentarse si dejamos de pensar y es muy posible que este horror vacui se encuentre en la base de ciertas experiencias de fragmentación de tipo psicótico.

La segunda causa es que el tiempo transcurre -en nuestra percepción sensible- desde el pasado hacia el futuro siendo el presente una traza intangible que apenas la percibimos ya ha desaparecido y siempre se nos muestra de espaldas. Sucede porque nuestra conciencia adquiere conciencia de sí misma preciamente  a través de una discontinuidad que se transforma en una secuencia ilusoria como conté en este post.

Asi, decia alli:

Cada unidad de conciencia dura alrededor de una décima de segundo o lo que dura una onda cerebral (una décima de segundo equivaldria a un ritmo alfa de 10 ciclos por segundo), la onda se inicia en el tálamo que hace el papel de reloj y desde alli se esparce en forma ascendente hacia las estructuras más jóvenes, alcanzando la corteza donde se juntan las percepciones y el movimiento dando lugar al momento consciente. La onda se expande tambien hacia el exterior por el sistema perineuronal (glia) alcanzando todos los tejidos inervados del cuerpo.

Lo importante es entender que desde el punto de vista neurofisiológico sólo podemos hablar de un momento consciente y no de conciencia que en cualquier caso seria la forma en que nuestro cerebro rellena los tiempos muertos entre momento y momento.

Sólo podemos hablar pues de instantes. De una sucesión de instantes discontinuos.

En un post anterior donde hablé precisamente de la naturaleza del tiempo me ocupé de la paradoja de que mientras el tiempo parece que fluya desde el pasado hacia el futuro el espacio no le acompaña. Este fenómeno señala que existe una ilusión, un truco biológico diseñado seguramente por la evolución para dar a nuestra experiencia una continuidad fílmica que no tendríamos si solo percibieramos fotografias o flashes de la realidad. Sabemos, sin embargo, que tiempo y espacio son la misma cosa y que el tiempo no puede fluir sin arrastrar tras de sí al espacio.

Es curiosa, en este sentido que la semántica de la palabra “reloj”, en francés, “horlogue” remita a dos raices, Logos y Horas. Significa que lo que entendemos como tiempo no es sino una combinación de la palabra (logos), razón e instantes de conciencia (duración). Sin duda es nuestra corteza cerebral la que cose esa discontinuidad entre instantes y les pone el nombre que percibimos como tiempo en el sentido de duración de las cosas.

Y es por eso que tenemos la experiencia de continuidad en un cerebro que en realidad sólo puede percibir trazos discontinuos.

Una de las curiosidades de nuestra mente es que sólo podemos prestar atención a una tarea determinada por vez, no podemos pensar, preocuparnos, hablar, planear, fantasear, anticipar o disertar al mismo tiempo que contemplamos algo, de ese modo es posible afirmar que siempre andamos distraídos como sonámbulos. Nuestro pensamiento nos lleva hacia el pasado a fin de exorcizar las nostalgias -si es que sentimos que hemos perdido algo- o hacia el futuro en forma de preocupaciones o de planes para que el porvenir se acople a nuestros fines. De este modo es posible afirmar que la ansiedad es un timbre que suena cuando nos perdemos en el futuro. No hay ansiedad sin futuro y no hay depresión sin pasado, sin sentimiento de pérdida y sin una tarea de recuperación ilusoria.

De manera que tanto la depresión como la ansiedad son jugarretas que nos impone nuestra secuenciación del tiempo: la misma ilusión cognitiva que nos lleva a pensarnos como un ente que discurre en el tiempo es responsable de que nos perdamos en las ideas de que “cualquier tiempo fue mejor” y en su recuperación -de ahi la repetición que es una reedición- de aquel tiempo que se nos escurrió entre los dedos o en la anticipación de las consecuencias de nuestros actos y decisiones en el futuro.

