Archivos para diciembre 2011

Todos los posts del 2010 y 2011 en libro

diciembre 30, 2011

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La nodriza de las hadas y el rey carmesí 2010-2011

Hablar, pensar, leer, escribir

diciembre 29, 2011

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, *perras negras*, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo.

Julio Cortazar (Rayuela)

Pensar y decir no son la misma cosa. Y la diferencia está en que lo que pensamos no son palabras. Si pensáramos en palabras no podriamos pensar porque las palabras tienen tendencia a juntarse, tienen miedo de si mismas y tratan de autoprotegerse en la manada, como esos rebaños de ñues donde un perfecto orden de formación asegura la supervivencia.

Podemos pensar en algo y no decirlo y del mismo modo podemos decir algo sin pensar. Más aun podemos decir fingiendo que pensamos lo que decimos, podemos mentir y podemos disfrazar nuestros pensamientos, aun ignorarlos, pero no voy a referirme solamente al hecho de que una de las diferencias entre ambas funciones de nuestro cerebro sea la ocultación. Me ocuparé de que , -con independencia de qué apareció antes, el lenguaje o el pensamiento-, lo cierto es que ambas funciones pertenecen a distintas funciones o registros cerebrales. Una, la de pensar es de menor definición, la otra , la de decir pertenece a un registro de mayor definición. Pues hablar contiene mucha mayor información sintáctica y semántica. Contiene prosodia y entonación, imperativos e interjecciones, pausas y aceleraciones, secuencias de argumentos, una especie de marcapasos o cuadriculación de lo que se dice, contiene pragmática es decir la posibilidad de decir lo que se dice en contextos supralingüisticos donde las palabras adquieren un sentido diferente a sí mismas o de deconstruir esos mismos contextos.

Lo cierto es que lo que pensamos es poco de fiar por su escasa definición, sólo podemos pensar en pensamientos y los pensamientos son sobre todo emociones plegadas, del mismo modo que las emociones son movimientos plegados a través del proceso de centralización derivado de la neurogénesis.

Es tan así, que poco sabemos de lo que pensamos si no lo decimos en voz alta, si no lo comunicamos a otro. De eso van todas las psicoterapias, las confesiones, las confidencias o la simple conversación, podemos matizar, modelar o cambiar los pensamientos  a través del hecho de hacerlos audibles. Pero este prcedimiento tiene también su contraparte antagónica, ¿pues qué queremos decir cuando admitimos, “lo dije sin pensar”, o “no quise decir eso” o “me has entendido mal”? A pesar de que el lenguaje hablado es muy digital, es decir contiene todos los elementos gramaticales para su comprension lo cierto es que es muy ambigüo y con frecuencia admite configuraciones bien distintas a lo que realmente pensamos sí es que existe una manera de pensar verdadera y otra falsa.

¿Por qué sucede esto?

Sucede porque las palabras nos proveen no ya de agenticidad cosa que ya poseemos de serie con los pensamientos sino de intencionalidad. Nos proveen de una ilusión de intencionalidad, como si lo que decimos fuera la verdad, no ya de lo que pensamos o sentimos sino de la realidad-real tal y como es. Como si las palabras que decimos y la verdad fueran una misma cosa.

Dicho de otra forma: hablar nos dota de una herramienta poderosa en cuanto adjudicarle sentido a la realidad y de ahi su poder como ejercicio de convicción y de persuasión. Lo que decimos, las palabras nos poseen, nos capturan y nos encarcelan puesto que las palabras operan como verdades o representaciones puras de la realidad. Lo que decimos creemos que es la verdad, sin caer en la cuenta de que lo que caracteriza a la realidad -y por tanto a la verdad- es que carece de sentido.

La realidad carece de sentido y es por eso que los humanos inventamos la ficción. En la ficción todo encaja, todo cuadra, todos se vuelve transparente, simétrico, comprensible y todo adquiere sentido, solo que la ficción no es la realidad y sólo la roza de lejos. Por contra la realidad es un escenario propio de lo caótico, lo impredecible, lo casual, lo anecdótico, lo asimétrico y el sinsentido.

Javier Cercas es un escritor español que ha escrito sobre esta cuestión, en un libro que es precisamente un especímen dificilmente clasificable. Se trata de “Anatomía de un instante”, donde intenta escribir un libro de ficción histórica o un libro de historia sobre una ficción a propósito del 23-F.

Lo cierto es que existen multitud de libros que abordan este tema con una intención de investigación periodistica. Tambien los hay con intención de investigación histórica, pero es necesario señalar ahora que ni la investigación histórica ni la periodística podrán jamás acercarse a la verdad del 23-F ni de cualquier otro acontecimiento histórico. de hecho no se ya cuantos libros sobre la guerra civil -un filón inacabable- se han publicado en nuestro pais sin que ninguno de ellos sea el libro definitivo sobre la guerra civil. El libro definitivo sobre la guerra civil no está escrito ni podrá escribirse nunca porque la verdad sobre la guerra civil ( o sobre cualquier otro acontecimiento histórico) no resiste la cuadriculada realidad que la ficción impone al lector a fin de hacerla coherente. Lo que se gana en coherencia y comprensibilidad se pierde en veracidad.

Y asi y todo nos gusta leer, y nos gusta porque detestamos vivir en la indeterminación de la realidad. El éxito que los libros -leerlos y escribirlos- han tenido en nuestra especie procede del hecho de que acotan la realidad, la hacen verosímil, construyen secuencias de hechos que solo en la ficción se suceden unos a otros, no asi en la realidad de las cosas donde lo que suele suceder es un cúmulo de casualidades que derivan los hechos por un rail u otro en función del azar.

Asi, cuando se escribe sobre el 23-F solemos decir que fue el Rey quien paró el golpe, esa es la realidad que los constructores de ficciones han consensuado. Y en parte es verdad que fue su Majestad quien paró el golpe en aquella locución televisiva entrada ya la noche del 23-F. Pero eso no significa que el rey no tuviera nada que ver con él, ni que no tuviera parte de responsabilidad en la deriva de los hechos, los precursores o el caldo de cultivo que dio lugar a aquella ridicula asonada.

A los que quieran saber más sobre este asunto les recomiendo que lean el libro de Cercás que en mi opinión resume de forma magistral los hechos previos al golpe pero no sólo eso. El libro de Cercás contiene una teoría, una doctrina sobre la realidad que no elude la casualidad al tiempo que hace una distinción muy lúcida sobre la ficción, la historiografia y el periodismo.

