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¿Evoluciona la moral?

enero 2, 2013

La Evolución carece de planes

(Axioma evolutivo)

Kolhberg

Lo cierto es que la palabra evolución lleva a una cierta confusión: pareciera como si la evolución natural tuviera una meta final, un propósito. Lo mismo sucede cuando aplicamos la palabra evolución a cualquier otra cuestión, asi pensaba mientras leia este post sobre evolución de la moral.

El post en cuestión -que pertenece al blog El Caparazón- defiende una teoria “evolutiva” de la moral en el sentido de suponer que la moral humana tiene una teleología, es decir una dirección insoslayable. Se basa en la teoria de Kohlberg que es en cierta forma una aplicación wilberiana y que procede sin duda de la teoria conocida como “dinámica espiral” que se atribuye a Gebser y Beck. La citada teoría sostiene que la conciencia humana “avanza” saltando y superando una serie de fases -conocidas cada una de ellas por un color- y que arrastraran en su ascenso, una serie de memes de valores (v-memes) y de formas de pensamiento y otros patrones cognitivos y creenciales que peldaño a peldaño corren raudas a confluir en una especie de Nirvana donde supuestamente los humanos llegaremos a un consenso universal de amor y fraternidad, superando las rivalidades, los egoísmos, las guerras y las jerarquías.

Naturalmente esta idea aunque se llama “evolutiva” no tiene nada que ver la evolución.

La evolución no está presidida ni por una dirección, ni por una especie de voluntad que guíe a las especies hacia su “cénit evolutivo”. No hay una cúspide evolutiva, ni podemos afirmar que nosotros los europeos estemos más “evolucionados” que los africanos del Senegal, podemos decir que estamos más civilizados y disponemos de más recursos. Pero la civilidad o la opulencia nada tienen que ver ni con la evolución ni con el pensamiento evolucionista. Ni siquiera se nos permite pensar que estemos más evolucionados que el caracol o el calamar. De hecho nuestra especie no tiene siquiera el genoma más complejo.

La teleología es una doctrina de la causalidad que supone que si B es la causa de A es porque hay en B algo que la impulsa a ir hacia A. De modo que es la doctrina de las causas finales. Averiguar algo sobre la causa final de la existencia humana seria algo asi como suponer que existe un propósito especial por el que el hombre puebla la tierra, es como si hubiera alguna misión oculta que es necesario descifrar.

El pensamiento teleológico está en la base de la idea de Kolhberg de que la moral supone una carrera de obstáculos, una progresión que se imagina como una escalera de logros. Lo que nadie sabe es que sucedería al llegar al ultimo piso de esa escalada de logros, salvo imaginarnos una especie de paraíso ciudadano que más bien parece el anuncio de una utopía que extrae su fundamento de la observación de la evolución de patrones pasados y de ahi deduce ingenuamente -de la observación de los progresos- que lo que nos espera es mejor que lo que ya ha sucedido.

Para mi la mejor manera de explicar esta cuestión es referirme al tema de la limpieza.

No cabe duda de que las sociedades avanzadas somos más limpios (parecemos ser más limpios) que nuestros abuelos o que los pueblos depauperados de Africa. Y no cabe duda de que en parte este “avance” al menos en comodidad procede del hecho de que tenemos agua corriente en nuestras casas y tambien agua caliente.

¿Entonces tenemos agua caliente porque somos más limpios o somos más limpios porque tenemos agua caliente?

Lo cierto es que una vez nos hemos acostumbrado a ese avance del agua caliente nos resultaría dificil prescindir de ella e incluso podriamos sentirnos mal si un día no podemos ducharnos porque han cortado el agua o se ha estropeado el calentador. El calentador ha cambiado nuestras vidas.

No somos más limpios que nuestros abuelos sino que nos limpiamos más porque tenemos calentadores. Lo que ha cambiado -en nuestra subjetividad- es que hemos desarrollado una aversión por la suciedad que no tenian nuestros precursores, pero eso no significa que hayamos mudado nuestras emociones para “ser más limpios”. Lo que ha cambiado es nuestro medio ambiente y evidentemente eso crea un pseudo-telos, es decir un aparente propósito de limpieza que nos hace aparentar ser más limpios, como si hubieramos ganado un rasgo nuevo cuando en realidad todo sigue igual por dentro de nuestro cerebro. Que un nuevo Telos aparezca puede explicarse de forma muy sencilla: es como si ahora tuviéramos -como se dice vulgarmente- necesidades nuevas. La necesidad de ducharnos con una frecuencia superior a nuestros abuelos, cosa que hacemos impulsados por lo que se llama hábitos y costumbres.

Y a estos hábitos les llamamos buenos o saludables. Hay un consenso en que la gente limpia se ducha a diario (o casi) y que no es tolerable -socialmente hablando- que la gente ande por ahi descuidada, despeinada o sucia. ¿Es esto una evolución de la moral?

Para Kolhberg esta manía de ducharse seria una manifestación de la moral convencional, un escalón más arriba de las morales egoistas y guerreras de la moral preconvencional. Pues Kolhberg se imagina la evolución de la moral como una escalera de logros y no como adaptaciones al medio ambiente. Ducharse no es más moral que no hacerlo, simplemente vivimos rodeados de artefactos que facilitan esta cuestión y hacen de nuestra vida más comoda, y a salvo de la mugre, es decir más adaptada y coherente con nuestros logros.

Y pensaba todo esto mientras contemplaba absorto la versión de película de “Los Miserables”, el musical recién estrenado y mientras la veia pensaba en los temas que Victor Hugo abordó en su ya universal novela: muchas cuestiones de actualidad, el amor, la redención, el compromiso, la culpa, la libertad y sobre todo la cuestión social.  Contemplando la película uno entiende aquello de la lógica de las revoluciones, incluso la mística de las revolucionarios, aquellos que morian de forma gratuita como esos héroes de la barricada que cantan “Red and Black”. La explicación sencilla: no tenían nada que perder y todo por ganar; la mayoría de las personas vivían sometidos a unas condiciones de vida extremas y una minoría de nobles, burgueses y clero atesoraban toda la riqueza dejando al pueblo al pie del hambre, la tuberculosis, la prostitución y la ignominia.

Ahora bien, desde el punto de vista moral lo que se plantea es ¿Eran los burgueses menos morales que el pueblo llano? ¿Quien era el bueno y el malo en esta pelicula?. Naturalmente uno tiene tendencia a identificarse con los débiles y comprende sus razones aun sabiendo que en Paris se han dado cita las mayores matanzas de la humanidad y no siempre por razones sociales sino fundamentalmente religiosas. Dicho de otro modo, tanto los que mataban en un bando como los que mataban en el otro eran igualmente inmorales si es que matar es un buen índice para medir la moralidad.

Matar es algo implícito en la naturaleza humana, algo que nos viene de serie pero intolerable socialmente; es, desde luego, una manera eficaz de liquidar a los que se nos oponen y sin embargo y  aunque parezca lo contrario, cada vez matamos menos. Steven Pinker no es el único que lo ha dicho, pero las cifras cantan por sí mismas: el numero de homicidios disminuye desde que llevamos esa contaje estadístico. No hace mas que disminuir desde 1900 para acá. ¿Significa esto que somos más morales?

Significa que hemos encontrado formas más inteligentes de dirimir los conflictos, pues matar a alguien no deja de ser una solución poco inteligente y que no hace sino multiplicar las discordias. No cabe duda de que la prohibición del homicidio está calando profundamente en nuestra sociedad y que cada vez hay menos personas dispuestas a matar o dejarse matar y menos por las Ideas. Sin embargo la idea de la prohibición del asesinato parece modelar un campo nuevo, como si se tratara de un nuevo propósito social: el de dejar a los demás en paz y exigir que a su vez los demás nos dejen en paz a nosotros.

Las formas concretas no tienen un campo infinito de posibilidades y es por eso que un embrión de pollo no puede llegar a ser un lagarto. No se trata de un propósito de llegar a ser pollo por parte de los genes del pollo, sino de una restricción de las probabilidades de ser, un campo selectivo donde se manifestará, al desplegarse una vida de pollo. Algunos hablan de que nuestros genes en este sentido son teleológicos, pero yo prefiero hablar de un pseudo-telos, una posibilidad acotada de ser. Por la misma razón las sociedades no avanzan porque se hagan más morales sino porque encuentran nuevos órdenes de organización de las reglas que hagan a las sociedades más justas, libres, laboriosas y cooperativas.

Se trata en todo caso de un telos regulador, aunque arraigado en el caos y en cómo cada organismo puede desenvolverse creativamente en el caos (a su manera). Al final ese caos por ser creativo es potencia.

Y es por eso que no podemos predecir por donde circulará la moral y en cómo la conciencia humana se organizará en el futuro, pero lo que es seguro es que nosotros, los individuos somos capaces de definir las reglas que deberán controlar las conductas individuales y llegaremos a consensos que muy lentamente impondrán una nuevo comportamiento, hasta que lo nuevo haga irrupción y plantee nuevos enigmas que tendremos que abordar en consenso creativo.

Y estamos llegando a consensos irrenunciables, como aquellos de las barricadas.

No es posible ya renunciar al agua caliente.

De manera que no, la moral no evoluciona, sino que es la cultura humana, el vivir en grupo quienes cambian de idea respecto a lo tolerable o intolerable, según las novedades que presente nuestro entorno, pues lo moral no reside en el interior de nuestro cerebro sino en las redes, los nudos y vínculos que forjamos con los demás.

Nota liminar.-

Agradezco a Jose Carlos Aguirre sus aportes sobre el problema de la teleología, tan necesarios para entender algo de este post.

¿Qué es fluir?

junio 2, 2012

El termino fluir o flow es una conceptualización descrita por Mihaly Csikszentmihalyi un psicólogo que se enclava dentro de la corriente conocida como “psicología positiva” y que comenzó a  interesarse por la psicologia a partir de sus observaciones sobre la resiliencia durante la postguerra europea que vivió en primera persona.

Cuelgo aqui este video de TED donde podemos entender mejor el concepto de flow y sus relaciones con la felicidad, la creatividad y la resiliencia.