Hay dos maneras de experimentar con el ahora: una de ellas es el entrenamiento, dado que se trata de una experiencia nada rara y que todos hemos tenido alguna vez de forma espontánea o durante una relajación, de modo que podemos ejercitarla a voluntad si le perdemos el miedo a la contemplación sin juicio y sin interpretación, algo asi como la epoché -suspensión del juicio-de la que hablan los meditadores. Otra forma probablemente relacionada con esta experiencia son las que suceden durante la intoxicación con algunas drogas, estoy pensando en el cannabis y planteo a modo de hipótesis que quizá la vivencia distorsionada del tiempo que tiene lugar durante esas experiencias pueda estar relacionada con aquella experiencia que llamé “Eso” y que describí de la siguiente forma:

Se trata de una experiencia que sólo puede vivirse en primera persona (como todas las experiencias) pero que a diferencia de las experiencias comunes no puede comunicarse pues no existen consensos sobre ella. No es tener la mente en blanco, no es un bloqueo, ni un ataque epiléptico, no es una convulsión ni un dejà vu ni una de esas sincronicidades- coincidencias significativas- que a veces nos parecen bien siniestras o bien maravillosas; quizá la palabra “rapto” o “paroxismo noético” pudiera describirla mejor que cualquier otra palabra, es una degustación de algo desconocido como un sabor, un olor o una textura exótica o inusual – a pesar de no ser algo perceptual- como si ese algo hubiera penetrado en mi por unos instantes y que se desvanece raudo, tan veloz que no hay tiempo suficiente para atraparlo.

Y lo peor que podemos hacer cuando “eso” nos penetra es pretender atraparlo pues apenas lo intentamos se desvanece.

Es muy posible que “eso” sea el tiempo estirado como un chicle, una experiencia de atemporalidad que sucede cuando nuestro cerebro es golpeado en su sistema cannabinérgico con un resoplido de anandamida y que nos devuelve la percepción del tiempo en su verdadera dimensión: como un instante eterno, al disolver la droga la ilusión de secuencialidad del transcurso.

¿Es la experiencia relatada en este post la misma que sucede en las vivencias del aqui y ahora?

Es seguro que volveré sobre ello.

El poder del ahora por Eckhart Tolle:


Puedes leer el libro de Eckhart Tolle en pdf aqui.

Copias eferentes y descargas corolarias

abril 13, 2011

Hace unos dias un coche que iba marcha atrás me atropelló aunque por suerte solo pasó su rueda por encima de mi pie, gracias a la intervención de un amigo que iba conmigo y logró empujarme “in extremis” salvé la rodilla de lo que amenazaba con ser un impacto seguro.

Al cabo de 24 horas el pie se me puso morado por el pisotón y comenzó a dolerme (aunque no tenia nada roto): se había puesto en marcha la cascada de la inflamación a través de la via aferente: del pie al cerebro. Diriamos que el pie andaba informando al cerebro de ciertos destrozos y fue asi como el cerebro acabó tomando parte en el proceso a fin de minimizar los daños tisulares.

Pero las cosas del dolor no suceden siempre asi, a veces algo nos duele en ausencia de daño, ¿a qué se debe este fenómeno?.

El cerebro se comunica con el órgano periférico de arriba a abajo a través de la via eferente que es la que se usa para mandar mensajes fundamentalmente motóricos: aquellos que están relacionados por ejemplo con el movimiento muscular.

Piense usted ahora en un movimiento cualquiera, por ejemplo en teclear este post. Esta tarea se realiza de arriba a abajo, desde las órdenes que dicta el cerebro a nuestra mano y donde las destrezas acumuladas en el uso del teclado son muy importantes, es como si tuvieramos memoria de los movimientos necesarios para teclear, saber donde estan las letras, etc.

