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Literalidad y simbolismo: el camino

mayo 26, 2013

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

(Antonio Machado)

Camino-de-Santiago

Hay muchas clases de caminos, pero yo voy a tomar como referencia el camino de Santiago para alumbrar ciertas ideas que acontecen en todos los caminos cuando se dan ciertas circunstancias. La primera de las cuales está implicita en el verso archiconocido de Machado. Efectivamente el camino no existe, lo que existe es la acción de andar, de transitar, sea andando o sea viajando de una manera u otra, siempre y cuando en ese viaje exista una exploración interior, una intención gnoseológica; en otras ocasiones he hablado de un descenso, pero no importa como le llamemos siempre y cuando ese viaje implique la adquisición de algun tipo de conocimiento, una conciencia de algo. Lo que importa en el viaje no es el tránsito de un lugar a otro, sino de un topos o de una posición en el mundo u otra. De eso va este post.

En todo viaje hay una parte literal y una parte simbólica o representacional. En este sentido el camino de Roncesvalles a Santiago, no es solo una carretera que une ambos puntos, sino un trayecto personal que es literal en tanto en cuanto hay cansancio, sacrificio, dolor, ampollas en los pies, hambre, frio, sed, soledad, etc. Una literalidad que se inscribe en el cuerpo y que deja cicatrices. En el otro lado de las cosas, el camino ocupa cierto simbolismo, los amigos que aparecen y desaparecen, los paisajes, la hospederia redentora, el camastro compartido, la enfermera que nos cura las ampollas cosiéndola con hilo de seda, las conversaciones y confesiones de aquellos que comparten parte del camino, la solemnidad de lugares sagrados o mágicos, el cruce de ciertos umbrales y por fin la llegada del peregrino a la fachada principal de la catedral de Santiago y el abrazo del apóstol.

Aqui os dejo un trailer de una pelicula que se llama precisamente asi y que vale la pena ver: “El camino”

Lo cierto es que los peregrinos tienen muchas razones para meterse en el camino, unos para adelgazar, otros para dejar de fumar, otros para cumplir una promesa casi siempre relacionada con el cáncer, otros -personajes al borde de un ataque de nervios- para encontrarse a sí mismos, periodistas, místicos de la new age, personas en duelo (como el personaje de la película que cito), deportistas que buscan someterse a una prueba definitiva, curiosos, apocalípticos o reenganchados forman parte del personal que transita aquellos lugares y que se someten quizá a la prueba mas dura que han afrontado en su vida.

Pero nos equivocaríamos si pensaramos que el camino de Santiago es un periplo religioso, se trata sobre todo de un escenario espiritual, ese lugar donde los símbolos nos apresan y uno no puede sino dejarse llevar por ellos en ausencia de juicio crítico, una especie de contemplación. Agnósticos e incluso ateos encuentran en el camino sus claves espirituales: aquellas que les hacen modificar su conciencia y que a través del trayecto encuentran su redención personal.

La clave de este fenómeno es a mi juicio, la combinación -el encuentro- entre el dolor y el símbolo, es decir el sufrimiento y su representación. Si hacer el camino es terapéutico (en un amplio sentido de la palabra) es porque algunas personas encuentran en esa combinación un elixir para afrontar su cambio personal.

El sufrimiento -el dolor- modifica nuestro cerebro y lo resetea para poder aprender algo nuevo, al tiempo que le pone papel de celofán a las heridas anteriores.

Naturalmente el dolor por sí mismo no resuelve nada, es necesario que ese dolor sea parcheado con el sentido.

Y si hay algo que sobra en el camino de Santiago es el sentido: todo el paisaje y el paisanaje parecen diseñados para ofrecer sentido a los peregrinos.

Lo cierto es que algunas personas necesitan sufrir para cambiar algo de sus vidas. Y son muchos más de los que pensamos. Todo sufridor lleva su necesidad de sufrimiento en secreto, no es cool ser un sufridor.

Claro, que en el catálogo de nuestros deseos más íntimos no aparece ni el dolor, ni el sufrimiento. hemos renegado de ellos, porque vivimos en un mundo donde el placer, el lujo, la autonomía, la competencia, la autosuficiencia o el poder tienen mas espacio sensorial y desiderativo que el dolor, poseen hasta una taxonomia propia. No existe una buena nosología del dolor y de sus funciones. Pero lo cierto es que hay muchas personas que necesitan darse, sacrificarse, inmolarse en la pira de algo, son los sufridores (ahora se llama a ese funcionamiento overdrive moral), esas personas que se las arreglan para elegir siempre inadecuadamente, esos que se autosabotean a sí mismos constantemente, esos que aparecen como bonachones o víctimas porque siempre terminan por elegir la peor opción para ellos mismos.

Los que necesitan el dolor para cambiar.

El sacrificio y el dolor no tienen altares ni representación icónica como la diosa Ananké y es por eso que existen pocas posibilidades de ejercerlos más allá de los sufrimientos por los hijos, por los desamores o por la amenaza de la muerte, o sea en nombre de Eros.

Eros hace concreta a Ananké. O lo que es lo mismo el amor dado (ofrecido) hace desaparecer tras un velo a la poderosa Necesidad.

Necesitamos reivindicar más espacio para los altruistas y los hiperempáticos, para todos aquellos que precisan de cuidar de otros, de sacrificarse y de salir como voluntarios en toda empresa con riesgo.

Son la reserva espiritual del mundo.

Todo parece indicar que el cambio precisa de una combinación de literalidad y simbolismo y que estamos apresados en esa brecha donde lo literal solo adquiere sentido bajo el peso de los símbolos, mientras que lo representacional (los símbolos) por sí mismos no funcionan sin esa presencia fisica de las llagas o el dolor.

La autotrascendencia

febrero 23, 2013

Cualquier cosa que nos una tiene un aire de sacralidad

Jonathan Haidt

La autotrascendencia es un rasgo de personalidad psicológicamente medible (test de Cloninger) y que puede definirse como el deseo o la sensación de pertenecer a algo más grande que uno mismo, a un Todo del que nosotros somos parte. El pensamiento común (profano) no suele dar lugar a este tipo de vivencias de pertenencia o filiación, pero a veces en determinadas situaciones tenemos acceso a ello, en aquel lado de más allá del espejo..

Usualmente este acceso es descrito con una sensación de júbilo o de éxtasis, de un sentimiento oceánico como decia Freud y que supone la dilución del Yo en un nosotros. Esta dimensión de nuestra personalidad es conocida con el nombre de espiritualidad y eso que se encuentra al otro lado de lo profano es conocido como “lo sagrado”.

Lo interesante de la formulación de Haidt es que considera que la autotrascendencia, a la que se puede llegar a través de drogas, la religión, experiencias grupales de tipo deportivo o aun en la guerra, sucede porque nuestro cerebro está diseñado para ponerse en modo “nosotros” (grupo) del mismo modo como puede trabajar en mode “Yo” que es como trabaja la mayor parte del tiempo. Naturalmente el mode “nosotros” apaga o amortigua el mode “yo” que es al parece lo que se encuentra en la base de estas experiencias místicas, espirituales o sagradas que evolucionaron en nuestro cerebro precisamente porque en algun lugar de la selección natural aparecieron como ventajosas para aquellos individuos que las adoptaron.

Pero es mejor que veaís el video de TED donde Haidt nos lo cuenta basándose en la teoria de la selección basada en el grupo de Wilson, de la que hablé aqui.

Bibliografía.-

Cloninger, C. R. (2000). Biology of personality dimensions. Current Opinions in Psychiatry, 13, 611-616.