Aqui hay tambien una entrevista que Punset le hizo para su programa Redes y donde queda claro que la obtención de flow puede realizarse a través de multiples canales, siendo las condiciones para alcanzar este nivel las siguientes:

  • Sin propósito, la actividad se realiza por sí misma.
  • Concentración máxima.
  • Sin distracciones externas.
  • Suspensión de la existencia, del tiempo y de las emociones.
  • Es necesario llevar a cabo una acción sobre algo que dominamos.
  • Y que suponga un desafío.

http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=-6170111612700589851&hl=es&fs=true

Pero yo no estoy del todo de acuerdo con Mihaly Csikszentmihalyi y no lo estoy por dos razones fundamentales. La primera es que esto que describe como “flow” no es una idea original suya sino que ya habia sido descrita por la psiquiatría clásica con el nombre de “estados segundos”. La psiquiatría francesa ya describió este tipo de estados de la conciencia si bien los consideró algo muy cercano a la hipnosis y a la disociación. Y los encontró escuchando las declaraciones de algunos artistas, músicos y autores literarios que de manera muy similar describieron este tipo de estados en el que podían escribir, componer o pintar “fluyendo”, casi sin pensar, dejándose llevar por la música o las letras, declaraciones que ya el propio Mozart nos legó acerca de lo que él entendia como inspiración.

Tal y como comenté en el capitulo “Eso” publicado en el ibro “Espiritualidad y politica”, el estado segundo (el flow) no es algo que podamos conseguir de un modo autónomo a nuestras habilidades en cualquier tipo de disciplina, sino que es un modo de funcionar de la conciencia -casi como un automatismo- y de ahi su parecido con la hipnosis y la disociación.

Loa latinos llamaban Genius y los griegos le llamaron Daimon, a la inspiración. Se le atribuye a Julio Cortazar el ser uno de los afortunados que escribió gran parte de su obra en ese estado y que además pudo describirlo para hacerlo transmisible. Se trata de un contacto con la Verdad, pero no sobre una “Verdad revelada” sino con un tipo de verdad más pedestre que tiene que ver con la capacidad individual para operar sin el influjo del tiempo, las emociones o la realidad. Y que no puede llevarse a cabo sin dominar una disciplina sea la música, la escritura o la pintura. Cualquier persona puede fluir si domina alguna parcela, algun canal para llegar a ella, pero el flow no es independiente del conocimiento previo. No hay flow sin entendimiento, sin ese tipo de entendemiento que no precisa pensar de tan conocido.

Es por eso que no estoy tampoco de acuerdo es que la concentración por sí misma sea suficiente para alcanzar este estado óptimo de conciencia. Uno puede concentrarse para leer, o para escuchar una pieza musical, tambien para guardar el ganado o para pintar las paredes. Pero esto no es flow.

Para que haya flow es necesario (tal y como supuso la psiquiatría clásica) que existan al menos dos polos en acción, uno es la concentración y otro es la abstracción. Es necesario que nos concentremos en lo que hacemos sin distraernos, enfocando nuestra atención en lo que hacemos pero además es necesario convocar otra fuerza: la fuerza de la abstracción de modo que lo que estemos haciendo pueda escalar un nivel y convertirse de una buena idea en una idea universal. Este contacto con el piso de arriba, con la abstracción es lo que consigue hacer estallar la chispa que enciende el flow. No es posible pues que exista flow en las tareas repetitivas o que exigan demasiada atención o minuciosidad en lo que uno hace, pues es precisamente esta “distracción” la que impide la aparición de la abstración y el flow. Decía Mozart que:

Cuando estoy haciendo cualquier cosa mi mente se pone a vagar y me vienen ideas todas de golpe, unas frases se imponen en mi atención y antes de que termine de oirlas ya se como terminarán, una composición me viene de golpe, toda a una, lo que hago después cuando me siento a escribirla es simplemente faena de relleno. Cuando alguna de estas ideas me viene ya se si es buena o no, automáticamente me ocupo de deshechar aquellas ideas malas y de rescatar las buenas, pero lo más interesante no es cómo se diferenciar lo bueno de lo vulgar sino que con un trozo de la composición ya me da la pista de la composición entera.

Por ejemplo, los músicos suelen operar en dos tipos de “modes” en su funcionamiento ejecutor. Uno es el modo concierto y otro el modo flow. En el primer modo, no tienen mas remedio que ajustarse a una métrica, a un tempo o a un programa, a algo que se hace para enseñarle a otros. En el modo flow, el músico ya no tiene sujecciones, no necesita enseñar nada a nadie y se limita a divertirse, entonces surge el flow. Las condiciones para llevar a cabo un concierto o una jam session son las mismas: el dominio de un instrumento. Pero es solo en ciertas condiciones cuando el flow puede emerger.

Vean el caso de Chick Corea y como el Concierto de Aranjuez puede dar lugar a un flujo de ideas (sonidos) compartido por una acompañante. Y como el éxtasis parece acompañar a ambos ejecutantes de principio a fin.

Se nota que fluyen.

Bibliografia.-

Francisco Traver: “Eso” en “Espiritualidad y política” (edición a cargo de Cristobal Cervantes). Barcelona. Kairós 2011.

La paradoja de la ventana rota

mayo 29, 2012

Frederick Bastiat fue un escritor y economista francés que se dedicó a desvelar las falacias y sofismas de su época, y a escribir un libro “Lo que se ve y lo que no se ve” de donde procede la conocida paradoja de la ventana rota.

Dicen que una vez, un gamberro adolescente rompió una cristalera, el escaparate de una pasteleria. Completamente iracundo, el pastelero se quejó a las autoridades de su ciudad y tambien a la familia del gamberro. Todos los testigos, unos treinta, defiendieron al hijo con palabras como “Son cosas que pasan… Si los cristales no se rompieran, ¿de qué vivirían los cristaleros?”

Imaginemos que el cristal cuesta 100€. El cristalero llega, hace su justo trabajo y recibe su compensación por ello. Ese dinero sale del bolsillo del tendero para llegar al del cristalero. De esta forma el dinero entra en circulación, ya que con esos 100€ el cristalero podrá pagar el cristal y comprar comida, o zapatos, o lo que él quiera. Ésto es lo que la gente ve.

Lo que no se ve es que el pastelero se ha quedado sin cristal y sin 100 euros, mientras que el dinero que hubiera ido al zapatero se ha quedado a la fuerza en el bolsillo del cristalero. El zapatero tambien pierde.

Y el gamberro no gana nada, salvo el haber sido designado como “inocente” por la impunidad decretada por lo vecinos que utilizan un pensamiento falaz que en términos económicos se conoce como keynesiano y creen que el dinero ha de fluir (cash flow) y que por tanto cualquier desastre tiene como consecuencia que el dinero corra de bolsillo en bolsillo creando riqueza.

Algo asi sucede en Benicasim (Castellón) todos los años a través de la polémica que se arma por los festivales que organiza aquel ayuntamiento costero a fin de “potenciar la economía del municipio”. Lo realmente curioso es que todo el mundo (o casi) da por buena la idea de que la organización del FIB o del ROTOTOM en Benicasim -festivales que se empalman unos a otros- y que concentran en torno a ellos una superpoplación de jóvenes que alli se dan cita para tal ocasion, es positiva para la economía de la población, tanto que hasta las instituciones públicas las promueven y financian.

Se trata de una versión festivalera y cutre de la “ventana rota”. En realidad los beneficios de estos festivales (financiados en parte con dinero publico) van a parar a los hosteleros, restauradores, tiendas de comestibles, panaderias, taxistas y vendedores de droga, pero no representan ninguna ventaja para la población en general, esos que no tienen nada que vender.

En realidad representan un sobrecoste para la atencion sanitaria, una molestia para la población veraneante que paga altos impuestos por no recibir nada de aquel ayuntamiento, una movilización general de policia y guardia civil y unos 2-3 suicidios cada año que son silenciados por la prensa sistemáticamente, sin contar las múltiples atenciones médicas y psiquiátricas por intoxicaciones de drogas, psicosis emergentes y otras. El bolsillo lleno de algunos perjudica a los servicios publicos, al orden publico y al bienestar general de la población , de manera parecida a los gastos del pastelero de Bastiat.

Se trata de una inversión sin retorno social y con costes sociales no contables, una falacia keynesiana como las que sostienen algunos para salir de la crisis, más gasto social, ahi lo tienen: ni siquiera Bob Dylan que viene este año conseguirá que la falacia se remonte, cada vez seremos más pobres en Benicasim a pesar de que muchos harán su Agosto ya en Julio.

Los mercados y la serotonina

mayo 12, 2012

Montesquieu ha muerto.

(Alfonso Guerra)

Todo el mundo sabe qué es una orquesta. Es una reunión de músicos que tocan al alimón y donde cada uno tiene su papel, sincronizados a través de un director que coordina los tiempos de los distintos instrumentos que forman parte de ella. Una orquesta tiene cuatro tipos de instrumentos: la percusión, la cuerda, el metal y la madera. Cada uno de ellos está provisto de un timbre que le diferencia de los demás y que es el que el compositor elige para darle protagonismo a partes solistas o bien a tuttis.

Lo importante es saber que cada uno de estos instrumentos tienen su personalidad en función de sus armónicos que son en definitiva los que identifican su voz. Se elige un instrumento en función de las caracteristicas de un determinado pasaje, asi si uno quiere hacer una llamada épica elegirá el metal de las trompas, trompetas y tubas, si queremos darle voz a algo bucólico elegiremos oboes y flautas, si pretendemos darle un aire de comicidad elegiremos el fagot. El ritmo como es natural lo llevan los instrumentos de percusión que sin ser armónicos dan el “paso” y nos marcan los tiempos en el pecho. Y como todo el mundo sabe los pasajes románticos -los más emotivos- los lleva la cuerda.

Una orquesta es pues un armazón sonoro donde cada cual tiene su papel y sus silencios, algo asi sucede con nuestro cerebro.

Para que usted se haga una imagen certera de todo lo que acabo de decir, le diré que la cuerda es la serotonina de la orquesta. El metal la noradrenalina y el glutamato, la percusión la dopamina y la madera los sistemas de inhibición (GABA y sistema opioide). Así a grandes rasgos y para que tengamos una imagen clara en nuestra mente de los paralelismos entre la composición de los timbres y nuestro cerebro. Lo importante es saber que una buena sensación sonora es aquella que mantiene un equilibrio entre sus partes.