Lo cierto es que esa memoria existe, pues los algoritmos de este movimiento que hemos aprendido por repetición se encuentran archivadas en la via eferente. Pero no en la via eferente principal que es por donde viaja la orden de teclear aqui y ahora, sino en una via paralela que conocemos con el nombre de copia eferente. Alli se encuentran los PAFs (patrones de acción fijos) que hemos ido archivando con el paso del tiempo y que nos permiten teclear sin apenas pensar donde están las letras, de este modo solo debemos concentrarnos en lo que queremos decir y olvidarnos casi del lugar que ocupan los simbolos del teclado, los conocemos de memoria, casi instantáneamente.

De manera que la via eferente contiene como un resguardo de las acciones que ya hemos realizado, que hemos llevado a cabo millones de veces y que nos permite refinar y maximizar los resultados de cualquier acción al mismo tiempo que minimiza el “gasto” de esas mismas acciones. La función de la copia eferente es atenuar e inhibir a la propia via eferente refinando su perfomance.

Es muy importante entender esta cuestión pues en realidad el movimiento no es sino un temblor generalizado. Es gracias a la copia eferente que cualquier movimiento nos resulta preciso y al mismo tiempo eficiente.

Pero seguro que usted sabe los problemas que tienen las copias con respecto a un original. Una copia puede:

  • Perderse
  • Perder definición o contener borrones.
  • No haberse nunca realizado.
  • Contener errores o discrepancias con el original.

Es por esa razón que cuando usted quiere validar un documento le piden siempre el original. La administración pública por ejemplo no admite copias sino que exige el original a efectos de compulsar su veracidad. Las copias son poco de fiar, precisamente porque pueden estar falsificadas o no contener la misma información que sucede con los originales.

En el sistema nervioso sucede con bastante frecuencia que la copia eferente de un movimiento no sea fiel al propio original. En este post hablé precisamente de ciertos fenómenos muy conocidos como las cosquillas -que no pueden nunca ser autoinducidas- o el mareo del acompañante del conductor como ejemplos de distintas funciones de la copia eferente: si no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos es porque nuestro cerebro predice el movimiento que vamos a hacer y lo atribuye al Yo y a la intención voluntaria, para que pueda haber cosquillas tiene que haber un no-Yo, el efecto sorpresa, etc. Del mismo modo el conductor de un coche no se marea nunca a diferencia del copiloto porque aquel mantiene (o cree que tiene) el control sobre el movimiento del coche (al que siente como una prolongación de su propio Yo) mientras que el copiloto – sobre todo los niños o aquellos que aun no han tenido tiempo de congifurar una copia eferente del movimiento- creen que es el mundo quien se mueve y no ellos mismos con el vehículo.

Se trata de conflictos organismo-individuo. El organismo siente una cosa (el mundo se mueve) y engaña al individuo haciéndole creer que es lo externo lo que está en movimiento. El organismo y su cerebro responden como si estuvieran en un entorno de movimiento circular y a través de laberinto informa al cuerpo de que lo mejor es vomitar a fin de deshacerse de las complicaciones del veneno. Para el organismo la principal amenaza del exterior procede de los venenos de la comida y es asi como computa este cerebro la alarma y reacciona ad hoc. Cuando el copiloto ha aprendido lo suficiente acerca del asunto, es decir ha logrado formalizar sus copias eferentes con respecto al movimiento, el mareo no tiene lugar.

Un corolario es una inferencia que se hace a partir de una verdad demostrada. Si es verdad que:

“La suma de los ángulos de un triángulo rectángulo son 180 º”, entonces se desprende un corolario:

“En un triángulo rectángulo la suma de los dos ángulos contiguos a la hipotenusa es igual a 90°”.

Un corolario es una verdad que no se encuentra manifiesta pero que se desprende de otra verdad de la que se puede inferir.

Como puede observarse en el esquema de arriba, la descarga corolario (Sperry, 1950) que describió Sperry como explicación de los movimientos oculares que se producen con la inmovilidad de la cabeza se produce cuando existen discrepancias entre la copia eferente y el movimiento eferente propiamente dicho (la orden cerebral) y donde puede observarse la función de realimentación de la copia eferente.