Repensando el alma

agosto 18, 2012

Laura Bossi es una neuróloga italiana que hace poco (2008) publicó un libro de lo más provocador. Y si escribir sobre el alma es provocador lo es a resultas de uno de los dogmas científicos más consensuados de todos, aquel que dice: la dualidad mente-cerebro es falsa.

Lo que es lo mismo que decir que no existe esa espuma que añadida a la cerveza le da a la bebida su propia prestancia y sabor, la espuma es tambien cerveza si bien la cerveza sin barril o presión no contendria espuma. O dicho de otra manera mas “cientifica”, no existen dos principios en lo material,  todo es materia incluso aquello intangible como la mente, lo energético o lo astral.

Naturalmente, el consenso se refiere a definir una inexistencia, “no existe el alma”, pero no resuelve el problema mente-cerebro, ni refuta de ninguna manera el dualismo. Todo parece más oscuro con la negación del alma, hacer coincidir lo material con lo mental no ha resuelto el problema y todo parece indicar que aun lo oscurece más.

En este estado de cosas la doctora Rossi nos ayuda con un libro muy documentado donde nos recuerda que “lo vital”, aquel olvidado principio anímico en él que creimos mientras fuimos niños es en esencia el alma. O dicho de otra manera alma es sinónimo de “animado” y dado que nosotros somos seres animados no tenemos más remedio que volver a pensar en eso del alma y qué demonios significa.

Escribo este post después de haber leido este articulo publicado en tendencias.net y que de alguna manera me ha obligado a repensar el tema desde los presupuestos filosóficos mas profundos y no tanto de esa manera ingenua y ectoplásmica en que algunas personas se imaginan el alma, quizá como consecuencia de nuestra educación religiosa cristiana y tomista.

He vuelto a Aristóteles con sus conceptos de zoé y de bios que hoy podriamos traducir como organismo e individuo.

En mi opinión el tema del alma no está resuelto por varias razones históricas, epistemológicas y políticas, pero nuestros conocimientos de neurociencia nos obligan a un replanteamiento. No podemos abrazar o cerrar el tema del falso dualismo sin más, se trataria de un cierre en falso, pues la propia ciencia se encuentra en un callejón sin salida a la hora de posicionarse sobre estos temas. Y no solo la neurociencia con sus hijas naturales, la psiquiatría o la psicologia, sino tambien la bioética y todos los discursos (pues se trata de discursos politicos y no de filosofía o de ciencia) sobre el embrión que debemos de abordar de una vez asi como todos los problemas que se nos vienen encima con la manipulación genética, la fertilización artificial y el tema de las celulas madre, verdaderos observatorios de nuestra posición sobre el tema del alma.

Muchas veces me he preguntado cual es el origen de nuestra resistencia a considerar a nuestra especie como una evolución de un viejo simio. He observado que muchas personas (no creacionistas) aun aceptando las hipótesis evolutivas mantienen una negación sobre una verdad fundamental: “somos animales”. Leyendo este articulo que más arriba mencionaba he caido en la cuenta de algo importante: sin alma no hay animal. ¿No será la negación de nuestra animalidad una consecuencia de haber renegado de nuestra alma?

Compartimos con toda la escala animal algo: somos seres animados, lo que nos diferencia de las piedras, los rios, el mar y los muertos en una cosa: estamos dotados de un principio animado común: le llamaremos Vida. Y aunque esta cuestión ha sido objeto de furibundos debates en el seno de la religión o la teología, casi del mismo modo en que hoy seguimos debatiendo con temas como el aborto por ejemplo. La cuestión fue “resuelta” por los escolásticos: los animales no tienen alma. Sin embargo hoy lo que tendemos a considerar es que es una cuestión de grados y además hemos sustituido la palabra alma cargada de reminiscencias religiosas, por otra más científica, que llamamos Conciencia. Y la conciencia ya no se le niega a ningun gusano por pequeño que sea, lo que nos diferencia de él es la complejidad de nuestra conectividad nerviosa.

Lo que diferencia a la Vida de la no-vida es la composición de su química. La vida es sobre todo química orgánica, mientras que la no vida es inorgánica y mineral. Lo cierto es que la vida tiene altos costos y tiende hacia lo inorgánico que representa un mayor ahorro, ahora a este fenómeno le llamamos entropía y sabemos que todo sistema tiende a la entropía negativa, es decir a ganar orden. Orden y muerte o vida inorgánica son pues sinónimos.

De manera que hoy cuando hablamos del alma no tenemos más remedio que pensar en la Vida y en sus planes de reciclaje que se va repitiendo a sí misma a través del reemplazo de los sujetos y no tanto en un principio inmortal que emana de Dios y nos captura para abandonarnos en el momento de la muerte con destino al Paraiso. Para mi la vida, el alma, es sinónimo de un concepto mucho más potente y duro que el de Conciencia, me refiero al concepto de organismo que en dialéctica constante con el concepto de individuo me sirve para explicarme esa continua tensión entre los planes de uno y otro, que pueden ser antagónicos o hallarse  alineados. El organismo coexiste con el individuo y le obliga a mantener un plan de conducta que puede estar o no de acuerdo con los planes del propio organismo. Es como si estuvieramos poseidos por una entelequia que tiene su propio metabolismo y su propia lógica. Su vehículo, el individuo está destinado -como su nombre indica- a llegar a una Unidad con él.

Jung le llamó camino de individuación, algo que consiste en dejar de ser dos (un dividuo) y conseguir ser uno, un individuo fusionado con el propio organismo que le presta al individuo su élan vital, su combustible para que lleve a cabo su tarea. Los conflictos organismo-individuo son la fuente de enfermedades y malestar pues el doble mando que tratan de ejercer uno a través de los planes de la vida y el otro a través de su libre albedrío se zanjan la mayor parte de las veces en dicotomias, en grietas profundas que terminan con el individuo en el cementerio de lo inorgánico por su incompatibilidad dicotómica o francamente antagónica con los propios planes de la vida. ¿No es el cáncer precisamente una rebelión de los planes de la vida celular contra el individuo que le presta su vehiculo?

Hemos de repensar seriamente en ese impulso que la vida enconde en nuestro interior y si es posible hemos de alinearnos con él en una consensuada sinergía vital. Por otra parte no hemos de cejar en alcanzar a través de nuestra conciencia y nuestras habilidades ese hito que conseguiría separarnos del magma  de lo común o de lo mismo, ser indidividuos, lo que es lo mismo que decir ser uno con el organismo que nos soporta.

Esoterismo, Krishnamurti y las terapias de tercera generación

abril 28, 2012

Sesión de metaformación grabada el dia 27 de Abril de 2012, en el Consorcio Hospitalario de Castellón por parte del Dr Antonio Grandio profesor de la UJI de Castellón

Video 1.-

Video 2.-

Los dias de gloria

abril 21, 2012

Mario Conde es una de esas personas que ponen a prueba pulsiones antagónicas en nuestro cerebro, algo de lo que hablé en este post a propósito de lo que Haidt denominaba la moral desconcertada. En este caso -el caso de Mario Conde- pone en juego un desconcierto no solo en la moral sino en el simple gusto estético de las personas, sus preferencias, sus referentes éticos y por qué no decirlo: su ideología.

Me explicaré:

Mario es una persona muy inteligente, culta, atractiva, elegante, no sin una pizca de espiritualidad, de una exquisita educación, con un pico de oro, y con ideas innovadoras e interesantes. Dicho de otro modo leerle es distraido y enriquecedor y como además se trata de una persona que ha sido testigo de una época de la historia de nuestro país realmente apasionadamente, sería una de esas personas con las que uno se pasaría horas y horas hablando, debido a la riqueza de su conversación y a la agudeza de sus comentarios.