Y como este post va de la serotonina, es bueno que empecemos por el principio. La serotonina es un neurotransmisor que tiene en nuestro organismo múltiples funciones relacionadas con el sueño, la conducta sexual, la conducta alimentaria y la impulsividad emocional. Pero se trata de un sistema modulador, ni es excitador, ni inhibidor. Por sí mismo no se ocupa de nada concreto sino que supervisa y trata de coordinar todo lo demás. Si usted dispone en su casa de un ecualizador trate de quitarle la cuerda a esta composición y verá en que queda: queda en un esqueleto sin sentido.

Observe que en esta obra -una obertura- de Wagner todo comienza con la exposición del tema por el metal y la madera en un piano muy dificil técnicamente pues el metal es dificil de modular a la baja hasta que llega la cuerda en su ayuda en un segundo tiempo y le proporciona una modulación especial es como si se le hubiera añadido alma al mismo tema. Y asi hasta que en una tercera parte todo se desmelena con un fortisimo del metal mientras la cuerda contrapuntea arpegios fortisimos también. O sea una genialidad. Pues asi es nuestro cerebro, una obra de arte de la evolución.

Pero podemos llevar la metáfora más allá y es precisamento esto lo que pretendo hacer ahora de acuerdo con el titulo de este post. ¿Qué tienen que ver los mercados con las orquestas, los neurotransmisores cerebrales o la música.

Pues tiene algo que ver, pues la economía es una disciplina sistémica, como la música y nuestro cerebro, todo está relacionado con todo y presidido por las leyes del caos y la no-linealidad. Las leyes que presiden la economía son las mismas que presiden nuestro cerebro: las leyes del caos, ese lugar donde la causalidad ha dejado de ser una palabra con sentido. Por ejemplo en la economía no existen directores de orquesta, aunque hay gente que cree que las decisiones económicas se toman en algun lugar centralizado de Manhattan o de las torres KIO o como se dice ahora en los Bancos o el sistema financiero. Es falso. La toma de decisiones en la economía no las toma nadie, las toman los mercados que son no-individuos y que poseen lo que se llama en teoria del caos, la no-localidad. Es decir los mercados no son nadie ni están en lugar alguno, algo asi como el Yo. Pero poseen una intención: ganar dinero.

Los mercados pues son una entelequia, un constructo teórico que como el Yo es un intangible destinado a conseguir la supervivencia del organismo que le sirve de soporte. No pueden verse y no tienen una existencia material pero sin embargo tienen una existencia muy real: tanto los mercados como el Yo son muy eficientes, el uno para regular la producción de bienes y el otro para mantener un relato histórico coherente acerca de nuestra identidad.

Lo que no es una entelequia son los politicos, los banqueros, los ciudadanos y las instituciones del Estado. Eso no son entelequias sino realidades fácticas. Neurotransmisores que descompensan el equilibrio ecológico del cerebro y de la economia. La mayor parte de la gente confunde los mercados con los Bancos e ignora que el problema que estamos viviendo en España (y en toda Europa en este momento) no es que los mercados se hayan vuelto locos. Sino que han sido intervenidos.

O que han sido pervertidos si usamos la metáfora psicológica.

Supongamos que viviéramos en un entorno económico donde dejáramos que los mercados regularan la oferta y la demanda de los productos de consumo y que no hubiera politicos sino gestores profesionales de lo público. En el caso de que estos gestores fueran personas honestas -cosa tan dificil de conseguir hoy como en la historia de Sodoma y Gomorra- no tendrían más que ejecutar pequeñas correcciones  puntuales a las desviaciones temporales de las adversidades. Supongamos que hubiera bancos y que estos bancos estuvieran sometidos a la ley de Peel (de la que hablé en el post anterior), no habria desviaciones crediticias ni de apuntes fraudulentos. Los bancos no tendrían perdidas, ni hipotecas sin pagar. Los ciudadanos se las arreglarian con lo que tienen y para pedir un préstamo pasarían multiples controles, pero a cambio el Estado les exoneraría de gastos suntuarios como ahora donde el hipotecado no sólo ha de correr con los gastos adyacentes a abrirse una hipoteca sino también ser la victima de una ley hipotecaria pensada para proteger a los Bancos y no a los ciudadanos.

Los mercados no son los culpables de la situación que tenemos en la actualidad pues fueron intervenidos ya en la época en que Felipe Gnzalez y Alfonso Guerra decidieron tomar no solo el poder político sino el Estado en sí mismo. Es por eso que se ha dicho que el PSOE de aquella época no fue un partido institucional sino un régimen, una especie de franquismo sin Franco y con cara democrática. Aquellos fundamentalistas democráticos se pusieron manos a la obra y a la conquista de un Estado sin defensas y demasiado débil en aquel tiempo para hacer frente a aquella opa hostil que Felipe y Alfonso idearon. Y que el tiempo ha demostrado que no benefició solo al PSOE sino que cualquier partido politico que gobierne este país cuenta con la ventaja de que se diseñó un Estado a imagen y semajanza de los partidos politicos. Así hablamos de partitocracia, una situación de corrupción endogámica, politización de todo lo publico y nepotismo programado que pone y quita jueces (que en teoria son independientes), pone y quita directores de periódicos , pone y quita gobernadores del banco de España, las tres patas de un Estado de derecho moderno que en nuestro pais han sido intervenidas por el Gobierno de turno.

Asi no es de extrañar que el CGPJ (Consejo judicial del poder judicial) o el tribunal Constitucional estén infiltrados de agentes y comisarios politicos de los partidos, que haya periodistas, columnistas y tertulianos pagados por los partidos, sindicalistas comprados y una patronal cautiva de las decisiones del politico encumbrado.

Dicho de otra manera nuestro país tiene una disfunción serotoninérgica grave.

Y qué sucede cuando los cerebros individuales están sometidos a estas disfunciones?

Pues suceden cosas como ésta.

Se construyen aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros, AVES que pasan por Cuenca y Ciudad real, se hacen campos de golf en Soria, edificios publicos sin función, museos que no visita nadie salvo excursionistas, se financian obras faraónicas, se hacen parques temáticos, ciudades de lenguas o del cine, universidades sin alumnos o se financian industrias del cine español u ONGs fraudulentas. Todo por el clientelismo politico, no de los mercados.

Como a los individuos concretos las disfunciones serotoninérgicas se dirimen en ciclos de mania-depresión y nuevos ciclos de expansión y recesión. La economía sigue este patrón de recurrencia tanto o más que los ciclos de un trastorno bipolar. Parecen haberse vuelto locos todos a pesar de permanecer cuerdos. Es la economía la que se ha vuelto loca y a todos nos vendria bien señalar con el dedo hacia Manhattan o darle la culpa a la Merkel.

Y lo cierto es que no fueron los mercados los que diseñaron que en Castellón, Huesca o Ciudad real tenian que tener un aeropuerto sino los politicos locales. Y no es que cometieran un error definitivo pues es muy posible que dentro de 25 años estas inversiones tengan sentido. Lo que sucede es que han venido demasiado pronto y que no han sido dictadas por las leyes de la oferta y la demanda sino por la megalomanía de algunos dirigentes con la complicidad del sistema financiero cautivo de sus políticas.

Los mercados están sometidos a ciertas leyes que se pueden estudiar según “la teoria de juegos” y contienen tres variables: el ahorro, el beneficio y el consumo. Ni que decir que para que los mercados operen con eficiencia ha de haber una oscilación critica entre esas tres variables tal que no se rebasen ciertos límites en las mismas. Por ejemplo, está bien establecido que un buen negocio es aquel que deja un 10% de beneficio pero si se introduce una “perversión” tal que un negocio deja un 100% de beneficio (como sucede en la burbuja inmobiliaria o en el tráfico de drogas) entonces lo que sucede es que el ahorro disminuye y el gasto aumenta a la par que aumenta en todo el entramado social la corrupción: los bancos prestan dinero que no tienen, los precios aumentan, los individuos consumidores se creen ricos y gastan o piden más de lo que pueden devolver, se ponen más enfermos a fin de consumir más bienes, etc y todos quedan endeudados a la espera de un rescate. La vorágine maníaca se extiende en toda la sociedad a partir de la especulación de unos cuantos (no de los mercados) sino de los agentes que tienen poder para torcer el rumbo de las cosas.

Y entonces los mercados hacen su papel y nos/les ponen en su sitio. Si habia una burbuja inmobiliaria mandan al paro a todos los albañiles, fontaneros y carpinteros, de repente todo el mundo encuentra quien le arregle el grifo de casa, los precios van a la baja. Si el mercado de trabajo estaba hipertrofiado quiebran las empresas que los sostenían y no porque los mercados sean crueles con los individuos (carecen de sentimientos pues no existen) sino porque las deudas de aquellas empresas maniacas son superiores a sus beneficios. Ni que decir que la regulación que llevan a cabo los mercados (si les dejan) es a la larga beneficiosa. Los excedentes laborales se colocarán en otro lugar con beneficios reales a poco que los politicos dejen de intervenir en la economía virtual. Y la mejor noticia: los mercados se han cansado de nuestros politicos y algo tendrán que hacer para salvar su sillón.

No basta con recortarnos a los paganos de siempre, ellos también tendrán que recortarse o cortarse la coleta para siempre.

Los mercados no perdonan a los inútiles.

Música y emociones

enero 18, 2012

Este post debe leerse mientras se oye este tema de Chopin, titulado “Tristesse” con el fin de que el lector pueda apreciar las fluctuaciones de sus propias emociones.

Seguramente la música es el arte más abstracto que existe lo que significa que trasiega con conceptos más allá del propio concepto, con Ideas, con Universales, es decir con intangibles. Asi y todo la música evoca y proporciona un enorme placer a los que saben gozar de ella.

Es así que prácticamente todo el mundo respondería afirmativamente a la pregunta ¿Le gusta la musica?

Otra cosa sería averiguar ese por qué. Probablemente nunca podremos llegar a saber qué es lo que de la música nos gusta, aunque sabemos algunas cosas que proceden de las investigaciones de Sapolsky de las que hablé en este post.

La música estimula y convoca emociones diversas y estremecimientos dificiles de catalogar con palabras y ha sido, quizá por este misterio que encierra, motivo de investigación para músicos, filósofos y pensadores de todos los tiempos. La pregunta podria ser ésta ¿Existe alguna correspondencia entre una emoción concreta y una construcción musical?