Los libros no hablan de la realidad, no porque la realidad sea dura de roer sino porque es incomprensible por descentralizada y multicausal. Los pocos autores que se han dedicado a escribir directamente sobre ella (sobre la realidad) han tenido poco éxito. Nombraré a James Joyce con sus infumables novelas sobre la realidad misma del lenguaje que admite recreaciones e invenciones individuales a cada momento. Joyce se enfrentó a la misma paradoja que pareció apresar a los músicos que intentaron cambiar de la tonalidad en atonalidad tal y como conté en este post dedicado a Stravinsky. Demasiada realidad, incomprensible realidad.

Pues hablar de la realidad es renunciar a lo que la ficción esconde y que la hace tan apetecible: la función de colocar a cada cosa en su lugar -un emplazamiento que es a la vez geométrico y temporal- a fin de hacerla comprensible. Aunque comprensible no signifique la verdad. Renunciar a la verdad es la condición de la ficción. O lo que es lo mismo la condición del lenguaje. La condición del decir.

Pero lo cierto es que la realidad añora a la ficción y casi siempre intenta plagiarla, pues ¿No es la escena de Tejero entrando en el Congreso de los diputados el 23-F, una escena de sainete?. Un espectador del siglo XXII podría verla en el cine o en TV y sólo sabiendo que “sucedió en realidad” discriminaría lo real de la ficción. Hay algo en la realidad de insólito y de irrealidad y mucho más desde que existen medios de comunicación visuales. La TV ha conseguido que asistamos en cada telediario a unas escenas que por su insólito dramatismo nos conmueven de lejos pues nuestro cerebro las procesa como irreales, es decir como ficción.

Lo cierto es que ni cuando pensamos, decimos o escribimos estamos representando la realidad sino hacer como que la representamos. Todo es pues un simulacro consensuado de verdad. Hasta somos capaces de elaborar teorias delirantes (llamadas ahora conspiranoicas) para explicarnos la verdad.

Lo que significa que preferimos renunciar a la verdad antes de a la comprensibilidad.

Nuestro cerebro no está diseñado ni para escribir, ni para leer, ni para decir cosas demasiado complicadas tal y como cuenta Nichollas Carr:

Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.

Leer un libro, contar un cuento o decir nuestros sentimientos  a otra persona es tan antinatural como tomarnos un antibiótico.

Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.

Evidentemente leer nos cambió (modeló) el cerebro. ¿Podemos imaginar como cambiará nuestro cerebro a partir de las nuevas tecnologías?

Hellen Keller y el exocerebro

diciembre 23, 2011

Deaf, dumb and blind boy, lives in a quiet vibration land.

(De la opera rock Tommy de The Who)

Al contrario de Tommy el héroe de The Who en la ópera-rock del mismo nombre, Hellen Keller fue una niña real que quedó ciega y sordomuda a raiz de alguna viriasis infantil o meningitis y que tuvo un feliz desenlace gracias a los cuidados de su pedagoga Ana Sullivan.

La historia de Hellen Keller es tan bella que ha merecido una novela por parte de William Gibson y una entrañable pelicula a cargo de Arthur Penn, pero si la traigo aqui no es para hablar de la ternura y ejemplaridad de la historia sino para señalar algunas cuestiones de interés neurocientifico que podemos extraer de ella gracias a que la propia Hellen aprendió a leer en Braille, escribir y pudo transmitirnos su experiencia.

Prácticamente desaferentizada sensorialmente desde corta edad Hellen vivió en un cuerpo que ella misma describe como un fantasma que sólo sabia hacerse de notar en su casa donde fue sistemáticamente malcriada y sobreprotegida por unos padres que no sabian como educarla hasta que contratan a Ana Sullivan que es a fin de cuentas quien después de un calvario de intentonas logra ejercer de mediadora entre aquel fantasma y la vida.

Lo primero que intentó Ana Sullivan es que Hellen le prestara atención, cosa dificil porque la niña no habia desarrollado ningún apego por nadie dando a veces la impresión de un autismo infantil. De hecho y tal como cuenta la Sullivan es sólo después de su “despertar” a los sentidos cuando le dio un beso por primera vez. Intentó Ana enseñarle el lenguaje de los signos, algo que habian inventado los monjes trapenses para comunicarse unos con otros sin necesidad de hablar y que más tarde se utilizó para los sordomudos, pero la Keller no estaba por la disciplina y antes hubo de enseñarle algo más importante: se pusiera como se pusiera tendria que tener en cuenta a la Sullivan. Para ello, la institutriz logra separarla de sus padres que retrasaban su maduración con sus continuas intrusiones y ocupar una cabaña contigua a la vivienda familiar en la rural y conservadora Alabama, alli llevó a cabo su “milagro”.

Vale la pena ver esta escena memorable de cuando Hellen logra establecer un enlace entre los signos (el tacto), las palabras (el símbolo) y las cosas en sí, en este caso el agua.

Lo interesante es comprender que los signos o señales son cosas (cosas que están ahi) bien diferentes a los símbolos. Nuestro cerebro se comunica a través de señales -eléctricas y químicas- pero es incapaz de procesar símbolos tal y como hacen los ordenadores. Tambien sabemos hoy, mal que le pese a Noam Chomsky, que  no existe en nuestro cerebro una gramática generativa universal de palabras tal y como él propuso para explicar la rapidez con la que un niño aprende idiomas. Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos (y las palabras lo son) no pueden existir palabras en las neuronas ni pueden existir embriones gramaticales en las sinapsis. ¿Entonces como es posible que un niño de corta edad maneje tan rápidamente el lenguaje?

Lo hace a través de la imitación, viendo y oyendo como le hablan y hablan otros entre sí. Es interesante recordar que el lenguaje hablado es bastante disitnto a los pensamientos o lenguajes interiores, aquel es muy rico en giros, prosodia (marcapasos o cuadricula), sintaxis y semántica y no nos olvidemos de la pragmática del lenguaje, una fuente de conocimientos enroscados en las palabras dichas.

Volvamos al signo o señal. Para Hellen y Ana solo habia un canal abierto para la comunicación y este no era otro sino el tacto. Es a través de las manos que la Sullivan intenta comunicar el lenguaje de signos a Hellen.

Pero Hellen que sabe mucho de manos (señales) no acierta a comprender que aquellos dibujos que su profesora traza en su mano tienen otro sentido más importante: representan palabras y las palabras son símbolos, esto es “cosas que representan a otra pero no son la otra”.

Es bueno recordar ahora el tan citado cuadro de Magritte acerca de qué es una pipa. Una pipa es un objeto que sirve para fumar, de modo que lo que aparece en el cuadro de Magritte y tal como el artista afirma no es una pipa sino una fotografía de la misma (un símbolo que es a su vez señal), que la suplanta en su ausencia. Hellen Keller podia reconocer la textura de una pipa pero no podía saber que se nombraba con la palabra “pipa” y por tanto no podia pensar en una pipa, pues para pensar en algo necesitamos palabras (símbolos).