Lo digo después de haber leido “Los años de gloria” donde nos muestra una parte de su biografía, dando saltos adelante y atrás y presentándonos personajes clave para entender la historia de España junto con la experiencia propia de Conde en ese trasiego de personajes y situaciones.

Y aqui está precisamente su punto débil, pues es difícil de aceptar que uno pueda estar dentro y fuera de sí mismo cuando habla de un pasado relevante donde el sujeto Conde formó parte activa. Igual como cuando habla contra “El sistema” sin caer en la cuenta de que él mismo era parte del sistema. ¿Puede una parte del engranaje alzarse en armas contra el reloj?

La verdad es que personalmente no me gustan las autobiografías, casi siempre son complacientes y tendentes a la autojustificación. Pero hay algo peor: la indistinción ontológica entre sujeto y objeto de la narración hacen que el resultado sea poco fiable. Claro que la Historia es por sí misma muy poco fiable y tal y como ya conté en otro lugar, la historia no empasta nada bien con la verdad. Pues la verdad en cuanto se cuenta se hace subjetiva y ya no es historia sino anécdota personal -narrativa-, es por eso que los escritores suelen escribir novelas -ficción- con su vida y no autobiografías.

Lo dije aqui en este post a propósito de otra novela histórica de Javier Cercás y a propósito de la verdad sobre la guerra civil:

El libro definitivo sobre la guerra civil no está escrito ni podrá escribirse nunca porque la verdad sobre la guerra civil ( o sobre cualquier otro acontecimiento histórico) no resiste la cuadriculada realidad que la ficción impone al lector a fin de hacerla coherente. Lo que se gana en coherencia y comprensibilidad se pierde en veracidad.

Una especie de principio de Gödel de la literatura.

La siguiente cuestión es estética. ¿Sabe Mario Conde que se puede ser elegante sin ir siempre vestido de traje y corbata? Si yo fuera su coacher (algo a lo que quiero llegar cuando sea mayor del todo) le aconsejaría una indumentaria de un premeditado torpe aliño tal y como señalaba el poeta, es seguro que le haria más atractivo aún y mucho más creible. Esos cuellos de camisa abiertos de piernas personalmente me producen rechazo, de igual forma que esos pelos engominados que parecen remitirnos a los tea party en su versión celtibérica de señoritos andaluces con cortijo incluido. Mi cerebro se debate pues -como supongo que el de muchos de mis lectores- entre una simpatía que procede del lóbulo frontal y que es racional y una antipatía que procede de nuestro cerebro profundo, de nuestra intuición.

Pues le debemos muchas cosas a Mario Conde en este pais: una de ellas es caer en la cuenta de que ser rico no es pecado.

Claro que lo pecaminoso de la riqueza no es exactamente la “prohibición cristiana” que no existe sino la otra, me refiero a la marxista.

Efectivamente ser rico es algo que nuestro cerebro profundo rechaza porque estamos acostumbrados a pensar que lo que uno tiene es porque a otro le falta. Este cálculo aritmético tiene algo de verdad pero no tiene en cuenta el esfuerzo y el valor personal. Y sobre todo no tiene en cuenta los malestares que el propio dinero genera entre los ricachones.

La pobreza no es culpa de los pobres ni tampoco de los opulentos y desde luego no puede combatirse con limosnas de mala conciencia, la pobreza es un subproducto de la lógica del capital, tanto los ricos como los pobres son las victimas de esa lógica. gastar, consumir, viajar, comer en exceso, son síntomas de decadencia paralelos a las carencias de los pobres. El afán de lucro es tan maligno para la salud humana como la carencia de lo más elemental, cada uno se muere de una cosa pero al fin el capital y el lucro nos igualan en esa especie de socialismo de los cementerios..

Una disonancia cognitiva se llama a eso: por una parte nos cae bien y por la otra hay algo que rechazamos.

La siguiente cuestión es la ética: ¿Se puede simpatizar con alguien que ha estado en la cárcel? Lo cierto es que la cárcel esta llena de inocentes. Como psiquiatra he tenido que intervenir en algunos peritajes de supuestos pacientes encarcelados y nunca me he encontrado con nadie que aceptara que su privación de libertad fue justa. Todos creen haber sido victimas de conspiraciones, delaciones o como se dice en el argot carcelario “haberse comido un marrón” que en realidad era de otro. Supongo que pertenece al registro de lo humano hacerse con una muralla de negaciones o de irrealidades a fin de lidiar con la culpabilidad inconsciente y con la responsabilidad consciente, pero lo cierto es en el caso Banesto hay elementos de duda con respecto a la independencia de la Justicia en nuestro pais.

Entiendo muy poco de asuntos bancarios, juridicos, empresariales o económicos pero me da la impresión de que por las mismas razones que se condenó a Mario Conde a 20 años de prisión se podria haber condenado a otros banqueros de nuestro pais, vease el caso de la CAM o del banco de Valencia ahora en plena actualidad. Según yo lo entiendo lo que hizo Conde mientras dirigió Banesto fue un poco lo mismo que hicieron casi todos los bancos durante la época feliz: poner mucho papel en el mercado sin el respaldo del dinero real.

Muy probablemente hoy Mario Conde no hubiera sido condenado y si lo fue es porque habia muchos que le tenian ganas. Y la verdad es que era una seria amenaza para los politicos profesionales que vinieron después y durante el caso Banesto. Es probable que se lo sacaran de enmedio pero claro esto lo digo desde mi intuición, desde mi cerebro profundo, ese que teje y desteje impresiones irracionales que la mayor parte de las veces son verdad.

Para los que quieran hurgar en este tema les recomiendo vean enteritos los 14 videos de youtube que estan colgados aqui, les dejo el primero para abrir boca.

Y para que comprendan al final de todo que la verdad histórica empasta mal con la Verdad y que todo queda en si le damos crédito a esta persona en su lucha contra el sistema que el mismo ayudó a montar o si lo linchamos directamente, una afición tan celtibérica como la gomina. Al final todo depende de la simpatía con que nuestra parte racional resuelva la disonancia.

Personalmente después de leer el tocho de “Los dias de gloria” con mas de 2000 páginas, mi pregunta es ésta ¿Que impulsa a las personas a querer ser ricos? ¿Para qué sirve el dinero cuando ya se ha llegado a un cierto bienestar?

Y esta otra ¿Qué es un empresario? ¿Hay algo más detrás de ese anhelo por el dinero?

Y la del millón de dolares.

¿Qué hubiera sucedido si en lugar de dedicarse a hacerse rico se hubiera dedicado a cambiar, a transformar la realidad española?

¿Alma o Dios?

abril 2, 2012

Personalmente creo que es absolutamente compatible un desarrollo o progreso como el que entendemos en occidente y una espiritualidad plena como la que entienden en Oriente o incluso como la entienden algunas personas occidentales. El problema está en la confusión entre el principio espiritual, el Fundamento: el alma y su supuesta procedencia, Dios. En esa batalla van ganando los dioses y más desde que el alma ya no se llama alma sino mente, subconsciente o psiqué. Los laicos tenemos que recuperar el concepto del alma pues es el único concepto, el unico “meme” que puede oponerse a la creencia en Dios y por tanto la única idea que puede resultar ser ecuménica, es decir integradora.