Se trata de una pregunta que se han formulado sobre todo musicos sinestésicos como Scriabin, pero seguramente la mejor teorización sobre este asunto procede de Schopenhauer.

Existe un cierto consenso sobre que la emoción más musicable es la pena o tristeza. Sucede que tanto la pena, como la rabia (enfado) , el miedo o la alegria son lo que se conoce con el nombre de emociones primarias, por asi decir las más sencillas e innatas. Es de esperar pues que estas  emociones sean a fin de cuentas las más fácilmente musicables.

Sin embargo no todas las emociones son traducibles al lenguaje musical. Otras emociones complejas como los celos,  la envidia o la admiración son dificilmente musicables. Mientras otras ciertamente aun más complejas como el amor son abordables universalmente.

Ahora bien ¿qué es lo que provoca que una composición musical evoque emociones asi? ¿Cuales son los armazones internos, formales, de esos efectos?

Existe una primera respuesta, ciertamente ingenua y genérica a esta pregunta: las tonalidades menores suenan mas tristes que las tonalidades mayores. Esta idea tiene que ver seguramente por la distancia que existe entre la tónica y su tercera. Por ejemplo si tomamos el Do como tónica la distancia de tercera es el Mi. El intervalo entre Do y Mi es acusticamente perfecto y suena como algo cerrado, redondo y completo, mientras que en la tercera menor del Do, es decir el Mib, su sonido queda abierto o replegado de una forma bien distinta a su forma mayor. El lector puede oirlo aqui y comprobar la diferencia que existe entre un acorde mayor y uno menor.

Triadas mayores.-

Triadas menores.-

Lo cierto es que hay un rango audible para todos los que compartimos una misma cultura musical que va desde las segundas hasta la séptimas y en terminos de frecuencias oscilan entre el casi 1 y el casi 9 .Por ejemplo la proporción entre Do y Re (segundas mayores) es en esta escala igual a 1,1224…y la séptima mayor Do-Si da 1,88770….

Dicho de otra forma nuestra percepción de la música tiene que ver con este rango de frecuencias siendo el resto de intervalos (por encima o por debajo inaudibles), siendo las terceras y las quintas los intervalos que forman las formas mayores (plenas y redondas) mientras que los intervalos menores tiernen una pequeña variación sobre ellos: se distinguen en que la tercera es menor (un semitono menos).

La distinción en términos físicos es muy sutil mientras que nuestro oido percibe correctamente estas pequeñas diferencias entre tonalidades mayores o menores. Sin embargo esto por sí mismo no explica porque la tonalidad menor invoca la tristeza, la pena, la nostalgia o la añoranza.

Si usted ha seguido mis instrucciones y sigue oyendo el tema de Chopin que propuse al principio del post (vuelvalo a oir si se terminó) observará que en esa composición, hay al menos tres temas A,B y C. El primer tema es el tema central melancólico que evoca el titulo “Tristesse” y trasncurre en modo menor, pero la composición sufre ciertas alteraciones (de lo contrario seria aburrido y repetitivo). Hay un tema central (B) mucho más apasionado y fuerte mientras que luego toma otro tema en tonalidad mayor (C) mucho mas redondo, cerrado y sólido. Se trata de modulaciones sobre un mismo tema, son como descansillos para las emociones, una especie de aliviaderos que nos llevan fluctuando desde la pena, a la desesperación y un poco más tarde hacia la relajación. Una especie de suspensión de la incertidumbre que se resolverá al final volviendo sobre sus pasos y mostrándonos el tema principal A, y terminando en la tónica es decir terminando alli donde esperamos que suceda con un finale en esa clave.

La cosa se complica pues, en tanto que hay temas casi siempre lentos y en tono menor que parecen evocar pena, nostalgia o añoranza, pero que esta evocación parece que no tiene tanto que ver con las notas y las armonías en sí sino en el contexto en que se desarrollan. Tenemos que poner pues en juego otra variable: la dinámica.

La dinámica incluye todos los aspectos de la musica que no son exactamente ni notas ni armonias, se trata del jugueteo que introduce el tiempo en las secuencias de desarrollo de un tema, asi hay temas lentos como los adagios y temas animados, allegrettos, rápidos, acelerados o majestuosos. Usualmente la dinámica se explicita al comienzo de una partitura y es un número de tiempos que pueden medirse con el diapasón, es decir se trata de una dinámica fija para una composición. Pero la música asi considerada sería tambien muy aburrida por predecible y monotona, casi cuadriculada. Es por eso que los compositores echan mano de tironeos y estiramientos, detenciones y apresuramientos, explosiones, cuchilladas y alaridos en forma de aumentos de la intensidad (fortisimos) en contraste con los delicados pianisimos,  a veces sollozos, a veces quejidos, y sobre todo silencios. La música es sobre todo contraste y todo parece indicar que de lo que se trata es de llevar al oyente frente al dilema de adivinar qué va a suceder después. Muchas veces (sobre todo en la musica mas moderna), los compositores han hecho otro tipo de propuestas donde el desarrollo de un tema es algo lineal y casi no existe dinámica (vease esta gnossienne de Satie).

En este tema lleno de misterio y de una cierta espiritualidad no existen apenas sorpresas, salvo la utilizacion armónica de ciertos acordes disonantes (séptimas mayores) que dan la impresion de apertura y de expansividad a la melodia. La música se basa sobre todo en repetir, de repetir el tema principal que obliga a la memoria del oyente a recordar y en terminar con la tónica o un acorde de la tonalidad ad hoc, despues de darse un paseo modulado por los alrededores. Notese como en Satie sin embargo el final parece arbitrario y deja al oyente como en una especie de suspensión de la finalidad. Este truco se llama en música cadencia suspensiva, el acorde final es abierto y deja espacio para aventurar tantas repeticiones como nuestro cerebro quiera añadir.

De modo que necesitamos invocar otra variable: la consonancia versus la disonancia. Para nuestro oido los intervalos que se encuentran en el centro de este continuo entre:

1, 2,3,4,5,6,7,8,9

siempre serán más cerrados , contundentes o redondos que los sonidos disonantes que se encuentran mas cercanos al 1 o al 9. Es por eso que ciertos sonidos son disonantes es decir tienen algo de no resuena bien en nuestra percepción, algo como inacabado o no resuelto.

De manera que la música evoca emociones pero no lo hace estirando de un solo color en la paleta de nuestras posibilidades sino que las pone a prueba todas a través de trucos relacionados con la prosodia del lenguaje, es imposible aislar una emoción de otra y es imposible por tanto realizar una tabla de equivalencias entre emociones y formalización musical. Asi y aunque la música no es un lenguaje digital es la matriz de todos los lenguajes emocionales y es capaz de evocar cualquier emoción siempre que no caigamos en la tentación de nombrarla. Las emociones se disponen a inundarnos pero no sabemos nombrarlas, puesto que la emoción es ágrafa y afásica pero podemos sentirla a veces en las tripas y casi siempre en el pecho a la altura del corazón. A cada persona le provocará un tipo de placer, voluptuosidad o estremecimiento bien distinto si bien una de las caracteristicas de la música es su universalidad. Oigamos por ejemplo este cuarteto de Schubert y veamos las imágenes de Barry Lindon en su versión de Kubrick. A pesar de la ausencia de palabras que expliciten la acción y de su tonalidad mayor, a nadie le puede resultar ajena la escena que se desarrolla, llena de melancolía, resignación, solemnidad, pasión y recato.

Hablar, pensar, leer, escribir

diciembre 29, 2011

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, *perras negras*, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo.

Julio Cortazar (Rayuela)

Pensar y decir no son la misma cosa. Y la diferencia está en que lo que pensamos no son palabras. Si pensáramos en palabras no podriamos pensar porque las palabras tienen tendencia a juntarse, tienen miedo de si mismas y tratan de autoprotegerse en la manada, como esos rebaños de ñues donde un perfecto orden de formación asegura la supervivencia.

Podemos pensar en algo y no decirlo y del mismo modo podemos decir algo sin pensar. Más aun podemos decir fingiendo que pensamos lo que decimos, podemos mentir y podemos disfrazar nuestros pensamientos, aun ignorarlos, pero no voy a referirme solamente al hecho de que una de las diferencias entre ambas funciones de nuestro cerebro sea la ocultación. Me ocuparé de que , -con independencia de qué apareció antes, el lenguaje o el pensamiento-, lo cierto es que ambas funciones pertenecen a distintas funciones o registros cerebrales. Una, la de pensar es de menor definición, la otra , la de decir pertenece a un registro de mayor definición. Pues hablar contiene mucha mayor información sintáctica y semántica. Contiene prosodia y entonación, imperativos e interjecciones, pausas y aceleraciones, secuencias de argumentos, una especie de marcapasos o cuadriculación de lo que se dice, contiene pragmática es decir la posibilidad de decir lo que se dice en contextos supralingüisticos donde las palabras adquieren un sentido diferente a sí mismas o de deconstruir esos mismos contextos.

Lo cierto es que lo que pensamos es poco de fiar por su escasa definición, sólo podemos pensar en pensamientos y los pensamientos son sobre todo emociones plegadas, del mismo modo que las emociones son movimientos plegados a través del proceso de centralización derivado de la neurogénesis.

Es tan así, que poco sabemos de lo que pensamos si no lo decimos en voz alta, si no lo comunicamos a otro. De eso van todas las psicoterapias, las confesiones, las confidencias o la simple conversación, podemos matizar, modelar o cambiar los pensamientos  a través del hecho de hacerlos audibles. Pero este prcedimiento tiene también su contraparte antagónica, ¿pues qué queremos decir cuando admitimos, “lo dije sin pensar”, o “no quise decir eso” o “me has entendido mal”? A pesar de que el lenguaje hablado es muy digital, es decir contiene todos los elementos gramaticales para su comprension lo cierto es que es muy ambigüo y con frecuencia admite configuraciones bien distintas a lo que realmente pensamos sí es que existe una manera de pensar verdadera y otra falsa.

¿Por qué sucede esto?

Sucede porque las palabras nos proveen no ya de agenticidad cosa que ya poseemos de serie con los pensamientos sino de intencionalidad. Nos proveen de una ilusión de intencionalidad, como si lo que decimos fuera la verdad, no ya de lo que pensamos o sentimos sino de la realidad-real tal y como es. Como si las palabras que decimos y la verdad fueran una misma cosa.

