
Batman es un personaje de ficción que ha dado lugar a una extensa saga de películas siempre con el tema de fondo de alguien que trata de preservar el Bien en un mundo donde las fuerzas del Mal conspiran para aniquilarlo. Fuerzas del Mal personificadas en un personaje conocido como “Bane” que representa lo diabólico en cada una de esas versiones.
De Bane precisamente se disfrazó este estudiante de neurología para acudir armado hasta los dientes el día que en Denver se llevaba a cabo el estreno de la ultima de la serie, con un cine lleno de niños y adolescentes y de cuya noticia tiene el lector suficiente informacion por los diarios. Hace ahora precisamente un año tenia lugar en la modélica Noruega un crimen en masa similar perpetrado por un tipo llamado Breivick del que hablé aqui y perteneciente a la extrema derecha que pretendia limpiar el mundo de todo vestigio de interculturalidad, atacando a las juventudes socialdemócratas de aquel pulcro pais que se habian concentrado en una isla para celebrar algo relacionado con el partido laborista.
La similitud entre ambos crímenes en masa es tal que los psiquiatras consultados por la prensa -en ambos casos- han dicho lo mismo, tanto que ya resulta predecible y que los periodistas pueden usar de forma calcada para la proxima ocasión en que se produzca un hecho similar. Unos dicen que es un psicópata, otros que e sun psicótico. Lo que no dicen en este caso es que se trata de un crimen de ultraderecha a no ser que el citado Joker sea ultraderechista, cosa de la que también se acusó en su dia a Superman. Lo cierto es que en este caso no se puede acusar a los sospechosos habituales como en el caso de Breivick, donde parece que las aguas han vuelto a su cauce al haber identificado al enemigo: la intolerancia de extrema derecha o una supuesta esquizofrenia.
Lo cierto es que estos crímenes no son ni psicopáticos (carecen de objetivos o ventajas para el criminal) ni esquizofrénicos pues presuponen una planificación que precisa una inteligencia muy lúcida y mantenida durante mucho tiempo. Lo cierto es que no sabemos responder a la pregunta ¿Por qué lo hizo? ¿Cual fue su móvil?. O al menos no resulta fácil desde una perspectiva naturalistica.
La pregunta es eminentemente policiaca y carece en cierto modo de sentido psicológico. No tenemos más remedio que apelar a una disciplina de rango superior, a la filosofia.. Resulltaria tentador y muy tranquilizador suponer que se trata de locura simple, pues casi todo el mundo parece suponer que toda conducta humana tenga un propósito. En estos casos no hay mas propósito que el de emular al Joker, al Malo de la pelicula y salir en la foto.
La gente común no sabe -aunque hace chistes sobre ello- que las instituciones psiquiátricas y penitenciarias están llenas de sujetos que se creen Napoleón, aunque Napoleón ya no es objeto de culto y ha pasado de moda. Se mantienen sin embargo los delirios mesiánicos, los que creen ser o bien Jesucristo, o la Virgen o directamente el mismo Dios.
Lo cierto es que hay mas locos identificados con Jesucristo que con Judas Iscariote o con Poncio Pilatos, de manera que estos individuos son en cierta forma “buenos” en el mismo sentido que su identificación. Otra cosa sucede cuando la identidad preferida es la del malo como sucedió con Charles Manson y ahora con este jovencisimo Joker, criminales identificados con lo satánico con el mal en sí mismo.
La novedad de este caso en comparación con otros asesinos en masa es la emergencia de un arquetipo nuevo, un arquetipo de ficción, un arquetipo de comic, naif y un poco cutre como es Batman y su antibatman, que es lo mismo que decir Dios y el demonio solo que en versión moderna y laica.
¿Pero es posible que James Holmes creyera ser el Joker?
Creer ser una persona distinta a la que somos no es un sintoma psicótico, por ejemplo en los niños es muy frecuente, en los actores una profesión. Para un niño, “me gusta esto” significa “soy, o tengo esto”, algo que recibe el nombre de pensamiento mágico. Una identidad puede ser falsa pero es siempre el producto de un deseo anterior potente e inmodificado en el tiempo. Es seguro que Holmes en su calenturienta mente infantil se hubiera obsesionado con ese personaje o con el mismo Batman, tambien con su éxito y su notoriedad. De manera que en un momento determinado ponerse a hacer de Joker tiene tanta coherencia como ponerse a predicar en Hyde Park si uno cree que es Jesucristo.
Ahora bien el deseo de ser Batman o el Joker no explica la conversión “real” en el personaje ni explica el liarse a tiros en un cine. Hace falta algo más. Efectivamente, hace falta vivir en un país donde el acceso a las armas sea fácil, legal y habitual. Ese crimen seria muy dificil en nuestro recortado país.
Pero el acceso a las armas por si mismo tampoco explica del todo la tragedia, las armas serian la causa eficiente en el sentido aristotélico y explicarian el cómo, pero no constituyen un principio de razón suficiente, hace falta algo más.