Movimientos oculares espontáneos o nistagmus

Aqui hay una página muy interesante donde podemos visualizar los movimientos de los ojos y seguirle el rastro a su copia eferente.

Una forma muy pedagógica de entender las consecuencias de estas discrepancias es acudir a la patologia humana: el Parkinson con su mezcla de movimientos desinhibidos y lentificados, la histeria de conversión con sus parálisis o paresias en ausencia de lesión, las alucinaciones o los sueños en ausencia de estímulos sensoriales concretos pueden ser explicados a través de este paradigma de copias eferentes discrepantes que se descargan a través de vias motoras o sensoriales pero que resultan en sintomas inadaptativos en ausencia de otra señal neurobiológica sino la del borramiento, ausencia o cambios en las copias eferentes que deberian ser de apoyo y de realimentación, inhibiendo a la propia via nerviosa eferente de la que es complementaria.

En este post el lector puede rastrear el caso -probablemente de ficción- de una paciente que temblaba en ausencia de patologia que lo justifique. Los comentarios son tan sustanciosos como el post mismo.

La copia eferente y la descarga corolaria me parece un paradigma neurobiológico de lo más interesante para explicarnos múltiples patologias pero tambien para ir más lejos del movimiento mismo, pues no hay que olvidar que las emociones son tal y como sostiene Rodolfo Llinás movimientos interiorizados, es decir evolucionaron desde conductas demostrativas dispuestas para mostrarse y consiguieron de esta manera ocultarse detrás de fachadas psicológicas sometidas en parte a control consciente. Si las emociones fueron movimiento -que se perdió en parte a través de la evolución- es obvio que tienen que poseer tambien una copia eferente que la inhiba o module.

En este sentido me gustaria repescar un párrafo de un reciente post que escribi acerca de la depresión como tristeza alucinada:

“Alucina su tristeza como los pacientes de dolor neuropático alucinan su dolor, los amputados alucinan su miembro fantasma, o los ciegos del sindrome de Charles Bonnet alucinan sus visiones.

La alucinación -que recorre el camino inverso a la propia percepción- se produciría como “descarga corolaria” cuando existiera una discrepancia cognitiva, perceptiva o emocional entre la copia eferente y la descarga motora real.

Lo cual nos permite especular que quizá una emoción que consideramos tan genuina como el amor no siempre es un original y quizá si una copia o lo que es lo mismo que esas personas que dicen “que no saben que es el amor” igual dicen la verdad pues obviamente para amar se necesita antes haber sido amado.

Pues somos copias de nosotros mismos después de haber robado o plagiado los originales de otros.


 

Bibliografia.-

Sperry, R.W. (1950) Neural basis of the spontaneous optokinetic response produced by visual inversion. J Comp Physiol Psych. 43: 482- 489.

Sinestesic@s

marzo 8, 2011

La sinestesia era hasta hace poco tiempo una curiosidad neurológica destinada a vender libros de divulgación sobre esa extraña combinación de canales sensoriales (ver sonidos, saborear olores, oir colores, etc) cuando no a hacer ciertos elogios a las drogas psicodélicas como el LSD o la mescalina que pueden inducir sinestesias en cualquier persona.

A pesar del aura romántica que arrastra -gracias a músicos como Scriabin o a artistas plásticos como Kandisnsky– esta curiosa forma de percibir sonidos, colores, gusto, olores y tacto de forma mezclada lo cierto es que todos los intentos de adjudicar o de llevar a cabo una tabla de equivalencias entre colores y notas por ejemplo o grafemas-color han fracasado y han revelado dos cosas: que la sinestesia es un fenómeno muy común y que es totalmente subjetivo, es decir cada persona seria capaz de construir una tabla distinta sobre esas equivalencias.