El problema es pues el aspecto religioso que existe detrás de la palabra Dios, el problema está en la creencia que es el germén de la intolerancia, de la razón alcanzada quién sabe si a través de la revelación, una anti-razón por así decir y por tanto la que genera la herejía y da lugar a las persecuciones de los iniciados contra los apóstatas tanto o más de lo que sucede en politica con buenos y malos. El problema es la creencia religiosa (o politica), el aspecto idolátrico de todo este tinglado. Porque la gente de lo que tiene necesidad -más bien asi se modeló su mente- es de un Otro al que seguir, al que adorar, esa pulsión es tan fuerte y tiene tanta tradición, está tan enclavada en el fondo de la memoria colectiva que una religión sin apóstoles, sacerdotes, escenografía, gurús, santos, imágenes, preceptos o lugares sagrados no tendría seguidores.

Y la religión es incompatible con el progreso, eso parece demostrado.

Hasta las religiones sin Dios como el budismo tienen un cierto tufillo idolátrico, ellos adoran creo a un Buda viviente que además es intercambiable, con lo que resuelven de una vez por todas el problema del Mesias, del Salvador, del Esperado, ellos nombran uno cada vez que lo precisan y asunto liquidado. Yo tengo muy poco respeto por las religiones y mucho por las necesidades espirituales de los individuos, porque creo además que no son la misma cosa aunque tiendan a confundirse. Creer en Dios es un asunto bastante diferente a sentirse parte de un Todo, o a sentir que uno es parte de algo supraindividual, incluso a creer que el alma, la Psiqué, o lo que sea es algo eterno. Yo creo que de haber alguna sustancia eterna no seria Dios sino otra cosa, probablemente algo mas cercano de lo que creemos a nosotros mismos.

Es evidente que los dioses han pactado mantener a la Humanidad en una cierta privación, es evidente que los dioses precisan de una casta de iniciados y es evidente también que esas castas han mantenido ocultas las herramientas espirituales necesarias para hacer progresar a la humanidad. No cabe ninguna duda de que la religión es y ha sido históricamente enemiga de la ciencia (del mismo modo que las ideologías), enemigas del progreso y enemigas de la vía esotérica, aquella que buscaba el ser humano individual a solas, sin la mediación de otros. Freud en el “Porvenir de una ilusión” ya hizo mención a esta pulsión gregaria del hombre que busca a un otro al que adorar.

A mi me parece que este surgimiento de eso que llamamos “new age” lleva muy mala pinta: tenemos a Leonardo Boff haciendo mítines y mezclando churras con merinas, tradiciones animistas con el cristianismo, magia con ciencia, el calentamiento global (un problema político) con la alimentación integral (una forma de agricultura carísima y que no resolverá el problema del hambre). Vuelven liturgias oscurantistas y se propugna el uso de drogas como método de alteración de la conciencia, viajes al Perú en busca de “no se qué” que aquí no sabe encontrarse, y en fin por no hacerlo muy largo que me parece todo muy superficial, una mezcla sin sentido. Y ese es el problema que veo en la emergencia de estas nuevas “religiones” con independencia -es necesario decirlo tambien- que la ciencia, la politica y la economía necesitan un cambio de paradigma tal y como dice aqui Antonio Ruiz de Elvira.

Creo que muy pocos son los que atisban que el problema no tiene soluciones colectivas, ni se resolverá apuntándose a una comuna o a un cursillo de fin de semana pero la gente busca seguridades, certezas, alguien a quien imitar, alguien que nos diga qué hacer, como calzarse y qué comer, si debemos o no fumar y qué hay que fumar como mecanismo de abreacción espiritual. La gente no entiende que estamos solos, que nacemos y morimos solos y que cualquier tránsito es en solitario, que no hay alternativas salvo la de discriminar lo verdadero de lo falso: un discernimiento nada fácil porque la verdad casi siempre aparece disfrazada con el ropaje de la ficción.

Podemos ejercer cambios en nuestra forma de ver las cosas pero que esos cambios se consiguen aumentando la discriminación y no tanto ejerciendo algún tipo de ritual que propicie el sentimiento colectivo de un destino común, aunque es verdad que determinados rituales favorecen un tipo de atención más que otros. Tampoco estoy en contra del ritual, de la liturgia, sólo estoy en contra de las religiones organizadas, macroscopicas, en contra de las creencias colectivas y como no del integrismo, del religioso y de todos los demás. También desprecio intelectualmente los rituales entronizados como ídolos, aunque sé perfectamente el poder de fascinación que los rituales ejercen en muchas personas.

La gente tampoco entiende que no es necesario “entrar en religión”, ningún compromiso más allá de con uno mismo para adiestrarse espiritualmente, que no es necesario el ayuno, ni la purga, ni olvidarse de la carne o militar en alguna causa exótica para adquirir una dimensión espiritual. Que no es necesario renunciar al bienestar acumulado a través de todo este tiempo ni renegar de la ciencia que es a fin de cuentas a quien debemos este bienestar. Este es un hecho sin discusión.

Las carreteras y el agua caliente deben ser compatibles con la dimensión espiritual.

¡Hagámoslo posible!

¿Pensar o mirar?

marzo 29, 2012

O lo que es lo mismo: ¿Krishnamurti o Freud,? ¿Platón o Aristóteles?, ¿prueba o especulación? . El eterno conflicto del conocimiento humano puede decirse que es un conflicto entre la proyección y la introyección, entre la búsqueda hacia afuera o la búsqueda hacia adentro, entre mirar y pensar.

El que es mira, el que no es piensa“, ese es el punto de vista oriental, el punto de vista occidental seria algo así como “el que controla sabe“. De modo que una psicoterapia en clave occidental es una ganancia siempre de control, de control externo y de control interno, siempre es así exceptuando al psicoanálisis que es la versión occidental del zen.

El problema y el malentendido es que el psicoanálisis jamás debió institucionalizarse como un tratamiento médico, antes al contrario debió de restringirse al ámbito de una tecnología espiritual y no banalizarse perdiendo el tiempo con enfermos mentales o emocionales donde es irrelevante e ineficaz en la mayoría de los casos. Y lo cierto es que son precisamente ellos, los enfermos los que arrastran un enorme fardo que les impedirá su camino hacia la autotrascendencia, pero lo cierto es que el psicoanálisis no ha demostrado ser superior a cualquier forma de ayuda psicoterapeutica como las que hoy en día usamos en la clínica, ni siquiera es superior al Prozac, que resuelve muchos problemas de forma rápida, eficaz y barata.

Lo que no se le puede pedir al Prozac es que instruya al individuo en los caminos de la trascendencia, eso sólo se le puede pedir a algunos individuos vocacionales. La gente que va a la consulta no busca autoproyectarse en el cosmos sino librarse de la molestia de la angustia, de la depresión, de la desesperación o del dolor: malos candidatos para un viaje hacia adentro.

Como también lo son las personas convencionales, demasiado extrovertidas, demasiado felices en sus conversaciones banales, en sus encuentros de fin de semana, en sus viajes, sus tertulias de coches, toros o fútbol. Las personas que carecen de interioridad se vuelcan hacia afuera y es fascinante como disfrutan de la interacción con los demás. Son personas capturadas por la extroversión, por sus propias habilidades sociales que han desarrollado hasta el paroxismo haciendo notar su enorme vacuidad. Por el contrario los introvertidos, no sabemos movernos en sociedad, no sabemos ver las intenciones de los demás, vivimos atrapados por nuestra propia interioridad, una subjetividad insoportable para algunos que sucumben en el intento. Lo cierto es que el pensamiento oriental con todo su prestigio incubado en occidente no ha podido desarrollar en su medio un mejor bienestar para sus ciudadanos. Pareciera como si unos tuvieran la razón y otros las carreteras. ¿A qué se debe esta contradicción?

