El señor de las hormigas

Edward O. Wilson es un biólogo -más concretamente entomólogo- de 82 años que aun trabaja en Harvard y que está de plena actualidad porque esta semana va a recibir un premio patrocinado por el BBVA aqui en España. Wilson es un tipo muy importante por muchas razones que iré desgranando en este post, pero que a mi, asi a bote pronto me sugiere una reflexión sobre la jubilación. ¿Deberían jubilarse forzosamente estas personas? Parece que en Harvard sostienen sobre este asunto opiniones bien distintas a las que sostiene nuestro gobierno y a los Eres de Telefonica.

Ciertamente a algunas personas no habría que jubilarlas nunca. Son un bien social a preservar.

Aunque Wilson dedicó su carrera al estudio y comportamiento social de las hormigas (aqui hay un buen documental sobre este asunto) sus teorizaciones y sus aportes más conocidos proceden del ámbito de la defensa de la biodiversidad, un término aportado por él mismo a la literatura cientifica y que se refiere a a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que la conforman, resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales y también de la influencia creciente de las actividades del ser humano. La biodiversidad comprende igualmente la variedad de ecosistemas y las diferencias genéticas dentro de cada especie que permiten la combinación de múltiples formas de vida, y cuyas mutuas interacciones y con el resto del entorno fundamentan el sustento de la vida sobre el planeta (segun definición de la wikipedia).

Sin ninguna duda la obra maestra de Wilson fue “Sociobiología”, un intento de sintesis entre la etologia y las construcciones sociales humanas escrita en 1975. No deja de ser curioso que la disciplina que mas ha influido en eso que hemos venido en llamar Neurociencias haya sido la etologia. Hay que recordar que en 1967 se estrenaron como nobeles de medicina tres etólogos (esa palabra aun no existia entonces) llamados Lorenz, Tinbergen y Von Frish (aqui hay un post sobre la contribución de Lorenz a la ciencia), a través de sus gansos, peces y abejas lograron enseñarnos muchas cosas sobre nosotros mismos, pero no fue hasta la fecha de este libro donde se consolidaron- a través de un nuevo campo del saber- los hallazgos geniales de aquellos etólogos pioneros que nos señalaron con el dedo hacia donde deberíamos mirar para entender lo humano.

Fue asi como apareció la psicologia evolucionista, una especie de fusión entre la psicologia clásica y el estudio del comportamiento a la luz de la evolución y selección naturales, que -vale la pena recordar- es la única teoria científica valida en biología. No deja de ser sorprendente que todas las psicologías anteriores desde el conductismo hasta el psicoanálisis dejaran de lado a Darwin a la hora de establecer hipótesis sobre el coportamiento humano, como si dieran por bueno nuestro origen celestial. En un post anterior expliqué qué podemos y no podemos esperar de la psicologia evolucionista que más bien explica el por qué somos como somos y no tanto  el por qué usted individualmente es como es. La psicologia evolucionista acota un territorio de saber común a toda la humanidad y nos permite explicar siempre bajo la mirada de la supervivencia de los genes más adaptados la aparición de enfermedades, el por qué ciertas enfermedades representaron alguna ventaja en tiempos remotos, el por qué somos violentos, aguerridos o altruistas. Explica nuestra naturaleza gregaria y las razones de nuestras interacciones sociales y qué es posible esperar de nosotros los sapiens.

Naturalmente “Sociobiología” fue un libro muy contestado por la izquierda americana que le tachó de fascista y de sostener ideas racistas y que preconizaban la discriminación. Steven Pinker dedicó un capitulo entero de su libro “La tabla rasa” y tambien en “Cómo funciona la mente” a arremeter contra aquella campaña que en su momento condenó a Wilson a una especie de exclusión civil. No voy a insistir en los argumentos de Pinker sino para afirmar que la explicación de algo en términos evolutivos no lleva aparejada la legitimación de ese algo. Lo cierto es que las teorias evolucionistas no sólo han sido contestadas por la derecha tradicional y por las religiones integristas, hay que recordar que la izquierda fue un poderoso aliado en retrasar durante décadas la irrupción de ciertas verdades que se imponian cientificamente mientras ellos seguian empeñados en defender la tesis del buen salvaje y de la relativización de todo lo biológico en beneficio de lo social, algo que se llevó al paroxismo durante la postmodernidad y que nos ha dejado a todos con cara de tontos al caer en la cuenta de que nos contaron y abrazamos todas las falsedades que se empeñaron en contarnos, mientras los gurúes de la igualdad nos ningueaban nuestro origen de simios.

Asi, hubo un tiempo en que creímos estar más cerca de los arcángeles que de nuestros parientes más cercanos al tiempo que se renegaba de Dios y por supuesto de los arcángeles. La laicidad rampante del siglo XX fue paradójicamente la mayor enemiga de la verdad.