Aqui escribí algo sobre la sinestesia y la relacioné con el sindrome de Stendhal, el post contiene tambien un buen testimonio de un muchacho sinestésico que además tenia paroxismos stendhalianos. Quizá por esa aura romántica el fenómeno sinestésico no fue estudiado en serio hasta que Ramachandran comenzó a relacionarlo con ciertos sindromes psiquiátricos como el sindrome de Capgras y con otros neurológicos como el miembro fantasma en su conocido libro “Fantasmas en el cerebro” una obra maestra de la neurociencia.

Podeis ver un video donde Ramachandran resume sus investigaciones.

Lo cierto es que los neurólogos de hoy carecen de tradición psiquiátrica y debe ser por eso que no han leido a Babinsky ni saben que en el siglo XIX ya se describieron ciertos síndromes que se consideraron neurológicos y no psiquiátricos como la anosognosia (la incapacidad para reconocer una amputación por ejemplo) y la anosodiaforia que es su afecto correspondiente de indiferencia y que se parecia mucho a la negación de enfermedad que hacen algunos pacientes psiquiátricos o a la “belle indiference” de las histéricas que no tenian lesión alguna en su cerebro a diferencia de aquellos que habian sufrido apoplejías.

Es por eso que entre nosotros Francisco Orengo ya publicó hace cierto tiempo un articulo que venia a decir que la “belle indiference” era equivalente a la anosodiaforia pero sin lesión, era por asi decir: su equivalente psicológico. Como si el cerebro hablara dos idiomas, uno para la mente y otro para las neuronas pero que ambos idiomas procedieran de una matriz común neurobiológica.

Esta matriz neurobiológica es posible que sea la capacidad de ciertas neuronas sinestésicas, es decir la pervivencia de ciertos cableados neuronales que podrian ser utilizados en base a la neuroplasticidad para funciones no previstas.

Pero no voy a hablar de la sinestesia en general sino de la sinestesia menos conocida por haber sido la última en describirse, me refiero a la sinestesia toque-espejo.

Se trata de una curiosa forma de sentir en el propio cuerpo las sensaciones que en realidad deberian sentir sólo otros, son esas personas que sienten como si les clavaran agujas cuando contemplan una escena en donde se le clavan agujas a un sujeto distinto a ellos mismos. Hasta ahora pensábamos que estas personas eran demasiado sugestionables o aprensivas, quizá muy miedosas por lo mal que lo pasan en las peliculas de miedo o violentas, pero es más que eso: se trata de personas que han desarrollado la empatía hasta limites insospechados y sienten en sí mismos el dolor (más frecuente) o sensaciones táctiles como caricias, etc con menor frecuencia que se les realizan a otros en su presencia.

Dicho de otro modo: la sinestesia toque-espejo está relacionada con una personalidad superempática que observa y es -como no- más frecuente en mujeres que en los hombres en una proporción 6:1. Es natural puesto que la evolución se ha encargado de promocionar este sentimiento en las mujeres que al fin y al cabo han de cuidar retoños, pero esto es sólo la explicación evolutiva, la explicación genética es que esta cualidad (si queremos llamarla asi) se transmite a través del cromosoma X.

Lo que quiere decir que si un hombre es sinestésico su madre lo será tambien puesto que el niño hereda de su madre el cromosoma X pero la niña puede haberlo heredado de su padre o de su madre y además los genes que controlan este rasgo parece que son letales para los embriones masculinos. O sea nacen menos niños sinestésicos que niñas.

Sabemos hasta ahora tres cosas: que la sinestesia está relacionada con la empatía, o sea con las neuronas espejo -a través de la activación de la corteza somatosensorial (señalada en azul en la figura de arriba) en el caso del tacto espejo- y que es más frecuente en mujeres. Pero para mi la cuestión sensible de todo este recorrido es llegar a la siguiente pregunta. Todos sabemos que las neuronas espejo sirven para aprender a imitar a nuestros semejantes y para desarrollar en nosotros la empatía que es una forma de inhibir la agresividad pero seguramente no nos hemos detenido nunca a pensar que las neuronas espejo sirve para otro fin: para diferenciar el Yo del no- Yo, es decir para trazar una barrera entre el Yo y los otros siempre en presencia de la observación visual que es su condición.