Es asombroso que Hellen Keller se refiriera a su experiencia íntima -antes de la adquisición de las palabras- como si un fantasma habitara en ella. Es seguro que fue asi, pues un cerebro sin canales sensoriales tan sólo puede recibir ciertas clases de estimulos no sociales: los que proceden del tacto, del olfato que es un canal poco importante en los humanos, del gusto y de la propiocepción. Es fácil reconocer qué es un fantasma. Un fantasma es un cerebro en estado puro o “salvaje” desaferentizado casi totalmente.

No es de extrañar que algunos investigadores como Ramachandran hablen de un fantasma en el cerebro (Ghost in the mind) cuando investigan sobre “miembros fantasmas” para referirse a eso que habita en los cuerpos humanos cuando sufrimos alguna clase de amputación y que trata de manifestarse a través de los canales convencionales a pesar de que estos canales ya no existan.

Pero volvamos al procesamiento de símbolos.

¿Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos cómo se las arregla para construirlos y comunicarse a través de ellos?

Se trata de una pregunta crucial en las neurociencias y para contestarla no tenemos más remedio que acudir a la lectura de mi pasado post ¿Somos ciborgs? para entender la hipótesis de Roger Bartra sobre el exocerebro.

Bartra pone el dedo en la llaga cuando afirma que el error de las neurociencias ha sido calificar de “ciencias blandas” a las ciencias humanas y sociales, como la antropología, la lingüistica, la etnografía, la mitografía, la filosofia y la metafísica. La psicología -en su afán de cientificismo feroz-, desgraciadamente ha sucumbido al rebufo soberbio de las neurociencias y ya hace tiempo que quedó sin un epistemología propia tal y como ha señalado Gazzaniga.

El error de los neurocientíficos ha sido fiarlo todo a las conexiones neuronales, a la genética y a la neurofisiologia pasando por alto lo que ellos llaman el “medio ambiente” sin caer nunca en la cuenta de que el sapiens no habita un “medio ambiente”, ni un nicho ecológico como los caracoles sino una cultura. Pero esa cultura no se limita a ser un contenedor o un entorno natural como sucede en los animales que forman grupos sociales a veces muy complejos (pero no una cultura) sino que además de ser un invento suyo -del propio hombre- y no algo que simplemente se encontraba ahi, nuestro cerebro se encuentra conectado a esa base de datos (por decirlo metafóricamente). Conectado a través del lenguaje y otros códigos. Unos discursivos como el propio lenguaje y otros no discursivos como el gesto, la música, las artes plásticas, la danza, etc.

La neurociencia es prisionera de una creencia casi mística en el principio de “clausura causal del mundo fisico” que impide creer en la evidencia de que el cerebro pueda mantener enlaces con su cultura y que estos enlaces a su vez intervengan de forma extrasomática en las redes neurales. Esta es la razón por la que los cientificos buscan siempre dentro del cerebro lo que podrían hallar mirando fuera.

Lo que plantea Bartra es que la mayor parte de sinapsis de nuestro cerebro no están dentro del cráneo sino fuera de él como una protesis externa. A semejante idea han llegado -por otros medios- otros autores, como Dawkins y Dennet con su teoria memética, Rupert Sheldrake con sus campos morfogenéticos y C. G. Jung con su concepto de arquetipos, tambien Penrose con una adaptación platónica de los universales. Todos estos autores a través de distintas especulaciones han tratado de explicar que se hace necesario suponer que la mayor parte de la información que nuestro cerebro maneja se encuentra en la cultura, entendiendo cultura de un modo extendido, desde la relación con el otro, la socialización, la compartición de creencias, ideas o códigos interpretativos hasta llegar a los conceptos más universales de tipo jungiano.

Lo cierto es que esta idea tiene una dificultad explicativa. ¿Cómo se las arreglan los símbolos para penetrar en el cerebro? ¿Cómo se convierten en corriente eléctrica? ¿Hay una especie de sintonizador como supone Sheldrake? ¿Se trata de una especie de virus como suponen Dawkins y Dennet?

Nada de eso: lo hacen a través de los canales sensoriales. Esos 5 sentidos y algún otro que llamamos sexto o intuición.

Ahora es necesario volver al caso de Hellen Keller, recomiendo el visionado de la escena del video que he colgado más arriba para entender el “insight” luminoso de la niña cuando es capaz de asociar, los signos de las manos a la palabra “agua” y a la identificación del agua en sí que mana de la fuente. ¿Cómo lo hizo Helen, cómo logra asociar estos tres niveles de definición, signo-simbolo-cosa en sí?

Lo hace espontáneamente y aunque en la pelicula no dice nada del asunto podemos especular que el destino de esos tres niveles de complejidad es encontrarse unos con otros, lo que si sabemos es que a partir de ese momento se abre para Helen la puerta de la vida y que comenzó precisamente entonces a  madurar tanto en el plano afectivo, como social y lingüistico-comunicacional.

Lo que significa que la información contenida en la cultura penetra en el cerebro individual a través de conexiones neurales extrasomáticas que discurren pos los canales sensoriales convencionales y lo hacen sin necesidad de un transductor de símbolo-señal.

Uno de los obstáculos que tiene esta idea es la especulación mistico-religiosa y la nostalgia de una dualidad cartesiana que tanto atemoriza a los neurocientificos. Pero enseguida advertiré al lector de que lo que anida en el exocerebro no es una res cogitans ambulante que espera encarnarse en algun ser material. La teoria de Bartra no apela a la dualidad, el exocerebro está constituido de producciones humanas y de relaciones de sentido propiciadas por la cultura humana que ha ido engrandeciéndose en número total de sinapsis, tantas que no caben en un cerebro individual y por eso las mantenemos fuera, en una nube, listas para ser usadas cuando las necesitamos. Un uso necesario para sobrevivir como humanos tal y como el ejemplo de Hellen Keller y otros niños salvajes nos ilustra.

Lo que hay guardado en ese exocerebro son pues signos y símbolos pero más allá de eso lo que alli existe son relaciones de sentido entre símbolos y simbolos de símbolos. Lo más importante de esto es que los sentidos son rabiosamente individuales, es decir no existen sentidos buenos y sentidos malos, aunque podemos hablar de consensos. Dicho de otra manera los simbolos son interpretados por cada persona de una forma distinta a los demás.

