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El final de las élites

junio 3, 2011

Daniel Innerarity es un filósofo español (a pesar de su apellido) que trabaja en la universidad de Zaragoza y que recientemente ha saltado a su más alto nivel de popularidad gracias a una Contra de la Vanguardia donde explica sus puntos de vista sobre el destino de la politica en las sociedades avanzadas.

Sin embargo estas ideas ya se encontraban impresas en un libro anterior “La transformación de la politica” cuya reseña esta aqui y que data del 2003, año en que se le concedió el premio nacional de ensayo. Como el lector podrá observar entre las ideas que mantenía en esa época y las que divulga estos dias la Vanguardia, Innerarity ha madurado y evolucionado bastante al menos desde mi punto de vista.

Me gustaria señalar algunas de sus ideas fuerza en este post:

Cuando personas muy diversas –y con diversos grados de inteligencia– deliberan colectivamente, toman decisiones más acertadas que las acordadas por un grupo de personas más uniformes, aunque tengan mayor grado individual de inteligencia. (Daniel Innerarity)

Es interesante este punto de vista que comparto y que de alguna forma he podido rastrear en otros autores como Jose Ingenieros quien en los años veinte ya sostenia una idea similar. Decia Ingenieros que:

“En un supuesto concilio de genios no saldrían más que propuestas mediocres”.  Y lo dijo mucho antes de conocer la teoria de sistemas (El hombre mediocre). La idea en síntesis que persigue Innerarity es que si alguna vez usted albergó la esperanza de que un grupo de notables podrian gobernar el mundo mejor de lo que hace nuestra casta politica se equivoca. Y se equivoca porque la sumatoria de genialidades no dan una genialidad mayor, de modo que es posible afirmar que la ilusión aristocrática de las élites ya se desvaneció desde que conocemos como se comportan los sistemas abiertos y la complejidad. Es el tiempo de aceptar la mediocridad que anunciaba Ingenieros como compañía inevitable.

Dentro de la mediocridad lo que resulta intolerable para el ciudadano común es la inoperancia mediocre de los politicos, a los que ya no se les acusa de autoritarismo sino de incapacidad y de ahi el descrédito en que se encuentra sumida la clase politica por la distancia que el ciudadano percibe entre lo que habria que hacer y lo que se hace.

La desesperanza de los ciudadanos no procede tanto del desinterés por lo publico sino por la sensación de que el escenario político no contempla todas las posibilidades y todos los remedios sino que se embriaga de su propia retórica y escenografias repetidas y aburridas.

Lo cierto es que las mejorías colectivas no las llevan a cabo ni los mediocres ni los genios sino una extraña mezcla de ambos. Hasta ahora esa mezcla privilegiaba las organizaciones piramidales, las jerarquías, recurrir al que más manda o más poder tiene en una organización cualquiera. El problema es que gobernar es mucho más complejo que mandar y controlar. Y no solo es más complicado sino que gobernar es algo que se hace desde las leyes de la complejidad misma mientras que controlar o mandar obedece a una lógica lineal: el que más poder tiene impone al que menos poder tiene lo que ha de hacer, incluso apelando a su bien. Un ejemplo de esta manera de pensar la realidad es por ejemplo la prohibición del tabaco. Los gobiernos nos imponen esa prohibición por nuestro bien.

Pero la mayor parte de los dilemas políticos o donde se precisan decisiones son problemas endiablados (wicked problems) que no se resuleven con un sólo enfoque. Voy a poner un ejemplo para que el lector se haga una idea de qué clase de decisiones tiene que tomar un gobernante y qué clase de soluciones encuentra para eludir los costos de estas decisiones.

¿Recordaís a aquellos piratas somalíes que secuestraban barcos españoles de pesca y luego pedian rescate?

La ministra Chacón se encontró con este dilema, ante el que se pueden tomar al menos dos grandes grupos de decisiones:

1.- Se paga el rescate privilegiando la vida de los secuestrados sobre cualquier otra consideración.

2.- No se accede al chantaje y se deja morir a los secuestrados.

Se trata de un dilema complejo, envenenado o endemoniado pues hagamos lo que hagamos habrá costos para los actores de la decisión.