Konrad Lorenz y Nicolas Tinbergen lo dijeron en el año 1970 (el Nobel se lo dieron en el 72), “si quieren ustedes saber algo de si mismos observen a los gansos, a los pececillos del coral, al cangrejo de Alaska”. Ahí está plegado el secreto de lo humano, no mire usted hacia adentro, no encontrará nada salvo bucles y eternos retrocesos, no entre usted en religiones organizadas, salga del zoológico y entre en el Serengetti, esa es la respuesta, pero hágalo sólo, porque si van más de dos surgirán dificultades del pensamiento, del raciocinio, de la adaptación.

Efectivamente no hay que fiarlo todo al pensamiento, ninguna terapia cura por las ideas, o por el raciocinio, o por el pensamiento, antes al contrario parece que el pensamiento contiene en si mismo un veneno fundamental, el veneno del enredo, del nudo, de la confusión. Es cierto que la propuesta yogui de la epoché es el antídoto para esa confusión, puesto que todo pensamiento es automático y recorre siempre las mismas autopistas, el pensamiento es esterotipado y salta siempre sobre lo conocido puesto que se desarrolla sobre la memoria.

Frente al pensamiento cabe una opción: la mirada, la mirada que transforma, saber mirar aquello que nadie vio o que nadie advirtió, eso es creador, único porque no es una repetición, es idiosincrásico. Cada uno ve lo que ve y no puede transmitirse, solo se puede enseñar a mirar.

Pero las personas no llevan en si esta expectativa sino ser más eficaces, más felices, mas ricos, mas guapos o mas inteligentes para poder competir mejor en una selva donde sólo los mejores parece que se salen con la suya, por esa razón los enfermos no van a las clases de Krishnamurti sino a la consulta del psiquiatra y por esa razón los psiquiatras tenemos que lidiar con los problemas de las personas comunes que no saben que en su interior hay una chispa divina y que se conforman con premios de consolación. ¿Pero qué hacer?

K. da una receta para eludir la infelicidad y es el no hacer imágenes, es decir representaciones, en la medida en que lo nuevo, lo presente no está sometido al proceso de representación entonces mi memoria asociativa no se mete en camisas de 11 varas, no importa lo que se haya vivido, lo que importa en levantar la ligazón, eludir el lazo, el binding de los conceptos: no comparar, no medir, no asociar, solo mirar, esa es una clave psicoterapéutica al alcance de pocos, pero a mi me parece que es lo esencial en su enseñanza.

El pensamiento es útil para construir puentes pero en nuestra vida diaria, en nuestra relación con los demás nuestro pensamiento es inútil, además de encontrarse cercado por sus propios condicionamientos. El pensamiento es mentira en tanto que esta vinculado al pasado y el pasado ya no existe.

Ahora bien sin saber algo acerca de nuestro pasado es inevitable el error puesto que la narrativa individual está construida a través del autoengaño. Paradójicamente hay que saber algo acerca de nuestro pasado, aprendiendo a mirar honestamente y buscar la verdad por dolorosa que sea, una vez encontrada esta pequeña verdad doméstica y fundacional procede olvidarse de ella y aprender a mirar sin las ligaduras del pensamiento. Conócete a ti mismo, si, pero una vez conocido lo esencial observa a los demás y no compares, simplemente mira.

 

El triunfo de la dignidad

marzo 24, 2012

Una de esas palabras-trampa en la que muchos de nosotros nos caemos con todo el equipo por la fuerza que procede de la costumbre , es la palabra “espiritualidad”. Se trata de un item que a unos (los reduccionistas del abajo) les da cierta repugnancia, mientras que a otros- los reduccionistas del arriba les viene muy bien para mezclar “churras con merinas” y arrimar el ascua a su sardina que no es otra para ellos sino la evidencia de una Presencia divina. De manera que voy a definirme y contarles lo que para mi significa esta palabra “espiritualidad”. Una espiritualidad laica.

La espiritualidad es la condición no-material de cualquier actividad humana. Sin embargo no hay que confundir la espiritualidad con lo sobrenatural.

Espiritualidad es todo aquello que sucede en lo que hacemos y que se presenta como un plus, algo intangible, algo que se añade y que se situa más allá de la necesidad, y desde luego no es algo material, más que eso, no es algo que sume a la vida sino algo que se sustrae a la muerte. Nada a lo que se puede meter el dedo, no es contable, ni mensurable y sin embargo es algo que tiene el valor de la Verdad. De manera que lo espiritual no pertenece al campo de lo fenoménico sino al campo de lo noumenico, a lo oculto. Es por eso que hablamos de una condición no-material y es por eso que solemos retratarla con la palabra “sagrado”, pues hay algo en una experiencia de ese calibre que nos conecta con un nivel de conciencia elevado por encima de nuestra condición de simios, por encima de la determinación. Es como otra vuelta de tuerca en nuestra condición humana, algo que se parece y mucho a aquella metáfora del monolito de Kubrick en 2001 y los cambios de nivel de conciencia que acontecen a partir de un hito evolutivo. En “Eso” hablé precisamente de esta experiencia que usualmente es una experiencia contemplativa, inútil desde la perspectiva de la razón, tan inútil como una colección de sellos o un poema.

Este post se me ocurrió escribirlo después de ver una pelicula más que recomendable, se trata de “Intocables”, un film de  Toledano y Nakache que se inspiró en una historia real. Se trata de la historia desgraciada de un aristócrata ricachón y pijo que queda tetrapléjico a consecuencia de un accidente de de parapente. La película trata de la relación que se establece entre su cuidador Driss, un senegalés condenado a vivir en la frontera del delito y la exclusión social y el algo “meapilas” Phillipe, una persona que tiene los suficientes sirvientes y los suficientes cuidados y dinero para vivir una vida con muchas limitaciones pero cómoda aunque tremendamente aburrida precisamente por ser el blanco de la compasión de aquellos que le prestan cuidados, sí, pero cuidados impersonales.

El senegalés Driss, se queda con el trabajo y comienza entre él y Phillipe una relación de amistad que romperá los limites establecidos no solamente en cada una de sus vidas por separado sino en el nuevo sentido que aparecerá en su relación como consecuencia de un intangible que aparece cuando se realiza un trabajo, cualquiera que este sea con dignidad a través del deseo de compartir, de la autenticidad, el sentido común, el humor, el honor y la transgresión como condimento de una relación necesariamente condenada a la estrechez emocional.

Estamos acostumbrados a pensar en el trabajo de dos formas, una forma es la maldición bíblica, algo que necesariamente hemos de llevar a cabo para subsistir, la segunda forma en que nos imaginamos el trabajo es como si fuera un intercambio comercial, un salario que se ofrece u obtiene a cambio de un esfuerzo. Las dos cosas son ciertas en distintos niveles de definición de la actividad laboral. Pero en realidad existe una tercera forma de entender el trabajo, una forma espiritual como más arriba señalé: en este nivel el trabajo es sobre todo un don y no una mercancía, algo que se da gratis y que anda oculto en la telerañas de lo mercantil y la necesidad de subsistencia pero que emerge precisamente de ambas dos y por la misma razón que una paella no es solamente la suma de arroz, agua, verduras y carne. En cualquier nivel de definición de la ocupación y del esfuerzo o el trabajo hay una dimensión que es creadora, y que resulta un regalo, algo que se brinda más allá de la actividad puramente mecánica del mismo. Ese algo más es lo que el pragmático senegalés regala a Philippe y que es precisamente lo que redime a Philippe , a su familia y a él mismo.