Estamos condenados a dar sentido a los símbolos y aqui está precisamente la tendencia al error, puesto que los consensos y los disensos pueden llevar a la patología. Del mismo modo que sucede en el interior del cerebro, un error en la señalización hará que una red neural no crezca en la dirección correcta y se ciegue el tránsito de flujo sináptico, de electricidad. Del mismo modo pueden existir errores en los enlaces entre el cerebro y el exocerebro y estos errores proceden de la ambigüedad del lenguaje, es decir de la multiplicidad de sentidos de las palabras.

Pero este es otro post.

Bibliografia.-

Sandra Blakeslee y V. S. Ramachandran: “Fantasmas en el cerebro”

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

Un post relacionado: La gaviota culta

¿Somos cyborgs?

diciembre 20, 2011

Pueden haber gatos sin sonrisas pero nunca una sonrisa sin gato.

(Alicia en el pais de las maravillas)

Cuando era un niño me llamaba mucho la atención tanto el oido como el olfato de los perros, ellos parecian conocerlo todo a través del olor, husmeando por ahi, y seguramente oian cosas imposibles para los humanos de modo que le pregunté a mi abuelo (mi abuelo parecia saberlo todo):

- ¿Abuelo, por qué los perros oyen y olfatean siempre y parecen reconocernos por el olor o la voz?

- Nosotros no necesitamos esas cosas y ¿sabes por qué? Porque nosotros somos muy inteligentes, más que ellos, por eso podemos hablar y ellos no.

Y ahi acabó la explicación.

De modo que me quedé con la idea de que inteligencia y lenguaje eran la misma cosa y que por eso nosotros casi no teniamos olfato y nos reconocíamos por la vista seguramente, que es poco de fiar.

Más tarde ya siendo estudiante de medicina y después de conocer la teoría de la selección natural de Darwin completé aquella pregunta con otro enigma: seguramente nuestra especie habia progresado tanto (en relación con los animales) a causa de nuestra inteligencia y de ciertos genes competitivos que habian hecho que nuestra especie ascendiera escalones evolutivos hasta situarse en el zénit de la pirámide de la vida.

Pero yo nunca las tuve todas conmigo por una razón: no entendí nunca como una especie como la nuestra mal dotada en la visión, oido y olfato habia tenido tanto éxito evolutivo, ¿como logramos sobrevivir a los constantes cambios de clima y hábitat?¿Como nos las arreglamos para comer, no morir de frío y reproducirnos a pesar de las condiciones ambientales adversas?.

Faltaba algo en la ecuación, pues nosotros los sapiens no tenemos la vista de las águilas, ni el olfato de los perros, el oido de las gacelas, la velocidad de carrera del puma, los cuernos de los búfalos, los dientes de los leones, el aparato digestivo de las cebras o las garras del halcón. ¿Cómo es posible que una especie tan mal dotada para sobrevivir hubiera tenido tanto éxito evolutivo?

Si la selección natural era una especie de lotería donde el más fuerte y el más dotado era el que lograba sobrevivir y por tanto transmitir sus genes a la siguiente generación, había algo en nuestra especie que no encajaba. Todo parece indicar que el sapiens no estaba demasiado bien dotado para sobrevivir a ambientes cambiantes y dispersos, amenazados por venenos y enfermedades, fenómenos naturales adversos y el constante acoso de las fieras.

Perseguí esta idea hasta que un dia me encontré con un articulo de un judio zoólogo llamado Zahavi (A. Zahavi, 1975). Alli el autor afirmaba que a veces el éxito de una determinada especie o rasgo no procedía de sus ventajas sino de sus hándicaps.

De modo que me propuse averiguar algo más sobre el asunto y me di de bruces con Roger Bartra.

Roger Bartra es un antropólogo de origen catalán  afincado en México que en el 2006 publicó un libro fundamental en la historia de la neurociencia y que se titula “Antropología del cerebro” ¿Qué hace un antropólogo escarbando en el cerebro humano si no sabe nada de neurobiología me pregunté?

De modo que comencé a leerlo. Hace ya algun tiempo publiqué algunos de sus hallazgos en sendos posts, de los que extractaré algunas de sus ideas principales, una de ellas procede de una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez:

¿Usamos todo nuestro cerebro?

Para contestar esta pregunta neceistaremos hacer una pequeña incursión evolutiva: el paso de un cráneo neanderthaliense a un craneo braquicefálico que ya mostré en este post. Y adentrarnos en un concepto planteado por Ian Tatershall y Jay Gould al que llamó exaptación. A diferencia de la adaptación, aquí se trata de innovaciones espontáneas que carecen de función o que juegan un papel muy diferente al que finalmente tienen. El ejemplo más conocido son las plumas de las aves que mucho antes de ser útiles para volar funcionaron como una capa para mantener el calor del cuerpo. Tattersall cree que los mecanismos periféricos del habla no fueron una adaptación sino una mutación que ocurrió varios cientos de miles de años antes de que quedaran circunscritos por la función de articular sonidos. Y posiblemente, según este científico, las capacidades cognitivas de que nos jactamos fueron también una transformación ocurrida hace 100 o 150 mil años que no fue aprovechada (exaptada) sino hasta hace 60 o 70 mil años cuando ocurrió una innovación cultural, el lenguaje, que activó en algunos humanos arcaicos el potencial para realizar los procesos cognitivos simbólicos que residían en el cerebro sin ser empleados.

Dicho de otra forma el lenguaje es una prestación basura o pechina que sólo se desarrolló cuando encontró en el medio ambiente y en la tecnología previa un entorno suficiente para que se desarrollara.

Los sonidos hablados no comenzaron a emplearse hasta que nuestra especie se vio sometida a retos que superaban los recursos normalmente usados. Lo importante en un proceso de exaptación es la refuncionalización de las modificaciones no adaptantes llamadas spandrels por Jay Gould, que toma un término de la arquitectura: esos espacios triangulares que no tienen ninguna función y que quedan después de inscribir un arco en un cuadrado (tímpano, enjuta) o el anillo de una cúpula sobre los arcos torales en que se apoya (pechina). Las pechinas cerebrales podrían haber sido circuitos neuronales abiertos a funciones inexistentes o desaparecidas, a memorias inútiles o a señales externas que no llegan, o bien a mecanismos no relacionados con procesos cognitivos.

Naturalmente esta idea no es baladí porque supone el modificar nuestro punto de vista sobre la evolución de nuestra especie. Siguiendo esta teoria de Roger Bartra sobre la conciencia tendremos que modificar nuestro punto de vista sobre la hominización: un proceso que no estaría relacionado tanto como saltos evolutivos provocados por mutaciones sino por evoluciones graduales lentas de cambios que ya estaban preinscritos en el cerebro como una prestación basura que no pudo ser utilizada más que a partir del momento en que se hizo necesaria.