Dicho de otra forma: hablar nos dota de una herramienta poderosa en cuanto adjudicarle sentido a la realidad y de ahi su poder como ejercicio de convicción y de persuasión. Lo que decimos, las palabras nos poseen, nos capturan y nos encarcelan puesto que las palabras operan como verdades o representaciones puras de la realidad. Lo que decimos creemos que es la verdad, sin caer en la cuenta de que lo que caracteriza a la realidad -y por tanto a la verdad- es que carece de sentido.

La realidad carece de sentido y es por eso que los humanos inventamos la ficción. En la ficción todo encaja, todo cuadra, todos se vuelve transparente, simétrico, comprensible y todo adquiere sentido, solo que la ficción no es la realidad y sólo la roza de lejos. Por contra la realidad es un escenario propio de lo caótico, lo impredecible, lo casual, lo anecdótico, lo asimétrico y el sinsentido.

Javier Cercas es un escritor español que ha escrito sobre esta cuestión, en un libro que es precisamente un especímen dificilmente clasificable. Se trata de “Anatomía de un instante”, donde intenta escribir un libro de ficción histórica o un libro de historia sobre una ficción a propósito del 23-F.

Lo cierto es que existen multitud de libros que abordan este tema con una intención de investigación periodistica. Tambien los hay con intención de investigación histórica, pero es necesario señalar ahora que ni la investigación histórica ni la periodística podrán jamás acercarse a la verdad del 23-F ni de cualquier otro acontecimiento histórico. de hecho no se ya cuantos libros sobre la guerra civil -un filón inacabable- se han publicado en nuestro pais sin que ninguno de ellos sea el libro definitivo sobre la guerra civil. El libro definitivo sobre la guerra civil no está escrito ni podrá escribirse nunca porque la verdad sobre la guerra civil ( o sobre cualquier otro acontecimiento histórico) no resiste la cuadriculada realidad que la ficción impone al lector a fin de hacerla coherente. Lo que se gana en coherencia y comprensibilidad se pierde en veracidad.

Y asi y todo nos gusta leer, y nos gusta porque detestamos vivir en la indeterminación de la realidad. El éxito que los libros -leerlos y escribirlos- han tenido en nuestra especie procede del hecho de que acotan la realidad, la hacen verosímil, construyen secuencias de hechos que solo en la ficción se suceden unos a otros, no asi en la realidad de las cosas donde lo que suele suceder es un cúmulo de casualidades que derivan los hechos por un rail u otro en función del azar.

Asi, cuando se escribe sobre el 23-F solemos decir que fue el Rey quien paró el golpe, esa es la realidad que los constructores de ficciones han consensuado. Y en parte es verdad que fue su Majestad quien paró el golpe en aquella locución televisiva entrada ya la noche del 23-F. Pero eso no significa que el rey no tuviera nada que ver con él, ni que no tuviera parte de responsabilidad en la deriva de los hechos, los precursores o el caldo de cultivo que dio lugar a aquella ridicula asonada.

A los que quieran saber más sobre este asunto les recomiendo que lean el libro de Cercás que en mi opinión resume de forma magistral los hechos previos al golpe pero no sólo eso. El libro de Cercás contiene una teoría, una doctrina sobre la realidad que no elude la casualidad al tiempo que hace una distinción muy lúcida sobre la ficción, la historiografia y el periodismo.

Los libros no hablan de la realidad, no porque la realidad sea dura de roer sino porque es incomprensible por descentralizada y multicausal. Los pocos autores que se han dedicado a escribir directamente sobre ella (sobre la realidad) han tenido poco éxito. Nombraré a James Joyce con sus infumables novelas sobre la realidad misma del lenguaje que admite recreaciones e invenciones individuales a cada momento. Joyce se enfrentó a la misma paradoja que pareció apresar a los músicos que intentaron cambiar de la tonalidad en atonalidad tal y como conté en este post dedicado a Stravinsky. Demasiada realidad, incomprensible realidad.

Pues hablar de la realidad es renunciar a lo que la ficción esconde y que la hace tan apetecible: la función de colocar a cada cosa en su lugar -un emplazamiento que es a la vez geométrico y temporal- a fin de hacerla comprensible. Aunque comprensible no signifique la verdad. Renunciar a la verdad es la condición de la ficción. O lo que es lo mismo la condición del lenguaje. La condición del decir.

Pero lo cierto es que la realidad añora a la ficción y casi siempre intenta plagiarla, pues ¿No es la escena de Tejero entrando en el Congreso de los diputados el 23-F, una escena de sainete?. Un espectador del siglo XXII podría verla en el cine o en TV y sólo sabiendo que “sucedió en realidad” discriminaría lo real de la ficción. Hay algo en la realidad de insólito y de irrealidad y mucho más desde que existen medios de comunicación visuales. La TV ha conseguido que asistamos en cada telediario a unas escenas que por su insólito dramatismo nos conmueven de lejos pues nuestro cerebro las procesa como irreales, es decir como ficción.

Lo cierto es que ni cuando pensamos, decimos o escribimos estamos representando la realidad sino hacer como que la representamos. Todo es pues un simulacro consensuado de verdad. Hasta somos capaces de elaborar teorias delirantes (llamadas ahora conspiranoicas) para explicarnos la verdad.

Lo que significa que preferimos renunciar a la verdad antes de a la comprensibilidad.

Nuestro cerebro no está diseñado ni para escribir, ni para leer, ni para decir cosas demasiado complicadas tal y como cuenta Nichollas Carr:

Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.

Leer un libro, contar un cuento o decir nuestros sentimientos  a otra persona es tan antinatural como tomarnos un antibiótico.

Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.

Evidentemente leer nos cambió (modeló) el cerebro. ¿Podemos imaginar como cambiará nuestro cerebro a partir de las nuevas tecnologías?

Los malos empastes

abril 28, 2011

Ejemplo de un buen empaste de voces es este dueto entre la contraalto y la soprano cantando “La barcarole” de Offenbach, tal y como el oyente podrá apreciar un duetto es una pieza cantada a dos voces. La gracia es que el oyente no va a distinguir esa dos voces sino que oirá -en los pasajes donde cantan al alimón- un fundido perfecto de voces que tal y como sucede en el efecto moiré permite la emergencia de algo nuevo que no es una tercera voz pero que da al sonido resultante una sensación de tridimensionalidad, una especie de binauralidad.

Pero no es de los buenos empastes de lo que voy a hablar sino de los malos o imposibles y voy a referirme básicamente a valores para observar como se empastan y se refunden valores antiguos con otros valores más nuevos, tal y como propone la teoria integral, conocida como dinámica espiral y propiciada por Graves y Beck, hablaremos pues de memes de valores o de v-memes y veremos como se comportan.

Baste como ejemplo el conocido conflicto  que parece eterno pero e smuy reciente y que se llevan los v-memes de la libertad y la igualdad. ¿Son compatibles estos memes entre sí?

De que no son compatibles tenemos mas que evidencias, todavia hoy nuestras democracias se asientan en una fragmentación ideológica que a grandes rasgos podriamos describir asi: hay quien privilegia la libertad sobre la igualdad (los conservadores o las derechas) y hay quien privilegia la igualdad sobre la libertad (los progresistas o la izquierda). Algo en estos valores hace que el Estado tenga que dirimir entre sus diferencias dictando leyes y normas que las compatibilicen por defecto, restringiendo a su vez a la una o a la otra. Por ejemplo el Estado nos limita la libertad cuando dice que no podemos vender ni comprar órganos, no podemos plantar cannabis en nuestros huertos, no podemos fumar en los bares, nos prohiben circular a mas de 110 por autopista u obligándonos a pagarle al Estado parte de nuestros beneficios empresariales o salariales. Hay algo diabólico en este conflicto que hace que con independencia de quien gobierne, los ciudadanos son los últimos afectados y los que han de contentarse con admitir leyes, normas o impuestos que de alguna forma oscurecen la libertad de trato entre unos individuos y otros, por no hablar de lo mal que llevan los regímenes comunistas o totalitarios la libertad de prensa u opinión. Todo parece indicar que libertad y igualdad son dos valores en perpetua desavenencia.

El origen de este mal llevar entre libertades e igualdades es que cada uno de ellos, v-memes o memes de valor, pertenece a un nivel de desarrollo de conciencia distinto, uno, la libertad al meme naranja el de la modernidad, el otro, la igualdad al meme verde el de la época actual. Y los valores que pertenecen  a distintos memes evolutivos tienen tendencia a encajar mal entre ellos, es por eso que ciertos conflictos sólo pueden resolverse desde fuera del campo donde se definió el problema, es inútil y estéril la confrontación entre memes, la unica solución es la integración de lo antiguo entre los valores modernos en la dirección de trascender a ambos, sabiendo de antemano que mas de la mitad de la población mundial permanece anclada en el meme azul, el meme de la jerarquia y de la verticalidad.

Y lo que solemos hacer por desgracia con estos conflictos es disociar o escindir lo antiguo como algo que carece de valor, como algo obsoleto. Cuando obramos asi estamos de alguna manera diseñando un escenario de conflicto bien social o bien intrapsíquico. La integración abarcativa en un nivel superior de conciencia es la que disuelve (no resuelve) el problema, pues los confictos derivados de peleas entre v-memes son wicked problems, es decir problemas endemoniados y sin solución que no sólo no se resuelven sino que empeoran las cosas cada vez que hacemos algo para resolverlos.

Por ejemplo, en la batalla campal que durante el siglo XX dirimieron los v-memes de la libertad frente a la igualdad y que de alguna forma aun no ha sido resuelto, hemos encontrado, sin embargo, alguna medida de consolación: los estados democráticos han dispuesto ciertas soluciones para compaginar el derecho a recibir o donar un órgano realizando ciertas operaciones sobre el egoísmo individual que necesariamente privilegiaría a los más pudientes sobre los pobres si se regulara a través del mercado, son estos:

  • El trasplante no es un derecho sino una indicación médica.
  • El que recibe un órgano no sabe de quién lo recibe.
  • El trasplante es gratuito y sólo el Estado puede trasplantar órganos sustrayéndole ese derecho a la iniciativa individual.