Ese algo más que falta lo proporciona la prensa. Se trata de un crimen mediático. ¿Qué significa esto? Pues que una de las razones de estos crimenes son la posibilidad de dar al megalómano protagonista la atención de los medios durante un cierto tiempo, es por eso que estos crimenes – y aqui está la tragedia adherida a los mismos- se contagian. Dan ideas a otros que andan explorando esa via de notoriedad, tanto es asi, que es posible predecir que a más atención y escándalo y horror internacionales del acto más personas habrán logrado infectarse con ese meme.
El lector que haya llegado hasta aqui no debe concluir que Batman induce a la maldad, o que las noticias inducen a los crimenes aunque puede rechazar la venta legal de las armas que hemos identificado ya como causa eficiente.
Lo que nos lleva de lleno al principio de razón suficiente ¿Por qué pasan estas cosas?
La mayor parte de nosotros, si vamos a ver una película de Batman podemos sentirnos identificados con el héroe o con el villano pero no perdemos los contornos de nuestra propia identidad y en cuanto salimos del cine ya nos hemos deshecho de la fascinación que hubiera tras la contemplación de escenas violentas o eróticas. Pero no cabe ninguna duda de que el cine y la televisión -el mundo de la imagen- han debilitado nuestro simbólico tal y como Baudrillard ya detectó hace algunos años al conceptualizar su idea de hiperrealidad.
El simbólico es uno de los tres registros en que se mueve nuestra mente. Simbólico es todo aquello que representa una cosa en ausencia de la cosa en sí, de la realidad cruda y del Imaginario. Por ejemplo la bandera de un pais le representa simbólicamente más allá de lo real de ese pais y como se lo imaginan sus habitantes.
Imaginarios son los personajes de Batman o de cualquier obra de ficción, sin embargo estos personajes mantienen un cierto contacto con algo profundo en nosotros, nos apelan, nos aluden, nos interpelan, aun siendo héroes de comic o de dibujos animados, animales o seres fantásticos. Pues alli en lo Imaginario, precisamente por serlo, cabe todo, la abyección y la sublimidad cosidos en lo que se conoce con el nombre de arquetipos. Podriamos decir para entendernos mejor que lo Imaginario es el magma de lo inconsciente, lo indiferenciado, aquel almacén donde los opuestos andan de la mano y que emergen en nuestra conciencia ya debilitados por el peso del símbolo que es a fin de cuentas un órgano de modulación, algo que está ahi para ejercer de filtro a lo que nos viene de fuera (Real) y lo que procede de dentro pero no es real, sino imaginado. Lo simbólico es un órgano de inhibición pues ha de vérselas con lo Real en bruto.
Lo simbólico es protector y nos protege de los embates de lo real y de nosotros mismos.
Si lo simbólico se debilita o desaparece lo Imaginario e infiltra en lo real y la realidad se confunde con la ficción, se funde con ella arrastrando al sujeto en una pendiente de simulacro.
El mundo en el que vivimos es un mundo donde lo simbólico ha sido deshilachado, no solamente por las tecnologias de la imagen sino por los cambios en la crianza y educativos, las políticas concretas ejercidas contra los más vulnerables, la falta de consuelo y asistencia profesional a las personas que sufren crisis de identidad y pugnan por hacerse con algo que logre anudar su confusión y su caos interior a algún eje vertebrador.
Tal y como dice Baudrillard la hiperrealidad es la simulación de algo que en realidad nunca existió.
La hiperrealidad es significativa como un paradigma que explica la condición cultural estadounidense. El consumismo, por su dependencia del valor de signo, es el factor contribuyente para la creación de la hiperrealidad. Ésta engaña a la conciencia hacia el desprendimiento de cualquier compromiso emocional verdadero, optando en cambio por la simulación artificial, e interminables reproducciones de apariencia fundamentalmente vacía. Esencialmente, la satisfacción y la felicidad se encuentran a través de la simulación e imitación de lo real, más que a través de la realidad misma.
La interacción en un lugar hiperreal como un casino de Las Vegas brinda la sensación de estar atravesando un mundo de fantasía, donde todos contribuyen a la ilusión. La decoración no es auténtica, todo es una copia, y la experiencia en su conjunto se siente como un sueño. Lo que no es un sueño, por supuesto, es que el casino se queda con el dinero, y uno es más propenso a entregar ese dinero si uno no se da cuenta de lo que verdaderamente está pasando. En otras palabras, aunque intelectualmente uno entienda el funcionamiento de un casino, la propia conciencia cree que apostar dinero en el casino es parte del mundo “irreal”. El interés de los decoradores es enfatizar la apariencia de fachada del conjunto, para aparentar que toda la experiencia es irreal.
(Tomado de la wiki)
De manera que no hace falta ser un psicótico para llevar a cabo aquel espantoso crimen. Pues el deshilachamiento y la erosión del simbólico no sólo acaece en los individuos psicóticos sino también en otros -necesitados de estimación- que no lograron por sus propios medios medrar en su entorno y recurrieron al espanto - de aquello que no existe- para expresar su miedo, su recelo y su odio.