En este sentido la evolución del Homo erectus o el Habilis hasta el Sapiens tendria menos saltos evolutivos de lo que los neodarwinistas suponen y más allá de eso: que el éxito evolutivo del sapiens estaría relacionado con sus hándicaps más que con sus logros cerebrales.

Efectivamente nuestro cerebro es una chapuza tendente a averias, tal y como dice otro neurocientifico del relieve como Robert Linden (Linden 2010). El problema del cerebro es que es un ente vivo y no un motor (que puede pararse) o un ordenador (que puede desenchufarse). Cuando se dan estas circunstancias -y esta es la idea fundamental de Bartra- se provoca sufrimiento. Nuestro cerebro no puede pararse o desenchufarse pero puede sufrir.

Y es precisamente cuando se sufre cuando echamos mano de las pechinas, es decir de esas reservas de conectividad que no usamos más que cuando ciertos gatillos las encienden.

Es seguro que nuestros ancestro sufrieron, frio, hambre, decepción y dolor y esta es precisamente la razón que encuentra Bartra como causa de la emergencia de la conciencia humana.

La conciencia humana emergió por la necesidad provocada por el sufrimiento.

El cerebro humano no puede desenchufarse o pararse como un motor pero puede hacer emerger propiedades autopoyéticas destinadas a aliviar su sufrimiento.

Puede construir prótesis que le permitan minimizar su dolor, por ejemplo el fuego, la idea de Dios, las herramientas, las armas, los  adornos, el pensamiento espiritista y sobre todo el entrelazado del clan: las reglas sociales del parentesco y sobre todas ellas la evidencia de que los otros seres poseian intencionalidad igual que nosotros mismos. Bartra llama prótesis tanto a la cultura, a los símbolos, al lenguaje y en suma a la sociedad, una vez creados nos hacemos dependientes de ellos. Un concepto que nada tiene que ver con el concepto clásico de medio ambiente o hábitat que ignora el hecho de que la realidad que percibimos es un constructo protésico de nuestra tecnología. A partir del momento en que se inventó la cultura nuestra especie dejó de ser “natural” y se convirtió en “cultural”. Los saltos evolutivos de la cultura anteceden en millones de años al trabajo evolutivo. La cultura evoluciona más rápido que la evolución.

Para Bartra la conciencia es “aquello que sabemos de una forma compartida” y que incluye la recursividad, “una percepción que percibe que percibe”. Una intencionalidad compartida con otros seres semejantes que a su vez tambien tienen intencionalidad.

Y aqui se inserta el concepto más interesante de su teoria: el concepto de exocerebro.

Tendemos a pensar que la conciencia humana reside en algun lugar de nuestro cerebro, del mismo modo tendemos a creer que nuestra actividad mental procede de ese órgano que reside en el interior de nuestro cráneo hasta tal punto que solemos pensar que cuando un sujeto delira -por ejemplo- ese delirio se encuentra en el interior del cerebro. No es cierto. Del mismo modo que es imposible pensar en el hombre en su forma “natural” es imposible aislar cualquier producto mental y reducirlo a un proceso cerebral. Antes de nada somos productos del feedback entre las prótesis que hemos creado y nuestro cerebro.

Nuestro cerebro no es inmune a ciertos feedbacks que proceden del entorno social que hemos creado puesto que se ve obligado a construir nuevas redes cognitivas para dar sentido a lo que le llega de sus propias prolongaciones. El cerebro del sapiens es una baratija que gracias al dolor fue capaz de crear ciertas muletas cognitivas que le dieron cobertura e hicieron su vida más soportable: lo hizo a través de la tecnología, la ciencia, el saber-compartido, el arte y la conversación. Pero estas prótesis a su vez tienen consecuencia sobre el entramado neuronal.

Pondré un ejemplo.

La idea de Dios es una formidable creación de la conciencia humana que surgió del terror, la soledad, el dolor, la incertidumbre y la ignorancia. No es que Dios estuviera ahi antes de la conciencia humana esperando a que el humano le reconociera, sino que más bien sucedió al revés. pero una vez creada la idea-representación de Dios, esta idea se abrió paso en el interior del cerebro, abriendo conexiones inexploradas e impulsando al sapiens hacia una busqueda espiritual hacia la divinidad que es otra manera de pensar en algo trascendente que está por encima del individuo mismo. El éxito de esta idea modificó el cerebro e impulsó al sapiens hacia otras búsquedas más abstractas, simbólicas y alejadas de lo material. No es extraño que la idea de Dios tuviera tanto éxito en nuestra especie, no sólo por lo protectora que resulta en cuanto a “qué debemos hacer” sino porque también nos impulsa hacia algo que se encuentra “mas allá de nosotros mismos” y que expande nuestros horizontes perceptivos.

La verdad es que el sapiens es efectivamente un cyborg pues gran parte de sí mismo se encuentra fuera de su cráneo en una especie de disco duro “compartible en nube por toda la humanidad”. Son los órganos sensoriales los canales por donde discurre esta comunicación entre exocerebro y endocerebro y nuestra conciencia es la que hace de enlace, de psicopompo.

Bibliografia.-

Robert Linden : “El cerebro accidental. paidos. barcelona 2010.

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

A. Zahavi: (1975) Mate selection – a selection for a handicap. Journal of Theoretical Biology. 53: 205-214

Cerebros asustados, mujeres exhaustas

diciembre 12, 2011

La politica es la disciplina que se ocupa de mediar entre intereses distintos y a veces opuestos. Cada persona, cada sexo, cada edad, cada circunstancia personal o laboral generan intereses diversos que hacen que cada cual se sienta rodeado, maltratado, incomprendido o exiliado por los intereses ajenos.

Todos tendemos a pensar que nuestros intereses son genuinos mientras que los intereses ajenos son casi siempre sospechosos o enroscados en la mala fe.

Hombres y mujeres mantenemos intereses bien distintos respecto a muchas cosas (sexo, familia, autoridad, amistad, dinero, etc) y esta es la razón por la que los sexos se baten en una guerra sorda y nunca declarada desde el origen de la humanidad, dado que desde lo politico es  “imposible beneficiar a uno de ellos sin perjudicar al otro”.

Y eso mismo sucede en cualquier ámbito de nuestra vida, si mejoramos a los empresarios y al “mercado de trabajo” perjudicamos a los empleados, si aumentamos los controles alimentarios pejudicamos a los consumidores, si forzamos a los bancos a pagar “impuestos” serán en ultima instancia los ahorradores quienes corran con los gastos de las comisiones. Gobernar es pues elegir damnificados, es imposible hacerlo al gusto (interés) de todos y siempre habrá perjudicados y beneficiados en todas las decisiones politicas sean estas cuales sean.