Como el lector puede observar en las nubes del gráfico de arriba, cada uno de estos desarrollos de conciencia tiene un v-meme central, asi:

  • El meme azul privilegia el etnocentrismo, el enchufismo, la tradición, la verticalidad, la jerarquia, el favor politico y el caciquismo, los nacionalismos, la religión pero tambien el orden, la humildad y el afán de servicio y la compasión. Pertenecer a un club (Madrid o Barça, con su eterna cantinela paranoica de árbitros y desigualdades), a un partido politico (PP o PSOE) o a una religión cualquiera se erige inmediatamente como una afirmación en contra de la opuesta: se adquiere una identidad pero a costa de obtener una contraidentidad en un adversario vecino. En este contexto de cosas se puede ganar o perder, partidos o elecciones, pero no se supera jamás por esta via la confrontación entre opuestos, no se puede resolver un problema tratándolo en el mismo lugar en que emergió.
  • El meme naranja, el meme de la modernidad, es el meme del ateísmo, de la emergencia de la ciencia y las tecnologías, de las carreteras y las comunicaciones, del estado del bienestar y sobre todo de la idea funcionarial del “mérito y la capacidad”, pero tambien de los abusos asistenciales y sobre todo de la deshumanización de las relaciones humanas que presidieron el meme azul durante su emergencia. Para un moderno, la caridad y la compasión son cuestiones de Estado (de redistribución fiscal) y no un valor psicológico. Esta tendencia a situar afuera responsabilidades que otrora estuvieron dentro ha traido grandes problemas educativos, politicos y sociales. Como ejemplo baste con señalar la idea que tienen casi todos los padres de que la educación de sus hijos es cosa del Estado, la consecuencia es que asistimos hoy en amplias capas de la población a una educación sin valores.
  • El meme verde es el meme de la postmodernidad y seguramente es el meme que preside nuestro tiempo aunque la mayor parte de la población no ha llegado siquiera a este nivel en su conciencia individual, pero ello no es obstáculo para que tiendan a acaparar las prebendas derivadas de la falta de responsabilidad individual que propugna el meme, a rechazar el esfuerzo personal y a negar la causalidad situándolo todo en una atmósfera de relativismo social. El meme verde tiene además ciertos dilemas que le son propios tal y como conté en este post, pero el igualitarismo que predican los alli instalados frecuentemente es asimilado como una contradicción in terminis cuando se ven obligados a admitir que no todas las opiniones tienen el mismo valor. Internet hoy se encuentra enredado en la falacia pre-trans que propuso Wilber, la infoxicación ha dado como resultado que casi cualquier voz pueda oirse en la red sin que a la vez existan mecanismos para saber qué información es verdadera y cual falsa. Lo cierto es que los que nos gobiernan hoy (para mas señas en España) pertenecen a este meme verde y paradójicamente no han hecho otra cosa sino imponernos sus ideales, sus ideales igualitarios a costa de -como decia más arriba- sacrificar nuestra libertad.

De manera que etnocentrismo, meritocracia e igualitarismo son tres voces desacopladas de distintos sistemas de valores enfrentados por causa de pertenecer a épocas y formas de entender el mundo bien distintas. ¿Entonces qué hacer?

Echemos un vistazo a los memes que emergen del nivel amarillo de la conciencia:

AMARILLO : atractor: integración – procesos. Condiciones de vida: Ambiente experienciado como un organismo caótico donde el cambio es la pauta y la incertidumbre es un estado aceptable de existir. Modalidad predominante de pensamiento: Sistémica. Características: mentalidad funcional, integradora, interdependiente, existencial, flexible, interrogativa y aceptadora.

Y entenderemos ahora porque la nube amarilla representa -por ser abarcativa de los tres niveles inferiores- la solución a los dilemas que plantean aquellos desarrollos anteriores.

El valor más importante del meme amarillo es la tolerancia y la desactivación de toda militancia destinada a arreglar el mundo por la via de la confrontación, el sujeto amarillo sabe que solo a través de la integración de los distintos niveles de subjetividad es posible disolver los problemas endemoniados que se nos presentan a diario con el mandato a veces imposible de que sean resueltos manu militari. Pero el amarillo tampoco es un pusilánime pues ya conoce los enredos caóticos de nuestro mundo y sabe que los nudos gordianos no pueden deshacerse sino acaso sortearse pero sabe también que a veces hay que descender de nivel para arreglar cuestiones irresolubles desde otra óptica que la fuerza del meme rojo.

El amarillo es tolerante hasta con la desigualdad y la intolerancia porque ve desde arriba que los enredos etnocéntricos siguen dominando el mundo en el que vive, cuando no los abusos del mérito, de los ideales del meme verde que no han logrado detener la corrupción, de la ciencia y sus catedráticos, de la politica y sus compinches mediáticos financiados a cargo del Estado, de la economía y los abusos del Capital y del lucro y de los que creen en el poder como una herramienta de dominio en lugar de verlo como un don para empoderar a los que carecen de él.

Da al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios y recuerda que vivimos en un océano de incertidumbre, es mejor acostumbrarse a pensar la vida como un proceso o un enfoque y no tanto como un lugar donde alcanzar el bienestar material que propugnan nuestros Estados naranjas o verdes y que ya sabemos que resultan insostenibles.

La almidad

marzo 16, 2011

Douglas Hofstadter es un prestigioso matemático, filósofo de la mente que escribió uno de esos libros de culto para una generación de programadores de inteligencia artificial y cuya carrera ha estado vinculada a Stanford y al MIT.  Su “opera prima”  “Escher, Gödel, Bach” fue un éxito de ventas a pesar de ser un tocho muy complejo de leer y una heroicidad de terminar. En él abordaba uno de sus temas preferidos, la autoreferencia o la recursividad de la conciencia humana y lo hizo aunando elementos de matemáticas, filosofía, música, arquitectura y psicología intentando aplicar estos conceptos a la idea de ese misterioso y esquivo constructo llamado Yo.

Ahora vuelve con una nueva entrega, más fácil y amena de leer aunque igualmente densa y compleja titulada “Yo soy un bucle extraño” sobre las mismas ideas que al parecer no terminó de resolver en aquel volumen (y que probablemente no se termine de resolver nunca) me refiero al problema dificil de la conciencia. En él vuelve a abordar su concepto autoreferencial del Yo, aborda el tema del alma (luz interior o consciencia), el problema de la dualidad mente-cerebro y se posiciona decididamente en contra de la existencia de Dios pero sorprendentemente nos cuenta su “conversión” al vegetarianismo.

Hofstadter defiende la tesis de que el yo (la conciencia, el alma…) es una ilusión necesaria, un mito o una alucinación imprescindible, resultado de un complejo perceptivo tan sofisticado, la actividad de nuestro cerebro, que puede contemplarse a sí mismo. Arremete contra el prejuicio cartesiano del alma como “pájaro enjaulado” en un solo cerebro: “un cerebro adulto alberga no sólo el bucle extraño que constituye la identidad de la persona asociada a ese cerebro (extraido de la wiki).

Y aqui viene la parte más interesante de su hipótesis:

Sino muchos patrones en forma de extraño bucle que son copias de baja resolución de los bucles extraños primarios que se alojan en otros cerebros” (cap. 18, “El difuso resplandor de la identidad humana”.

Al leer esta idea me vino a la cabeza un verso de Walt Whitman que dice:

“Soy amplio, contengo multitudes”

Y como no, la conceptualización que hizo Freud de eso que llamamos identificación, un concepto al que Hofstadter no alude (ningún americano en su sano juicio cita a Freud)  pero que reescribe el concepto clásico psicoanalítico -la identificación- en clave de análisis computacional:copias de baja resolución” y que viene a admitir que en una mente hay muchas mentes en distintos estadíos de retroalimentación (bucles extraños) que es otra forma de decir que existe una continuidad entre todos los humanos, una especie de territorio común o de alma compartida.

Lo que entronca con el tema que da título a este post: el concepto de almidad.

Para Hofstadter el alma (la consciencia o la luz interior) seria una adquisición gradual, no una entidad discreta que se tiene o no se tiene sino algo que podriamos medir con puntos en todos los seres animados (conscientes e intencionales). Asi un óvulo recién fecundado llevaria 0 puntos mientras que un adulto sano podria llegar a 100 puntos de almidad. El alma se desarrollaría en forma de un cono invertido y abierto por su parte superior donde el 100 no es un limite sino que podria seguir “abriéndose” o “expandiéndose” hacia nuevos puntajes. En ese cono que en realidad seria un continuo de consciencia habria quien puntuaria 60 los monos o los perros, 50 los gatos, 10 las bacterias o los tomates, etc. Es decir existirian graduaciones de almidad en todos los seres animados, mientras los entes inanimados carecerian de alma y por tanto de consciencia.

Y es este continuo de consciencia lo que lleva al autor a defender cualquier atisbo de vida consciente y a justificar su vegetarianismo revelando al mismo tiempo la inconsistencia de su imaginería religiosa. Naturalmente Hofstdater en esa clasificación de almidad requeriría un puntaje más alto de 100 (si 100 representa a un adulto normal), y para él -aunque lo niega en su libro- el 100 tiene más valor que el 50, algo que tambien sucede con los puntajes fetichistas del CI (cociente de inteligencia). El error de Hofssadter es haber utilizado números en lugar de otros simbolos -simples grafos sin valor- para explicar el desarrollo expansivo de la consciencia. En realidad resulta inevitable interpretar que el 100 es una cantidad superior a 50 pero que en realidad el 50 está plegado en el 100 a poco que dejemos de contemplarlos como cantidades. En fútbol suele decirse que antes del 2-0 hay que marcar el primer gol que adquiere tanta importancia como el segundo.

Dicho de otra manera: si existen consciencias capaces de escribir los “Nocturnos de Chopin” (una alta calificación de almidad) es porque la mayor parte de nuestra especie está compuesta de personas de menor calificación que operan como soportes evolutivos del cambio y la peor noticia: que Chopin estaba lleno de bucles de menor calidad -copias de baja resolución de otros simios- que aquellos que le impulsaban hacia la excelencia musical y que compartian con ellos espacio neuronal y que además de eso competían con aquellos.

Mi opinión es que Hofstadter no puede resolver su tendencia al elitismo con su teoria de la almidad a pesar de esforzarse en no parecer demasiado radical y es por eso que cae en la superchería de su fobia a la carne y nos cuenta su experiencia con ella rayando en la pusilanimidad.