La medicina o la psicología pueden curar o mitigar las enfermedades pero la espiritualidad no cura, redime a las personas de sí mismas y de sus entornos o costumbres tóxicas. Driss es redimido por su trabajo, -basado en una relación de ayuda- de su pobreza, de su destino carcelario, de su ignorancia, de su barrio de casas sociales,  del paro y el parasitismo social y de un destino más que incierto. Phillipe es redimido por Driss de su estulticia, de su dependencia extrema, de su victimismo y de su falta de agallas para imponerse a su propia familia desorganizada precisamente por la falta de normas y una jerarquía clara.

Y ambos se hacen amigos, una amistad redentora para ambos, pues se trata de una creación de algo, de un nuevo nivel de definición que les situa más allá de las relaciones comerciales, de las relaciones del “toma y daca”, del puro mercantilismo del salario y los horarios.

Las películas evidentemente no demuestran nada pero pueden mostrarlo todo, pues lo espiritual al ser inmaterial no puede demostrarse sino solo ofrecerse como un sentido nuevo, algo ex novo que surge en cualquier plano de definición, no importa el trabajo que se desarrolle. Lo que viene a redundar en el hecho de que no todo lo natural tiene una explicación mecánica y que no es necesario invocar a lo sobrenatural para entender que casi la mitad de nuestro tiempo lo dedicamos a actividades no-materiales si entendemos a nuestros hobbyes (que tambien son trabajo y esfuerzo) precisamente como actividades no regladas que son en realidad dones con los que nos festejamos a nosotros mismos o a los demás. No es que estas actividades no representen esfuerzo. Este post que estoy escribiendo ahora es un esfuerzo intelectual que realizo, mas allá de su vigencia durante dos o tres dias y que leerán solo un puñado de lectores. No es algo relativizado por una relación mercantil, no hay dinero, ni poder, ni mérito literario en él. No hay intención alguna salvo la de compartir con vosotros lo que para mi resultó un hallazgo.

Se explica a sí mismo. Escribir por escribir, ese es el misterio.

Pues la suma de todos los elementos que componen un conjunto no es igual al resultado de todos esos elementos en el nivel superior del conjunto que los abarca, los sistema complejos como nuestra mente hacen emerger nuevos niveles de definición cuando logramos integrar los niveles mas bajos y conseguimos empujar nuestro centro de gravedad un poco más arriba: dos escalones más. Hay algo más en la paella, en el plato que nos guisa nuestra mujer, en el regalo barato de alguien que nos recuerda qué dia es hoy, esos pequeños detalles de la vida que nos quitan un poco de muerte y nos devuelven el aliento al comprobar que hay vida despues de todo, mas allá de la vida que vivimos determinados por nuestro origen de simios parlanchines.

Y eso debe ser la felicidad y es verdad que se alcanza a través de la dignidad, la amistad, el amor, el honor y el esfuerzo.

Driss me lo enseñó.

Y éste que creeís: ¿Espiritual o sobrenatural?

De existir Dios es seguro que Paco está muy cerca de él o es uno de sus hombres de confianza.

Música y emociones

enero 18, 2012

Este post debe leerse mientras se oye este tema de Chopin, titulado “Tristesse” con el fin de que el lector pueda apreciar las fluctuaciones de sus propias emociones.

Seguramente la música es el arte más abstracto que existe lo que significa que trasiega con conceptos más allá del propio concepto, con Ideas, con Universales, es decir con intangibles. Asi y todo la música evoca y proporciona un enorme placer a los que saben gozar de ella.

Es así que prácticamente todo el mundo respondería afirmativamente a la pregunta ¿Le gusta la musica?

Otra cosa sería averiguar ese por qué. Probablemente nunca podremos llegar a saber qué es lo que de la música nos gusta, aunque sabemos algunas cosas que proceden de las investigaciones de Sapolsky de las que hablé en este post.

La música estimula y convoca emociones diversas y estremecimientos dificiles de catalogar con palabras y ha sido, quizá por este misterio que encierra, motivo de investigación para músicos, filósofos y pensadores de todos los tiempos. La pregunta podria ser ésta ¿Existe alguna correspondencia entre una emoción concreta y una construcción musical?

Se trata de una pregunta que se han formulado sobre todo musicos sinestésicos como Scriabin, pero seguramente la mejor teorización sobre este asunto procede de Schopenhauer.

Existe un cierto consenso sobre que la emoción más musicable es la pena o tristeza. Sucede que tanto la pena, como la rabia (enfado) , el miedo o la alegria son lo que se conoce con el nombre de emociones primarias, por asi decir las más sencillas e innatas. Es de esperar pues que estas  emociones sean a fin de cuentas las más fácilmente musicables.

Sin embargo no todas las emociones son traducibles al lenguaje musical. Otras emociones complejas como los celos,  la envidia o la admiración son dificilmente musicables. Mientras otras ciertamente aun más complejas como el amor son abordables universalmente.

Ahora bien ¿qué es lo que provoca que una composición musical evoque emociones asi? ¿Cuales son los armazones internos, formales, de esos efectos?

Existe una primera respuesta, ciertamente ingenua y genérica a esta pregunta: las tonalidades menores suenan mas tristes que las tonalidades mayores. Esta idea tiene que ver seguramente por la distancia que existe entre la tónica y su tercera. Por ejemplo si tomamos el Do como tónica la distancia de tercera es el Mi. El intervalo entre Do y Mi es acusticamente perfecto y suena como algo cerrado, redondo y completo, mientras que en la tercera menor del Do, es decir el Mib, su sonido queda abierto o replegado de una forma bien distinta a su forma mayor. El lector puede oirlo aqui y comprobar la diferencia que existe entre un acorde mayor y uno menor.

Triadas mayores.-

Triadas menores.-

Lo cierto es que hay un rango audible para todos los que compartimos una misma cultura musical que va desde las segundas hasta la séptimas y en terminos de frecuencias oscilan entre el casi 1 y el casi 9 .Por ejemplo la proporción entre Do y Re (segundas mayores) es en esta escala igual a 1,1224…y la séptima mayor Do-Si da 1,88770….

Dicho de otra forma nuestra percepción de la música tiene que ver con este rango de frecuencias siendo el resto de intervalos (por encima o por debajo inaudibles), siendo las terceras y las quintas los intervalos que forman las formas mayores (plenas y redondas) mientras que los intervalos menores tiernen una pequeña variación sobre ellos: se distinguen en que la tercera es menor (un semitono menos).

La distinción en términos físicos es muy sutil mientras que nuestro oido percibe correctamente estas pequeñas diferencias entre tonalidades mayores o menores. Sin embargo esto por sí mismo no explica porque la tonalidad menor invoca la tristeza, la pena, la nostalgia o la añoranza.

Si usted ha seguido mis instrucciones y sigue oyendo el tema de Chopin que propuse al principio del post (vuelvalo a oir si se terminó) observará que en esa composición, hay al menos tres temas A,B y C. El primer tema es el tema central melancólico que evoca el titulo “Tristesse” y trasncurre en modo menor, pero la composición sufre ciertas alteraciones (de lo contrario seria aburrido y repetitivo). Hay un tema central (B) mucho más apasionado y fuerte mientras que luego toma otro tema en tonalidad mayor (C) mucho mas redondo, cerrado y sólido. Se trata de modulaciones sobre un mismo tema, son como descansillos para las emociones, una especie de aliviaderos que nos llevan fluctuando desde la pena, a la desesperación y un poco más tarde hacia la relajación. Una especie de suspensión de la incertidumbre que se resolverá al final volviendo sobre sus pasos y mostrándonos el tema principal A, y terminando en la tónica es decir terminando alli donde esperamos que suceda con un finale en esa clave.