Todo parece dispuesto de tal manera que se trate de un juego de suma cero, lo que ganan unos lo pierden otros.

Los perjudicados suelen ser sin embargo visibles porque siempre protestan, se sienten indignados, se organizan, se asocian, hacen -por asi decir- oposición aunque en realidad la oposición que hacen no suele desvelar sus propósitos o sus propios intereses de forma directa sobre todo en ausencia de liderazgos. Una cosa curiosa que tienen los intereses es que suelen ocultarse. Está mal visto tener intereses y es por eso que casi siempre se ocultan tras el velo del bien común y son interpretados por el adversario como prueba de maldad.

Asi por ejemplo la reforma del mercado de trabajo “mejorará nuestra competitividad”. Despedir a los interinos disminuirá nuestra deuda u ordenará el sistema publico,  privatizar las autopistas nos ayudará a hacer disminuir nuestros débitos estatales, etc, pero todo ello se hace en bien de sostener el sistema y se niega en todo caso el propósito de desmontarlo. En realidad todas estas ideas ocultan la verdadera intencionalidad politica que representan, se trata en cualquier caso de mejorar a ciertas capas de la población para empeorar a otras. Es obvio que los interinos despedidos, los trabajadores en paro, los pensionistas o los transportistas serán los más perjudicados en un mundo donde se aplicaran a rajatabla aquellas recetas de “sostenibilidad”.

Dicho de otra forma: dado que todos tenemos intereses y todos queremos imponer los nuestros intereses a los ajenos, se impone una lucha politica continua y constante donde los partidos tradicionales representan en teoria la “lucha de clases” entre el mundo de los intereses empresariales o financieros y los intereses de los asalariados, asi a grosso modo. Los politicos son los árbitros de estos desencuentros de intereses, unas veces contentan a unos y otras veces a otros y casi siempre a sí mismos pues ellos mismos también tienen intereses.

Pero no es de la lucha de clases de lo que quiero hablar aqui sino de la lucha de sexos que ya esbozé en este post a propósito del matriarcado y del patriarcado, dos modelos en perpetua guerra al tiempo que en continua negación de la misma.

No cabe ninguna duda de que basta echar un somero vistazo a la historia de las relaciones entre sexos para afirmar que la mujer ha sido una perdedora histórica en esta guerra (aunque nunca por goleada) y que el patriarcado se impuso al matriarcado hace ya tantos años que no vale la pena ni recordarlo. Pero el matriarcado no está desaparecido, ni inactivo o fenecido y coexiste con el patriarcado ocupando cada vez más espacio en el imaginario de las personas individuales. Baste con ello recordar que tradicionalmente el destino de los hijos ha estado y está en manos de sus madres tal y como el mito sobre el reparto del mundo desde el orden Olimpico ya hacia prever.

Ambos modelos coexisten, uno tras las bambalinas del hogar y lo privado y otro -a cara descubierta- en lo público.

Pero algunos sufren en publico lo que antaño sufrieron en privado y es entonces cuando el sufrimiento se convierte en una entidad clinica, pues es algo destinado a mostrarse.

Históricamente se le llama histeria.

Desde la época de Hipócrates se conocen bien las relaciones entre la histeria y la condición femenina. Sin embargo hoy sabemos que la histeria no es una enfermedad sino una constelación de circunstancias políticas, materiales, psicológicas y traumáticas derivadas de la condición femenina (aun en los hombres) y sus vicisitudes. Mas concretamente la histeria es un cluster de síntomas fisicos (inexplicables), estilos de carácter (demostrativos y superemotivos), conflictos de pareja, de rol o valor y discontrol conductal bajo estrés que muestran a veces tintes ambivalentes o inexplicables; con menos frecuencia aparecen sintomas psíquicos (casi siempre disociativos) pero lo más común es que cuando hablamos de histeria estemos hablando de aquella constelación sin prejuzgar patologia alguna.

Es por eso que algunos investigadores asimilan aquella constelación al nuevo concepto de no-enfermedades (Smith, 2002) para referirse a ciertas variedades de sufrimiento con sintomas diversos, cambiantes y proteicos en ausencia de daño fisico. Es tratar un malestar con recursos sanitarios con lo que no se consigue sino un super labeling (etiquetado) que empeora las cosas.

La histeria puede considerarse una sopa de síntomas y actitudes destinadas a ser vistos, a mostrarse a fin de obtener alguna ventaja o prebenda, reconocimiento o visibilidad respecto de un sufrimiento, pero para que este fenómeno pudiera darse fue necesario un cambio (o mejor un velamiento o blanqueamiento) de ciertas relaciones de poder. Más concretamente de las relaciones de poder entre los sexos, algo que sucedió en el siglo XIX con el advenimiento de la modernidad. Un siglo de epidemias de histeria en toda Europa.

La histeria nació como un malestar fisico sin evidencia alguna de daño fisico y que lleva casi siempre adosada la suposición de algo que acaeció mucho antes resulto causal con la sintomatologia actual. Es por eso que histeria lleva adosada la suposición de que hubo un trauma previo, sin embargo la evidencia de que el citado trauma no siempre resulta evidente no debe hacernos olvidar que la histeria es sobre todo una reivindicación, una forma de protesta femenina frente a las relaciones de poder histórico-culturales que aun hoy podemos rastrear en sus origenes y relacionadas con la emergencia de la modernidad; o lo que es lo mismo con la emergencia del Yo subjetivo femenino que pugnaba por abrirse paso a la visibilidad social y que ha venido en llamarse literariamente el efecto Bovary: la emergencia de una subjetividad.

Ahora bien, lo sorprendente de este malestar femenino no es tanto que hallara su expresión en la enfermedad sino que muchas de las defensoras de los derechos femeninos reivindiquen aun hoy sus malestares como enfermedades “genuinas”.

En un post anterior muy polémico que escribí sobre la fibromialgia (una forma de sufrimiento femenino vinculado al dolor y a la fatiga) ya propuse la idea de que esta enfermedad estuviera ocultando una protesta femenina tal y como las histéricas de Freud realizaron en su momento -con parálisis y sintomas disociativos- tras ser “condenadas” a cuidar forzosamente de sus padres.

Los déficits sensoriales de antaño ya no resultan demasiado convincentes y la patología ha mudado en la presentación de la queja. Ahora es el dolor y la fatigabilidad extrema lo que se muestra al médico.

Lo realmente curioso de este fenómeno es que se sostienen teorias peregrinas para explicarlo, y no sólo eso sino que se rechazan otras teorias que tratan de explicar la fibromialgia o el sindrome de fatiga crónica desde la óptica politica -en los que el psicoanalisis ha escarbado- en relación con los juegos de poder.