Dicho de otra forma: la densidad de neuronas espejo correlacionaría con un agrandamiento o adelgazamiento de la barrera entre nosotros y el mundo visible, por lo tanto es de esperar que las personas superempáticas tengan más problemas emocionales que los demás. ¿Es esto cierto?

A continuación me gustaria dirigir al lector a este post donde abordé un caso de ficción o al menos novelado sobre un síntoma histérico (temblor) en la escritora Siri Huvstedt. En la discusión que siguió a la publicación de este post se encuentra la clave de la pregunta que más arriba hacía. Efectivamente la superempatia tiene ventajas pero tambien inconvenientes.

Las mujeres tienen mucho más riesgo de sufrir enfermedades con componente emocional que los hombres, no porque sean más emotivas sino porque son más empáticas y suelen identificarse con más intensidad con sus figuras de referencia. Sin identificación no habría sufrimiento emocional, más allá de lo razonable por una pérdida: el termino duelo no elaborado perdería asi su acepción misteriosa.

He dicho identificarse y este es un criterio puramente psicológico, pasaré a continuación a explicar en qué consiste la identificación. El lector podrá encontrar más detalles en este post donde hablé de los vericuetos que sigue el amor. Identificarse es adquirir una identidad a partir de un original cuyo resultado es una copia del mismo.

Nos identificamos con aquello que nos resulta atractivo y que llega a formar parte de nuestra identidad, asi somos una mezcla de retales de otros, una suma de introyecciones calcadas de otro. Naturalmente este fenómeno ha de ser más eficiente en aquellas personas más dotadas para la empatía.

Lo que es lo mismo que decir que el duelo, es decir el trabajo de reelaboración de una perdida será más costoso en una persona empática que en una persona normal. ¿Es esta la razón por la que las mujeres suelen tener más problemas y sufrimientos emocionales que los hombres, incluyendo las depresiones?

Tomo prestado el comentario final de Francisco Orengo por su originalidad y por plantear una hipótesis nueva a falta de datos experimentales para validarla.

Pues si desde la infancia la persona ha aprendido a simultanear autopercepciones sensoriales (incluida la integral que representa la noción del “Uno mismo” o “Si mismo”), con las de un otro, entonces cabe pensar que la muerte de ese otro debe ser sentida por la persona que sobrevive como una especie de muerte parcial en vida. Esta sensación se me antoja espantosa en la medida en que implica un cese masivo de percepción compartida, simultaneada desde la infancia. Si esto es cierto, entonces cabría pensar que en personas con esta sinestesia, una perdida de un ser “sinéstesico con uno” sería una especie de ictus sensorial-perceptivo

Una especie de experiencia fantasma del registro motor perdido” aunque, ahora que lo pienso, mejor “UNA EXPERIENCIA MOTORA FANTASMA DEL REGISTRO SENSORIOMOTOR PERDIDO”. Eso, los músculos de Siri se ponen a temblar porque no encuentran la percepción sensorial sinestésica que se ha ido con la persona muerta que evoca en ese momento en que el síntoma debuta. Por otro lado, es posible que lo que llamamos “identificación” sea, como dices, “el equivalente psicológico de la sinestesia”. Las dos caras del mísmo fenómeno como en la anosognosia/anosodiaforia y en la belle indifference, desde luego. De todas maneras esta hipotésis habría que testarla en pacientes con sinestesias y duelos severos que deberían tener una coincidencia estadisticamente significativa de acuerdo a la hipótesis.

Dicho de otra manera: una perdida afectiva seria para estas personas como una amputación con su “miembro fantasma emocional” doliente.