La cosa se complica pues, en tanto que hay temas casi siempre lentos y en tono menor que parecen evocar pena, nostalgia o añoranza, pero que esta evocación parece que no tiene tanto que ver con las notas y las armonías en sí sino en el contexto en que se desarrollan. Tenemos que poner pues en juego otra variable: la dinámica.

La dinámica incluye todos los aspectos de la musica que no son exactamente ni notas ni armonias, se trata del jugueteo que introduce el tiempo en las secuencias de desarrollo de un tema, asi hay temas lentos como los adagios y temas animados, allegrettos, rápidos, acelerados o majestuosos. Usualmente la dinámica se explicita al comienzo de una partitura y es un número de tiempos que pueden medirse con el diapasón, es decir se trata de una dinámica fija para una composición. Pero la música asi considerada sería tambien muy aburrida por predecible y monotona, casi cuadriculada. Es por eso que los compositores echan mano de tironeos y estiramientos, detenciones y apresuramientos, explosiones, cuchilladas y alaridos en forma de aumentos de la intensidad (fortisimos) en contraste con los delicados pianisimos,  a veces sollozos, a veces quejidos, y sobre todo silencios. La música es sobre todo contraste y todo parece indicar que de lo que se trata es de llevar al oyente frente al dilema de adivinar qué va a suceder después. Muchas veces (sobre todo en la musica mas moderna), los compositores han hecho otro tipo de propuestas donde el desarrollo de un tema es algo lineal y casi no existe dinámica (vease esta gnossienne de Satie).

En este tema lleno de misterio y de una cierta espiritualidad no existen apenas sorpresas, salvo la utilizacion armónica de ciertos acordes disonantes (séptimas mayores) que dan la impresion de apertura y de expansividad a la melodia. La música se basa sobre todo en repetir, de repetir el tema principal que obliga a la memoria del oyente a recordar y en terminar con la tónica o un acorde de la tonalidad ad hoc, despues de darse un paseo modulado por los alrededores. Notese como en Satie sin embargo el final parece arbitrario y deja al oyente como en una especie de suspensión de la finalidad. Este truco se llama en música cadencia suspensiva, el acorde final es abierto y deja espacio para aventurar tantas repeticiones como nuestro cerebro quiera añadir.

De modo que necesitamos invocar otra variable: la consonancia versus la disonancia. Para nuestro oido los intervalos que se encuentran en el centro de este continuo entre:

1, 2,3,4,5,6,7,8,9

siempre serán más cerrados , contundentes o redondos que los sonidos disonantes que se encuentran mas cercanos al 1 o al 9. Es por eso que ciertos sonidos son disonantes es decir tienen algo de no resuena bien en nuestra percepción, algo como inacabado o no resuelto.

De manera que la música evoca emociones pero no lo hace estirando de un solo color en la paleta de nuestras posibilidades sino que las pone a prueba todas a través de trucos relacionados con la prosodia del lenguaje, es imposible aislar una emoción de otra y es imposible por tanto realizar una tabla de equivalencias entre emociones y formalización musical. Asi y aunque la música no es un lenguaje digital es la matriz de todos los lenguajes emocionales y es capaz de evocar cualquier emoción siempre que no caigamos en la tentación de nombrarla. Las emociones se disponen a inundarnos pero no sabemos nombrarlas, puesto que la emoción es ágrafa y afásica pero podemos sentirla a veces en las tripas y casi siempre en el pecho a la altura del corazón. A cada persona le provocará un tipo de placer, voluptuosidad o estremecimiento bien distinto si bien una de las caracteristicas de la música es su universalidad. Oigamos por ejemplo este cuarteto de Schubert y veamos las imágenes de Barry Lindon en su versión de Kubrick. A pesar de la ausencia de palabras que expliciten la acción y de su tonalidad mayor, a nadie le puede resultar ajena la escena que se desarrolla, llena de melancolía, resignación, solemnidad, pasión y recato.

El lugar de Dios y la alucinación

abril 25, 2011

Por otro lado, el problema de la alucinación tiene que ver en gran manera con el hecho de que concibamos culturalmente, o no, una “instancia externa” supranatural con la que pueda existir un intercambio bi o unidireccional, según cómo y cuando. Si es desde uno a la instancia se ora, si es desde la instancia a uno hay revelación. Si no hay nada y hay deprivación sensorial por exceso o por defecto, entonces se alucina en un bucle interno intracerebral reverberante sin instancia interna o externa a la que proyectar. Si hay las dos cosas, oración y revelación, entonces entramos en lo místico. (Francisco Orengo)

Escribo este post el dia de Pascua de Resurrección del 2011, animado por varias circunstancias que se han unido estos dias en mi inconsciente narrativo. Una de ellas es este post que escribí en mi otro blog y del que éste es una apoyatura o tratará de serlo. La otra es la noticia leida hoy en un periódico de tirada nacional acerca de la publicación por parte de Francisco Mora (pinchar sobre el nombre para ver una entrevista en TV3) de un nuevo libro sobre neuroteologia que se titula “El Dios de cada uno”.

En él Mora pasa revista a la idea en clave evolutiva de que la “religiosidad” es adaptativa y ha servido a los fines de la supervivencia -muy popular en ciertos ambientes neurocientíficos- y vinculada a la idea de que la pulsión religiosa es algo asi como un hecho biológico, una especie de rasgo de personalidad innato que en términos vulgares puede ser traducido (esto es lo que la gente entiende) que el sentimiento religioso anida en algun gen de nuestro patrimonio genético, que Dios vive entre nuestras neuronas o algo asi.

Ni que decir tiene que estoy en contra de esta teoria, tal y como ya comenté en varios posts anteriores. Lo cierto es que el sentimiento religioso es un subproducto social, es decir un rastro de nuestras habilidades sociales (sociabilidad) que sí están determinadas genéticamente como corresponde a toda especie gregaria, si hemos sobrevidido ha sido efectivamente gracias a nuestra capacidad de establecer vínculos significativos con los otros. La religiosidad es inseparable de ciertos rasgos biológicos como son el apego, la necesidad de pertenencia o a la afiliación. Dicho de otra manera estamos diseñados para el etnocentrismo, para la adherencia a un clan, a una ciudad, una patria, una bandera, a un himno, a un campanario y a una religión. Ese es precisamente nuestro drama como especie y el cuello de botella que aplasta nuestra evolución hacia otros niveles de conciencia más abarcativos o universales.

Ignoro la razón por la que el que inventó a Dios lo puso en el cielo en lugar de meterlo en nuestro interior, en el centro de la mente. Lo cierto es que lo puso en un lugar inalcanzable y aun más: la comunicación entre El y el hombre pasó a ser imposible directamente y sometida al escrutinio de una casta iniciática especializada en su traducción: curas, sacerdotes, iniciados, santos, misticos, pastorcillos, mártires y herejes. Meter a Dios fuera del horizonte de la mente humana individual y meterlo además en un lugar inhóspito ha traido ciertas consecuencias sobre el desarrollo del psiquismo humano.

La primera consecuencia es que el hombre, al fiarlo todo en el afuera, es un completo analfabeto sobre lo que tiene dentro y a pesar de los grandes maestros que han insistido en no buscar afuera lo que podemos encontrar en nosotros mismos es posible afirmar que la mayor parte de la población -aun sin creer en Dios- situa en el afuera, es decir en el no-Yo las cosas que le suceden sin sentido o no puede comprender tal y como hicieron nuestros ancestros en el paleolitico, biens ea para adorar una fuerza natural, un tótem, un ídolo, un Dios o el culto a las personas concretas.