Es curioso que los anglosajones no coman pollos (chickens) sino chicken, cerdo (pig) sino beicon ni vaca (bow) sino beef. En castellano tampoco comemos ternera sino solomillo, no comemos cerdo sino jamones aunque si comemos conejo y pollo. En el uso de las palabras podemos observar como nos hemos alejado de la realidad de la carne, de que hay que matar para comer proteinas animales que son las más nutritivas y las que han hecho que nuestra especie -y nuestro cerebro- sea el que es.

No es de extrañar que antropológicamente hablando la matanza sea un rito con sentido iniciático.  ¿Qué sucede con algunos de nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Nos gusta comer carne -tal y como declara el mismo Hofstadter en su narración- pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto según nos ocultan las palabras hasta que un dia, ¡zas! se desvela la verdad.

Pero no consumir carne no nos hace mejores personas ni asegura una correlación con la puntuación alcanzada en almidad, más bien parece un recurso procedente de algún temor mágico, casi anancástico, un tabú religioso que entronca con las primeras prohibiciones culturales de nuestra especie: la prohibición del canibalismo y de los sacrificios humanos.

Lo que resulta sorprendente en cualquier caso es que por una parte se reniegue de Dios o de cualquier creencia sobrenatural y por otra parte se acepte sin discusión que negarse a consumir carne es un acto moral.

Ignorando que la palabra “sacrificio” y carne son equivalentes.

“Yo soy un extraño bucle” es sin duda un libro notable por los múltiples y diversos conocimientos que acumula su autor, la belleza de algunas de sus propuestas y la originalidad de sus hipótesis.

Ley de Traver.-

Es muy probable que vuelva sobre él en otros post incluso si no cumplo con la ley de Traver.

Bibliografia.-

Douglas R. Hofstadter. “Yo soy un extraño bucle: ¿Por qué un fragmento de materia puede pensarse a sí mismo?”. Tusquets, Metatemas. Barcelona 2008.

Stravinsky y la memoria musical

febrero 26, 2011

Igor Stravinsky es algo así como el Picasso de la música, el ángel anunciador de la modernidad y con ella la ruptura con todas las convenciones clásicas y todos sus rastros canónicos, lo que es lo mismo que decir que Stravinsky trató de romper con aquello que de una forma consensuada se consideraba bello hasta aquel momento, Stravinsky introdujo un reseteo de nuestra memoria musical y dejó espacio libre en nuestro disco duro para lo nuevo. Antes de él Schoemberg habia pretendido deconstruir la tonalidad, pero Stravinsky se mantuvo firme en su idea de investigar sobre lo desconocido, sobre lo imprevisible -sin abandonar sus trucos para explorar varias tonalidades o incluso la bitonalidad total en una obra como en Petruska- pero a diferencia de Schoemberg se centró en investigar sobre patrones nuevos, tanto ritmicos, como melódicos y armónicos.

Cuando estrenó en Paris (1913) su “Consagración de la primavera” se montó tal escándalo en el teatro que la policia hubo de intervenir para evitar que los desórdenes llegaran a mayores, parecia como si la Consagración hubiera provocado una especie de psicosis colectiva, la gente gritaba, se levantaba de sus asientos e incluso intentaron agredirse unos a otros. “La consagración” les habia vuelto locos, ¿pero por qué? ¿Como es posible que la escucha de una sinfonía provocara tal tormenta de emociones?

No es de extrañar que la música convoque emociones puesto que esa es su función: la música es sobre cualquier otra forma de expresión artistica la que recluta una mayor parte de sentimientos descascarillados, es decir desprovistos de cualquier patrón cognitivo adherido. La música es la gran abstracta, no significa nada pero es capaz de convocar cualquier emoción sin que sea predecible qué va a ocurrir ni qué sentimiento va a convocar en este o aquel individuo. Lo que sucedió el dia del estreno de la Consagración, en  un público culto y acostumbrado a la belleza canónica de la expresión musical fue una especie de rebelión de los cerebros que se manifestó en una asonada contra el teatro, los bailarines y el propio compositor que asistió en primera fila al motín, -inmutable- sabiendo que lo que estaba sucediendo es que había acertado con la fórmula de sobreescritura de patrones artísticos en los cerebros de sus contemporáneos.

Desde entonces hasta ahora nuestros cerebros se han acostumbrado a cierto tipo de patrones y “la Consagración” ya no nos parece simple ruido tal y como habia sucedido en su primera audición, lo que ha sucedido desde entonces hasta ahora tiene que ver con la plasticidad de nuestro cerebro: nos hemos acostumbrado a ciertas armonías, a ciertos ritmos y a ciertas cadencias suspensivas (de suspense) en las orquestaciones. Nos parece bello lo que hasta entonces era enervante.

Como ejemplo de como nuestro oido fue adaptándose más y más a los nuevos sonidos de la modernidad podemos contemplar la obra maestra de dibujos animados -dirigida a un publco infantil- de Walt Disney “Fantasía” que precisamente toma la parte inicial de “la Consagración” y los “augurios” con su obstinato de cuerda. Nótese como la música surge como cuchillos de acordes disonantes y como a nuestro parecer la armonía de esa obra sinfónica ya no nos provoca tanto rechazo como provocó en su estreno. Hemos encontrado cierto patrón y con él apreciamos su belleza.

Lo que Stravinsky se planteó fue el por qué ciertos acordes (consonantes) nos parecian bellos mientras otros (los disonantes) nos parecian feos. Pensó como un neurocientífico y cayó en la cuenta de que no existía ninguna razón por la que un acorde mayor nos pareciera redondo mientras uno de séptima mayor nos pareciera algo inacabado o abierto. Lo cierto es que nuestro cerebro no sólo se dedica a guardar patrones sobre lo conocido sino que adelanta predicciones sobre lo que va a oir, es por eso que cuando una composición vuelve a la tónica  y despues de darse ciertos paseos y disgresiones sentimos la tranquilización de lo predecible pero lo predecible resulta, a su vez, bastante aburrido, es por eso que la expresión musical ha buscado siempre la originalidad.

La originalidad implicita en cualquier forma de arte con mayúsculas implica una cierta suspensión de lo predecible. Es verdad que la musica pivota siempre sobre un patrón que se graba en la memoria a través de ciertas repeticiones y que sin ese eje federador todo parece incomprensible, pero los compositores – al menos los compositores de la modernidad- se aplicaron en hacernos cambiar nuestra opinión sobre lo que era bello o feo. Una sexta mayor no tiene porque ser menos bella que un acorde de tercera mayor, se trata de acostumbrarse a esa secuencia. Luego viene el discurso musical, las variaciones y las disgresiones, pero al final el oyente descansa cuando ha logrado predecir cuando la melodía volverá a su cauce original, es por eso que los finales suelen coincidir con la tónica dando lugar a una sensación de acabado, de redondez y plenitud.

Pero Stravinsky pretendió todo lo contrario: jugar con la incertidumbre, que el oyente no supiera lo que iba a suceder a continuación. Esta sensación provoca dolor e incertidumbre que era para Stravinsky la esencia de la música. Jugando con esa incertidumbre sin saberlo Stravinsky jugueteó con nuestra experiencia cerebral más íntima y nos sustrajo el placer asociado a la música conocida y predecible sustituyéndolo por un sufrimiento inespecifico que fue sin duda el que provocó el alzamiento del público el dia del estreno de “la Consagración”.

El que fue sadismo inicial de Stravinsky para borrar de nuestro cerebro la mania de encontrar satisfacción en lo predecible se ha convertido hoy en algo ingenuo o al menos neutral, ya nadie se sentiría impelido por la fuerza de los extraños y cambiantes ritmos de “la Consagración” ni nadie se sentiria aludido o molesto por sus extrañas melodias sobreinscitas en distintos tempos. Hemos aprendido oyendo música nueva y nuestro cerebro ha aprendido a encontrar patrones alli donde nuestros antepasados sólo encontraban ruido.

Encontrar orden en el caos, esa parece ser la función de la música que de alguna forma pone de manifiesto que nuestra mente es de alguna forma infinita en su capacidad de encontrar simbolos, patrones y sentido a lo nuevo.

Y por eso el arte es necesario, sin él enloqueceriamos pues es gracias a él que podemos construir sentidos nuevos a realidades diversas, cambiantes y mudables. Y los construimos sin necesidad de demostraciones ni consensos.

Yo oí por primera vez “la Consagración” en 1982 y llegué a Stravinsky buscando los origenes estéticos de un grupo de rock sinfónico que me gustaba mucho en aquel entonces: me refiero a King Crimson, que presta su titulo a este blog. Para que ustedes puedan comparar “la Consagración” con su influencia en la musica moderna, les dejo aqui una actuación en directo del Rey Carmesi jugueteando con las lenguas de las alondras. Nótese el obstinato de las cuerdas y las apoyaturas de guitarra de Robert Fripp que aparecen como cuchilladas al estilo de Stravinsky y notese tambien la atmósfera mágica, onirica, quizá hiperrealista de esta improvisación casi sinfónica.

Un poco más conocida y comercial por aquello de la predictibilidad es esta “Red” del mismo grupo donde puede oirse a Stravinsky con sus explosiones y obstinatos

Bibliografia.-

Jonah Lherer: “Proust y la neurociencia”. Paidós. Madrid. 2010.

El psiquiatra amurallado

noviembre 7, 2010

Este mes de noviembre ha tenido lugar un acontecimiento insólito en la psiquiatria española: el I Simposium internacional relativo a “Psiquiatria y experiencia religiosa”, celebrado -como no- en Avila y que no se si con intención o sin ella ha coincidido con la visita del Papa a nuestro pais.

Lo cierto es que se trataba de hablar sobre esa “tierra de nadie” donde se dan cita la experiencia religiosa y la experiencia psicopatológica, una primera  aproximación -muy timida aun- de explorar esos territorios confusos e inexplorados por la ciencia oficial que han sido ninguneados y donde la psiquiatria ha entrado casi siempre a saco rotulando como patológicos ciertos fenómenos -siempre dudosos para la pericia psiquiátrica- pero que cada dia más huelen a espirituales o a experiencias modificadas de conciencia (estados alterados de conciencia) y no tanto a patologia mental.