¿Por qué un malestar politico se convierte en un malestar sanitario?

Lo cierto es que es más probable obtener ventajas de una enfermedad que de una postura politica. El reconocimiento de “enfermas verdaderas” -como antaño sucedió con la histeria- es precisamente lo que los médicos les niegan a estas pacientes y quizá por ello se ha convertido en una reivindicación asociativa, tal y como podemos ver en esta página donde se niega todo saber a los que más saben y en su lugar aparece una confusa explicación del malestar a la vez que se niega la posibilidad de cualquier psicogénesis. Ellas quieren tener una enfermedad orgánica como las demás.

Las pacientes que sufren estos malestares no sólo rechazan la etiqueta psicógena explicativa de su malestar sino que además mantienen teorias víricas exóticas sobre la misma. Y no solo las mantienen sino que las reinvindican como si de una causa politica se tratara. Es la primera vez en la historia de la medicina donde los enfermos sostienen teorías sobre el origen de su enfermedad distintas a las que los médicos propugnan.

Estamos pues ante un conflicto de intereses.

Las enfermas quieren ser diagnosticadas de una enfermedad médica somática (no psiquiátrica) y  los médicos no hallan causa orgánica que explique aquel malestar. Aunque naturalmente siempre encontrarán quien les de la razón.

Después de todo eso, me gustaria explicar una cuestión fundamental: malestar no significa enfermedad, pero que no exista enfermedad no deslegitima el malestar. Aun más, diria que lo pone en su lugar. ¿Pues cual es el lugar de un malestar de género o un malestar de clase? Creo que debe ponerse del lado de la politica y no del lado de la clinica.

¿Cómo se construye un cerebro asustado y una mujer exhausta?

No hace falta invocar ni traumas, ni abusos sexuales, ni contrariedades mas allá de lo razonable de esas que encontramos en el TEPT y que muchas veces ponen patas arriba nuestra capacidad de adaptación. Nuestro cerebro tiene límites y llevados al extremo todos nos podemos romper. Pero en este tipo de casos no vamos a encontrar ninguno de estos sucesos perturbadores salvo en las excepciones. Lo que yo he encontrado en estas personas es una enorme capacidad para poner en marcha alarmas ancestrales (de las que hablé aqui) contra el dolor y contra el sufrimiento y muchas veces en ausencia de una realidad objetiva amenazante.

Una infancia descuidada, donde se pasa frio o calor, hambre o temor. Temor a la enfermedad, temor a que el padre no vuelva, amenazas de abandono, matrimonios en crisis, incapacidades o enfermedades familiares, sobrecargas en la crianza, separaciones forzosas, problemas económicos, trabajos en edades donde nadie deberia trabajar, conductas forzadas por los padres, un ambiente autoritario o demasiado laxo y permisible, castigos y en suma incertidumbre. Todas estas circunstancias propician los apegos inseguros, ansiosos o ambivalentes que a la larga generan patologias del carácter sutiles presididas por el temor, la aprensión, el rencor o la evitación.

Un cerebro asustado genera dolor anticipadamente y genera cansancio del mismo modo para evitar los esfuerzos.

Aqui hay una buena serie de posts destinados a la fibromialgia, la histeria del siglo XXI.

La mayor causa de enfermedades mentales no hay que ir a buscarlas en los genes o en los abusos sexuales en la infancia sino en la desigualdad y en el infortunio.

Bibliografia.-

In search of no disease. Smith R, 2002.

¿Sabemos beber?

diciembre 2, 2011

Si piensas aun que bebemos porque tenemos sed o comemos porque tenemos hambre te diré que estás muy equivocado. A esta conclusión llegó precisamente Konrad Lorenz premio nobel de medicina en 1967 gracias a sus conocidos trabajos etólogicos con gansos de los que hablé con anterioridad en este post.

La idea fundamental que se deriva de sus estudios sobre los 4 Grandes (huir, comer, aparearse, luchar) es que no es el hambre la causa de la alimentación sino su propósito. Lo mismo sucede con la bebida, no bebemos sólo porque tenemos sed sino por una enorme cantidad de cuestiones adyacentes.

Bebemos para celebrar algo, porque estamos aburridos, porque queremos tranquilizarnos, por el puro placer de beber y en realidad para compartir tal y como sucede con la comida que sirve tanto para un roto como para un descosido, aporta tranquilización, excitación, placer y afán social. Tanto es asi que en nuestra especie comer-beber es básicamente un hecho social. Una cosa es beber y otra abrevar, una cosa es comer y otra apacentar.

Y a veces no sólo bebemos agua sino un sin fin de líquidos: café, refrescos, infusiones, purés, cremas, sopas y alcoholes diversos. Todos ellos contienen el elemento necesario para calmar la sed -agua- pero no son solo agua. Voy a referirme en este post al alcohol. ¿Por qué bebemos alcohol? y más complicado aun ¿sabemos beber alcohol? o ¿necesitamos saber algo de cómo beber?

En realidad todo este preámbulo viene a cuento a propósito de un caso que recientemente he tratado y que se presentó en mi consulta con una demanda concreta: “no se beber”, me espetó F. antes de contarme su problema. En realidad el problema de F. es muy parecido a otros que he tenido ocasión de tratar y seguir a lo largo de mi vida profesional y que podriamos agrupar en un diagnóstico ya desaparecido de los manuales: me refiero a la dipsomanía.

La dipsomanía es un término de la psiquiatría francesa que ha desaparecido de los tratados absorbido por el mas americano diagnóstico de “trastorno por dependencia del alcohol”. Dicho de otra manera: los dipsómanos de antaño son hoy considerados como adictos al alcohol. El asunto es que yo no creo que sea verdad y por eso escribo este post.

En mi opinión la dipsomanía tiene entidad clinica suficiente y no debería ser calificada como un trastorno por dependencia sino como un trastorno disociativo.

Diré de paso y para adelantarle al lector algunas claves que el alcohol es el “fármaco” disociativo más potente que existe. Y digo disociativo porque no tenemos una palabra mejor para definir el efecto del alcohol sobre ciertos contenidos reprimidos, disociados o suprimidos de la conciencia. En realidad el alcohol lo que hace es propiciar la emergencia, la expulsión de contenidos disociados, se comporta pues como un expulsador de contenidos. Una especie de agonista de la impulsividad.