Pero la verdad acaba siempre abriéndose paso, no a empujones sino gradualmente y es por eso que Wilson a sus 84 años aun vive para recoger el merecido homenaje que le debe la sociedad por haber decidido integrar conocimientos de distinta naturaleza: los que proceden de la observación de las organizaciones sociales espontáneas que se forman entre los animales y la cultura que emerge de la conciencia humana. Es la hora de la integración, es por eso que años más tarde Wilson escribió una obra fundamental “Consilience”.

Una actitud que trata de conciliar conocimientos procedentes de varias disciplinas para crear un marco unificado de conocimiento y entendimiento. Y que entre nosotros hemos llamado “Tercera cultura”. Aqui mismo hay un post donde me propuse ir un poco más allá y hablar de la “Cuarta cultura”, un intento de sintesis que nos permitiria saltar por encima de la multidisciplinariedad y alcanzar la transdisciplinariedad.

Otro de los campos donde Wilson ha miltado d euna manera intensa ha sido en la defensa del ecosistema y de la idea del calentamiento global que segun sus propias palabras es algo que está ya lo suficientemente demostrado para que los gobiernos del mundo tomen cartas en el asunto.

Lo cierto es que si seguimos pensando lo humano en términos neurobiológicos y evolutivos tenemos razones para ser pesimistas con respecto al resultado de esas conversaciones que periódicamente mantienen los paises industrializados para disminuir nuestra produccion de CO2 y dejar de intoxicar nuestra atmósfera prociando un aumento de temperatura progresiva asi como la destrucción de la capa de ozono.

Poner coto a los desmanes de emisión de gases es posible pero hemos de contar con que lo previsible es que el egoísmo industrializador y deforestador de los distintos paises  obstaculice tales reformas. Es lógico, al fin y al cabo somos simios competitivos, egoistas y malhumorados que defendemos nuestro territorio como hormigas y tratamos al vecino como un intruso. Eso es lo que hay que esperar: que los gobiernos hablen y no llegen a ninguna conclusión razonable. ¿Pero hemos de ser necesariamente pesimistas?

Wilson propone que a la vista de que para el año 2085 ya seremos demasiada gente en la tierra para armonizar los recursos naturales con las necesidades crecientes de un pueblo demandante, sediento y hambriento, lo mejor es llegar a un pacto salomónico: la mitad de la naturaleza para el hombre y la otra mitad para la naturaleza. Hemos de preservar la biodiversidad y la mejor forma es alejar al sapiens de alli a toda prisa para que no aterrice con sus ladrillos y sus autopistas.

Y la buena noticia es ésta: ya tenemos el reloj encima de la mesa y con todas sus piezas bien conocidas, ahora lo que hemos de hacer es volver a montarlo, no para dejarlo como estaba sino para darle una nueva función.

Esta es la buena noticia, el sapiens conseguirá encontrar una nueva función y un nuevo sentido a todas las piezas que ahora están encima de la mesa de disección.

Un pequeño reportaje sobre la sociobiologia:

5 Comments »

  1. 1

    Bueno, lo del CO2 no estoy segura: según una noticia de reciente aparición, oficialmente ya no estamos a tiempo.
    Le dejo este regalito etológico: la moral de los animales: http://bit.ly/j1h1Ip
    Gracias por esta bonita aportación, maestro.

  2. 2

    PS: la verdad es que viendo ese video suyo (y el de los superorganismos, interesantísimo tb), viendo sobre las manadas y las sociedades ultraorganizadas de insectos o peces (mucho mejor organizadas que la nuestra) uno no puede por menos que pensar que uno de los motivos del cataclismo humano actual es la desintegración (fragmentación diría Krishnamurti), el cada uno por su lado y sálvese quien pueda. El holismo tan en boga hoy día no sería sino un retroceder a lo que siempre fué mejor… para la especie, no para el individuo y, es más, diría que de ahí saldrían esclarecimientos que atañen también, cómo no, al trillado altruismo vs egoismo. Porque lo que es uno para la especie es lo opuesto para el elemento solitario, y viceversa. End by now :)

  3. 3

    El problema es que la evolución opera sobre los individuos no sobre las especies.

  4. 4

    La teoría de la dinámica espiral también nos ayuda a entender hacia dónde va lo humano,¿no?

  5. 5

    Gracias por este post, Paco. Me interesé también, modestamente, por el mundo de las hormigas hace unos años. También intenté comprender los isomorfismos que existen entre esos insectos, sus increibles sociedades y la que nos ha tocado en esta egocéntrica especie en la que hemos caido. Me pregunto, ¿cómo puede haber llegado la especie humana a creerse el centro de Universo?. ¿Que mutación puede haberla llevado a este colosal error? y, ¿acaso tiene este error algún sentido en otra logica?

    Decia I. Asimov que la razón de la existencia de la especie humana era tal vez la creación del chip de silice donde puede almacenarse la gran cantidad de información que permite la existencia de los ordenadores. Una vez hecho esto se destruiría….


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