Bibliografia.-

- Banissy, M. J. & Ward, J. (2007). Mirror-touch synesthesia is linked with empathy. Nature Neuroscience; 10: 815 – 816.

- Blakemore, S. -J., et al. (2005). Somatosensory activations during the observation of touch and a case of vision-touch synaesthesia. Brain; 128: 1571-1583.

Stravinsky y la memoria musical

febrero 26, 2011

Igor Stravinsky es algo así como el Picasso de la música, el ángel anunciador de la modernidad y con ella la ruptura con todas las convenciones clásicas y todos sus rastros canónicos, lo que es lo mismo que decir que Stravinsky trató de romper con aquello que de una forma consensuada se consideraba bello hasta aquel momento, Stravinsky introdujo un reseteo de nuestra memoria musical y dejó espacio libre en nuestro disco duro para lo nuevo. Antes de él Schoemberg habia pretendido deconstruir la tonalidad, pero Stravinsky se mantuvo firme en su idea de investigar sobre lo desconocido, sobre lo imprevisible -sin abandonar sus trucos para explorar varias tonalidades o incluso la bitonalidad total en una obra como en Petruska- pero a diferencia de Schoemberg se centró en investigar sobre patrones nuevos, tanto ritmicos, como melódicos y armónicos.

Cuando estrenó en Paris (1913) su “Consagración de la primavera” se montó tal escándalo en el teatro que la policia hubo de intervenir para evitar que los desórdenes llegaran a mayores, parecia como si la Consagración hubiera provocado una especie de psicosis colectiva, la gente gritaba, se levantaba de sus asientos e incluso intentaron agredirse unos a otros. “La consagración” les habia vuelto locos, ¿pero por qué? ¿Como es posible que la escucha de una sinfonía provocara tal tormenta de emociones?

No es de extrañar que la música convoque emociones puesto que esa es su función: la música es sobre cualquier otra forma de expresión artistica la que recluta una mayor parte de sentimientos descascarillados, es decir desprovistos de cualquier patrón cognitivo adherido. La música es la gran abstracta, no significa nada pero es capaz de convocar cualquier emoción sin que sea predecible qué va a ocurrir ni qué sentimiento va a convocar en este o aquel individuo. Lo que sucedió el dia del estreno de la Consagración, en  un público culto y acostumbrado a la belleza canónica de la expresión musical fue una especie de rebelión de los cerebros que se manifestó en una asonada contra el teatro, los bailarines y el propio compositor que asistió en primera fila al motín, -inmutable- sabiendo que lo que estaba sucediendo es que había acertado con la fórmula de sobreescritura de patrones artísticos en los cerebros de sus contemporáneos.

Desde entonces hasta ahora nuestros cerebros se han acostumbrado a cierto tipo de patrones y “la Consagración” ya no nos parece simple ruido tal y como habia sucedido en su primera audición, lo que ha sucedido desde entonces hasta ahora tiene que ver con la plasticidad de nuestro cerebro: nos hemos acostumbrado a ciertas armonías, a ciertos ritmos y a ciertas cadencias suspensivas (de suspense) en las orquestaciones. Nos parece bello lo que hasta entonces era enervante.

Como ejemplo de como nuestro oido fue adaptándose más y más a los nuevos sonidos de la modernidad podemos contemplar la obra maestra de dibujos animados -dirigida a un publco infantil- de Walt Disney “Fantasía” que precisamente toma la parte inicial de “la Consagración” y los “augurios” con su obstinato de cuerda. Nótese como la música surge como cuchillos de acordes disonantes y como a nuestro parecer la armonía de esa obra sinfónica ya no nos provoca tanto rechazo como provocó en su estreno. Hemos encontrado cierto patrón y con él apreciamos su belleza.