Si pagamos el rescate asumimos una humillación nacional, pero esto no es lo peor sino que efectuamos un antecedente para futuros secuestros, una especie de efecto llamada sobre ulteriores agresiones. Si no pagamos el rescate nos arriesgamos a que asesinen a nuestros conciudadanos, un costo inasumible para ningún gobernante democrático. Y si decidimos pagar ¿quien paga? ¿El Estado o el armador del buque? ¿Entonces, cómo se resuelve este problema desde los poderes de Estado?

Lo que suelen hacer los politicos es engañarnos, engañar a la opinión publica. Por una parte se dice que España no pagará ese chantaje mientras ocultamente se negocia con los piratas. Se llega a un acuerdo y se encuentra un mediador que lleva el dinero a su destino. Más tarde el gobierno -si se descubre el pastel- siempre podrá decir que fue el armador quien pagó el rescate y quitarse de encima la acusación de plegarse al chantaje de los terroristas. Tambien se puede disponer un simulacro de ataque, una vez se ha recuperado a los secuestrados el gobierno puede ordenar que algun buque de guerra inicie una persecución de las lanchas piratas e incluso que se dispare alguna ráfaga de ametralladora. El honor queda asi salvado. Lo que sucede es que es todo tan burdo y predecible que este tipo de engañifas no convencen ya a nadie y todo pasa a engordar la idea de que los politicos son unos incompetentes que dedican muchos esfuerzos a quedar bien ante los medios de comunicación y muy poco a “hacer lo que se tendría que hacer”.

Naturalmente ese “hacer lo que se tendría que hacer” es un intangible bien difícil de adivinar, pues cada uno de nosotros -si fueramos consultados- tendriamos un opinión bien distinta sobre lo que convendría hacer. Es por eso que Innerarity propone que no necesitamos ya lideres sino “mediums” que lean (que sepan leer) lo que quiere la sociedad.

Hubo un tiempo en que efectivamente las mejorias colectivas procedian de liderazgos potentes, de personas extraordinarias, de genios o personas talentosas o providenciales que cargaban al colectivo sobre sus espaldas y acometían una empresa de proporciones enormes arrastrando tras de sí a una muchedumbre mediocre que aclamaba al lider o le convertia en objeto de su devoción, aclamación o admiración popular.

Eso es precisamente lo que ha terminado y ha terminado porque ya no los necesitamos y además: las decisiones que hemos de tomar colectivamente son tan enredadas y dificiles de resolver que solo poniendo a trabajar a muchos individuos podemos llegar a construir alternativas a estos conflictos. Y por último, ya no hay centros de decisiones.

Lo cierto es que este problema de los piratas somalíes es demasiado problema para una ministra  sin formación militar y todo su equipo de asesores, más preocupados por la imagen de su ministra que por encontrar la mejor opción.

Y la opción más inteligente es aquella que no tiene centro, ni cúspide piramidal sino que funciona a través del flujo de una red que no trata de controlarse sino de usarse de forma heterárquica: es de ahi de donde puede salir la mejor propuesta para este tipo de dilemas y no de una organización piramidal por más carisma que convoque su lider.

Gobernar es administrar y dirigir las millones de decisiones individuales que enredan aun más los problemas. En este sentido tomar una decisión sobre los piratas somalies no consistiría en hacer un referendum sobre la cuestión sino abrir vias de debates libres y en red, cuestión absolutamente posible hoy con la tecnologia que tenemos y de donde surgirian sin duda propuestas mucho más inteligentes que las que emergen del egoísmo de una persona que trata de mantener su estatus. Al descentralizar la toma de decisiones y heterogenizar la muestra de comentaristas emergerian propuestas que ni siquiera a mi ni a usted en este momento se nos ocurren.

Un politico seguramente diria ahora que además la propuesta deberia ser políticamente viable ,lo que significa que la solución al problema deberia dejarle en buen lugar. Es esto lo que provoca usualmente los atascos en las soluciones. Los politicos no toman las decisiones que habrian de tomar simplemente porque no les conviene, algunos de ellos incluso las saben.

Dicho de otra forma: no gobiernan sino que mandan y controlan.

Ya no son necesarios lideres ni maquiavélicos o hábiles ni inteligentes, pues cada vez más la inteligencia se ha instalado en la sociedad, solo precisamos formas democráticas nuevas que permitan administrar esa inteligencia y ponerla al servicio de lo colectivo.

Es por eso que emergerán pequeños lideres locales que operando en red cambiarán el mundo y la democracia del contaje de votos será sustituida por la democracia transversal de la mejor opción.

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