Lo de afuera es lo ajeno, lo inconmensurable: le llamamos lo sobrenatural y ahi depositamos la causalidad de lo que nos sucede aqui cuando esa causalidad carece de explicación razonable: “Dios lo quiso asi” ha sido el argumento tranquilizador para gran parte de la población sometida a las adversidades de la vida, es una explicación poderosa puesto que los designios de Dios son imposibles de adivinar y desde luego son tranquilizadores porque al menos apelan a un cierto sentido, a un orden (aunque inescrutable) de las cosas. Siempre es mejor atribuir al designio divino una calamidad que pensarlo desde el lado del sin sentido. A fin de cuentas a nosotros los sapiens lo que nos interesa no es la verdad sino el sentido de las cosas.

Pero la idea de un Dios alejado viviendo en algun lugar inaccesible del Cosmos ha tenido más consecuencias a largo plazo: ha dotado de explicaciones esotéricas a fenómenos bien conocidos aunque mal explicados por la ciencia. Pongo el ejemplo de la alucinación de la que hablé en este post y donde apuntaba hacia la posibilidad de que el fenomeno alucinatorio anadaba de la mano junto a la predisposición de los humanos a obtener explicaciones sobrenaturales sobre fenómenos que en realidad -como los sueños- nos están representando a nosotros mismos y que nos aluden o apelan en lo más íntimo. No quiero decir con eso que la alucinación como fenómeno neurobiológico proceda del hecho de creer en un Dios inalcanzable que está en el cielo, lo que quiero decir es que usualmente las explicaciones que los alucinadores dan a su alucinación son sobrenaturales, tanto los alucinadores patológicos (psicóticos) como aquellos heautoscopicos que han tenido experiencias cercanas a la muerte.

Se encuentra ciertamente difundida -por parte de ese fenómeno religioso que llamamos new age- la idea de que en realidad los alucinados ven cosas que nosotros somos incapaces de ver, volvemos asi al concepto griego de “enfermedad sagrada”. No se trata en esta concepción del fenómeno que el cerebro del alucinado se halle distorsionado de una u otra forma sino que somos nosotros -los que no alucinamos espontáneamente- los que padecemos de algun extraño déficit corregible con ciertas experiencias con drogas o a través de ciertas practicas espirituales. Es verdad que intoxicados por ciertas drogas somos capaces de tener experiencias visionarias de lo más interesante pero esta experiencia no representa de ningún modo una conexión con lo sobrenatural ni con Dios sino con las posibilidades de nuestra conciencia expandida inexploradas.

“No hay que buscar afuera lo que tienes dentro”, le dijo fray Pedro de Alcántara a Santa Teresa de Jesus cuando está le consultó a propósito de sus desgarros interiores motivados por sus alucinaciones continuas que ella interpretaba como favores de Dios. Esta sencilla prescripción del franciscano fue suficiente para invertir el rumbo de la vida espiritual de Teresa desde la contemplación pasiva y torturante de fenómenos alucinatorios constantes hacia una vida social de reforma y viajes. Pedro de Alcantara la curó de sus alucinaciones invirtiendo el sentido de su experiencia y haciéndole ver otra misión para si misma, encontrándole un lugar en lo simbólico. A partir de entonces Teresa ya no fue una alucinada sino una fundadora.

Efectivamente el viaje interior es el más eficaz de todos los viajes, volver el rumbo hacia nosotros mismos en lugar de prestarle atención a los designios divinos tiene consecuencias psicológicas importantes sobre la salud de las personas. En realidad, la alucinación sólo es patológica cuando uno trata de explicársela a partir de narraciones extraordinarias y fuera de la realidad que incluyen distorsiones importantes por sí mismas. Para una persona del siglo XVI que aspiraba a la santidad la alucinación no tiene la misma trascendencia que para un sujeto laico y contemporáneo nuestro que carece de intereses religiosos y que no ha alcanzado el suficiente nivel de conciencia para integrar su experiencia -sea la que fuere- en su narración vital. Es así como se comienza a delirar y todo delirio construye por sí mismo irrealidades que alejan cada vez más al alucinado de su posición de salida, es por eso que decimos que la experiencia alucinatoria es enloquecedora por sí misma.

La psicosis, por cierto no es sólo una enfermedad alucinatoria o una ocurrencia extravagante sino una alucinación a la que no se encontró sentido y que se transvistió en delirio y que una vez establecido se hizo fuerte en las creencias individuales modificando para siempre la experiencia consesuada, hay algo en la psicosis que el sujeto se niega a abandonar.¿Qué? Pues la concepción del mundo tal y como hacemos nosotros, adheridos siempre a nuestras viejas y a veces insostenibles ideas.

De manera que lo que caracteriza a la psicosis no es la alucinación (incluso hay psicosis sin alucinaciones) sino la convicción en defender el delirio que interpretará a las alucinaciones y su adherencia ulterior al pensamiento no consensual que caracteriza la psicosis.

Lo cierto es que todo el sistema atributivo de una alucinación se modificaría si Dios en lugar de haberse ubicado en el cielo hubiera sido puesto enmedio de nuestra mente como un contenido mental más. Si tuvieramos la convicción de que en nosotros hay una chispa divina en lugar de poner todo el fuego en lo celestial, la alucinación hubiera cambiado su color y no sería posible aludir a lo sobrenatural como explicación de experiencias no consensuadas de conciencia.

Pero el asunto se complicó más porque el que inventó a Dios y lo situó en lo alto enseguida encontró a otro que inventó al demonio y lo situó en el abajo.

Y de ahi se nutren la mayor parte de las alucinaciones y de los delirios y tiene su explicación en ese orden inventado en el que alguien decidiera que la comunicación con Dios era imposible pero no así con el demonio que andaba con nosotros, tan cerca que incluso a veces podia poseernos (como sostenian los teólogos de la Edad media) y hacernos sentir cosas que no estaban en nuestra naturaleza, una explicación de la causalidad que una vez más ponia la causa en el afuera, esta vez en el abajo. El demonio y el Mal fueron así dispuestos como más cercanos y accesibles a lo humano que el propio Dios que se mantenía mudo y a distancia.

No es de extrañar pues que la mayor parte de las alucinaciones contengan imagineria torturante, órdenes, influjos malévolos, espionajes, persecuciones, delaciones, traiciones, imprecaciones, insultos, comentarios humillantes, infidelidades, envenenamientos, transmisión mágica de enfermedades, localizaciones de vacíos inconcretos, ondas controladoras, robos del pensamiento, difusión de la identidad, enamorados perseguidores, fragmentación del mundo, hilo directo con extraterrestres, Dioses y diablos de cualquier naturaleza y todas las versiones de lo apocalíptico segun el nivel narrativo de cada cual.

Una minoria, sin embargo es capaz de alucinar con cosas agradables, otros viven en una especie de megalomanía subproducto de un narcisismo mal resuelto, los maníacos que creen ser millonarios, omnipotentes o genios, inventores, profetas, adivinos, hijos o hijas de Dios o ser señalados por el dedo de la divinidad en una especie de implosión de hybris que de cualquier forma situa al alucinado fuera de la realidad.

Efectivamente Dios de ser alguna cosa es un lugar, pero yo creo que habita entre nosotros y está en mi. Hay una chispa divina en cada uno de nosotros lo que sucede es que nos hemos conformado con acceder a ese Dios inalcanzable que está en los cielos y con el que no podemos relacionarnos más que a través del delirio o la alucinación sucedáneos de otras posibilidades de nuestra conciencia expandida.

Dios no es una alucinación como propone Dawkins es simplemente una idea indemostrable, más que una idea es un lugar, un dedo que debió señalar en el centro de la frente de los humanos y nunca al azul del cielo.

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