Lo que Stravinsky se planteó fue el por qué ciertos acordes (consonantes) nos parecian bellos mientras otros (los disonantes) nos parecian feos. Pensó como un neurocientífico y cayó en la cuenta de que no existía ninguna razón por la que un acorde mayor nos pareciera redondo mientras uno de séptima mayor nos pareciera algo inacabado o abierto. Lo cierto es que nuestro cerebro no sólo se dedica a guardar patrones sobre lo conocido sino que adelanta predicciones sobre lo que va a oir, es por eso que cuando una composición vuelve a la tónica  y despues de darse ciertos paseos y disgresiones sentimos la tranquilización de lo predecible pero lo predecible resulta, a su vez, bastante aburrido, es por eso que la expresión musical ha buscado siempre la originalidad.

La originalidad implicita en cualquier forma de arte con mayúsculas implica una cierta suspensión de lo predecible. Es verdad que la musica pivota siempre sobre un patrón que se graba en la memoria a través de ciertas repeticiones y que sin ese eje federador todo parece incomprensible, pero los compositores – al menos los compositores de la modernidad- se aplicaron en hacernos cambiar nuestra opinión sobre lo que era bello o feo. Una sexta mayor no tiene porque ser menos bella que un acorde de tercera mayor, se trata de acostumbrarse a esa secuencia. Luego viene el discurso musical, las variaciones y las disgresiones, pero al final el oyente descansa cuando ha logrado predecir cuando la melodía volverá a su cauce original, es por eso que los finales suelen coincidir con la tónica dando lugar a una sensación de acabado, de redondez y plenitud.

Pero Stravinsky pretendió todo lo contrario: jugar con la incertidumbre, que el oyente no supiera lo que iba a suceder a continuación. Esta sensación provoca dolor e incertidumbre que era para Stravinsky la esencia de la música. Jugando con esa incertidumbre sin saberlo Stravinsky jugueteó con nuestra experiencia cerebral más íntima y nos sustrajo el placer asociado a la música conocida y predecible sustituyéndolo por un sufrimiento inespecifico que fue sin duda el que provocó el alzamiento del público el dia del estreno de “la Consagración”.

El que fue sadismo inicial de Stravinsky para borrar de nuestro cerebro la mania de encontrar satisfacción en lo predecible se ha convertido hoy en algo ingenuo o al menos neutral, ya nadie se sentiría impelido por la fuerza de los extraños y cambiantes ritmos de “la Consagración” ni nadie se sentiria aludido o molesto por sus extrañas melodias sobreinscitas en distintos tempos. Hemos aprendido oyendo música nueva y nuestro cerebro ha aprendido a encontrar patrones alli donde nuestros antepasados sólo encontraban ruido.

Encontrar orden en el caos, esa parece ser la función de la música que de alguna forma pone de manifiesto que nuestra mente es de alguna forma infinita en su capacidad de encontrar simbolos, patrones y sentido a lo nuevo.

Y por eso el arte es necesario, sin él enloqueceriamos pues es gracias a él que podemos construir sentidos nuevos a realidades diversas, cambiantes y mudables. Y los construimos sin necesidad de demostraciones ni consensos.

Yo oí por primera vez “la Consagración” en 1982 y llegué a Stravinsky buscando los origenes estéticos de un grupo de rock sinfónico que me gustaba mucho en aquel entonces: me refiero a King Crimson, que presta su titulo a este blog. Para que ustedes puedan comparar “la Consagración” con su influencia en la musica moderna, les dejo aqui una actuación en directo del Rey Carmesi jugueteando con las lenguas de las alondras. Nótese el obstinato de las cuerdas y las apoyaturas de guitarra de Robert Fripp que aparecen como cuchilladas al estilo de Stravinsky y notese tambien la atmósfera mágica, onirica, quizá hiperrealista de esta improvisación casi sinfónica.

Un poco más conocida y comercial por aquello de la predictibilidad es esta “Red” del mismo grupo donde puede oirse a Stravinsky con sus explosiones y obstinatos

Bibliografia.-

Jonah Lherer: “Proust y la neurociencia”. Paidós. Madrid. 2010.

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