Como puede observarse existe un circuito (bucle largo) MN que recorre el cerebro profundo hasta la corteza sin pasar por el nucleo cortico-talámico, se trata de un circuito expresivo más parecido a un arco reflejo que a un circuito neural. La evolución lo preservó para darnos la oportunidad de descargar respuestas rápidas sin reflexión y por tanto sin aprendizaje, casi involuntariamente como en un cortocircuito.

Y es precisamente por eso que no puede considerarse un fármaco y decimos que es una droga. Es una droga para algunos -luego veremos cuales- pero para los demás – los que saben beber- no es más que un complemento alimentario. El problema del alcohol es que aun favoreciendo la emergencia de contenidos reprimido-disociados lo hace pasando por alto al sistema cortico-talámico, aprovechando el bucle largo y haciendo un bypaseo al sistema de reflexión talámico. Propicia descargas en cortocircuito y es por eso que aunque se use como autocorrector de tensiones internas por ciertas personas (usualmente la ansiedad, la depresión o la misma abstinencia en dependientes), el alcohol no resuelve el problema puesto que aprovecha una via de descarga ajena a la conciencia y es por eso que después de la bacanal embriagadora del alcohol llega la amnesia. Y la amnesia no resuelve las memorias rechazadas pues no integra el problema sino que lo agranda disociándolo. Observemos el caso de F.

El caso de F.-

En sintesis F, es un varón de 28 años que después de morir su padre inicia un trastorno de conducta curioso y dramático. Periódicamente sale por las noches y comienza a beber de forma exagerada buscando la rápida embriaguez, después se mete en peleas sin que a la mañana siguiente recuerde nada de lo que sucedió durante la noche. Estos episodios han ido sucediendo cada vez con mayor frecuencia y arrastrando toda clase de lesiones y de complicaciones judiciales. Se evidenció que en esas peleas F. buscaba activamente lugares y contrincantes peligrosos, es como si buscara el daño inconscientemente. Ciertamente el daño acaeció pues aquellas explosiones de ira con las que al parecer acompañaba su ebriedad habian pasadoa formar parte de su vida complicándosela e incluso llegando a ser una amenaza constante a causa de los ajustes de cuentas.

Lo curioso de F, es que su carácter no tenia nada de violento, era deportista, jugaba a fútbol, tenia trabajo y no tenia ningun antecedente digno de mención salvo ciertas preocupaciones por su figura que habian derivado en conductas vigoréxicas leves y cierta tendencia a darse atracones de comida.

Podriamos decir que F, era un comedor y un bebedor exagerado y excesivo, ni sabia comer ni sabia beber. Sin embargo el cuadro habia desencadenado tras la muerte de su padre de una forma más que evidente. Naturalmente a la pregunta ¿Como te llevabas con tu padre? F, mintió, en parte diciendo “muy bien, yo le admiraba mucho, me sentí muy solo cuando nos dejó”.

Esta declaración anterior es parcialmente verdad pero falta algo más, falta un dato.

Un padre tiránico, abusivo y alcohólico suele ser el antecedente común de estos casos de dipsomanía.

Curiosamente F. no me dió esta información sino que la obtuve por via de un informador familiar.

F, es un caso tipico de trastorno disociativo, lo que se disocia aqui es la carga emocional de la figura negativa del padre mientras que lo que se recuerda es la parte positiva. De acuerdo con esta partición de la memoria que realiza el sujeto sobre su figura paterna, F-Hide es en realidad ese padre tiránico, agresivo, brusco y malvado que se mete en lios por las noches cuando el alcohol propicia la emergencia de estos contenidos mnésicos reprimidos. F-Hide busca emerger, busca integrarse en el resto de la personalidad de F, pero no lo consigue a pesar de la repetición -como sucede en los sueños- pues una y otra vez se encuentra con el borrón del recuerdo junto con los borrones de la culpa que acompaña todas y cada una de esas incursiones a los abismos de la embriaguez.

Diriamos que el cuadro se complica con el uso del alcohol como fármaco disociativo y asi fue cuando consultó con los servicios de salud mental: se le etiquetó de alcohólico y se le sometió a un tratamento de desintoxicación. Naturalmente el paciente mejoró, manteniéndose alejado del alcohol puede evitar esos encontronazos con la noche, pero el remedio es peor que la enfermedad ¿hace falta renunciar del todo al alcohol? En el caso de F, no representó ningun sacrificio especial pues F, en realidad no bebia usualmente sino que usaba el alcohol como medicamento.

¿Como tratamiento de qué?

De una tension interna que se manifiesta precisamente en el momento del duelo con su padre, es entonces cuando ha de revisar su relación y es entonces cuando se desencadena los episodios explosivos intermitentes. De manera que la desintoxicación alcohólica era en realidad una medida menor. Lo que se trataba de conseguir no era la abstinencia completa sino que integrara la imagen de su padre. Naturalmente los pacientes prefieren dejar de beber antes de enfrentarse a sus problemas inconscientes, si es que lo consiguen. Cambiar cuesta, dejar de beber gratifica la culpabilidad y es por eso que siempre será preferible la segunda que la primera opción.

Podriamos decir que en F coexisten dos personalidades, una casi normal y bien adaptada y otra personalidad maligna e inquietante que se manifiesta a través de la embriaguez y la locura violenta sin sentido.

Evidentemente F tenia razón, no sabia beber: pues bebía para alterar un estado interno preparado para la emergencia de  pulsiones agresivas. F. Buscaba la embriaguez, algo comun a todos los casos que he tenido ocasión de ver en mi vida aquejados de esta curiosa y periodica forma de beber para que algun Yo escindido y oculto pudiera emerger. Los dipsómanos beben para recordar aunque lo que encuentran es darse de bruces con el olvido amnésico de materiales inconscientes que no logran integrarse en la conciencia como un todo.

De manera que ya lo sabes: no uses nunca el alcohol para aliviar tus tensiones internas y cuando bebas hazlo como un caballero renunciando a esas bacanales donde se busca una embriaguez rápida. Hazlo para compartir y nunca para aislarte de los demás y si notas que “tienes mal vino” es decir que cuando bebes te pones violento, agresivo o pesado, deja de beber, simplmente debes aprender de nuevo como se bebe.

Pero en honor a la verdad he de deciros que no todo puede aparenderse de nuevo y que lo más frecuente es que si bebes de este modo durante cierto tiempo ya seas un adicto y entonces no tienes más remedio que purgar tus “pecados” dejando de beber del todo. Una penitencia que da grandes resultados y que señala hacia la evidencia de que los seres humanos precisamos de limites y de coerción. Abandonados a nuestro albedrío no hacemos más que tonterias.

Unos más que otros, claro.

Y no te olvides que en las farmacias venden alcohol en pastillas: se llaman tranquilizantes y tienen el mismo efecto a largo plazo.

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