La razón de este abandono es histórica y politica: la mayor parte de los psiquiatras somos ateos. Lo cierto es que los psiquiatras somos los mas descreidos de los médicos, al menos en España segun ciertas estadisticas que se presentaron en el simposio. Pero no sólo somos ateos sino que además de eso, al menos los psiquiatras de mi generación somos -fuimos- “progres”, muy influidos por la antipsiquiatria, el marxismo y el existencialismo sartriano. Somos algo más que ateos, somos -fuimos- nihilistas apresados, entre la generación de nuestros mayores muy politizados por la experiencia de la guerra civil y la que nos sucedió, la generacion X,  una generación de psiquiatras cínicos que no solamente no creen en Dios sino que no creen en nada. Por no creer no creen más que en los psicofármacos aunque relativizándolos en una atmósfera de escepticismo como corresponde al postmoderno modo.

Los organizadores del evento promocionaron de paso este libro -religion y psiquiatria- dirigido por Van Praag, Verhagen, Cox y Lopez Ibor y que subtitulan con el sugerente tópico: “Mas allá de las fronteras”. El lector interesado hará bien en no comprar el libro (que está en inglés) y en leer este post donde les contaré en resumidas cuentas de qué habla el texto.

Lo cierto es que el tema del simposio parecia muy atractivo y convocó a un numeroso grupo de profesionales -casi todos ellos procedentes de la WPA- que dotaron al encuentro de una cierta estética ecuménica con velos islámicos, negritud espiritista de America latina, santeros cubanos y del Bronx y mucho incienso, mucho, quizá demasiado. Personalmente eché en falta ciertas referencias a personas tan importantes como Ken Wilber o Stanislaw Grof que ni siquiera fueron citados por nadie. Claro que después de mirar con detenimiento el triptico del programa caí en la cuenta de que se trataba de un simposio sobre religiosidad y no de espiritualidad. Lo paradójico es que aun en Avila a nadie se le ocurriera hablar de Teresa de Jesús una de las misticas españolas -junto a San Juan de la Cruz- más importantes y conocidas y amplia conocedora de esos estados inusuales de conciencia que describe en el “Libro de su vida” que los psiquiatras siempre hemos calificado de patológicos cuando los vemos en contextos distintos. Hoy nadie osaría sostener que la santa de Avila tuvo una enfermedad mental, no es usual que un enfermo mental tenga una vida intelectual, literaria y civil tan densa y completa como la de la santa.

Si hago esta distinción entre religiosidad y espiritualidad no es por distinguir un fenómeno de otro, uno adosado a la creencia religiosa mientras el otro se encuentra relacionado con la mentalidad laica, con demasiada frecuencia se confunden ambos términos -como sucede en el titulo del libro- pero lo que creo es que la religiosidad y la espiritualidad participan de los mismos registros cognitivos tal y como más abajo les contaré: son el mismo fenómeno aunque den lugar a practicas diferentes.

Una de las ideas más repetidas durante el encuentro de Avila es la idea de la extrema vitalidad de la religión que parece resistir todos los embates posibles que le vienen de la politica, y seguramente de las otras religiones con las que compite por el mismo nicho creencial, pero es verdad que creer en algo sin pruebas es una de las prestaciones de la conciencia humana con el mismo valor adaptativo que hacer música o ejercer las matemáticas. La clave para entender las creencias no consiste en investigar sobre su contenido sino en la capacidad de nuestra conciencia -nuestro cerebro- de inventar, imaginar o especular acerca de las preguntas que nuestro propio cerebro es capaz de construir. La capacidad de creer es una prestación cerebral extraordinaria con independencia de lo que se crea.

El problema de las religiones y quizá su debilidad más patente es que son muchas a competir en el mismo mercado y cada una de ellas, al menos entre las más importantes están contaminadas de un etnocentrismo que en algunos casos puede ser salvaje y en otros casos esterilizante. El problema es que algunas de ellas se encuentran tan ligadas a lo cultural que es posible que los fieles de cualquier religión lleguen a practicar varias al mismo tiempo: el sincretismo religioso es muy frecuente en el mundo tal y como nos contó en este simposio el Dr Pedro Ruiz, psiquiatra del Bronx en Nueva York con amplios intereses y conocimientos en religiones precristianas de origen africano. Una religión para afuera y otra para adentro. Eso sucede en amplios grupos hispanoamericanos.

Las creencias religiosas, (pero tambien las creencias politicas y transformadoras de la sociedad) tienen un efecto protector en los seres humanos, les protege de los efectos indeseables del estrés, tal y como nos contó Victor Frankl en su peripecia en un campo de concentración nazi. La religión protege contra el estrés porque disminuye la impredictiblidad y favorece ciertas prestaciones que ninguna otra actividad humana puede por sí misma ofrecer. Ya conté en este post las funciones que la religión cumple en los cerebros humanos, no es de extrañar pues que tal y como sostiene el cínico House : “la religión no es el opio del pueblo sino el mejor placebo que existe”

Otra de las ideas que sostuvieron muchos de los ponentes al simposio fue la explicación de que el vigor de las ideas religiosas estaba determinado biológicamente. Van Pragg, uno de los defensores de esta idea ya formulada en la revista Nature por Larson y Whitman en 1997, mantiene la idea de que la religiosidad es un rasgo mientras que la religión , es decir la práctica de una determinada forma de religiosidad seria algo determinado y dependiente de la cultura.

Una de las pruebas que aporta Van Praag para demostrar esta idea es epidemiológica: existe cerca de un 70% de la población mundial que dice creer en Dios (En España la cifra es similar pero solo un 12 % confiesa que va a misa). La siguiente es el estudio de gemelos homozigoticos. Las pruebas sin embargo no son concluyentes.

Y no lo son porque en mi opinión el cerebro humano (casi todos los cerebros humanos) comparten rasgos cognitivos y experienciales que pueden estar relacionados con la religiosidad junto con otras caracteristicas humanas. La religiosidad es -en cualquier caso- un conjunto o cluster de rasgos que aisladamente nada tienen que ver con la religiosidad como destino común. La confianza, la autotrascendencia, la credulidad, la superstición, la creatividad, el empiricismo (o la tendencia a fiarlo todo a las propias experiencias) son rasgos comunes a todos los humanos y que pueden dar lugar tanto a sentimientos religiosos como a sentimientos de reforma politica (desde una posición atea) o a una pulsión por la creación o por el viaje, la exploración del inconsciente, la investigación cientifica, la poesia o el arte en general o la militancia activa en una causa. Además se trata de rasgos tan omnipresentes que hasta existe una relación de ellos con la esquizoidia (espectro de temperamentos esquizoides), no es de extrañar pues que muchos delirios esquizofrénicos compartan rasgos con el misticismo. Probablemente el nucleo común entre ambas experiencias consista en un endofenotipo esquizoide sin prejuzgar con ello ninguna psicopatologia sino una serie de rasgos comunes a toda la humanidad.

Segun Van Praag casi el 75% de la población mundial cree en Dios, lo que a su parecer fortalece la idea de que el sentimiento religioso es predominante y resistente a la extinción como cualquier rasgo biológico.

Pero yo no estoy de acuerdo con eso por las siguientes razones:

1.- A la mayor parte de la población mundial también les gusta mucho la música, seguramente sería difícil encontrar a alguien que no respondiera afirmativamente a la pregunta ¿Le gusta a usted la música?

2.- Sin embargo el responder afirmativamente a esta pregunta no significa que ese probable 90% de la población al que le gusta la musica tenga el mismo goce al escucharla, algunos tendrán un compromiso mayor que otros con ella, otros talentos especificos para ejercitarla y diferencias de gusto y usos: a algunos les guatará la musica introspectiva mientras que otros solo la usarán para divertirse, etc.

3.- El que la música guste a mucha gente no significa que exista un gen (o genes) para la música o que el gusto por la música preexista biológicamente.Es posible que la música nos guste a todos porque tiene que ver con los modelos que aprendimos en la adolescencia y la evocamos como acompañante necesario de escenas inolvidables.

4.- La música es un invento del hombre, sin él no habria música solo gorjeos, sonidos, rumores, ruidos y todo lo más armónicos de pájaros en celo sin el sentido espiritual que le damos los hombres a la música.

Cuando se hace la pregunta ¿cree usted en Dios? sucede lo mismo: hay muchas formas de creer en Dios y la mayor parte de esas creencias son banales, en el sentido de que no inducen conductas concretas ni preguntas filosóficas, ni metafisicas que impulsen hacia la expansión del universo cognoscible ni mucho menos cambios en la vida que impliquen modificaciones en el estado de conciencia o estados de fusión mistica, ninguno de los católicos que conozco han tenido jamás una experiencia espiritual y se adhieren a sus creencias religiosas de una forma acritica, por costumbre. La mayor parte de las personas que se consideran a sí mismas religiosas tienen un concepto pueril de la religión o lo que es peor, social y convencional, lo que más identifica a los creyentes son sus convicciones políticas.

De manera que no creo que la religiosidad tenga una base biológica y si la tiene se encuentra tan alejada de la creencia religiosa formal que no vale la pena desgajarla de otras actividades humanas. Tambien creo que la espiritualidad está unida a esa red semántica de búsqueda de sentido que alimenta el hecho religioso del mismo modo que la poesia o cualquier otra actividad humana de elevación espiritual.

Lo cierto es que la espiritualidad laica parece tener perdida la batalla con la religiosidad. Esta es una idea que sostienen algunos de los teóricos de la neuroteologia (como Adolf Tobeña) y que no tengo más remedio que recordarles desde aqui que Sigmund Freud ya sostenía -desde un punto de vista bastante pesimista- la misma opinión. Freud pensaba que la ilusión que empuja el sentimiento religioso nunca podria ser vencida por el empuje de la razón de manera que la única forma de progresar en la conciencia humana es integrar y superar las fases etnocéntricas de su desarrollo tal y como propone Wilber. Sin esa trascedencia ni la religión ni el sentimiento religioso no podrán nunca desembarazarse del fanatismo y de la idea de representan la Verdad revelada.

Hoy mismo el Papa en su visita a España lo ha dicho:

“España es el campo de batalla entre la laicidad y la religión”

¿Campo de batalla? ¿Es esa la manera de hablar de un hombre de Dios?

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